Prólogo
Lo único que fue capaz de despertar algo en mi, en toda mi vida, fue la música. Consigue una vibración en mi cuerpo y mente que me hace perder por completo, nadie me entiende como ella. Solo le entrego mi alma, sentimientos y emociones a la melodía que puedo crear con mis manos y voz. Me salvo de tantas miserias como nadie tiene idea, es lo único que me queda de este mundo tan cruel que poco a poco se cae a pedazos a mi alrededor.
Pero un día llegaste con tu asombrosa inteligencia, una sonrisa tímida pero sincera, que provoca todo en mi y unos ojos capaces de ver hasta lo mas profundo de mi ser. Quien pensaría que un chico nerd ordinario obsesionado con las estrellas y todo lo que se esconde en el universo estelar, un día cualquiera conocería a la cantante, compositora y creadora de la banda "Andrómeda" de la mas vergonzosa y peor manera posible.
—¿Te encuentras bien?—le pregunté al chico, con ese color de ojos que me hacen acordar a una avellana.
Le tiendo la mano pero el no dice nada, solo me mira en silencio sin creer lo que ve, como si de un fantasma se tratara.
—Ejem.
—¡Ah! Lo siento—avergonzado toma mi mano.
—Yo pues, gracias por tu ayuda—expresó, aún sin soltarme la mano—..ya no sabía cómo quitarme de encima a esos idiotas.
En silencio miro nuestras manos y luego a el, se da cuenta de esto y rompe el contacto enseguida, carraspea la garganta algo incómodo y me mira de lado. En medio de un callejón bajo la leve luz de la luna llena, puedo notar un leve rubor en sus mejillas, no se porque, pero tal cosa logra hacer escapar una sonrisa idiota de mi sin sentido alguno.
—La próxima vez, creo que estaría genial que evitaras andar a tales horas de la noche, en medio de callejones donde se juntan matones—mencioné con cierto tono de broma—¿No?
Lleva su mano a la nuca y me enseña una sonrisa de lado.
—Seria estúpido de mi parte no darte la razón.
—Tu mismo lo dijiste—agregó, dejándolo atrás recorriendo el pasillo para salir del callejón.
Una fuerte brisa se hace notar y adentro mis manos en cada lado de un bolsillo de la chaqueta. Levanto la mirada, la luna hace su aparicion iluminando las calles de la ciudad, hasta que unas nubes tapan su brillo nuevamente dejando nada que apreciar.
—Bueno chico avellana, anda con cuidado.
—¡Espera!—esa voz tímida la cual apenas oía hace unos momentos, resuena lo suficiente para ser escuchado por cualquiera en el lugar.
Detengo mis pasos y giro a medias mi cuerpo, me encuentro con esos dos ojos llenos de brillo que me miran con completa curiosidad, cómo si de un enigma tratara yo, el cual no puede y tampoco quiere evitar descubrir.
—¿Podría..? ¿Podría saber tu nombre?—soltó sin pestañear, esperando algo inquieto por su respuesta.
—Roxanne—sonrío, dandole la espalda y yéndome en silencio con la luna en lo alto, iluminando cada uno de mis pasos.