🐚🦐🗝Parte 1🗝🦐🐚
Jimin inclinó su cabeza focalizando sus ojos en las pequeñas falanges.
Se concentró tanto que logró moverlas, y entonces rió.
Le resultaba gracioso el modo en que aquellas cosas, que ahora sabía se llamaban dedos, se movían. Los movió por todo el tiempo que pudo, pataleando en la arena y disfrutando de sus nuevas piernas como un crío.
Las tendría por un ciclo lunar, y cada vez que el agua las mojara volverían a su forma original, una cola larga y plateada, pero tenía la promesa de que regresaría a dos piernas. Aquella bruja le había cobrado demasiadas caracolas a cambio de ellas, pero finalmente las tenía y eso era todo lo importante, claro que ahora tenía que aprender a usarlas. Cubrirlas, porque había visto que los humanos estaban empeñados en cubrir la piel con telas extrañas. Y también guiarlas hacia el niño que poseía su primera perla.
Era tradición en los clanes de sirenas y tritones guardar como un preciado tesoro la primera perla, que no era más que la primera lágrima con connotación sentimental que una sirena derramaba. Ya fuera por tristeza, dolor o alegría, la primera perla era la más importante y poderosa, y usualmente se derramaba una vez los tritones y sirenas alcanzaban la mayoría de edad, que este año coincidía con el eclipse lunar.
Pero por supuesto Jimin había tenido que salirse de la norma, y la había derramado años atrás cuando salvó a un humano. No era extraño que la primera perla se adelantara en el tiempo, pero sí lo era regalarla. Era la mayor tontería que un tritón podía cometer, y ahora Jimin estaba pagando sus actos.
Sin perla, no habría clan al que pertenecer. Sería rechazado. Se haría un adulto sólo en la inmensidad del océano, y él no quería eso. No quería dejar de lado a Taehyung, ni a Tzuyu ni a su mamá. Tenía que encontrar su perla de vuelta y ofrecérsela a la luna antes de que el ciclo lunar terminara y el eclipse lo oscureciera todo, o estaba perdido.
Perdido de verdad.
Cuando salió de su ensoñación, dejó de patalear en la arena y pensó.
Ahora estaba en tierra, justo en el pedacito de tierra en el que había regalado su perla años atrás, así que encontrar al humano no debería ser tan difícil. La tierra no era tan grande como el mar ¿no?
Apenas le llevaría unas horas. Estaba seguro.
...
Jimin tardó más de tres días en encontrar al chico.
Había sido demasiado optimista pensando que con unas simples piernas todo estaría resuelto, pero comenzando por ellas, ni si quiera las supo usar correctamente hasta el alba del día después. Había encontrado unas telas y plásticos para cubrirse, y entonces había tratado de ponerse en pie. Costó un atardecer lograrlo, pero entonces aquellas cosas largas y pálidas por fin lo mantuvieron estático en tierra y Jimin gritó entusiasmado. Ponerlas en movimiento fue todavía menos sencillo, pero conforme la noche cayó tuvo toda la playa sola para él, y no cesó de practicar hasta el alba. Después de haber dado vueltas en círculos, Jimin llegó a la conclusión de que estaba hambriento, sediento, y necesitaba dejar de usar sus piernas de una buena vez. Se sentían incluso más cansadas que cuando hacía carreras con Tzuyu y bordeaban el arrecife, y eso que su cola era mucho más grande y pesada.
De aquel modo, sin nada que llevarse a la boca, y ningún sitio donde descansar, Jimin no tuvo otra opción que robar.
Robó en un supermercado comida, se la comió entre los estantes, y cuando fue pillado por los vigilantes de seguridad y estos lo llevaron a la trastienda, Jimin los hipnotizó con sus cantos embrujados hasta que cayeron dormidos. Más tarde aquel día, Jimin descubriría que los humanos tenían la rara costumbre de también cubrir sus pies, y entonces tampoco tuvo otra opción más que la de robar ropa y zapatos.
Sin duda, aquello fue lo peor. Porque por mucho que pudiera hipnotizar a los vendedores no podía hacer lo mismo con esas sandalias incordiosas que magullaban sus preciados y costosos pies.
La segunda noche en tierra lo alcanzó más rápido de lo que esperó, y de ese modo, sin lugar en el que dormir, Jimin volvió a la costa, guardó su ropa y sandalias bajo unas rocas y entró en el mar.
Se sintió solo y triste, sin sus amigos ni familia a su lado, y supo que más le valía encontrar al humano pronto, porque no quería volver a sentir aquella sensación.
Jamás.
...
Jimin despertó con unas voces humanas. Frunció el ceño y arrugó su nariz, molesto. Siempre había odiado los ruidos fuertes, sobre todo si eran la causa de su despertar. Cuando agudizó todavía más su audición, se dio cuenta de que eran voces que provenían de muy cerca, y entonces se alertó. Sacó su pequeña cabeza del agua, alertándose cuando vió decenas de personas en la playa. Apenas cubría en su escondite, y ahora, con la luz del día, todos podrían ver su cola.
-Caracolas- musitó.
Sabía pronunciar pocas palabras en la lengua humana, pero sin duda, esa era su favorita cuando algo no estaba saliendo bien.
No podría salir del agua en ese momento, su cola tardaría años en secar y convertirse en piernas, así que se hundió en el agua, y nadó alrededor de la costa esperando que los humanos volvieran a sus casas. Bien, Jimin estaba más que molesto. No sólo por los irritantes humanos tan cerca del agua sino también por las olas de aquel día. Eran condenadamente altas, y lo arrastraban hacia la superficie a pesar de que nadaba en dirección opuesta. Estaba comenzando a enfadarse.
Fue arrastrado de nuevo por una de ellas, y resignado y frustrado se rindió. No tardó mucho en volver a intentarlo, de todos modos, y huyendo de la corriente de nuevo, un objeto extraño surcó la ola de lado a lado, por poco atropellando al atolondrado tritón.
Los ojos de Jimin se abrieron atónitos.
¿Qué había sido eso?
¿Un barco?
¿Los barcos eran tan pequeños?
No, y tampoco iban tan rápido.
Curioso, Jimin extrajo su cabeza del agua. Sus ojos turquesa detectaron rápidamente aquel objeto y...
Un momento.
¿Había un humano encima?
Fascinado, Jimin abrió sus ojos expectantes e intrigados ante la imagen que veían. Había un humano sobre aquel objeto plano, y él estaba... Por todas las caracolas del mar, él estaba utilizándolo para caminar sobre el mar. ¿Eso era posible? Los humanos no podían caminar sobre el agua, al menos ninguno que él hubiera visto antes, pero aquel chico era especial. Lo estaba logrando, a una velocidad alucinante.
Hasta que la ola lo tragó.
El tritón se asustó.
¿Qué hacía?
¿Iba por él?
¿Lo salvaba?
Salvar a un humano años atrás le había costado demasiado caro, pero no podía dejar a un humano morir frente suya, eso sólo empeoraría todavía más la reputación de las sirenas, y él no podía permitir que algo como eso sucediera.
Jimin se sumergió de nuevo, dispuesto a salvarlo. Bien, todavía podría hechizarlo con su voz para que pensara que jamás había ocurrido. Nadó rápidamente hacia él, el chico hundiéndose frente a sus ojos. Mantenía los ojos cerrados, el pelo castaño cubriéndole el rostro. ¿Por qué no nadaba? ¿Es que se había golpeado? ¿Estaba muerto?
De pronto, el humano abrió los ojos, se impulsó hacia arriba y nadó ágil y experto hacia la superficie. Jimin se tensó.
¿Lo había fingido...?
El tritón no quería saber. Nadó de vuelta lejos de allí, con la seguridad de que, al menos, el chico no le había visto.
Pero había estado demasiado cerca.
-¡Jungkook, pensaba que te había tragado el mar, idiota! Has hecho que tenga que venir por ti -gritó una voz femenina. Una chica se sentaba con las piernas abiertas sobre el mar, y entre ellas había otra de esas cosas planas, como la del otro humano.
Ese humano que al parecer se llamaba Jungkook.
-¿Por qué haces eso?- la chica habló nuevamente.
-¿El qué?- Jungkook jadeó sacudiendo su cabeza de agua y sentándose en su tabla.
-Quedarte tanto tiempo bajo el agua. Me has dado un susto.
-Ah- Jungkook sonrió. Jimin no supo por qué, pero sus mejillas se calentaron.
¿Estaba mal por su parte escuchar aquella conversación? ¿Debería irse?
Por todos los arrecifes, no podía. Aquel chico lo había cautivado desde que lo había visto moverse sobre el agua. La chica también podía al parecer, pero era distinto. Él lo había hecho tan rápido y tan... Alucinante. Jimin quería verlo de nuevo.
-Me gusta estar sumergido- Jungkook contestó- Me hace sentir en casa.
-¿Y si te ahogas? Has estado como dos minutos. Tus amigos me dijeron que no me preocupara, pero yo...-
-Nah. Nunca me ahogo. Hazme caso, el mar no me dejaría.
La chica rodó los ojos y sonrió.
-¿Ahora eres el favorito del mar?
-Espero serlo en el campeonato.
Entre gritos y palabras que desconocía, ambos nadaron de vuelta a la costa.
-Jungkook- Jimin musitó.
Y no supo por qué, aquel nombre le fascinó tanto como él.
...
El rubio era un poco despistado, siempre lo había sido, ya desde que era un niño y regalaba sus perlas a humanos ajenos, o eso era lo que con cariño decía su madre de él. La echaba mucho de menos, pero sabía que por una vez en su vida, tenía que hacer esto solo. No podía defraudar al clan. Tenía que encontrar su perla... Pero es que aquel humano era tan fascinante, y tan guapo, que Jimin se encontró moviendo su cola de lado a lado como un perro entusiasmado cada vez que Jungkook tomaba una ola con maestría.
Era increíble.
Parecía que podía domar al mar. ¡El mar! Su casa. No sabía que los humanos pudieran hacer eso, pero era increíble. No podía apartar sus ojos de él, ni si quiera cuando la pequeña voz en su cabeza trató de forzarlo a continuar con su misión.
Cuando la tarde cayó, Jungkook finalmente se cansó y salió del agua. Había permanecido por horas allí dentro, montando olas incluso cuando sus amigos tomaron descansos y lo dejaron sólo para comer. Jimin siguió lentamente con los ojos al castaño, bordeó la costa, ahora mucho más vacía, y salió del agua.
Desde la roca dónde aguardaba oculto para secarse, podía seguir viéndolo.
Jimin era conocedor de los mitos humanos sobre las sirenas, que eran tan hermosas como los ángeles y con su belleza etérea y voces hechizaban a los humanos. Jimin nunca había podido experimentar algo similar, pero estaba seguro de que Jungkook lo había hechizado. ¿Los humanos podían hacer eso?
Al parecer sólo los que caminaban sobre el mar.
Una vez su cola se secó, sus instintos lo guiaron a vestirse y salir de su escondite, caminando torpe y lento hasta detenerse a unos metros del humano. Comía sobre unas toallas en la arena, rodeado de sus amigos, riendo y hablando algunas palabras que entendía y otras que no.
-Parece que tienes un admirador- comentó un chico, con la mirada divertida hacia Jimin.
El rubio ni si quiera se inmutó, perdido en la cara de Jungkook. Pegó un pequeño brinco y se congeló cuando lo hizo.
Jungkook alzó la mirada y chocó sus ojos con los de Jimin. Su ceño se frunció.
-¡Hey, tú! ¿Te pasa algo? ¿Quieres un autógrafo de mi amigo?- el chico que había hablado previamente rodeó con su brazo a Jungkook- ¡Es el próximo campeón de surf en Corea!
-Deja eso, Hoseok- Jungkook rodó los ojos divertidos, y los posó de nuevo sobre Jimin.
El rubio tenía una cara peculiar, lo sabía. Su rostro era hermoso, eso era indudable, sus ojos claros como el agua y cabello rubio y brillante, nariz pequeña y labios gruesos, pero tenía un toque mágico e inexplicable que ningún humano podía comprender. El toque del mar. Jungkook sintió que no podía dejar de verlo. Era magnético.
Sacudió su cabeza cuando descubrió la mirada incrédula de Jisoo sobre él.
Jimin sólo abrió sus ojos y mordió su labio. ¿Y ahora qué hacía? ¿Qué hacían los humanos?
Las sirenas y tritones no tenían permitido entrar en un clan nuevo. Permanecían en el clan en el que nacían hasta morir, así que no sabía si podría entrar en aquel extraño clan humano de cuatro personas, pero quería hacerlo.
Un chico que todavía no había hablado se levantó, sacudió su trasero de arena y anduvo hacia Jimin decidido. El rubio comenzó a retroceder, así hasta que sus piernas todavía torpes se cruzaron y cayó de culo.
Hoseok y Jisoo rieron.
Jimin los miró curioso. ¿Caerse daba risa? A él le había dolido. El chico de amplios hombros frenó en cuanto Jimin tropezó, y lo miró desde arriba con las cejas reunidas en su ceño.
-¿Eres de aquí? ¿Entiendes nuestro idioma?
El rubio inclinó su cabeza.
-Jungkook- musitó.
El chico alzó una ceja y miró sobre su hombro a Jungkook.
-Pues sí que sabe quién eres. A ver si va a ser verdad que es un admirador tuyo.
Jungkook frunció el ceño y se levantó. Anduvo despreocupado hasta Jimin, y le ofreció la mano para que se levantara.
El rubio no comprendió. Estiró su pequeña mano por imitación hasta dejarla en la misma posición que el castaño, pero no la tomó. Jungkook frunció el ceño, todavía más confundido. Suspirando, tomó la iniciativa, enredó su mano en la más pequeña y tiró de él hasta levantarlo. Quizás demasiado fuerte, o quizás Jimin era demasiado liviano, porque lo hizo chocar contra su pecho.
Jungkook se separó rápidamente y soltó el agarre.
-¿De qué va vestido?- Jisoo preguntó con las cejas alzadas.
Jimin miró su ropa cuando notó la mirada de todos sobre ella.
¿Había algo mal?
Aquellos humanos vestían una ropa extraña, muy ceñida y oscura, bastante distinta a su vestido de flores, quizás era por eso que lo miraban así. Probablemente su clan solo usara ese tipo de ropa.
-Jungkook- Jimin murmuró de nuevo.
El castaño inclinó su rostro y alzó las cejas.
-Ese soy yo.
-E-ese soy yo...
Jungkook entrecerró los ojos y sonrió levemente.
-No, tú no. Yo.
Como el humano había sonreído, Jimin lo imitó de nuevo.
-N-no, t-tú no, y...-
-¿Está imitando lo que dices?- el chico de amplios hombros se carcajeó.
Jungkook lo ignoró.
-Oye, ¿sabes coreano? ¿Inglés?
-Caracolas.
-¿Caracolas?
-¡Caracolas!- Jimin abrió los ojos y golpeó su frente.
La misión.
Se estaba yendo por las ramas, como siempre.
-Está loco, Kook- el de amplios hombros expuso.
-Jin, podría haberse perdido. Parece un crío. Puede que no sea de aquí- Jungkook lo intentó de nuevo- ¿Dónde vives? ¿Estás quedándote en un hotel?
El rubio no entendió.
-¿Dónde está tu casa? Casa- Jungkook repitió vocalizando mucho.
-¿Casa?
Jimin señaló el mar con una sonrisa genuina.
Jungkook miró hacia allí.
-¿Japón? ¿Eres de Japón? Eso tiene sentido.
Jimin asintió, sin haber entendido ni una sola palabra.
-Oye, ¿alguno de vosotros sabe japonés?- Jungkook bufó una risita y se giró hacia sus amigos.
-Kook, déjalo estar y vuelve aquí. Estábamos hablando del festival de verano- Jisoo mordió una manzana y masticó.
Bien, Jisoo tenía razón. Y Jimin era un extraño, a pesar de todo, o de lo bonito y atrayente que se veía.
-¿Quieres algo? Porque si no es así, yo... Ams, volveré con mis amigos ¿sí?
Jimin sólo podía sonreír embobado y fijar sus irises azules en Jungkook con atención.
Jungkook se perdió demasiado en aquellos ojos que le recordaron al mar en un día de calma. ¿Habían japoneses rubios con ojos azules? Podría ser posible ¿Pero con los ojos del océano?
Sin embargo, cuando Jungkook finalmente desistió y se dio la vuelta, Jimin abrió los ojos y dijo lo primero que se le ocurrió.
-¡Perla!
El castaño se detuvo. Lentamente se giró de vuelta y lo observó.
-¿Qué has dicho?
El rubio cubrió su boca rápidamente.
-C-caracolas.
Era su misión secreta.
Y acababa de fastidiarla en grande.
...