Ella le pertenece al rey

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"Todo hombre necesita una mujer cuando su vida es un desastre, porque al igual que el ajedrez, la Reina siempre protege al Rey".

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Prólogo




La acera en contraste con los pequeños árboles tupidos que la adornan, y el sol brillando en lo más alto del cielo, es prueba de que el invierno ha llegado a su fin.

La primavera está a punto de finalizar, pero Noelle todavía se encuentra estancada en ese matrimonio inconcluso, en la expresión de Seige cuando rompió fuente dando vueltas en su cabeza y provocándole pesadillas. A pesar de todo, lograba sentirse mal por lo que le hizo algunas veces.

La entrada principal al palacio real está bloqueada por un numeroso grupo de periodistas nacionales e internacionales que imposibilitan el paso. Holly y Noelle contemplan la escena desde el otro lado de la avenida, ocultando el rostro bajo gorras y detrás de gafas oscuras. Con miradas nerviosas y saltitos calados por la ventisca veraniega que les resulta helada.

El tiempo corrió rápido. Ambas chicas, ahora graduadas del colegio, parecen haber sido zarandeadas por la crueldad que los medios desperdigaban por la internet. No eran amables de ninguna forma, y la palidez en sus rostros era un claro reflejo de lo que vivían a diario.

Aún después de transcurridos seis meses desde el parto, la familia real no se ha pronunciado de manera pública más que para lo necesario, pero eso cambiará a partir de hoy. Todo retomará su marcha con apremio.

Los ministros exigen al rey presentar al próximo heredero dentro de tres meses, e Inglaterra vuelve a estar inquieta.

—¿Qué hacemos aquí? —pregunta Holly. El nerviosismo es evidente en el tono de su voz y en la manera en la que intenta controlar el frizz de su cabello rubio con las manos. El cabello rojo y ondulado de su prima también habría sufrido por culpa de la brisa, pero esta mañana optó por atarlo en una cola improvisada, aunque un par de rizos sueltos le picoteaban en la cara.

—Esperamos.

—Noelle…

—No les daré la bienvenida —se defiende mientras sus ojos verdes vuelven a examinar a la redonda con intranquilidad—. Dijo que aparecería en el momento más caótico de todos.

—¿Quién? —Holly asegura la gorra en su cabeza cuando el viento las golpea a las dos. Tampoco puede ocultar la preocupación opacando sus ojos bien parecidos a los de Noelle.

—Alguien que tiene pruebas.

—La criatura es de Stephano —asegura Holls un instante después de suspirar pesadamente—. La noticia salió en televisión, en la red y en cada revista. El mundo entero está al tanto de lo sucedido. Y por supuesto, todavía no lo ven con buenos ojos.

—El bebé no es suyo. —Noelle todavía mantiene la esperanza, es un hecho para ella.

—Noelle —su prima la mira con lástima—, es hora de que abandones el palacio y vuelvas a casa.

—No lo haré —dice con firmeza, al igual que se los repitió a sus padres varias veces.

—A nadie le importó la grabación que pusimos en evidencia. La prueba de ADN tuvo peso y hundió todo. Además, Stephano... —La amargura quiebra la voz de Holly y no consigue finalizar.

—Nada de eso importa. Llámame tonta, o de la forma que creas conveniente, pero no me daré por vencida. Ha pasado mucho…

Sí, Noelle sentía que habían pasado por tanta mierda como para dar un paso hacia atrás. Ya estaba hundida hasta el cuello.

—Noe —dice con calma—, ¿sabes del infierno en el que estás metida? Siento ser tan cruda, pero dejaste de ser la rechazada en el colegio para convertirte en el chisme del mundo entero. Lo peor es que ya no solo hablan de ti.

Su familia se vio involucrada después de todo. La prensa no solo la persigue con el fin de saber sobre sus despiadados deseos por sabotear el matrimonio del príncipe y su lamentable mujer, ahora también acosan a su familia y ellos apenas lo toleran por el resguardo que el rey les brinda. Envió guardias del palacio a proteger su casa en el campo, algo que obviamente alborotó a la prensa todavía más. ¿Qué tipo de relación mantiene Noelle con la realeza, con el rey?, se preguntan a diario.

Han inventado e imaginado muchas historias alrededor del tema, incluso insinuaron que Noelle podría ser la nueva amante del rey. Por suerte, aquella noticia falsa quedó sepultada en alguna parte.

Lo único verdadero es que el rey de Inglaterra la protege. Pero a pesar de los meses transcurridos, la prensa no se da por vencida, por eso ambas deben esconderse. Por cualquier cosa.

—Es por lo que debo limpiar nuestro apellido y salvar a Stephano.

—Si Stephano realmente quisiera ser salvado, ¿se habría cruzado los brazos tal y como lo hizo desde hace seis meses? Aceptó hacerse cargo de ese bebé. —La bomba desciende sobre Noelle como un balde de agua helada. Sus labios tiemblan ante la verdad expuesta y debe apretarlos con fuerza.

Según Noe, Stephano ha estado distante por razones obvias, pero él todavía insiste con sus sentimientos y le ha pedido que espere. Han tenido algunos encuentros furtivos en el tiempo que ha pasado desde el nacimiento del bebé, muy pocos. Ha sido difícil ya que nació antes de lo esperado y hubo ciertas complicaciones que mantuvieron a la criatura hospitalizada a lo largo de estos meses. Pero, aunque Noelle se siente culpable por precipitar el parto al revelar el audio, está segura de que Seige tampoco se sentía bien durante el embarazo.

—No hay nada que él pudiera hacer. La gente también lo presiona. Y hacer de lado a Seige y a esa criatura, sería como abandonar el trono y al país. De esa manera nadie lo aceptará como rey. Significaría que no puede sobrellevar sus responsabilidades, a menos que demuestre que no es su hijo, que esa prueba de ADN es un completo engaño.

—Pues qué lástima que haya elegido al trono por encima de ti. —Sus palabras la golpean con fuerza—. Lo siento, no quise...

—No quisiste decirlo —interrumpe y aprieta los dientes, molesta de que Holly se haya vuelto tan ruda, pero también le agradece porque no le permite flotar sobre nubes de fantasía.

—Noe —le dice con calma—. Tienes que dejar el palacio, por favor. Sabes bien que incluso el rey tuvo que invitar a tu familia al palacio por su seguridad. Por desgracia, rechazaron ir al palacio. Saben que no es exactamente el paraíso, así que el rey envió a todos esos guardias para custodiar incluso los sembradíos. El odio hacia ti está fuera de control. —Sus ojos se nublan, pero Noelle se arma de valor para sostener su mirada y ver reflejado su dolor y desesperación auténticos. Luego niega con la cabeza, traga con fuerza y en voz baja le responde:

—No voy a dejarlo.

Holly suspira y le da las espaldas.

—Entonces, no solo tendrás que lidiar con la estupidez de la gente, el indeseado bebé y tu amor por el príncipe. —Hace una pausa—. La verdad, no quiero que estés sola en ese lugar. Es peligroso.

Y no exagera.

—Pero no estoy sola. —Su confesión le desagrada.

—¿Jerome?

—Me refiero a que el rey todavía me apoya. —Es gracias a él que Noelle puede seguir en el palacio, porque cuida de ella, aunque ambos saben que todo se acabaría si tan solo renuncia.

—Por supuesto —dice y pierde la mirada en alguna parte del suelo—. El matrimonio se suspendió gracias al caos ocasionado por el audio y el parto. Pero quién sabe cuándo volverá a actuar Seige.

—Holly —interviene con calma—, le pedí al rey que te permita quedarte y acompañarme en el palacio. Estuvo de acuerdo con protegerte también, y creo que es lo mejor después de lo sucedido. Seige sabe cuán importante eres para mí, y no se lo pensará para tratar de herirte de considerarlo necesario. Lo ha demostrado. También sé que no quieres que mis tíos se vean envueltos en el gran problema que representa involucrarse con la familia real.

Holls se volvió parte del drama cuando expuso ante todos que Candy, la hermana de la lamentable mujer de Stephano, la había secuestrado. La peor parte de todo es que, como Holly mencionó, el nacimiento de ese bebé tuvo mayor peso, así que las personas pusieron en duda todo lo sucedido con su prima y esa grabación de audio. Ni siquiera el rey pudo castigar a Candy. La prensa también ha estado buscando a Holly para cuestionarla, pero por suerte, Monty y Noelle han tenido la suerte de saber esconderla.

—¿Estás hablando en serio? —expone. Sabía de antemano que la noticia no le alegraría y que se mostraría enfadada, pero no contaba con que luciría aterrada por completo.

De repente hay gritos y voceos que exigen por nueva información, y el par de primas voltean hacia las personas con cámaras que se preparan para recibir al automóvil negro que se acerca por la calle. Las ventanas blindadas y los banderines de Inglaterra anuncian de quién se trata.

—¡El príncipe está de regreso! —Alguien informa.

Bastan tan solo segundos para que haya personas y guardias corriendo en su dirección.

Todos quieren conocer al bebé. Está ahí dentro, junto a Seige y Stephano. Nadie ha tenido la oportunidad de verlo más que la familia real.

Noelle intenta calmar el remolino en el estómago que le hace sentir náuseas. El miedo de ver a ese bebé convierte sus piernas en plomo.

Cuando el auto es alcanzado por la multitud está cerca del portón, pero le cuesta avanzar. Entonces alguien le roza el hombro y voltea asustada. Una mujer agraciada de alrededor de los treinta, con la piel color canela y ojos cafés claros que brillan con intensidad.

—¿Noelle? —pregunta y asiente con la cabeza—. Me alegra saber que recibiste mi mensaje.

Holly la contempla con desconfianza cuando los ojos de la mujer se desplazan alrededor con nerviosismo.

—En la actualidad recibo muchos mensajes —confiesa Noelle.

—Seguramente no todos son buenos. —Le sonríe con tristeza, como si pudiera ser capaz de entender mis sentimientos a la perfección.

—¿Quién eres? —pregunta Holly con fiereza.

—Ava Rose —se presenta—.Le pedí a Noelle que nos encontráramos en este lugar porque tengo algo que tal vez le interesa, aunque es posible que no sirva de mucho en realidad...

Holly chasquea la lengua.

—¿Y pediste verla en el lugar más peligroso de todos?

Ava señala hacia la multitud.

—Porque todos estarían ocupados con el caos impuesto por la llegada del bebé al palacio, y realmente no quiero verme involucrada en ninguna situación al respecto —explica. A más de los periodistas, hay gente normal y turistas que se han detenido para contemplar la conmoción—. No tenemos mucho tiempo. Prefiero mantenerme en anonimato, si no te importa.

La mujer escarba dentro de su morral y le entrega una fotografía a Noelle.

—Es… —Holly intenta adivinar quién es el hombre bien parecido que se encuentra junto a Ava.

—Mi padre —dice ella—. Esa fue su última quimioterapia y decidimos inmortalizar el momento porque superó la prueba más difícil de todas. Pero, dime, ¿reconoces el hospital?

¿Y cómo no hacerlo? Stephano estuvo internado en ese lugar, además, fue el sitio en el que Seige dio a luz. El doctor de la familia real trabaja en ese hospital.

—Él… —Holls interviene, pero vuelve a quedarse a medias mientras retrocede con temor.¿Qué es lo que acaba de ver que Noelle todavía no lo nota?

—Mira detrás. —La mujer señala el hombro de su padre en la fotografía, y ciertamente está la silueta de un muchacho que está entrando o saliendo de lo que parece una oficina. Está de espaldas. Viste jean, sudadera y una gorra negra con dos anillos que atraviesan la visera. Está completamente desenfocado puesto que el fin no era fotografiarlo a él—. Esa es la oficina del doctor de la familia real.

Su revelación las toma por sorpresa. Pero esa pista no sirve de mucho, podría tratarse de cualquier persona entrando a ese lugar.

Al tratar de comprender lo que Ava pretende insinuar, este muchacho debió estar involucrado en los resultados de esa prueba de ADN.

—¿Cómo sabes que esa es su oficina? —pregunto.

—Tuve la suerte de que el doctor más venerado de toda Inglaterra se hiciera cargo de mi padre. Deduje que no era normal lo que pasa en esta fotografía ya que el doctor no tiene hijos, y la persona que está ahí, ni siquiera es algún empleado del hospital. Debes creerme si te digo que, después de dos años de visitas constantes al hospital, llegas a conocer al personal. Y por más que intenté, no conseguí reconocer la silueta. Ese día, mi padre y yo fuimos a buscar al doctor después de su último tratamiento para agradecerle por todo lo que hizo, pero después de esperarlo durante alrededor de una hora y media, me enteré de que llevaba tiempo atendiendo a la familia real por un examen urgente. Luego pasó lo de la foto. —Sonríe como si lo lamentara con toda su alma—. Tiempo después, supe lo del príncipe. La noticia corrió bastante rápido. Claro que con esto no pretendo certificar nada, tan solo sospeché que…

—No era normal que alguien irrumpiera en su oficina de esta manera. —Noelle finaliza y ella asiente—. Pero ¿por qué motivo mostrarme esto a mí? Si la gente me pinta de villana.

—El rey te protege, con eso basta —responde con absoluta sencillez.

De repente Holly aprieta el brazo de su prima con fuerza. Tiene la mirada perdida y su terror es auténtico.

—¿Qué ocurre? —le pregunta—. Holly —insiste y por fin le mira. Tiene miedo. Absoluto terror ha nublado sus ojos.

—Cuando me secuestraron, la persona que me arrastró al auto llevaba el rostro cubierto. Y mientras permanecí encerrada en el sótano de esa casa, vi que se trataba de un muchacho.

—¿Un muchacho? —Noelle estudia la fotografía otra vez—. Puede que se trate del verdadero padre. ¿Lo reconociste?

Holls niega lentamente, y su mortificada expresión dice que está evaluando sus recuerdos, relacionándolos de algún modo con la imagen.

—Tenía tanto miedo que no pude ver con claridad. —Se limpia el sudor de las manos en su falda larga y acampanada—. Incluso llegué a imaginar que podía tratarse del mismo Stephano.

—Imposible.

—Ese es el infierno del que te estaba hablando. Es peligroso, incierto y traicionero. Él… —Señala hacia la imagen—. Me trajo recuerdos de ese día.

—Entiendo tu punto, y siento tener la intención de volverte parte del infierno nuevamente, pero te necesito en verdad. Además, pronto empezaremos la universidad y...

—Y ¿qué? Vamos, finaliza eso que estabas por decir y no me asustes más.

De reojo miro hacia la mujer. Ava inclina la cabeza en señal de despedida, acabando de notar que el auto ha conseguido ingresar en el palacio, así que se marcha apresuradamente.

Noelle voltea de lleno hacia su prima.

—Ya que debo retomar las grabaciones del diario vivir en el palacio porque la insistencia de la gente es abrumadora, tengo que asistir a la misma universidad que ellos. Y tú entrarás conmigo. —Le indica a Holls mientras se alejan del lugar hacia el sitio en el que Monty las espera. No está muy lejos, y tampoco les toma demasiado tiempo llegar. Al verlas, su alivio es inminente. Estaba preocupado.

—Otro motivo por el cual no puedo ir. ¿Sabes lo costosa que es? Ni siquiera podría costear semejante prestigio con la venta de mis riñones —interpreta Holls.

—De eso, no debes preocuparte.

—¿Qué hiciste, Noelle? —La detiene y entorna la mirada en el rostro de su parentesco. Monty luce curioso por su conversación, pero ya está al tanto de todo. No hay nada que esconderle, pues no tan solo se ha convertido guardaespaldas de Noelle, sino en su confidente, así como lo es Holls.

—Nada en realidad. El rey está dispuesto a lo que sea con tal de salvar a su hijo, pero claramente tampoco pretende obligar ni poner en peligro a nadie. Intenta protegernos.

—Pero también nos está involucrando en sus asuntos, y tú estás lo suficientemente loca como para aceptar.

—No sabes cuánto —confiesa Noelle mientras entra al auto después que Monty la toma desprevenida, se adelanta y le abre la puerta—. Entonces, ¿vendrás?

Holly se acomoda en el asiento trasero junto al suyo, suspira otra vez y mira por la ventana. Claramente está más relajada. Si hay algo que tiene mayor peso en los hombros de Noelle, es la situación que terminó arrastrando también a su amada prima.

—Y debo ser aún más tonta porque de todas formas intentaré salvarte de la desgracia Real. —dice entre dientes y un mensaje suena en el teléfono de Noelle.

—Es Stephano —dice mientras desbloquea la pantalla.

—¿Qué escribió? —Holls se pega como un chicle al costado de la muchacha y echa un vistazo.

—Está preocupado de no verme en el palacio.

—A pesar de que acaba de llegar con esa criatura del demonio —bufa Holly.

Llega otro texto que le pregunta en dónde se encuentra, pero este es de Driet.

Ambas intercambian miradas ante lo extraño que les resulta. También es cierto que ha estado sospechosamente tranquilo y para nada controvertible.

Y como la guindilla del pastel, poco después también hay un tercero:

Se acabó la calma… ¿Y si mejor escapamos juntos? De Jerome.

Es como si se hubieran puesto de acuerdo para escribirle al mismo tiempo.

—El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones —musita Holly después que Noelle leyó ese último mensaje en voz alta—. Y ellos aparentan tenerlas contigo. Pero créeme, el demonio también vive en un deslumbrante palacio y puede llevar corona si le apetece.

Noelle lo medita durante varios segundos y consigue destacar algo:

—Driet jamás ha sido bien intencionado conmigo.

—Con mayor razón. Es aterrador. Ese mensaje claramente apesta Asu.

—¿Asu?

Asu nalga.

—Será bueno tenerte conmigo —sonríe Noelle, aunque es posible que ese gesto no le llegue a los ojos. Pero Holly tampoco está riendo.

—No confío en nadie —confiesa con la mirada perdida en la ventana. El auto de Monty se mueve plácidamente sobre la avenida. Han dejado el palacio detrás—. Ni siquiera en Stephano.