Capítulo uno
—Bueno, bueno... Hombres, saben que tenemos algunas cuentas pendientes con nuestros amigos del restaurante ¿no? Hay que saldarlas —dijo aquel hombre autoritario e imponente de ojos azules, tan profundos como el océano mismo, vestido con un elegante traje—. Bien, ¿por qué no vamos a darles una reconfortante visita? —preguntó burlón, alzando ambas manos al aire, haciendo reír entre dientes a la fila de hombres vestidos con trajes similares al suyo mientras asentían—. ¡Наступать! (nastupat') [Vamos] —gritó en su idioma natal, casi al instante todos sus hombres deshicieron la fila, armándose hasta los dientes, corrieron hacia varias camionetas blindadas y subieron en ellas.
—Hermano, ¿de verdad se armaron así sólo para ir a buscar dinero? —preguntó con tono burlón un moreno de ojos miel, dirigiéndose al de ojos azules.
—Claro, Zayn, no estamos en Rusia, estamos en Arabia, y no es sólo un dinero —contestó, sonriendo de la misma manera, pero sin mostrar los dientes.
—Bien, bien, pequeño Louis, ¿iremos a participar en la acción o sólo nos quedaremos hablando de si nos hicimos o no manicura hoy? —preguntó, volviendo a su expresión seria.
—Mira, negro, no te metas con mi altura, porque sigo siendo veinte centímetros más alto que tú, идиот (Idiot) [Idiota] —le dijo, sonriendo con una expresión burlona nuevamente.
—идиот (Idiot) [Idiota] —dijo Zayn, negando y chocaron los cinco, dirigiéndose a una de las mismas camionetas a las cuales habían subido los demás hombres anteriormente.
—Bien, quiero un saco con un signo de dinero impreso en él, dos ametralladoras, una caja de granadas y un porro para mí, cambio —dijo Zayn, hablando hacia la personas en el otro lado de la línea telefónica, con una expresión seria plasmada en el rostro, intentaba lucir serio pero sólo lograba verse gracioso.
—¿Y para qué diablos quieres lo demás? —preguntó Louis con una expresión neutra, sin poder comprender a su compañero.
—No lo sé, simplemente quería una excusa para pedir un porro —dijo, sonriendo tal como un niño que ha dicho una mentira exitosa.
El ojiazul a veces creía que, si conectaban a su amigo a un detector de mentiras con aquella actitud, la policía lograría descubrir que eran miembros de la mafia sólo por los resultados de aquel aparato.
Zayn no era serio, probablemente no era un sujeto al cuál podría temerle y tampoco lucía como un tipo de la mafia, pero aún así, Louis lo amaba como a un hermano.
Louis negó, sonriendo ligeramente y pisó el acelerador.