Capítulo 1
Jamás pude amar a James cómo mi padre me lo pidió aquella vez. Tuve que hacerme la fuerte e ir hacia adelante, porque así era el trato que habíamos firmado entre familias.
Mi nombre es Lilith, y lo sé, me llamo cómo la mujer de las tinieblas.
Sin embargo, tengo que contar mucho sobre mi vida, y sobre el pecado que cometí. A pesar de que nací en una cuna de oro, nunca he sido tan feliz como aquel día que lo vi llegar de nuevo. No obstante, me quedo con las ganas de contarte eso.
Nuestra mansión, ubicada en lo alto de una colina, era un monumento a la extravagancia. Rodeada de jardines exuberantes y custodiada por una verja de hierro forjado, la casa era impresionante. Sus columnas doradas y ventanales que se reflejaban como diamantes eran solo una pequeña muestra de la opulencia que me rodeaba. Pero, por dentro, a pesar de toda la belleza, me sentía atrapada.
Un día típico en esta vida de lujo implicaba a James pasando horas en su oficina, ocupado con sus negocios, mientras yo me paseaba por los salones suntuosos, como una joya más en su colección. No había amor, no había conversaciones reales entre nosotros. Mi relación con James era un acuerdo familiar, y todos parecían contentos con ello, excepto yo.
Mis momentos más valiosos eran aquellos en los que pasaba tiempo con Lady Evelyn, la madre de James. Una mujer elegante y sofisticada, ella siempre había sido una especie de mentora para mí. Pasábamos horas conversando sobre moda, arte y cómo sobrevivir en este mundo tan complejo.
Un día, cuando James me había ignorado por completo durante horas, Lady Evelyn me encontró en el salón. Sus ojos perspicaces captaron de inmediato mi incomodidad.
“Querida Lilith, parece que necesitas un poco de compañía”, dijo con su voz suave y tranquilizadora, mientras se sentaba a mi lado en el lujoso sofá.
Recordé ese momento como el más valioso, y desde que Lady Evelyn se ha ido por el pedido de James me he sentido más que sola en la lujosa casa. Él sabía que nuestra relación era cómo la de un chicle. Pegadas todo el tiempo, de compras, de café en café. James me quería prisionera, pero yo quería libertad. La única mujer que me daba libertad era su propia madre, y por ello alejó a su madre de mí.
Una noche el crepúsculo llenaba la mansión Stirling con tonos dorados mientras James y yo nos encontrábamos en el salón principal, sentados en lados opuestos de una lujosa mesa de madera tallada. Las sombras alargadas de las lámparas de araña se extendían por el suelo de mármol, creando un ambiente tenso en la habitación.
Después de semanas de silencio incómodo y distancia, finalmente me había decidido a abordar el tema que había estado atormentándome. Miré fijamente a James, sus ojos azules fríos como el hielo, y me preparé para lo que vendría.
—James —comencé con voz temblorosa—, necesitamos hablar sobre nuestro futuro.
El hombre que se encontraba al otro lado de la mesa levantó la mirada de su periódico, él siempre lo miraba para no entablar conversación conmigo, y me miró con una mezcla de sorpresa e indiferencia.
—¿Nuestro futuro, Lilith? —respondió con una sonrisa condescendiente—. ¿Acaso no estamos viviendo el sueño que siempre quisiste? Eres la envidia de todas las mujeres en este mundo. Deja de quejarte, lo tienes todo.
Mi corazón latía con fuerza mientras luchaba por mantener la compostura.
—No se trata de eso, James —dije con determinación—. Se trata de nosotros, de nuestra relación. Esto no puede seguir así. No es un matrimonio de verdad, solo un acuerdo familiar.
James dejó el periódico a un lado y suspiró con exasperación.
—Lilith, vamos a estar casados por una razón. Ese matrimonio beneficia a ambas familias. ¿No entiendes eso? Falta poco para la boda, ya tenemos todo arreglado. Y te lo dije: No debemos dormir juntos sí lo deseas, no debemos tener sexo sí no lo deseas. No haremos nada que no quieras, pero firmaste el acuerdo y debes casarte conmigo.
Mi paciencia se agotaba. Me incliné hacia adelante, apoyando las manos en la mesa, y nuestras miradas chocaron en un enfrentamiento silencioso.
—No es suficiente, James. No puedo vivir una vida sin amor ni conexión real. Quiero más que esto. Quiero ser feliz, sentirme viva. ¿No puedes intentar enamorarte de mí?
La tensión en la habitación era palpable, y parecía que el tiempo se detenía mientras esperaba su respuesta.
—Lilith, no puedes dejar que tus emociones nublen tu juicio. Tu deber es con la familia Stirling —contestó demasiado frío—. Y no creo que pueda enamorarme de ti. No eres mi tipo.
La raya en el diálogo se sintió como un abismo entre nosotros, una brecha que no podía ser cruzada fácilmente.
Me levanté de la mesa y dejé la comida a la mitad para encerrarme en nuestra habitación. Juro que nunca amé a James, aunque algún día lo hice hasta que me enteré qué esto sería un matrimonio por beneficio.
Me arrojé a la cama, ahogando sollozos en la almohada de seda. Mi mente se llenó de pensamientos confusos y emociones tumultuosas. Me sentía atrapada en una vida que no había elegido y en un matrimonio que carecía de amor y pasión.
El sonido de pasos se acercó a la puerta de mi habitación. Sabía que era James. Aunque no quería enfrentarlo en ese momento, sabía que debía aclarar mis sentimientos.
La puerta se abrió con cautela, y James entró en la habitación. Su mirada estaba llena de preocupación, y había una expresión inusual de vulnerabilidad en su rostro. Se acercó a la cama y se sentó a mi lado, pero me mantuve en silencio, sin mirarlo.
—Lilith, por favor, escucha lo que tengo que decir —murmuró James con voz suave y llena de ansiedad.
Respiré profundamente y finalmente lo miré a los ojos, aunque mi mirada estaba llena de tristeza.
—Dime, James. ¿Qué más hay que decir?
Él tomó mi mano con delicadeza y comenzó a hablar con sinceridad.
—Sé que este matrimonio no es lo que soñaste, y te entiendo mejor de lo que crees. Pero también debes comprender que hay razones más allá de nosotros dos. Hay intereses familiares en juego, legados que deben mantenerse. No podemos simplemente romperlo todo.
Mis lágrimas continuaron fluyendo mientras luchaba con mis propios deseos y las expectativas de nuestra familia.
—¿Crees que eso justifica vivir una vida sin amor, James? —pregunté con voz temblorosa—. Esto no es lo que quiero. Ni tú tampoco.
James tomó mi rostro entre sus manos y me miró profundamente.
—No quiero que estés infeliz, Lilith. Pero, si puedes encontrar la felicidad en otras partes de tu vida, si puedes encontrar tu lugar en esta familia, entonces quizás... podamos encontrar un equilibrio —Me solté de su agarre y esquivé su mirada—. Solo debes ser algo más fuerte. Serán unos dos años y luego nos divorciaremos. Lo prometo.
La tensión en la habitación era palpable mientras ambos procesábamos sus palabras. La raya en nuestras vidas se desdibujaba, pero la decisión final seguía pendiendo en el aire.
La pregunta era si podíamos encontrar una manera de seguir adelante juntos o si nuestros caminos eventualmente se separarían de manera irrevocable.
—¿Cómo puedo creer en tus palabras? —James nuevamente me tocó la mano.
Nunca lo había visto tan vulnerable, pero sabía que esa faceta de él solo iba a estar presente aquel día.
—Cree en mí y verás que todo fluirá bien.
El futuro de nuestro matrimonio seguía siendo incierto, pero al menos habíamos dado el primer paso hacia la comprensión mutua y la posibilidad de cambiar nuestras vidas en medio de este lujoso mundo que nos rodeaba.
Cuando James se retiró de la habitación, recibí un mensaje de Eleonor, mi hermana menor, enviándome un link con una noticia que parecía ser impactante. Abrí el link y vi una noticia sobre un hombre, que parecía ser un magnate poderoso, llegar a la ciudad para firmar un acuerdo con Stirling CEO.
Me levanté de golpe cuando vi el rostro del hombre en la foto. No lo pude creer hasta verlo completamente. Hasta ver quién era él.
Gabriel. Mi amigo de la infancia.
He buscado sobre él en Internet, pero nunca he encontrado nada hasta el día de hoy. Él ahora se ve todo un hombre. Un verdadero hombre.
''Gabriel Cortez, el impresionante abogado, llegará desde París para conocer las oficinas de Stirling CEO. Ha pasado mucho tiempo desde Gabriel y James han tenido el primer encuentro en Francia, y han hablado de un futuro acuerdo entre ambas empresas...''
James nunca supo de Gabriel. Nunca pude contarle lo nuestro.
Era como contarle de la vez que fui feliz al fin. Era como contarle que podía buscar mi felicidad en otro hombre, y olvidarme completamente de él. Y de todo lo vivido hasta ahora.
Con Gabriel hemos sido amigos desde la infancia hasta la adolescencia, cuando él y su familia se fueron a vivir a otro país. Mientras que yo crecía con mi familia en Nueva York. Al tiempo nos hemos escrito algunas cartas, y luego e-mails. Pero un día nunca más contestó. A los meses mi familia conoció a los Stirling, donde comenzamos a cruzarnos habitualmente. En la universidad convivía con un auténtico James, aunque más frío que antes.
Para mi familia Gabriel era una pérdida de tiempo. Su familia no estaba a nuestra altura, era un becado en mi escuela. Y además de no tener legado familiar, convivía con su familia adoptiva. Sin embargo, ahora era heredero de una gran fortuna, y gran abogado. Mientras que yo dejé los estudios universitarios por el compromiso con James. A su pedido.
—Vas a dejar tus estudios y vendrás a vivir conmigo a la mansión Stirling hasta que firmemos el acuerdo, ¿entiendes? —Me había dicho el padre de James, en frente de mis padres maravillados por la propuesta.
James jamás me miró con otros ojos. Pero con Gabriel era distinto, desde el primer día que lo conocí. Gabriel no era nadie en la red. Sin embargo, ahora la red se inundaba de su rostro. De ser un hombre nuevo en la ciudad. De ser el sueño de alguien más.
El lujoso mundo que rodeaba nuestras vidas aún era deslumbrante y complicado, pero por primera vez en mucho tiempo, tenía la sensación de que podía encontrar mi lugar en él.
Ahora necesitaba saber cuándo tenía la posibilidad de volverlo a ver. Y más que nada, saber sí Gabriel me recordaba.
—Necesito ir a esa fiesta, necesito volverlo a ver —Dije mientras lo veía una y otra vez en sus videos, en su perfil, en todos lados donde lo podía visualizar.
Estaba dispuesta a cometer ese pecado.
Ese pecado que también era peligroso para mí.
Solo para ser feliz.