Un baile a escondidas

Summary

_Canción elegida: "Put your head on my shoulder" _Ship: Draco x Harry _Cuarto año - Antes de la segunda prueba / Relación secreta. _Harry se siente abrumado por ser el único Omega en el torneo y Draco, siendo un alfa, intentará calmarlo igual que siempre.

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13+

_Parte Única

La primera prueba había sido un completo desafío para Harry; luego de haber luchado con una dragona pudo alcanzar al tan preciado huevo. Aunque era consciente de que vendrían cosas peores y debía prepararse para todo eso.


En ocasiones odiaba ser un mago.


Al ser el único Omega de todo el torneo contaba con una enorme desventaja y eso era algo que Draco no concebía; sobre todo el hecho de que un Alfa como Dumbledore no pudiera hacer nada al respecto para que no participara de aquel evento.


La amistad con Draco había surgido luego de su segundo año, secreta para la mayoría de la escuela si se lo preguntan; pues sabían que era complicado mantener una relación de aquella índole por estar en bandos diferentes y sobre todo por sus amigos. Aunque Ginny presentía, pues en varias oportunidades lo había visto “escribirse” con alguien a través de un medallón demasiado extraño que nunca se quitaba, sin olvidar de que su apariencia era similar al que cargaba cierto Slytherin.


Harry entró a la sala que habían descubierto en tercer año; el único lugar donde podían hablar tranquilos. Aunque para el ojo público seguían siendo rivales.


Draco ya lo esperaba, acomodado en el sofá con un libro en su regazo.


—Perdón la tardanza —respiró profundamente para recuperar el aire perdido—. Ron no ha dejado de hacerme preguntas y Hermione sigue insistiendo en que debo averiguar la pista de la segunda prueba.


El alfa alzó su cabeza y enarcó una ceja— Por primera vez debo estar de acuerdo con tu amiga, Harry. No debes de dormirte, llegará el momento y no sabrás qué hacer.


Draco cerró el libro, luego de colocarle un señalador y palmeó el sillón para que se sentara a su lado. Harry aceptó gustoso pues le gustaba la cercanía con su amigo.


—Quizás sea mi momento de irme al otro lado —carcajeó, pero su sonrisa se disolvió al ver que Draco lo observaba con un gesto gélido—. ¡Es broma! ¡Tranquilo! ¡Por Merlín!


—Sabes que no me gusta usar la fuerza bruta —Harry lo miró y le dio a entender absolutamente todo—. ¡Bueno!, no me gusta usarla contigo —se corrigió acentuando cada palabra—. Pero a veces cuando dices esas sandeces me dan ganas de darte un buen golpe en la nuca —bufó—. Como si no me doliera si te llegara a ocurrir algo —balbuceó—. A veces sueño con tener la edad suficiente para que podamos huir de este mundo miserable —masculló a la vez que jugaba con sus dedos.


—¡Te preocupas demasiado, Draco! —lo regañó mientras su amigo refunfuñaba— Dumbledore no dejará que nada me ocurra, él siempre me protegerá —intentó calmarlo y se apoyó sobre su pecho.


—No confío en el viejo —masculló y por instinto lo envolvió con sus brazos—. A veces tengo la sensación de que algo oculta, y no es nada bueno.


—No pienses en eso, ¿está bien? Tú tranquilo yo nervioso —una pequeña sonrisa se extendió en los labios de Draco y para Harry era una victoria—. Además, ya conoces el dicho, yerba mala nunca muere —aulló en el instante que el alfa le dio una pequeña palmada en la mejilla—. ¡Bruto! ¡Prometiste que no usarías la fuerza!


Draco soltó una carcajada y besó su cicatriz, aunque deseó hacerlo en otro lugar; porque sí, el príncipe de las serpientes había caído ante el león más famoso de Hogwarts y no podía seguir ignorando la forma en que sus entrañas se retorcían al percibir su aroma.


—Lo siento, es que a veces la tentación vale más —mordió su labio y se apoyó sobre la cabeza del Omega—. Tienes una gran desventaja en el torneo y... lo siento, sé que no debería decir eso y que debo ayudarte en vez de empeorar.


—No hay problema, sé que te preocupas por mí —suspiró y refregó su rostro sobre el alfa. Draco adoraba que hiciera eso porque su aroma quedaba impregnado durante días y lo usaba como funda de almohada hasta que desapareciera por completo—. De todos modos aún queda dos meses para pensar, primero debo ver si consigo pareja para el baile —se quejó—. ¿Tú con quién irás?


—Con Pansy, al parecer su conquista la ha rechazado y no quiero verla llorar durante semanas —resopló—. ¿No quieres que le diga a Astoria? De seguro estará más que feliz de ir con uno de los campeones.


—¿No es demasiado pequeña para mí? —frunció el ceño.


—Va al mismo año que Ginevra —alzó los hombros—. Y ella irá con Longbottom; por ende no sería extraño que tú fueras con Astoria.


Astoria era la única de Slytherin que sabía de la amistad que los unía.


—Podría ser conveniente, aunque no la conozco demasiado —susurró—. Debería hablar al menos unos momentos para conocerla.


—Igual maldigo el día que nos encontró hablando —carcajeó—. Desde ese instante no deja de hacer esas caras maquiavélicas cada vez que te escribo por el medallón.


—Pues te comento que Ginny ya está sospechando, sobre todo porque son similares.


—A veces me imagino que no soy tan inteligente como creo —rodó los ojos logrando que el Omega se riera—. ¿¡Qué es tan gracioso!? —lo pinchó haciéndolo sobresaltar.


—Que te des cuenta ahora que no eres tan inteligente —tarareó en forma divertida—. Sin contar que no te das cuenta que eres el rey del drama —siguió burlándose a pesar de que Draco se indignaba cada vez más.


—¡Ajá! ¡Lo dice quien lloró por semanas porque Ron le dejó de hablar! ¿Cierto?


—¡Pero ese era un problema grave! Tu lloras por cosas pequeñas.


Draco jadeó y Harry no paraba de reír— ¡Eres maldad pura!, ¿verdad, Potter?


—¡Oye! ¿¡Por qué me has dicho Potter!? —se quejó y esbozó un pequeño mohín.


—¿Ese es tu apellido? —enarcó una ceja y el gesto del Omega no se borró— ¡Y deja de hacer eso! Siempre logras tu cometido cuando pones tus ojos de cachorro —lejos de dejar de hacerlo lo intensificó—. A veces te odio —lo empujó despacio para evitar caer en sus redes. Quería besarlo y Harry no era de ayuda—. ¿Has practicado para tu baile? —carraspeó y desvió su mirada; el corazón de Draco ya perdía el control.


—Ni siquiera tengo pareja y me preguntas si he practicado —puso los ojos en blanco—. Quizás finja demencia y me ausente.


—Yo iría contigo —soltó sin pensar—. Como amigos, por supuesto —agregó rápidamente.


—Pero sería tedioso de explicar que lo somos desde hace años —refunfuñó—. Y no estoy listo para escuchar el discurso de Ron y Hermione o “el ¡Yo lo sabía!” de Ginny.


Draco soltó una estruendosa carcajada y para Harry era melodía para sus oídos.


No podía mentirse más, le gustaba demasiado el Alfa.


—Ya me los imagino y ni hablar de Pansy, que será la primer indignada —negó; y su sonrisa se fue disolviendo—. Una pena que haya una guerra entremedio y mi padre esté del lado equivocado —musitó entre dientes.


—¿Y tú de qué lado estás? —preguntó con la voz ronca.


Draco se alejó y lo observó por unos segundos —¿No es obvio? Estoy contigo, idiota —rio y corrió un mechón de pelo del Omega—. No estoy del lado del señor oscuro ni del viejo come caramelos. Estoy contigo y siempre lo estaré —sonrió con los labios temblorosos y a Harry se le estrujó el corazón al verlo así.


Draco estaba asustado, pero no iba a decirlo en voz alta para no alterarlo.


—Igual podemos tener nuestro propio baile, ¿sabes? Uno más privado, ¿no crees?


—¿No sería muy arriesgado? —arrugó la nariz— Estarás en el ojo del huracán.


Harry alzó los hombros— Podemos hacerlo aquí y ahora. Jamás he bailado una canción lenta con nadie —suspiró—. ¿Qué opinas? Además me ayudará a practicar.


—¿Seguro? —lo observó con confusión— Sería extraño que lo hiciéramos sin música.


—De eso te equivocas —tarareó y se apartó para ponerse de pie—. Un día descubrí un artefacto; quiero creer que dieron estudios muggles aquí en algún momento —con un movimiento de varita desempolvó un tocadiscos.


—¿Qué es eso?


—Los muggles los usan para escuchar música —explicó mientras tomaba un viejo disco—. Bueno, en realidad hoy en día ya no lo hacen, usan uno más pequeño —aclaró a ver su cara de desconcierto.


—¿Y sabes como bailar? Dudo que lo hagan igual que nosotros.


—Siempre he observado a mis tíos —colocó la aguja y se posicionó frente a su amigo—. A pesar de ser unos seres indeseables, se aman el uno al otro y aprovechan las noches para bailar.


Harry guió la mano del Alfa hacia su cintura y apoyó la suya sobre el hombro del otro.


No los separaban muchos centímetros; Draco era más alto pero por poco. Quizás unos diez centímetros, pero para Harry la diferencia era simplemente perfecta.


—¿Y cómo se supone que-? —su pregunta fue interrumpida, cuando Harry con un movimiento de varita logró que el aparato se encendiera.


Los primeros acordes de “Put your hand on my shoulder” resonaron en aquel lugar.


“Put your head on my shoulder

Hold me in your arms, baby

Squeeze me oh-so-tight

Show me that you love me too”


—Sólo muévete de un lugar hacia otro, no es la gran ciencia —le indicó a pesar de que jamás lo había hecho—. No debes girarme ni nada de eso —le explicó a la vez que miraba sus pies.


Las mariposas en el estómago de Draco revoloteaban con intensidad y temía que Harry se diera cuenta de las emociones que le provocaba.


Harry finalmente levantó el mentón y le sonrió, de ese modo que a Draco le encantaba.


“Put your lips next to mine,

dear Won’t you kiss me once, baby?

Just a kiss goodnight, maybe.

You and I will fall in love (you and I will fall in love)”


—¿Ves que era sencillo? Mucho mejor a lo que los sangre pura están acostumbrados —rio y Draco pasó saliva en el instante que Harry apoyó la cabeza en su hombro.


—Supongo que sí —resopló.


—¿Estás bien? —preguntó frunciendo el ceño al apoyar la mano en el pecho del alfa— Tu corazón late demasiado rápido. Cualquiera diría que te he puesto nervioso —bromeó.


—Tengo la plena seguridad que es alguna enfermedad cardíaca —tartamudeó—, no te sientas tan importante —intentó restarle importancia y a Harry le pareció divertido—. Iré al hospital para que me den alguna poción.


—Nunca creí que tuvieras uno como para sufrir ese tipo de padecimientos —se sobresaltó al sentir el dedo del alfa pinchando el costado de su torso—. No importa, ha valido la pena.


“Put your head on my shoulder

Whisper in my ear, baby

Words I want to hear, tell me

Tell me that you love me too (tell me that you love me too)”


—Eres pura maldad, y lo sabes —lo regañó—. Lo seguiré repitiendo


Harry se alejó y envolvió el cuello del alfa con sus brazos; por unos segundos la música se fue alejando y una burbuja entre ambos se formó.


—He aprendido del mejor, ¿no crees? —sonrió con inocencia.


—Puedo enseñarte otras cosas mejores, te puedo asegurar —bufó y sin pensar relamió su labio a la vez que observaba los del Omega.


—¿Y qué puedes enseñarme? —ronroneó y Draco se percató de lo que estaba ocurriendo.


Si no estuviera consciente lo besaría sin pensar.


¿A quién quería engañar? Estaba loco por él.

Pero sabía que sería una total imprudencia decirle lo que sentía.


¿Y si no era correspondido?


“Whisper in my ear, baby

Words I want to hear, baby

Put your head on my shoulder”


—Creo que deberíamos volver a nuestras salas —vaciló al terminar la música. Aunque no quería separarse—. Ya es tarde y nos harán muchas preguntas, sobre todo a ti —rio de forma amarga.


—Sí, tienes razón —suspiró y a regañadientes apagó el tocadiscos en su totalidad para que no avanzara hacia la siguiente canción—. ¿Nos veremos la próxima semana?


—Sí, sí, sabes que sí —asintió varias veces y tomó una bocanada de aire—. Intenta descifrar la pista así veo si puedo ayudarte.


—Eso haré no te preocupes —acomodó la túnica del alfa y frunció los labios—. Yo veré a quien puedo llevar al baile. Tengo dos problemas que resolver —gruñó.


—Deja que hablo con Astoria —le propuso—. Sólo practica para no pisarle los pies —bromeó y recibió un empujón por parte de su amigo.


—Ya verás que te superaré —afirmó con arrogancia—. Bueno, saldré yo primero —indicó sin dejar de mirarlo.


—Yo lo haré en unos momentos —tragó en seco—. Avísame cuando llegues a tu sala —señaló su medallón.


—Eso haré. Nos vemos.


Ambos se despidieron con un gesto y Draco lo observó alejarse con el corazón roto por ser tan cobarde.


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Finalmente habían descifrado la pista; gracias a Cedric supo como abrir el huevo y junto a Dobby revolvieron el dilema de cómo podía pasar la prueba. El elfo le otorgó unas branquialgas que lo ayudarían a nadar bajo el agua el tiempo suficiente.


Harry no escuchaba absolutamente nada de lo que el ministro decía; demasiado ocupado en tratar de encontrar algún rastro de Draco.


—Harry, ¿a quién buscas? —Hermione se percató de eso y tomó su brazo al verlo inquieto.


—A Padfoot —mintió—, dijo que vendria con un glamour. Pero supongo que después se mostrará con su apariencia nueva.


—Estoy segura que sí —le sonrió de un modo maternal.


El sabor amargo de las branquialgas invadió su garganta e hizo un esfuerzo abismal para que no se notara.


En cuanto el pitido inició el comienzo de la prueba, Harry se sumergió en las aguas heladas y viscosas del lago negro.


Debía salvar algo, ¿pero qué? Aún no tenía en claro cuál era su tesoro más preciado.


Draco bromeó durante días que sería su escoba y que estaba más que seguro que dormía con ella a su lado.


Harry nadó lo más que pudo e ignoró por completo el pequeño dolor que le había quedado después que las branquias se formaran en su piel, tironeándola con fuerza y ejerciendo presión.


Se escabulló entre las algas y las colas de las sirenas en ocasiones le hicieron cosquillas en las piernas. Hasta que logró llegar al lugar que se suponía que debía estar.


A pesar de la oscuridad y el agua densa del lago, pudo distinguir a las cuatro personas que flotaban inconscientes.


Y allí estaba Draco, casi dormido; junto a Hermione, Cho y la hermana de Fleur. Supuso que su amiga era el tesoro de Viktor, lo que le parecía hilarante ya que apenas se conocían.


Sin pensarlo dos veces, fue hasta el cuerpo de su amigo y comenzó a cortar las algas que lo tenían preso en el fondo del lago.


Mientras lo hacía, Viktor y Cedric lograron sacar a sus tesoros ignorando por completo cual era el ajeno.


¡No había tiempo que perder!


A Harry le pareció extraño que Fleur no se apareciera para rescatar a su hermana y en un movimiento arriesgado fue hasta ella luego de desatar a Draco.


—¡Es sólo uno por participante! —gruñó la sirena interponiéndose en su camino, amenazándolo con la punta de su tridente— ¡Toma el tuyo y aléjate!


—¡Pero es mi amiga! —Harry se sorprendió luego de hablar bajo del agua— Déjame pasar, ¡se morirá!


—¡No irás a ninguna parte! —bramó con más fuerza.


Harry ignoró por completo a la criatura y aún con Draco en los brazos logró sacarle las ataduras que la hacían presa de aquella prueba.


Luchó y forcejeó lo más que pudo; no quería dejarla allí. Tenía miedo de que algo le ocurriese.


Nadó con todas sus fuerzas, pero el peso que traía en sus brazos eran demasiados. Apenas notó la superficie soltó a la hermana de Fleur para que fuera hasta la superficie del lago y rogó que no ocurriera ningún imprevisto durante el trayecto.


Harry tomó con firmeza el cuerpo del alfa y con un ascendio logró que ambos salieran sanos y salvos.


Harry esperó aplausos y gritos por parte del público; pero por el contrario un silencio lúgubre se hizo presente al ver quien era el tesoro del niño que vivió.


—¡Draco! —ignorando las maldiciones de varios espectadores, Harry corrió los cabellos del alfa y sonrió en el instante que comenzó a toser luego de recuperar la conciencia— ¡Draco por Merlin! —rio nervioso al percatarse que su amigo era su tesoro más preciado.


—¿Qué demo-? —observó todo a su alrededor hasta supo bien dónde se encontraba— ¡Joder! —jadeó.


Harry se reía de forma eufórica y de algún modo extraño lo contagió.


—Soy lo que más valoras —parpadeó con nerviosismo.


—¿Tenías alguna duda de eso? —ronroneó muy cerca de su rostro.


Y Draco no respondió, al menos no del modo que esperaba Harry.


Tomándolo de la nuca, sacó una valentía que jamás imaginó.


Por un breve lapso fue Gryffindor.


Y no se arrepintió.


Y lo besó, presionando sus labios con los suyos haciendo oído sordo los abucheos.


Estaba dispuesto a enfrentar a todo el mundo mágico, en esos segundos olvidó su instinto de supervivencia.


Había esperado ese beso por años y no iba a dejar que nada ni nadie lo arruinara.


Harry lo hacía volar sin alas y eso le fascinaba.


Tendría que explicarle a sus padres lo que estaba ocurriendo, pero ya tendría tiempo


Para Harry, Draco era lo más valioso.


Para Draco, Harry era su tesoro.


Ambos habían encontrado en la persona menos pensada, el dueño de sus latidos y un amor tan hermoso que hacían estallar todo sus sentidos.


Y nada más importaba.