Capítulo 1
Lucifer, el ángel más hermoso y el más amado por su padre Yahveh, creador de todo, tal como había hecho por eones miraba a sus hermanos y a la humanidad misma de las alturas, cuestionando cada acto e interacción que era capaz de observar. Se maravillaba con el amplio espectro emocional que mostraba la raza humana, sobre todo en relación a sus goral, era magnifico ver los límites a los cuales podían llegar cuando su compañero destinado se encontraba de por medio, sin embargo cuando debatía sobre esto con sus amados hermanos obtenía siempre la misma respuesta “Los humanos son infradesarrollados” “No cuestiones las acciones de Padre” y cuando acudía con Padre en busca de conocimiento “Hay cosas de las cuales es mejor no saber al respecto”. ¡Si tan solo pudiera acceder al trono! Tendría poder y conocimiento absoluto, pero Padre se lo negaba y él podía sentir su sangre hervir al sentirse tratado cual blandengue, y estaba simplemente harto él podía manejar el conocimiento, él podría elevar a la humanidad, pero sabía que eso solo lo lograría traicionando al Creador y eso era algo que no podía hacer, por lo menos no sólo… fue entonces cuando el cosos conspiró a su favor.
El padre celestial había tomado la decisión de enviar a doscientos ángeles a la Tierra, con la misión de observar a los humanos y reportarlo con su líder Semyazza, a ellos los llamó “Los Vigilantes”. Al principio todo fue naturalmente como Padre lo había planeado, sin embargo, contrario a lo que el resto de sus hermanos pensaban, Lucifer sabía que los ángeles eran débiles ante la humanidad y en su intento por ayudar comenzaron a interactuar más con los hombres, fue entonces cuando sucedió y el primero de ellos apareció: un goral. Un vigilante encontró su destino en una mujer humana y sin lograr resistir la nueva avalancha de sentimientos a la que se vio sometido la tomó como su esposa.
Cuando esto sucedió la Corte Celestial se escandalizó, sin embargo Lucifer estaba casi eufórico, ese goral era la prueba irrefutable que él necesitaba para demostrar que los ángeles no eran ni moral ni espiritualmente superiores y que los humanos eran potencial desperdiciado por el Creador, así que decidió que debía buscar a Semyazza lo antes posible.
-Querido hermano- susurró Lucifer después de una breve charla con el vigilante. Yo no creo que tu vigilante merezca ser castigado.
-Pero Lucifer, ¡Él interactuó con humanos! ¡Desposó a una de ellas!- gimió el ángel con pena por su subordinado, él amaba a todos sus vigilantes y confiaba en ellos como si fueran extensión de sí mismo.
-Lo sé, y sé que violó la orden de Padre pero...- tomo las manos del otro y le miro a los ojos con sincera pena y dolor- ¿Cuál fue su pecado? Encontrar el amor no debería ser castigado
-Pero…
-Es la ley universal- continuó- Él tomó a la mujer que fue creada para él
-Supongo…. Cierto, es cierto Lucifer, él no hizo nada malo
-Además, si el Cosmos nos quiere con los humanos, ¿Quiénes somos nosotros para impedirlo?
-Pero ¿Padre lo entenderá?
-Lo hará si le hacemos frente- susurró Lucifer- te guiaré ante él y lo haremos entrar en razón- terminó con una sonrisa y un suave apretón a las manos que sostenía.
Lucifer cumplió su palabra y llevó a Semyazza ante el Creador y ahí en presencia de la primera jerarquía expusieron sus puntos, sin embargo no sucedió lo que esperaban, el resto de sus hermanos les miraban con desdén sin dar si quiera oportunidad a sus argumentos y Padre al final los despidió son un simple “Esa clase de amor no es para ustedes”. Sobra decir que Lucifer y Semyazza salieron de ahí furiosos. Sin embargo las palabras de Lucifer surtieron efecto entre los vigilantes y estos al ver que recibían más apoyo por parte de su hermano que de su padre simplemente rompieron sus votos e hicieron vida en la Tierra, formaron familias y compartieron con la humanidad las ciencias y las artes prohibidas. Lucifer estaba orgulloso de sus hermanos, pero sabía que tarde o temprano Padre tendría que intervenir, así que cuando Él comenzó a crear a sus Serafines guerreros a los que decidió llamar Centinelas, Lucifer acudió ante las dominaciones.
-Belial, hermano mío- susurró con voz melosa- ¿No es triste que nuestros hermanos deban morir?
-¿Estás diciendo que padre los matará?- susurró el otro perplejo por la información
-No lo ha dicho, pero ha decidido enviar a los Serafines a castigarles…
-¡No lo puedo creer!
-Además autorizó a las Potestades para actuar contra los Nefilim- dijo con dolor en la voz- Pobres, castigados solo porque sus padres siguieron sus destinos…
-¿Por qué Padre ha enviado a las Potestades sin informárnoslo a las Dominaciones?- susurró con calmada furia en la voz
-No lo sé, pero será una masacre. Me parece que tus Potestades han decidido enviar a los Principados a hacer el trabajo sucio…
-¿Que estas intentando decirme Lucifer?- cuestionó Belial
-Bueno, si tan sólo alguien pudiera avisar a Semyazza y sus vigilantes antes de que los Principados se movilicen- terminó con una suave sonrisa se suficiencia
Belial simplemente le sonrió de vuelta y desapareció del lugar.
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En la Tierra estalló el caos, los Principados peleaban contra los poderosos Nefilim y a los vigilantes que eran sus progenitores, sin embargo en la corte celestial nadie esperaba lo que pasó a continuación: Dominaciones, Virtudes, Ángeles menores y el resto de los vigilantes de Semyazza alzaron sus espadas y al unísono clamaron el nombre de Lucifer mientras atacaban a sus propios hermanos. Al darse cuenta de la traición del hijo favorito de su creador, los Serafines y Querubines cerraron filas ante los Tronos para mantener al Padre Celestial protegido, mientras Potestades y Arcángeles enfrentaban a los rebeldes.
Lucifer usó cuantas armas pudo para abrirse paso hasta el Creador, sin tentarse el corazón aniquiló a todo aquel que se le interponía con tan solo una cosa en mente: Llegar al Trono y apoderarse de él, pero fue entonces cuando lo vio: Miguel el arcángel jefe del ejército celestial, quien fue directo contra él y se batieron a duelo por lo que parecieron horas. Poco a poco Lucifer veía a sus legiones caer y ser sometidas, cuando vio a los Principados y Serafines unirse en la pelea fue cuando supo que su rebelión había fracasado, pero se rehusó a rendirse, él debía triunfar, debía mostrar la verdad a sus hermanos ciegos de amor por su Creador.
-Se acabó Lucifer- siseó Miguel y con un último golpe le puso de rodillas con la espada contra su garganta.
Lucifer fue llevado antes su padre, quién le miró con profundo dolor, sin dirigirle una sola palabra el ahora traidor fue obligado a observar el castigo de los vigilantes, quienes uno a uno fueron desterrados de la Corte Celestial y desde las cimas de las montañas fueron arrojados a la Tierra después de arrancarle las alas casi por completo, dejándolas apenas unidas a la espalda por tan solo pedazos de piel y tendón por la fuerza brutal de los Serafines
-Ahora ya sabes lo que te espera- susurró Miguel a su oído
-¿A eso llamas justicia Raziel?- susurró Lucifer con sorna hacia el arcángel que les había enjuiciado
-Conservaran sus alas pero no podrán utilizarlas de nuevo, como recuerdo de sus votos rotos- contestó el aludido
-Mi más amado hijo- susurró el Creador- Tú traición me duele en demasía…
-Ya lo esperabas… Yahveh- siseó el ángel haciendo que todos los presentes exclamaran ante aquella falta de respeto
-Veo que estas orgulloso de tus acciones…
-Lo estoy- le interrumpió con soberbia
-Que así sea- susurró el aludido- Perderás tus alas, pero estas volverán a crecer tan grandes como sea el dolor y el pecado que tus acciones han creado en el mundo, ahora y hasta el juicio final, estos son tus ángeles caídos y serás responsable de ellos.
Uno a uno cada Arcángel pasó al frente sosteniendo con fuerza a una Virtud y el creador pasó frente a ellos mientras los nombraba
-Taumiel, Azazel, Agniel, Penemue, Kokabel, Gadreel, y Exael- Yahveh tenía en este momento aquella voz de mando que podía causar terremotos- compartirán el destino del Señor al que han elegido seguir
-Así sea- siseó Azazel mirando con odio mirando a Miguel
-¿Y cuál fue su pecado? ¿Amar? ¿Seguir la ley que tú creaste?- dijo Lucifer con sorna – Bien, entonces ustedes serán mis pecados- susurró mirando a los siete ángeles arrodillados
Los gritos desgarradores de cada uno de ellos caló hondo en Lucifer, quién miró horrorizado como les arrancaban las alas de un solo tajo y les dejaban caer desde aquel risco
-Belial, Semyazza y Mefistófeles- susurró el Creador- Ustedes fueron utilizados por su hermano para lazarse en mi contra…
-Yo sólo les di el pretexto para hacer lo que deseaban- interrumpió Lucifer- Les apoye y mostré amor cuando tú les diste la espalda o ignoraste su existencia… Por eso se han vuelto mis comandantes
-Nosotros no hicimos nada mal- siseó Semyazza con orgullo y arrogancia- Los Vigilantes encontramos nuestro destino, aquellos que tú nos diste Padre. ¿Por qué es eso un pecado?
-Esa clase de amor no era para ustedes- le contestó
-¡Y aun así el Cosmos nos lo otorgo!
-Nunca nos dijiste eso y siempre nos has mantenido en tinieblas sin saber, pero no todos somos hijos ciegos- susurró Mefistófeles
-Y merecíamos las respuestas- continuó Belial con ácido en la voz
-¿Aceptan entonces el castigo por seguir a Lucifer?
-Si- contestaron los tres al unísono
-Así sea- dijo Yahveh con dolor y los tres Comandantes fueron desterrados y despojados de sus alas
-Tu turno- dijo Miguel arrastrándole al risco más alto de todos
-¿Por qué Lucifer?- susurró su padre
-Me negaste el poder y el conocimiento- le contestó con calma- Clamabas amar a todos tus hijos, pero nos mantenías en las penumbras, en especial a tus preciados humanos, haciéndonos creer superiores a ellos…
-Ellos no estaban listos para ese conocimiento
-Si lo estaban Yahveh- se rio- Y ahora he demostrado que los conozco y me intereso por ellos más que tú.
Su creador le dio la espalda y se fue, incapaz de ver caer a su hijo predilecto. Lucifer fue arrastrado hasta el borde, Rafael y Gabriel le sostuvieron de los hombros mientras Miguel tiraba con todas sus fuerzas de ambas alas, el dolor era insoportable, sentía fuego quemar su espalda y su ser por completo mientras él luchaba por no gritar, apretando las mandíbulas como si la vida se le fuera en ello y las lágrimas bañaban su rostro.
-Adiós hermano- susurró Miguel y con un último tirón arranco sus blancas y prístinas alas, los otros arcángeles le soltaron y entonces él empezó a caer.
La caída de Lucifer tardó varios minutos en terminar, al chocar contra la Tierra, el Cosmos no tuvo compasión de él permitiéndole el placer mortal de la inconsciencia, en cambio, aun sintiendo cada traza de dolor se obligó a mantener la calma y sentarse en la dura, consciente del desgarre no solo físico sino también espiritual al que fue sometido, podía sentir en su interior su alma desmadejada y como el dolor y la ira comenzaban a llenar los espacios vacíos. Con la respiración aun entrecortada, tragó fuerte y luchó por detener el llanto mirando a su alrededor en busca de sus caídos.
-Al final me diste poder, una corte y un trono Yahveh- siseó con enojo mientras su piel comenzaba a tornarse rojiza y de su frente brotaban cuernos negros, marcando así el nacimiento de Satanás.Empieza a escribir aquí...