Había una vez...
Había una vez una pequeña princesa rodeada de amor, su padre la adoraba, era la niña preciosa de su madre y la consentida de su hermano.
Incluso cuando su madre murió, su padre la abrazó y le prometió jamás dejarla, su hermano le juró protegerla.
Pero en todo cuento hay una malvada madrastra qué tras muchas mentiras, consiguió que dejará de ser adorada por su padre y la protegida de su hermano, aquella pequeña princesa fue arrojada a la calle sin nada salvo su nombre, pero una amable pareja de ancianos que trabajaban en el ducado, dejaron aquella vida para cuidar de la pequeña princesa.
Así, con una pequeña maleta y sin saber a donde ir, aquel trio partió a las afueras del reino de Atrivon, a una pequeña tierra que era el límite del reino con el mundo fae, ahí el abuelo compro una vieja cabaña que poco a poco fueron acondicionando hasta que se volvió su hogar.
Lo que la pequeña princesa no sabía, es que su particular color de ojos le abriría la puerta a un mundo fantástico y terrorífico a partes iguales.