Capítulo 0 - Lo que me hacía falta
3 años antes
Martina
Estoy de rodillas en el piso frente a la puerta de mi departamento, revolviendo desesperadamente mi bolso.
Cuadernos, estuche, hojas sueltas, mi laptop, billetera y un montón de cosas que voy guardando sin motivo, están desparramadas por el suelo mientras vuelvo a revisar cada bolsillo de mi bolso.
Después de vaciar por completo todo y buscar por tercera vez, enfrento la realidad. No tengo las llaves.
No llevo ni 2 semanas viviendo aquí y ya perdí mis llaves. Soy un desastre.
Bueno, es mi responsabilidad por depender siempre de Dan.
Resignada, guardo todo de regreso en mi bolso y me quedo sentada en el piso, con la espalda apoyada en mi puerta, pensando en que puedo hacer.
Saco mi celular, quizás podría llamar a alguien, esta chica que conocí en clases, quizás me pueda acoger durante unas horas... o quizás debería simplemente llamar a Dan.
No. Se supone que estaría con su madre, en algo... No puedo molestarlo justo ahora.
Guardo mi celular en el bolso y me quejo en silencio dándome pequeños cabezazos en la puerta, quizás si remuevo mi pequeño cerebro salga alguna idea que me saque de esta situación.
Me quedo observando la puerta de enfrente. Los vecinos de enfrente son 2 chicos universitarios, al igual que yo, según lo que me dijo mi hermano, ambos son muy fiesteros, pero en realidad, no he tenido la oportunidad de conocer a nadie aún, entre la mudanza y el inicio de las clases en la universidad, no he conocido a nadie del edificio aún.
Pero no necesito conocerlos para confirmar que son bastante fiesteros, en las 2 semanas que llevo aquí, ya han hecho al menos 5 fiestas, algunas incluso entre semana. Quizás por su ritmo de vida no me los he topado aún por el lugar.
Afortunadamente, los ventanales del departamento tienen una excelente aislación acústica, pero nuestros balcones están tan juntos, que hace unos días, mientras intentaba leer en mi balcón, no pude evitar escuchar sonidos de dudosa procedencia, me desconcentraron tanto que tuve que entrar y cerrar el ventanal para darles algo de privacidad.
Vamos, que están tan juntos que pareciera que en un paso podría pasar hasta el otro lado.
Como si una ampolleta se iluminara en mi cabeza, se me ocurre la mejor idea del mundo, podría intentar pasar desde el balcón del vecino.
Todas las mañanas, antes de salir, dejamos el ventanal abierto para que entre aire fresco y ventilar un poco.
Estamos en el 4to piso, es un barrio seguro, así que dudo mucho que alguien se atreva a subir desde el primer piso para intentarnos robar, así que lo hacemos todos los días, y hoy, no era la excepción.
Pasar de un balcón a otro no debería ser tan difícil.
Me pongo de pie y acomodo mi bolso en el hombro con todas mis cosas, me toma unos 5 pasos cruzar el pasillo hasta llegar a la puerta de enfrente. No se escucha ningún ruido, quizás están en la universidad a esta hora aún, pero no pierdo nada con intentarlo.
Así que alzo y mano y toco el timbre.
Nada.
Hago un segundo intento con el mismo resultado.
Con un bufido de resignación, me giro para volver a sentarme junto a mi puerta a esperar algún milagro, pero antes que pueda dar un paso, escucho el sonido de la puerta abrirse.
Me giro rápidamente y tengo que tragarme el jadeo de sorpresa cuando veo a mi vecino de pie en su puerta con gesto malhumorado.
Es guapo... muy guapo.
Tengo que alzar la cabeza para poder mirarlo, porque además es bastante alto, o quizás yo soy demasiado pequeña, probablemente mi cabeza llega hasta su hombro, pero eso no me impide detallarlo en los 10 segundos que permanecemos en silencio observándonos.
Tiene la piel bronceada y el cabello oscuro, pero lo que más me llama la atención son sus ojos, de un color verde muy especial, desde mi posición veo que tiene pequeños tintes de otros colores que no puedo identificar.
Es muy atractivo.
Sacudo la cabeza para despejarme las ideas que me vienen a la cabeza, no debería estar mirando embobada al chico de enfrente, al menos no durante tanto rato sin decir nada... ya se está volviendo incómodo.
Mi estómago da un pequeño salto mortal cuando él clava su mirada en la mía.
Está serio y con el ceño fruncido, parece molesto.
—Eeeeh... hola, s-soy t-tu vecina de enfrente —balbuceó nerviosa, no sé si estoy nerviosa porque parece molesto o porque su mirada intensa no se despega de mi vista.
Mi nerviosismo aumenta cuando veo que sus ojos al fin dejan los míos, para pasar a recorrerme de pies a cabeza, sin ningún disimulo.
—Hola— responde, su voz es grave y profunda. Y algo tosca, pero al menos ya no tiene el ceño fruncido y solo me mira con curiosidad.
—Espero no molestar, lo que pasa es que perdí mis llaves y no puedo entrar a mi departamento — explico. Él solo sigue ahí parado, con la mano aún en la manilla de su puerta, mirándome.
Su mirada es demasiado intensa, está empezando a hacer mucho calor.
Siento mi cara sonrojar, él alza una ceja y solo me observa para que continúe.
—Emmm... el ventanal de mi balcón está abierto, pensé que podría pasar desde el tuyo... si no te molesta.
Él entrecierra sus ojos evaluándome, después de unos segundos abre la puerta y se hace a un lado.
—Adelante — dice con un gesto invitándome a entrar.
Yo cruzo el umbral de su puerta sin saber muy bien que hacer a continuación, su departamento tiene más o menos la misma distribución que el mío, solo los muebles se acomodan de manera diferente.
Me sorprende que para ser un departamento de dos hombres, jóvenes y fiesteros está bastante ordenado. No sé qué esperaba en realidad, quizás botellas de cerveza repartidas por todo el piso, o ropa interior de mujer en el sofá. Pero en realidad, está todo muy limpio.
—¿Necesitas ayuda? — pregunta mirándome. Él tiene que agachar su cabeza para poder mirarme.
—No, no te preocupes, solo iré al balcón, pasaré al mío y desapareceré de tu vida — intento bromear. Pero él sigue extremadamente serio.
¿Qué pasa con este hombre? ¿Acaso no sabe lo que es una sonrisa amable?
—Ok.
Me dirijo hasta el balcón, está cerrado, así que antes de hacer cualquier cosa prefiero pedir permiso
—¿Puedo...? — digo apuntando al ventanal.
—Lo que necesites— me responde, hace un gesto con sus manos invitándome a continuar.
Ahora sí, veo que su boca se levanta levemente hacia arriba y yo sonrío un poco.
Abro el ventanal y salgo al balcón. Hay un par de tumbonas pequeñas y un cuaderno tirado sobre una de ellas.
Me apoyo sobre la barandilla y miro hacia adelante, logro ver mi balcón fácilmente, solo tengo que escalar la barandilla, caminar por fuera y escalar de regreso, pero desde mi lado del balcón.
Sencillo, fácil.
Pero miro hacia abajo, son solo cuatro pisos, pero comienzo a pensar en todo lo que puede salir mal, nunca he sido la más atlética ni la más ágil, pero si no quiero pasarme horas esperando en el pasillo frente a mi puerta, no me queda otra opción que hacer esto.
—¿Segura de que no quieres ayuda? Yo podría... — ofrece él, pero lo interrumpo de inmediato, ya estoy demasiado nerviosa como para además escuchar su voz tras de mí.
—No. En serio, gracias, puedo hacer esto sola.
Él se cruza de brazos, apoyado en el marco del ventanal, dejo mi bolso en una de las tumbonas, ahora sí es evidente que está sonriendo, muy levemente, pero lo hace.
Y se ve mucho más guapo.
Le doy la espalda para centrarme en mi misión, me agarro de la barandilla y pongo un pie sobre el fierro que está más cerca del suelo, me armo de valor y subo el otro y quedo oficialmente sujeta a la barandilla, ahora solo tengo que pasar al otro lado.
—Déjame ayudarte — escucho la voz del guapo vecino mientras se acerca — ¿Puedo?
Miro sobre mi hombro, está cerca de mí, gracias a la altura extra que me da la barandilla, soy casi de su altura, bajo mi mirada y noto que está con sus manos abiertas a centímetros de mi cuerpo. Caigo en cuenta que está pidiéndome permiso para poder sujetarme y darme algo de soporte.
—Eeeeh, sí, claro — balbuceo, nerviosa.
Él me sostiene de la cintura y yo siento el calor de sus manos atravesar mi camiseta. Qué mal día para llevar pantalones cortos. Me hacen sentir demasiado expuesta.
Me aferro con fuerza a la baranda para pasar mi pierna hacia el otro lado mientras él me sostiene firmemente, sentirlo me da algo de seguridad.
Pero sus manos se sienten demasiado cálidas y siento un cosquilleo nervioso al escuchar su respiración cerca de mi cuello.
Necesito concentrarme si no quiero caerme desde el cuarto piso del balcón de mi vecino.
Además, está Dan. No debería estar mirando tanto a otro chico cuando tengo novio.
Termino de pasar ambas piernas, ya me encuentro al otro lado del balcón.
Mi atractivo vecino sigue sosteniéndome, y se lo agradezco, porque ahora, de este lado, me siento mucho menos segura de lo que realmente estoy haciendo.
—Vas bien — habla en voz baja para darme ánimos. Yo intento sonreír, pero me sale más bien una mueca nerviosa.
Mantengo la mirada hacia abajo, me concentro en mirar mis manos, porque si levanto la mirada me tropezaré con esos ojos vedes, y me siento extraña al estar en esta posición con otro hombre que no sea mi novio.
Sé que no estoy haciendo nada malo, pero no puedo evitar sentirme una mala persona al encontrar atractivo a mi vecino, porque, además, probablemente lo vea más seguido y no sería ético de mi parte mirarlo más de la cuenta.
—¿Ocurre algo? — pregunta. Yo instintivamente levanto la cabeza y quedo sin aire, sus ojos son una sinfonía de colores, verdes, amarillo café y negro.
Son demasiado absorbentes.
—N-no, n-nada, yo solo... — balbuceo, nerviosa. Él solo espera mi respuesta.
Evalúo mi próximo movimiento, solo debo soltarme y tomar la barandilla de al lado, si hago esto, mi guapo vecino tendrá que soltarme y me quedaré sin soporte extra.
Empiezo a palidecer, vuelvo a bajar la mirada a mis manos, tengo los nudillos blancos debido a la fuerza con la que me sostengo.
Definitivamente, estoy demasiado temerosa de moverme.
—Esto fue una mala idea — murmuro — mala... mala idea.
—Me parece que si — concuerda él conmigo intentando no reír — vuelve hacia este lado y yo intentaré...
—¡No! No puedo... — susurro — no puedo... no... ¡ay, Dios! ¿Qué hice? No... Yo no sé...
—Tranquila — murmura él con voz calmada — tienes que hacer lo mismo que antes... solo debes pasar una pierna y volver a este lado, te sostendré todo el tiempo, ¿vale?
—No, no, no, no, no, no — repito constantemente — ¿En qué diablos estaba pensando? Qué tonta soy... ¿Cómo fui a pensar que podría...?
—Hey... ¡Hey! — exclama el chico llamando mi atención, levanto la vista y sus llamativos ojos me observan con cautela. — Te alzaré y te traeré hasta este lado, ¿de acuerdo? Solo debes soltarte de la barandilla y...
—¿Soltarme? ¡No! ¿Estás loco? Como voy a soltarme... no, no, yo solo... yo solo... — exclamo. Definitivamente, ya estoy perdiendo un poco el control de mí misma.
—Hey... tranquila — me habla en susurros, pero yo sigo repitiendo incoherencias — ¡Hey! — llama mi atención otra vez — ¿Cómo te llamas?
—Ma-Martina...
—Muy bien Martina, vamos a hacer esto... en lugar de pasar la pierna, ¿Crees que puedas subir un escalón más?
—¿Para qué?
—Si vas poco a poco será más fácil que vuelvas a este lado...
—No sé... no creo que...
—Te sostendré todo el tiempo, ¿de acuerdo? ¿Confías en mí?
—Yo... ni siquiera te conozco — respondo lo primero que viene a mi cabeza.
Él suelta una pequeña risa y casi me hace reír a mí también, pero estoy demasiado asustada.
—Soy Axel, vivo frente a tu departamento, y en este momento soy quien sostiene en el balcón y te está evitando una caída de cuatro pisos. ¿Confías en mí ahora?
Asiento con la cabeza energéticamente.
—Bien, cuando estés lista sube un nivel más, ¿ok?
—ok...
Pasan varios segundos en que intento mover un pie, pero tengo mucho miedo, literalmente estoy colgando del cuarto piso, y solo me sostienen mis manos y el firme agarre de Axel en mi cintura.
Axel, qué nombre tan sexy, le queda bien.
Céntrate, Martina. Estás en una situación de riesgo.
Además, tienes novio, no lo olvides.
Hago un nuevo intento, logro separar mi pie y ponerlo en el nivel superior, ahora solo falta el otro.
Despego mi otro pie para ponerlo en el nivel del otro, pero de un momento a otro el agarre de Axel se hace más fuerte y me jala con tanta fuerza que mis manos se resbalan del fierro y me suelto.
Me entra un ataque de pánico y me aferro a lo más cerca que tengo. El cuello del chico de enfrente.
Él da dos pasos hacia atrás, da un giro repentino y se estrella con fuerza en la pared que separa nuestros balcones.
Se queja con un ruido sordo.
Sus brazos ahora me envuelven por la cintura y espalda en una especie de abrazo protector, mi corazón va a toda velocidad aun procesando lo que ocurrió y su cercanía no ayuda. Mis pies tocan el suelo cuando él me baja y me suelta.
—Lo siento— dice cuando deshago el agarre de su cuello — era la única forma, estabas muy...
—¿Te volviste loco? Pude caer — lo regaño con dureza. Mi corazón aún está demasiado descontrolado en mi pecho.
—Ya dije que lo sentía, hubiésemos estado toda la tarde si yo no...
—¡Confié en ti! — exclamo dándole con el dedo índice en el pecho. Tiene el pecho muy duro, casi me hago daño — ¿Acaso algo de lo que me dijiste es real? ¿Axel es tu verdadero nombre?
—¿Qué? — pregunta, confundido.
Sí, estoy diciendo incoherencias porque no pienso lo que digo, y lamentablemente eso es lo primero que llega a mi cabeza, y claramente no tiene ningún sentido.
—Me dijiste que confiara en ti y me mentiste, también pudiste mentir con tu nombre, quizás ni siquiera vives aquí, quizás...
Me interrumpo porque Axel no me está prestando atención, más bien se burla abiertamente de mí, riendo a carcajadas.
Sí, carcajadas.
Y es el sonido más alucinante que he escuchado.
Sus dientes son parejos y muy blancos, se ve que se cuida mucho y sus ojos se entrecierran cuando sonríe.
Su risa es tan contagiosa, y quizá es por el nerviosismo del momento, pero comienzo a reírme yo también.
Lo observo mientras se lleva una mano al pecho sin parar de reír.
Es, por lejos, el chico más cautivador que he conocido.
Axel
Cuando ya he controlado mi risa, paso el dedo debajo de mi ojo para borrar una pequeña lágrima que se me escapa después de tanto reírme.
No recuerdo la última vez que me reí de esta manera, probablemente fue hace más de un año.
Martina también deja de reír cuando yo lo hago, aún parece nerviosa porque se frota las manos constantemente.
Cuando sonó el timbre la primera vez, definitivamente no quería abrir la puerta, por suerte ella fue insistente y decidí levantarme y abrir... quien diría que esa acción me llevaría conocer a esta fantástica chica.
—Bueno, si quieres yo pasaré por tu balcón y te abriré la puerta — ofrezco asomándome hacia el balcón contiguo. Efectivamente, el ventanal está un poco abierto.
—No, cómo crees... es muy peligroso — dice ella, pero yo ya estoy pasando una pierna por la baranda — ¡cuidado!
—Tranquila — digo mientras paso la otra pierna. Ya estoy al otro lado de la barandilla, no era para nada complicado — no era tan difícil, ¿ves?
—Por favor sujétate bien — su rostro está contorsionada por el temor, sin ningún aviso previo me toma de los brazos, casi vuelvo a reír, ¿cree que en caso de caerme podrá sostenerme? Qué tierna.
—Ahora iré hacia tu casa — suelto una de mis manos y apunto con el pulgar. Ella se abalanza hacia mí agarrándome de la camiseta con cara de terror — eeemmm... debes soltarme para poder ir al otro lado.
—Sí, perdón, lo siento — balbucea sonrojándose mientras me suelta. Paso fácilmente hasta su lado del balcón.
—Bueno... ahora solo debo... wow — finjo que me voy a caer y ella suelta un grito ahogado mientras se cubre la boca con las manos, me siento mal al ver que la he asustado — lo siento, era broma, yo solo quería...
Me interrumpo al verla aún conmocionada, sus ojos comienzan a humedecerse.
Vaya, esto sí es incómodo.
Rápidamente, me paso a su balcón y me asomo para verla parada, sujetándose con fuerza de la barandilla y mirándome con cara de espanto. No puedo evitar sonreír.
—Lo siento, era una broma — me disculpo otra vez, ella sigue sin decir nada, y solo me observa como si fuera un fantasma. — eeeeh... mejor iré a abrir tu puerta, por favor no cierres la mía al salir porque no quiero hacer esto de nuevo.
Abro el ventanal y entro a su departamento, tiene una sala muy bonita. Camino directo a su puerta intentando no hacer esperar más a Martina, que debe estar atenta a que abra. En el camino me distraigo con unas fotografías que tiene en una mesita lateral donde tiene el televisor.
No debería registrar su casa sin su consentimiento, pero solo son fotografías, ¿no?
Tomo una de las fotografías, está abrazando a un chico mientras ambos miran hacia la cámara. Espero que sea su hermano.
No, en realidad no debería esperar nada... no pretendo volver a tener una relación hasta mucho tiempo más.
Dejo la fotografía en su lugar y miro la que está al lado. Bien, ahora sí confirmo que no es su hermano.
Mejor así.
Pero no puedo evitar sentirme algo... decepcionado.
Dejo lo que estoy haciendo y camino hasta la puerta, antes de abrir, veo las famosas llaves colgadas en la manilla. Seguramente olvidó que las dejó ahí y simplemente salió sin sus llaves.
Abro y ella está de pie, aun dentro de mi departamento, con su bolso al hombro. Da un suspiro de tranquilidad cuando al fin ve su puerta abierta.
—Gracias, me salvaste la vida — dice mientras entra a su departamento, se detiene a mi lado y me da un fuerte golpe en el brazo. Bien, eso no me lo esperaba — ¡no vuelvas a hacerme eso! ¡Me asustaste!
—¡oye! — la regaño, pero la sonrisa en mi cara no ayuda mucho, además su golpe ni siquiera me hizo cosquillas.
Se gira para mirar un pequeño adorno que está colgado junto a la puerta, son varios gatitos de madera y cada cola está enroscada en un gancho, seguramente ahí es donde deja sus llaves, pero se decepciona al ver que está vacío.
Con todo lo ocurrido no me había detenido en mirarla bien, aprovecho el instante ahora que está distraída.
Es muy bajita, pero su pequeño cuerpo tiene todo lo que necesita para verse atractiva.
Lleva unos pantalones cortos de jeans que me permiten ver sus tonificadas piernas.
Sus caderas no son muy anchas, pero su trasero es curvilíneo y generoso, aunque lleva una camiseta ancha, no me cuesta descifrar que es delgada en general, quizás no hipertonificada como sus piernas, pero se mantiene bien.
Pero lo que más me llama la atención es su rostro.
Es muy particular, tiene la cara redonda y los pómulos marcados, cuando sonríe se les marcan aún más. Sus ojos son castaños, muy claros, como la miel, y su cabello oscuro, liso, algo desordenado le da un aspecto relajado.
Es casi de una belleza exótica que no puedes dejar de mirar.
Y eso es justo lo que estoy haciendo ahora y no debería.
Pero es inevitable. Es como mirar un el fuego en una fogata, por más que quieras, te absorbe y te deja clavado observándolo, aunque sabes que nada cambiara, pero insistes porque algo te atrae a seguir mirando.
—Rayos... no están — murmura y yo salgo de mi ensoñación.
—Quizás estén en otro lado — digo. Paso una mano por las llaves haciéndolas sonar al chocarse entre ellas, baja su mirada y sonríe cuando las ve colgadas en la manilla de la puerta.
—Tengo la cabeza en la luna — dice con un gesto de disculpa — lo siento, si no fuera por mi torpeza, no tendríamos que haber pasado por todo esto.
—Eres una chica despistada, ¿no?
—Solo un poco.
Nos quedamos ahí, parados sonriéndonos. Ninguno de los dos sabe cómo continuar la conversación, se ve que está un poco nerviosa, estoy a punto de hablar para ir a mi departamento, pero ella lo hace primero.
—Debería agradecértelo de alguna forma — dice repentinamente seria.
Qué sugerente. Quito las ideas de mi mente con un movimiento de cabeza, ella me mira confusa.
—No necesitas agradecer nada — murmuro.
En ese caso debería ser yo quien debería agradecerle a ella por sacarme una carcajada después de varios meses.
—Te invito una cerveza — ofrece — como agradecimiento.
Hace mucho que no comparto con nadie que no sea Isaac, incluso en las últimas fiestas que ha montado en el departamento me quedaba encerrado en mi cuarto o me iba a casa de mi madre.
Pero Martina se ve una chica agradable y guapa. Además, es nuestra vecina y nos veremos siempre por este lugar. No tiene nada de malo.
—De acuerdo — acepto — iré por mis llaves. Aunque cualquier cosa ya sé qué puedo pasar por tu balcón — Bromeo.
Ella ríe mientras me observa volver a mi departamento, nunca fui muy bromista, pero me gusta verla sonreír.
Entro a mi departamento, saco mis llaves y cierro, ella ha dejado su puerta abierta, así que solo entro de regreso.
La encuentro en la cocina, ya tiene un par de cervezas en la encimera y una fuente con papitas fritas, la veo como abre y cierra cajones, buscando algo frenéticamente.
—¿Qué buscas? — pregunto acercándome.
—El destapador... sé que debe estar por aquí... llevo solo 2 semanas y aún no me acostumbro a los lugares donde dejo las cosas.
—¿Hablas de este destapador? — digo tomando el utensilio que estaba junto a la fuente.
—¡Ese! Dios, porque siempre soy tan despistada — se queja de sí misma.
—Al parecer es algo muy frecuente, supongo que deberé prepararme para más entradas por el balcón — me burlo.
Ella me hace una mueca divertida antes de rodear la encimera
—¿Te parece si vamos al balcón? Es mucho más cómodo.
—oh... no... el balcón otra vez — finjo quejarme mientras tomo las cervezas. Ella sonríe mientras coge el cuenco de papitas.
Caminamos hacia el balcón y nos acomodamos en los sofás en forma de L que tiene en un rincón, me siento en uno de ellos y ella se sienta en el otro, pero como están unidos quedamos juntos de igual forma.
—Así que te cambiaste hace 2 semanas — pregunto para iniciar la conversación, destapo una de las cervezas y se la extiendo.
—Así es, acabo de empezar la universidad y no vivo en esta ciudad, así que me mude a este departamento — responde ella después de dar un trago a su cerveza — ¿y tú? ¿Hace cuanto vives acá?
—3 años, vivo con el que ahora es mi mejor amigo — le cuento, no soy de contar muchas cosas de mi vida, pero hay algo en ella que me da confianza — yo vivo en la ciudad, pero quería independizarme, así que cuando comencé la universidad busqué compartir piso con alguien e Isaac tenía una habitación disponible.
—Isaac, tu amigo — confirma ella. Asiento.
Una cerveza se convierte en 2, luego en 3.
Estoy comenzando a sentir los efectos del alcohol, estoy más relajado, pero sin duda Martina reciente las 3 cervezas, se ve que está mucho más contenta que cuando comenzamos, habla prácticamente un monólogo y cada vez está más cerca de mí.
Y me toca. Mucho. Cada vez que puede, hace contacto físico conmigo, un toque en el brazo cada vez que se ríe, o una mano en mi rodilla cuando puntualiza algo.
Y sus miradas son mucho más intensas, ya no se pone nerviosa cuando me mira a los ojos, quizás ahora soy yo el que está cohibido con tanta atención.
Me está volviendo loco.
Está comenzando a anochecer, las luces del exterior nos tienen prácticamente en penumbras en el balcón, estamos riéndonos a carcajadas de algo, ya ni recuerdo que fue. Pero se ríe con tantas ganas que es contagiosa.
Martina es justo lo que me hacía falta.
No. Borra eso. Ya decidí que no estaría con nadie en mucho tiempo más.
Llevamos tanto tiempo hablando, que siento que la conozco casi desde siempre, o quizás es el alcohol hablando, pero me siento mucho más en confianza, Martina ríe con la cabeza hacia atrás cuando las carcajadas la superan, al volver hacia el frente, un mechón de su cabello le cubre el rostro, y yo, en un impulso casi automático alargo la mano para acomodarlo tras su oreja.
Ni siquiera lo había hecho como un movimiento para flirtear con ella, pero ella reacciona inmediatamente y me mira con nerviosismo.
—Lo siento — me disculpo — fue un impulso, yo no intentaba...
—Oh, no te preocupes — dice haciendo un gesto con su mano para quitarle importancia.
Sonríe. Su sonrisa es sincera y veo que ya no está tensa, eso hace que me relaje yo también. No quiero que piense que soy una especie de mujeriego.
Tengo que agachar la cabeza para poder mirarla bien, ni siquiera había notado lo cerca que estaba hasta ahora.
Me sostiene la mirada durante un momento, puedo ver algo en ella... duda.
Se muerde el labio y mi corazón da un golpe repentino en mi pecho.
Sin proponérmelo bajo la mirada a sus labios.
Quizás si solo me acerco un poco...
No, tiene novio. Idiota.
Pero ella pareciera ser que también lo desea...
Tiene novio...
Quizás a ella no le importe... no debería importarme a mí.
¡Tiene novio!
Es verdad, tiene novio. No puedo hacer esto, no de nuevo.
El ruido de una puerta abriéndose nos saca de nuestra pequeña burbuja y la luz de la sala se enciende, ambos nos giramos al tiempo para ver a un chico parado en la puerta, con la cara marcada por la sorpresa.
Su rostro se me hace familiar, quizás lo había visto en el ascensor o en algún otro lugar. ¿Cómo no había visto a Martina hasta ahora?
—¡Hola, amor! — exclama ella saludando con su mano — este es nuestro vecino. Axel. Me ayudó a entrar al departamento porque no tenía llaves.
Martina arrastra las palabras y la emoción en su voz la delata.
Su novio cierra la puerta y avanza hasta el salón, suelta su bolso en el sofá que está más cerca. Martina se levanta y pasa frente a mí para ir a recibir a su novio que está en el medio de la sala, aun mirándome
Está celoso.
Él despega la mirada de mí, para mirarla a ella y recibir el beso en los labios que le da.
—¿Estuviste bebiendo? — murmura en voz baja, pero alcanzo a oírlo.
—Solo un par de cervezas — dice tratando de no darle importancia —Amor, él es Axel, nuestro vecino de enfrente.
Me levanto para ir donde están ellos, su novio hace una mueca cuando me ve acercarme, evito reírme, no quiero tener problemas con él, pero es obvio que lo he intimidado, es alto, pero no tanto como yo, y eso siempre les intimida a todos.
—Nos habíamos visto, pero no nos habíamos presentado. Soy Axel — digo extendiendo mi mano en saludo. Él la sostiene, quizás un poco más fuerte de lo necesario.
—Daniel — se presenta él solo — mucho gusto.
Lo dice tan serio que realmente creo que no sea para nada un gusto conocerme.
—Amor, me olvidé las llaves adentro, y traté de pasarme por el balcón, pero al final me dio miedo, y Axel se pasó por mí y abrió la puerta, lo invité a una cerveza para agradecerle.
Observo a Martina. ¿Por qué tiene que darle tantas explicaciones? Es su novio, no su maldito dueño.
—Bueno, creo que es hora de irme — digo a nadie en particular.
—Oh... te acompaño hasta la puerta.
—Nos vemos Daniel — me despido de él.
—Nos vemos — murmura. Aunque pareciera que lo gruñe en realidad.
Martina engancha su brazo con el mío mientras caminamos, siento la mirada de Daniel fulminándome en la espalda. Hago todos mis esfuerzos por no mirar sobre mi hombro y sonreírle al idiota de su novio.
Salimos al pasillo y ella junta la puerta tras de sí, lo suficiente para evitar que se cierre.
—Gracias por todo, me agradó pasar la tarde contigo — me dice mientras sostiene la puerta con sus manos.
—A mí también — digo — quizás deberíamos haber empezado por ahí, en lugar de todo lo del balcón, debí invitarte a pasar la tarde en mi departamento, lo siento, soy un tonto.
Ella se lo piensa, pero sus mejillas se ruborizan. Quisiera estar dentro de esa cabeza ahora mismo.
—Bueno, hasta luego Martina — me giro hacia mi departamento
Voy a dar un paso, pero ella me detiene con una mano en mi brazo, se alza sobre la punta de sus pies y me da un beso en la mejilla.
—¿Y eso...? — murmuro.
—Solo... fue para agradecerte, por todo. — explica avergonzada — Me gustaría repetir lo de las cervezas, si quieres.
—A mí también — concuerdo — nos vemos.
—Nos vemos...
Con una última sonrisa, me giro para llegar a mi puerta y abrir, antes de cerrarla doy una última mirada mientras ella también cierra su puerta sin perder contacto visual conmigo.
Entro a mi departamento y doy un suspiro involuntario.
—¿Dónde estabas? — me sobresalta la pregunta de mi amigo que está sentado en el sofá viendo televisión — te escribí para ir al bar después de clases, no me respondiste.
Me toco los bolsillos del pantalón, no tengo mi celular, seguramente lo había dejado en la habitación.
—Estaba enfrente, con la nueva vecina — digo distraídamente, Isaac me alza una ceja — se quedó sin llaves y me pidió un... ¿Qué? — me interrumpo porque mi amigo me está observando boquiabierto.
—Estás sonriendo — afirma — ¿sabes cuánto tiempo llevo intentando animarte? Y ni una sonrisa fingida te he visto. ¿Es guapa?
—Sí, lo es, pero eso no tiene nada que ver, es simpática y divertida — mi sonrisa se hace más ancha involuntariamente y me arrepiento al instante al ver la cara de mi amigo.
—¡Te gusta! — exclama Isaac.
—No...
—Te gusta esa chica — repite mi amigo, yo intento ignorarlo y me voy hacia la cocina — ¿Qué tiene de malo?
—Que tiene novio.
—Entonces, sí te gusta — se burla él.
—Yo no dije...
—No te preocupes, es cuestión de tiempo para que ese novio suyo la cague en algún momento. ¿sabes cuantas parejas terminan en el primer año de universidad?
—No...
—Yo tampoco, pero es un hecho que siempre ocurre, así que tú ármate de paciencia y ya verás.
Me río otra vez. Honestamente, no quiero tener paciencia ni nada de eso.
No tengo intenciones de tener otra relación en mucho tiempo más o quizás nunca. Además, no quiero ser yo el causante de la separación de una pareja, sé lo doloroso que puede ser.
Pero algo de lo que estoy seguro, es que Martina es demasiado resplandeciente, brilla con luz propia y es justo lo que necesito en mi vida ahora.
Tenga o no tenga novio, no quiero alejarme de ella. Nunca.