Los ojos

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Summary

En la soledad habitan muchos monstruos que acechantes esperan a la noche.

Genre
Horror/Drama
Author
Luna21
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Era un niño solitario, desde siempre prefería el silencio de la nada al bullicio de la gente, y a diferencia de estos niños de su edad que solían jugar durante horas en el parque, él prefería escalar hasta lo más alto del edificio donde residía con su familia para observar el mundo y sin embargo no ser parte de él; ver todo lo hermoso y lo desagradable, y solo ser una curiosa mirada contemplando la nada.

Esa tarde después de que sus dos hermanos le jugaran un par de bromas crueles y lo encerraran en la lavandería del apartamento, escapó; subiendo hasta su único lugar de paz y soledad, su sitio favorito desde el cual divisaba la silueta opaca de la ciudad bajo el inclemente sol de mayo, observaba el despejado cielo celeste surcado a veces por algunos aviones, la plazas y parques aledaños y a los ríos transeúntes distraídos; quienes iban y venían en un bullicio interminable, inconsciente de que un pequeño observador de siete años los miraba atentamente, los estudiaba a la distancia.

Había aprendido a reconocer las características de las personas; la calvicie de un hombre con traje, producida por el estrés, indicada claramente un funcionario público sumamente tenso; una mujer atareada, sumamente distraída y apresurada, le decía, secretaría. Un hombre gordo, con vello facial descuidado y un temblor intermitente en las manos: chofer.

Ni en su absorto mundo en la azotea, ni en la escuela con sus aburridos maestros y compañeros, ni en su hogar encontraba algo interesante. Solo a veces existía algo digno de su atención y aquella tarde lo vio.

Curiosidad fue lo primero que sintió al ver a un delgado hombre de prominente estatua, anchos hombros, vestido completamente de negro; justo de pre en la acera del parque. Miedo fue lo siguiente que experimentó al buscar su rostro, encontrando en su lugar un lienzo oscuro, profundo e indescifrable.

Aquel hombre lo saludó agitando una pálida mano, y el niño casi podía jurar que sonrió, aunque no tuviese rostro.

Estremecido por una gélida sensación viscosa y repulsiva, el pequeño corrió de vuelta al apartamento de su familia. Una punzada le dio un vuelco a su corazón y por primera vez al ver a sus dos hermanos mayores repantigados en el sofá que escuchar a su madre reclamándole algo, se sintió seguro.

-¿Qué te ocurre?- preguntó, preocupado, uno de sus hermanos al verlo entrar pálido, temblando y respirando agitado.

Tan pronto su madre apareció el niño no dudó un instante en contarles lo ocurrido, sollozando asustado.

-¡El pequeño Michael tiene un amigo imaginario!- exclamo su hermano y el tema quedó truncado.

Sospecharon que el hombre aquel era el producto de la imaginación de un niño solitario.

Algunas semanas transcurrieron y el niño insistía comentándole a su madre y hermanos sobre aquel hombre. Lo había visto múltiples veces en la calle, de pie, rígido e impasible. En la esquina de la azotea. Y, por las noches, en el lugar más oscuro de su habitación. Siempre vestido de negro observándolo y sonriéndole, sin ojos ni boca. Produciendo en el niño un terror que le impedía dormir, le causaba escalofríos, pesadillas de gente mutilada marchando desnuda.

Sus hermanos rieron y su madre decidió llevarlo a un psicólogo.

Las citas se volvían tediosas. Y la aparición de ese hombre frío de tacto viscoso y mirada profunda iba acercándose. Hasta que un día acarició los cabellos de Michael y él, al día siguiente, hastiado por el recuerdo del tacto repulsivo de aquel monstruo, lavó su cabeza hasta sangrar.

Aquello, histérico, se lo contó a su madre, así como los detalles de las sangrientas pesadillas donde centenares de personas se arrancaban los ojos y se los comían. Su madre lloró, diciendo que no tenía más que internarlo en un psiquiátrico, a la vez que se preguntaba qué había hecho mal con su hijo.

Esa noche el niño cerró su puerta con seguro, y cuando el monstruo llegó a acarícialo; sus dedos fríos, viscosos, asquerosos y estremecedores bajaron hasta sus ojos. Michael no se movió; sintió unas garras clavarse en sus ojos grises, reprimió un grito y contuvo el dolor en un gemido. La sangre brotó de sus cuencas y el monstruo rió deleitado.

A la mañana siguiente su madre halló al niño, desmembrado, en un charco de sangre en su habitación, sin ojos, con una expresión de horror en el rostro.

Desesperada asomó su cabeza por la ventana, gritando que llamasen a la policía; y en la acera vio a un hombre vestido de negro, delgado, siniestro, que la miró con unos ojos grises que lo habían visto todo y sin embargo al monstro no le pertenecían.