Prólogo
Athena (11 años)
—Athena, baja que Zack está buscándote. — Grito mi madre, para después continuar hablando con la señora Milers.
Baje las escaleras rápidamente para poder jugar con este, me encantaba jugar con Zack, es mi mejor amigo y le conozco desde siempre. —¡Athena baja! — Gritó este desde el patio.
—Ya voy. — Baje apresuradamente.
Llegue al patio con el aliento en la boca. Allí se encontraba, con su sonrisa de hierro que me recordaba a los dientes de los raperos que escuchaba mi primo a todas horas. —Zack cierra la boca que no me dejas ver, que el sol se refleja en tus dientes. — Me reí de él.
—Bueno yo tendré los dientes de hierro, que es mucho mejor que tener los pelos de locas que tú llevas puesto. — Contesto este dejando los ojos en blanco, mostrando los mucho que le molestaba que yo me riera de sus brackets.
—Ay, no te enfades que es broma. — Sabía perfectamente que no le gustaba nada que se rían de su aspecto físico, ya que se preocupa mucho por su apariencia.
Este me miro con una mira desafiante y me dijo de la nada —Ven conmigo, que quiero enseñarte algo. — Llevándome de la mano. Llegamos a donde se encontraba nuestras madres. —Mamá, ¿dónde está lo que te dije que guardarás? — Mostrando la mano para que se lo entregara.
—Aquí tienes cariño. — Dándole sobre en la mano.
—Toma Athena, lelo cuando nos hayamos ido. — Me entregó el sobre en la mano.
—¿Qué es? — Pregunté, con mucha intriga de abrirlo ahora. — Déjame abrirlo ahora, por favor. — Haciendo pucheros.
—¡No Athena! Espérate a que me vaya, por favor. — Me suplico mientras me arrebataba de la mano el sobre. —Solo ten paciencia, vamos a jugar al videojuego que he traído. — Intento cambiar de tema.
—Athena cariño, si ves que Zack te ha dicho que lo leas cuando se vaya, pues espérate. — Dijo mi madre acariciándome mi larga cabellera negra.
—Mamá, si no puedo leer ahora no quiero leerlo después. — Contesté muy enfadada.
—Está bien lo puedes leer ahora. — Contesto Zack muy nervioso, su cara se había tornado a un color rojizo. —Una cosa, cuando leas esta carta espero que nada cambien es nuestra relación. — Murmuro este para sí mismo, aunque se pudo escuchar.
—Claro que no, ahora dame el sobre. — Dije quitándole el sobre de la mano. Lo abrí, en ella aparecía un dibujo de dos personas dándose la mano y por lo que podía ver éramos Zack y yo. Debajo del dibujo se podía ver una carta escrita por este.
Carta
Athena si estás leyendo esto es porque me he atrevido a decirte todo lo que siento por ti, sé que somos mejores amigos, pero me gustas mucho y ojalá que algún día sientas eso por mí.
Me limité a mirar a Zack a sus hermosos ojos azules que brillaban bajo la luz del sol.
Athena (16 años)
—Zack espera. — Grite acercándome a este.
—¿Qué quieres ahora? No ves que tengo cosas que hacer. — Dejando los ojos en blanco. —Melany ahora voy contigo, espérate que me libre de esta pesada. — Refiriéndose a mí.
—Vale mi amor, te espero en la entrada del parque. — Contesto Melany dándole un beso en la mejilla. Melany es una chica normal no tiene nada más a ya de lo normal, ni guapa ni fea. Una chica castaña con unos ojos marrones café. Melany era la novia de Zack habían empezado a salir unas semanas atrás y desde que se junta con la pandilla de esta se había vuelto más borde conmigo. Según los rumores Melany le había dicho que no se acercara más a mí.
—Eso significa que ¿no vas a ir conmigo a las clases de piano? — Mostrando una sonrisa falsa.
—Mira Venus, creo que no lo entiendes. No quiero estar cerca de ti. Porque no te vas con tu amiga Chanel. — Dijo este siguiendo su camino.
Él sabía perfectamente que odiaba que me llamaran por mi segundo nombre y solo lo hacía para sacarme de mis casillas.
Athena (20 años)
—Venus, vamos baja que Mike y yo te estamos esperando. — Grito Zack desde las escaleras de mi casa.
—Sabes cómo detesto mi segundo nombre por favor no me vuelvas a llamar así me molesta mucho. — Mientras baja las escaleras a una velocidad normal. —No hace falta que me metas prisa si todavía no ha llegado Chanel, y tendremos que esperarla como siempre. — Mientras me sentaba al lado de Mike en las escaleras. Mike es el mejor amigo de Zack. Ojos verdes azulados y un pelo ondulado muy bien peinado de color negro con algunas mechas rubias, alto, se notaba que iba mucho al gym y tenía un buen gusto de la moda, siempre lucia muy bien arreglando. Mike no tienes una explicación, cuando quiere es extrovertido y también cuando quiere es muy introvertido. Es un chico muy raro desde mi punto de vista. Nadie sabe lo que pasa por su cabeza y por una pequeña temporada este me llamaba mucho la atención.
—Esa chica algún día me va a matar. No puedes echarte unos amigos normales. — Dijo este dejando sus ojos en blanco. Una de las cosas que más hacía.
—Si para ti "echarte unos amigos normales" significa amigos ricos y con modales. No gracias, estoy muy bien con Chanel y no la puedo cambiar, si no te gusta no te juntes con nosotras. — Solté un gran bufido.
—En fin, Venus lo que mi princesa diga. — Mirándome de una manera muy rara. Creo que intentó seducirme con la mirada, pero le salió el tiro por la culata.
—Cuantas veces te voy a decir que no me gusta que me llamen Venus. — Contesté a este dejando los ojos en blanco.
—Es mi formar de mostrarte cariño. — Dijo mirándome fijamente a los ojos.
—O si, llamándome un nombre que no me gusta, deberías aprender de Mike la forma correcta para ligar que creo que no sabes hacerlo muy bien. — Conteste entre carcajadas.
—Qué más da que sepa ligar si te tendrás que casar conmigo quieres o no quieras. — Contesto este entre carcajadas.
—Soñar es gratis. — Musite para mí misma.
—Por favor chicos si van a discutir por eso me largo siempre con el mismo tema. — Mike se levantó del escalón y se dirigió a la puerta principal. —Mira si la reina acaba de llegar, refiriéndoles a Chanel.
—Lo siento por llegar tarde es que tenía muchas cosas que hacer antes de venir y se me paso el tiempo. — Mientras que está se metía en la casa.
Joss (11 años)
Me encontraba ordenando mi habitación cuando mi hermano pequeño entro sin previo aviso. —Pero ¿qué haces aquí Rick?— Mientras este destrozaba todo lo que había ordenado. —Como no salgas de aquí y me encargaré yo de la tortura que te vayan a hacer cuando vallas al infierno.—
—Que te lo has creído.— Contesto este entre carcajadas.
—Mamá, Roderick, no para de destrozar la habitación que he ordenado.— Grite desde la puerta de mi habitación.
Roderick es un niño muy hiperactivo se podría decir. No se queda quieto por un segundo y se la pasa molestando a todo aquel que se le pasa por la cabeza. Es un chico bastante alegre y no tiene ningún problema en decir todo aquello que se le pasa por la cabeza. Este es un chico bastante alto para tener ocho años, con sus ojos avellana y su pelo castaño, siempre se ha dicho que Rick es una copia idéntica de padre, pero la verdad no les veo el parecido, desde mi punto de vista solo tienen algunos aspectos parecidos como el color de ojos y del pelo, con algunas fracciones idénticas y poco más.
Al contrario de mí, no soy tan alegre como Roderick, tampoco digo que sea un infeliz, pero no me la paso rebosando un gran sonrisa a todo aquel que pase por mi lado, eso no es lo mío yo soy más de estar callado y observar todo aquello que sucede a mi alrededor leer y escuchar algo de música y claro no olvidar que detesto el desorden, me pone muy nervioso, es una de las actitudes que tienen las personas que me agobia mucho, mi habitación siempre tiene que estar ordenado o si no, no puedo pasar ni más de cinco minutos en dentro de ella.
—¡Roderick! Deja a tu hermano en paz y ponte a ordenar tu habitación. No quiero repetirlo dos veces.— Grito mi madre desde la planta baja.
Joss (16 años)
—Señor West ¿Qué estás haciendo?— Me pegunto el profesor Brown, mientras se acercaba a mi escritorio. —No estarás con el móvil.— Es me quito el móvil que tenía en las manos. —Esto me lo quedaré.— Mientras se alejaba de mi escritorio.
—Ni en broma.— Levantando la voz. —Devuélveme mi móvil ahora mismo.— Sin despejar mi mirada de su espantosa silueta con una gran barriga, la cual simulaba un embarazo.
El señor Brown, es uno de eso profesores de unos cincuenta y tantos años que aparenta setenta, con su barba de tres días y su gran voz que hacía que la gente resaltara de su sitio. La verdad no me daba miedo simplemente, me daba gracia como cada día le sorprendía su mi actitud.
—¿Qué acaba de decirme? ¿Me estás dando órdenes?— Me miro de una forma desafiante.
—Tómelo como quiera, pero devuélvame mi móvil.—Mientas me levantaba de mi asiento.
—No quería hacer esto, pero no me dejas más opción, Joss West quiero que ahora vayas al despacho de la directora.— Señalando la puerta.
—Ahora mismo, pero devuélvame mi móvil.— Musite manteniendo la mirada con el señor Brown.
—¿Usted piensa que estoy jugando?— Soltó un suspiro. —No lo ves, tus compañeros quieren dar clase y tú les estás estorbando.— Volviendo su mirada a la pizarra.
—Más bien dicho usted está perdiendo el tiempo por un estúpido móvil la cual me puedes devolver en pocos segundos y lo único que está haciendo es buscar una manera para pintarme como el malo. A mí me da igual que me pintes de malo solo quiero que me devuelvas mi móvil y ya me voy de tu estúpida clase la cual no me interesa nada.— Mientras decía estas últimas palabras volvió su mirada a la mía. Me miro con mucho rencor me devolvió mi móvil y salí de su clase.
Me dirigí al campo de futbol y me quede mirando el cielo esperando a que diera la hora para la siguiente clase.
Joss (20 años)
—Cariño ¿al final vas a estudiar en la universidad?— Me pregunto mi padre mientras comíamos.
—Si, lo he estado pensando y quiero estudiar contabilidad. He estado ahorrando dinero para poder pagarme la universidad.— Conteste mientras tomaba una cucharada.
—Está bien. Así me gusta que luches por lo que quieras.— Mientras me enseñaba una gran sonrisa que mostraba lo feliz que esta por mi decisión.
—Estoy harta de ti Roderick, nunca haces nada y te la pasas en la calle y ni siquiera haces el esfuerzo de querer terminar tus estudios.— Grito mi madre hacia mi hermano.
—Ya déjame en paz.— Grito de vuelta. —Estoy harto de todos, no me entendéis, no quiero ser como vosotros, quiero formar mi propia vida a mi manera.— Musito casi entre lágrimas. Este salio de casa y cerro la puerta de un portazo.
—Estoy harta de este niño, siempre se busca alguna escusa para librarse.— Murmuro mi madre mietras se sentaba el la mesa con nosotros.
Mi madre es una mujer bastante joven, me tuvo muy pronto, a los 16 años. Tiene unos hermosos ojos azules con un largo y explendido pelo rubio, que siempre mantenía en una coleta, ya que según ella así no le molestaba el pelo mientras hacía sus cosas. Siempre lucia muy bien arreglada aunque no tuviera tiempo, con una hermosa sonrisa en la cara que alegraba el día a cualquiera.
—Tranquila mamá, yo me encargo de el.— Mientras me levantaba de mi asiento.
Yo siempre me encargo de Roderick, el siempre a sido el pequeño y a pesar de tener nuestros roces se puede decir que estamos bien. Siempre hemos ido por caminos muy diferentes. Me e encargado se ser el buen ejemplo para el y aún así siempre termina metiéndole en líos.
—Da igual dejale en paz creo que necesita pensar. Mejor no te acerques a él esta muy irritable.— Me sujeto de la muñeca para volver a sentrarme en mi silla.
—Pero...— Me interrumpio antes de que pudiera decir una palabra mas.
—No Joss, dejale en paz enserio, no creo que quiera ver a nadie cerca de el y mucho menos si es alguien de su familia asi que dejale en paz por favor.— Musito mi madre mietras que su mirada estaba perdida en la nada.
—Esta bien le dejare en paz.— Soltando un gran bufido.