Prólogo
Un fuerte olor a hospital.
Parece que he sobrevivido.
Intento abrir los ojos. No lo consigo. Probablemente la anestesia está empezando a desaparecer. Al menos ya no hay dolor. Hay voces silenciosas procedentes de mi izquierda, pero son tenues, y aunque me suenan, no puedo reconocerlas.
—¿Puede escucharnos?
—No. Está muy sedado.
—¿Vivirá?
—Sí. Desgraciadamente. Las heridas de su pecho no eran tan graves.
—Siempre podemos intentarlo de nuevo. Culpar de nuevo a los italianos.
—Demasiado arriesgado. La gente es leal al Pakhan*. Si alguien sospecha de mí, terminaré en una zanja.
—Bueno, puede haber un lado positivo. La metralla le destrozó la rodilla.
—¿Y qué?
—El médico dijo que no volverá a caminar. Si alguien más capacitado entra en escena... la gente, por muy leal que sea, difícilmente apoyará a un Pakhan que está en silla de ruedas cuando se le presenta una opción mejor.
—Bueno, supongo que lo hicimos bien después de todo.
Se escucha el sonido de pasos saliendo, y luego una puerta se cierra.
*Pakhan: Jefe