Oscura Luz

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Summary

Verónica Saenz, una joven criada para ser la esposa de un adinerado hombre, es victima de un giro radical que no está en el guion de su vida. Un misterioso hombre obsesionado con ella la secuestra. En medio de una relación tóxica y controladora, Verónica se ve atrapada en una realidad distorsionada, luchando por encontrar su libertad.

Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Deslizaba el peine por su cabellera húmeda con esmero. Las ondas se estiraban y volvían a su coqueta forma. La chica se miró una vez más frente al espejo de su peinadora, reparando en cada detalle, y sonrió junto a su compañera.

—¿Crees que le guste? —preguntó, colocando crema de peinar sobre sus ondas.

—Claro que sí, señorita. Se ve hermosísima. Ningún muchacho podría resistirse a su preciosa cara —elogió la mucama, alzándole el mentón con ternura—, o a su encantadora personalidad.

La muchacha dejó escapar un suspiro, para luego sonreír con emoción. En sus ojos había más que una simple ilusión del primer amor. Repasó el labial coral un par de veces y lanzó un torpe beso a su reflejo, como si tal coquetería pudiese ocultar la intensidad de su pureza. Sus labios lucían jugosos, para comérselos a bocados. Solía usar maquillaje, pero esa tarde se había esmerado en verse más bonita.

—Me causa mucho temor que los días trascurran y su entusiasmo decaiga, Lara.

—El joven Daniel está enamorado de usted. Su matrimonio ha sido planeado desde hace años, nada podrá detenerlo.

La joven sonrió un poco más convencida y se levantó. La mucama le acercó el vestido de satín hueso y la ayudó a vestirlo.

Afuera, una tenue y cómplice luna iluminaba los jardines de la mansión. El salón de fiesta derrochaba extravagancia y poder en sus espacios. Decían que no cabía un suspiro más en la fiesta de la familia Saenz, pero un salón como ese era lo suficientemente enorme para resguardar el ego y la fortuna de quienes exhalaban en ese momento. Aquellos que ven con ojos de pecado serían testigos del encuentro de dos almas que no fueron destinadas a estar juntas, pero la historia la escriben las almas del purgatorio.

El maestro de ceremonias se acercó al micrófono y llamó la atención de los invitados.

—¡Queridos amigos y seres amados, que hoy se congregan en esta hermosa ocasión! Es un honor y una bendición teneros aquí presentes para anunciar con inmensa alegría el compromiso de Verónica Saenz y Daniel Taltavull. En esta unión de dos almas afines, podemos sentir la magia del amor y la promesa de un futuro lleno de felicidad que, como hilos entrelazados en el tapiz del destino, han encontrado su camino hacia la plenitud y el amor.

»Verónica, con su encanto y gracia cautivadora, es un faro radiante de ternura y dulzura. Su presencia ilumina los corazones de aquellos que tienen la dicha de conocerla. Es el lienzo donde la belleza y la sabiduría se funden en una sinfonía celestial, y su amor florece como un jardín en plenitud.

»Daniel, con su fuerza serena y su espíritu intrépido, es el guardián de los sueños y los deseos. Su mirada profunda refleja la pasión que arde en su interior, y su corazón late al compás de la lealtad y el compromiso. Es el compañero que sostiene la mano de Verónica en cada paso del camino, dispuesto a enfrentar juntos los desafíos de la vida.

»Celebremos, pues, este momento trascendental, donde dos corazones se fundirán en uno solo, y donde el amor encontrará su hogar. ¡Brindemos por Verónica y Daniel, por su amor eterno y por el comienzo de un nuevo capítulo lleno de promesas y bendiciones!

En la exquisita atmósfera de la fiesta de compromiso, los invitados se unieron en un coro de alegría y entusiasmo al celebrar el anuncio de Verónica y Daniel. Entre risas contagiosas y brindis efervescentes, la energía de este momento trascendió las barreras sociales, acogiendo a dos familias de alta sociedad en una complicidad encantadora.

Aunque el anuncio público pudo generar cierta intimidación en los corazones de Verónica y Daniel, sus sonrisas radiantes demostraron que el amor, al menos el de amigos que se tenían, y la felicidad, superan cualquier etiqueta o expectativa. En sus ojos, se reflejaba la determinación de construir un futuro juntos, enalteciendo la unión de dos almas que han encontrado en el otro su complemento perfecto.

En medio de la elegancia y la opulencia, Verónica y Daniel se mantuvieron fieles a sí mismos, irradiando una autenticidad que trascendió las apariencias. En cada abrazo cálido y en cada palabra de felicitación, se tejía el apoyo y la bendición de aquellos que les rodean. En este cálido ambiente de celebración, los invitados les recordaban que el amor es el único título de nobleza que verdaderamente importa.sociales, acogiendo a dos familias de alta sociedad en una complicidad encantadora.

Los novios recorrían el gran salón junto a sus padres, saludando cortésmente a todos los señores y damas de sociedad presentes. La marcha se vio interrumpida por un quinteto de hombres, muy distintivos entre los invitados.

—¿No piensa presentarme a la joven, señor Saenz?

Su voz rasposa incomodó a la muchacha, quien tomó la mano de su madre de inmediato.

—No recuerdo que se haya elaborado una tarjeta de invitación para usted —incordió el señor Saenz.

—Sabía que lo había olvidado, pero un evento como este no puede ocultarse tras la cortina.

—Le agradezco se retire de mi hogar —ordenó la señora Saenz, colocándose frente a su hija.

—¿Quién es este caballero, Fernando? —preguntó el señor Taltavull

—Un vil canalla que no tiene nada que hacer aquí —masculló, dirigiéndose al padre de Daniel—. Váyase —bramó, mirando al hombre con sus guaruras.

La discusión calentó los nervios de Verónica. Sus ojos curiosos pasaron sobre el fino hombro de su madre, encontrando unos ojos grises como tormentosos chubascos que la miraban con correspondiente interés. Las cejas bajas del hombre lo hacían ver enojado, pero su boca sonreía con malevolencia.

—¡Le agradezco que…!

El hombre pasó de largo junto a la mujer y cogió la mano de la chica, posando sus labios en los rosáceos nudillos. No dejó de observarla ni un segundo, y los escalofríos recorrieron la piel entera de la muchacha, la electricidad de esa boca en sus vellos, la barba masculina raspando lo impoluto, el acto de acoso de un desconocido sobre el tesoro de la familia Saenz.

Ojos fisgones y otros indiscretos observaban sin mediar en el maquiavélico acto de presentación, entre dos mentes que distaban en cualquier aspecto, pero que podrían unirse por el insano capricho de la más oscura.

Y nadie los interrumpiría; pues, una fiesta de la alta sociedad sin situaciones incómodas o vergonzosas no sería digna de chismorrearse o recordarla. Un hecho como este era completamente necesario y justificable para alimentar las revistas de la socialité.

Daniel no soportó tal falta de respeto y empujó al hombre, logrando que dos de los hombres que lo acompañaban lo empujaran con tal fuerza, que Daniel cayó al suelo.

Un gemido de susto escapó de la boca de la madre al verse en tensión, y tal desasosiego infló el ego del hombre, causando una vil sonrisa en el rostro del hombre. Este le llevaba al menos una cabeza de altura a las damas, y tras un par de bocanadas de aire de las féminas, el hombre se marchó.

—¿Por qué no hiciste nada, Fernando? —reprochó la mujer en voz baja.

—Cinco hombres armados nos rodeaban, ¿qué querías que hiciera? —justificó el hombre.

La mujer sollozó con indignación y tomó a su hija por los hombros, mirándola con fijeza y pesar. 

—Verónica, mi pequeña flor, tienes que casarte con Daniel Taltavull lo más pronto posible.