Prólogo
Frío, mis manos se sienten frías debajo de los guantes, la cafetería está cálida, luces doradas, mañana tranquila, colores pasteles y afuera cae una hermosa nevada. ¿Que más puedo pedir?
Pero si, podría pedir tanto dios y con un nudo en mi garganta enfrento algunos de esos pensamientos que llegan y se pierden en algún rincón de mi mente, agradezco que se pierdan porque ya no quiero pensar, no quiero... hechar de menos a alguien que ya no está, se me hace demasiado doloroso e insoportable, es un dolor tan agudo en el pecho...
Los aparto y sigo con mi trabajo, veo mi reflejo y observo mis ojos azules, aquellos ojos tan parecidos a los suyos y de nuevo estoy buscando una razón para pensar en él pero no puedo, ya no puedo seguir así, es mi vida y me ha costado mucho construirme como para romperme tan fácilmente.
Los cafés y los chocolates están listos para entregar, sólo hay ocupadas 4 mesas está mañana así que se las doy a mi compañera de trabajo cuando siento el ruido de la puerta abriéndose
Al parecer no era una mañana tan tranquila, decido prestarle atención al cliente
—buen día cuál será su pedid...—
Entonces mis palabras mueren al igual que mi corazón