Microrrelatos

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Summary

Colección de relatos cortos de suspenso y fantasía.

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
n/a
Age Rating
16+

El día en que el tiempo se acabó

David tomó el pequeño artefacto entre sus manos, cerró los ojos y susurró el nombre de un destino.

Se trataba de un tipo de reloj de bolsillo, hecho de metal barato y unido a una cadenita, con la particularidad de no poseer manecillas, por lo que no podía ser utilizado para saber la hora.

Acto seguido, tomando el extremo de la cadena, lo sostuvo delante de sí, cual péndulo, y lo observó.

De manera inexplicable, el cuerpo suspendido del reloj se movió, señalando una dirección.

—No sabía que eras de esos —comentó su compañero de viaje, para luego tomar un trago de su cantimplora, mientras revisaba el mapa.

—Uno nunca sabe —respondió David—, durante siglos fueron usados para encontrar el camino y dibujar mapas.

—Si, pero ya no lo necesitamos. Quizás ya no recibimos luz del cielo, pero nosotros hemos creado la nuestra, caminos llenos de antorchas, poblados llenos de vida. Ya no hace falta esa cosa. Además, sabes que no siempre te lleva a donde quieres.

David contempló el reloj entre sus manos. Las historias que sus abuelos le contaban, de cómo hubo personas que creían que el seguir siempre y sin desviarse la dirección que les marcaba, los llevaría hasta el relojero, quien los libraría de las tinieblas. También se dice que estas personas desaparecieron, y nunca más fueron vistas.

Recordó la inquietante superstición que decía que, un día, estos relojes dejarían de funcionar y sería el presagio de algo aterrador.

El gruñido de algún animal sacó a David de sus pensamientos y, mientras ponía el reloj de vuelta en su bolso, se dio cuenta de algo: el tic-tac de este se detuvo.

—¿!Pero qué...!? —exclamó su compañero, mientras presenciaba como el mapa se consumía, envuelto en una llama azulada.

Nervioso, David trató de sostener el reloj una vez más, pero no reaccionó. Un escalofrío recorrió su espalda.

Entonces, y de manera súbita, la luz de todas las antorchas del camino se apagaron. Las aldeas y torres, una vez faros en medio de un mundo sin sol, ni luna, ni estrellas, se fusionaron con la densa oscuridad que los rodeaba.