Guerreros de Luz (El plan de Dios #2)

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Summary

Continuación de Luz

Genre
Fantasy/Romance
Author
Paty
Status
Complete
Chapters
19
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo Uno

El bosque de las hadas era un lugar que se encontraba apartado de varias poblaciones; la más cercana era Westhills, pero esta estaba rodeada de un anillo de colinas que hacía que la única entrada al bosque, yendo desde ahí, fuera por un túnel angosto por donde las personas tenían que caminar, andar en bicicleta o montar caballo. El bosque era muy extenso, abarcaba una sección de cabañas en las que solo en una había una persona viviendo, y las demás eran utilizadas para que las personas vacacionaran. El bosque estaba lleno de caminos para los caminantes y algunos hechos para los autos; un poco más lejos de las cabañas había un claro que estaba un poco escondido y más allá de él había una playa olvidada por los pesqueros de la zona, en ella había un muelle viejo, una lancha abandonada y muchos animales que paseaban por ahí gozando de tanta tranquilidad. Del otro lado de las cabañas había una pequeña cascada en una de las colinas que limitaban con el pueblo, de esta nacía un río que rodeaba todo el bosque e iba a desembocar a la playa, un poco más lejos de donde estaba el muelle.

En ese bosque, vivía Nicholas Bennett de 72 años, él era el guardabosque. Nick era un hombre bajito, de piel y cabello blanco, usaba un tipo de lentes que son conocidos como fondo de botella, pues sin ellos prácticamente no veía nada, sus ojos eran azules y él siempre decía que ese color era el causante de su ceguera.

Ese día, Nick se encontraba limpiando el camino hacia el túnel de Westhills, ya que el día anterior unos turistas se habían quejado del horrible aspecto que este tenía. Estaba recolectando unas latas de cerveza cuando sintió un leve movimiento bajo sus pies, este era un poco más fuerte que el que había sentido un par de horas antes. Él nunca antes en su vida había sentido un terremoto, pero estaba seguro que sin duda era uno y aunque realmente no sintió temor, un foco de alarma se encendió en su mente.

Desde hace tiempo que tenía sueños raros y, por lo general, sus sueños significaban algo. Él sabía que definitivamente esos sueños le estaban dando un aviso, y aunque no supiera sobre qué, el hecho de que en el bosque de las hadas estuviera temblando la tierra debía significar que algo se avecinaba.

En realidad, desde unos cinco años atrás, el bosque había presentado algunos cambios que no eran tan notorios para las personas que no vivían ahí, pero para él, que tenía toda su vida ahí, estos se presentaban casi con una flecha diciendo “aquí hay algo diferente”. Si bien el bosque era el mismo, los cambios consistían en cosas como: el brillo de las flores ahora era diferente, el olor de los árboles se penetraba un poco más en el olfato, el brillo de las luciérnagas ahora duraba más tiempo y, sin duda, eran muchos más los insectos de este tipo que había en el bosque; entre otras cosas. Nick podía verlos y sentirlos.

El bosque de las hadas se llamaba así por esas mismas luciérnagas que aluzaban el lugar todas las noches, a alguien se le había ocurrido que estas se veían como pequeñas hadas y así se le había quedado el nombre, aunque esto ya había sido hace muchos años, incluso antes de que Nick hubiera nacido.

A Nick nadie le pagaba por ser el guardabosque, lo era porque él así lo había decidido. La cabaña la había comprado de muy joven y una vez que su esposa se enfermara de cáncer, ambos decidieron irse a vivir ahí para disfrutar de la vida teniendo todo el bosque prácticamente para ellos. Cuando ella no pudo más y falleció sin haber recibido ningún tipo de tratamiento, él decidió quedarse ahí y ayudar a todas las personas que iban de paseo, así como ayudar en todo lo que pudiera para que el bosque estuviera limpio. La mayoría de las personas que visitaban el lugar le daban algo de dinero por su ayuda y se podía decir que vivía de eso, aparte de lo que sus hijos le llevaban cada quince días.

De pronto, mientras seguía limpiando, Nick supo que tenía que dirigirse a su cabaña y protegerla, no sabía de qué ni por qué, pero sí estaba seguro que tenía que estar ahí justo en ese momento. Se subió a su vieja camioneta y aceleró a la máxima velocidad que el camino le podía permitir.

Llegó y se bajó de inmediato pues alcanzó a ver la puerta de la entrada abierta, alguien había estado ahí o quizá todavía ahí seguía. Tomó su rifle de la parte de atrás de la camioneta y caminó un poco asustado. El rifle siempre lo llevaba para su protección en caso de encontrarse un animal salvaje, pero nunca lo había usado y menos en un posible caso de robo como ese.

Atravesó la sala y notó que estaba encendida una lámpara que él había dejado apagada, así que se anduvo con cuidado y con los ojos muy abiertos, sostenía el rifle apuntado hacia delante, pero sus manos temblaban y el sudor se le resbalaba por la frente por lo que era un poco difícil avanzar.

Después de revisar las recámaras y el baño con mucho cuidado, decidió entrar en la cocina, pensó que si un ladrón se encontraba en su cabaña en ese momento, sería muy difícil que estuviera en la cocina pues ahí no había nada de valor. Pero justo cuando había pensado en eso, vio algo que hizo que su corazón se le detuviera unos segundos.

—¡Oh por Dios! —exclamó y colocó el rifle con cuidado en el suelo.

Day, la chica que él mismo había auxiliado hace poco mientras esta se mojaba en la lluvia, estaba en el suelo rodeada de un gran charco de sangre, esta le manaba en abundancia de las muñecas y del pecho. Tomó su pulso y lo sintió muy lento, lo cual significaba que aún estaba viva. Quizá se estaba muriendo, pero aún estaba viva y él la tenía que salvar.

Llegó al hospital del pueblo con Day en brazos y pidió auxilio. De inmediato la ingresaron para tratar de salvarla.

Nick tomó asiento en la pequeña sala de espera y por fin pudo respirar, había tomado su triciclo viejo y a su edad eso lo había dejado muy cansado. Después de unos minutos, un doctor se le acercó a Nick para hacerle unas preguntas. Estas eran sobre todo acerca de la identidad de la chica para poder contactar a sus familiares directos y avisarles sobre lo que había pasado. También, el doctor quería saber qué había pasado pues Day sufría de heridas en el pecho que obviamente alguien más las había hecho y, además de eso, tenía heridas muy marcadas en las muñecas, las cuales estaba seguro que habían sido auto infringidas. El doctor le mencionó al pobre viejo que tendría que ser sometido a una investigación policíaca pues, hasta ese momento, era el único sospechoso de ese intento de homicidio.

—Doctor, yo solo llegué a mi cabaña y vi ahí a la pobre chica desangrándose.

—Oiga, hombre, yo no lo estoy acusando —dijo el doctor sentándose a su lado—, en cualquier hospital hay un protocolo, es decir, cuando un paciente ingresa y presenta un caso de intento de homicidio tenemos que retener a la persona que lo ingresó. Lo siento, tenemos que seguir ese protocolo y llamar a la policía.

—Sí, doctor. No se preocupe, aquí me quedaré. —Titubeó un poco—. Doctor, ¿le puedo pedir un gran favor?

—Dígame, si está en mis manos con gusto lo haré.

—Mire, los padres de la señorita son muy nerviosos. ¿Podría usted, no decirles lo que pasó?

—Señor, disculpe, pero tendré que decirles lo que ha pasado, pues de otro modo ¿cómo sabrán por qué está su hija aquí?

—Sí, lo entiendo doctor. Pero, ¿podría no mencionar lo de... usted sabe... las cortadas que tiene en las muñecas?

—Sé a lo que se refiere y veré lo que puedo hacer al respecto. Me imagino que sería muy impactante para ellos saber que su hija se trató de suicidar y minutos después alguien la apuñaló. Trataré de hacerlo sonar un poco menos feo.

—Perfecto, muchas gracias, doctor.

El doctor se levantó y se fue dejando a Nick solo y muy pensativo. ¿Quién había tratado de matar a Day? Todo era muy confuso...

Los padres de Day llegaron un par de horas más tarde... Nick pudo reconocerlos, pero ellos ni siquiera lo vieron, avanzaron de prisa por el corredor buscando al doctor que atendía su hija, él salió enseguida y los puso al tanto de la situación. Carol lloraba desconsolada y su esposo se aferraba a la pared para no caerse.

Cuando los policías llegaron, se acercaron a la recepción y preguntaron audiblemente por Nick, así que los padres de Day por fin se fijaron en él y se le acercaron antes de que la policía lo hiciera.

—¿Nick Bennett? —preguntó Marco—. ¿Es usted?

—Sí, Marco. Soy Nick, 16 años más viejo de lo que te acuerdas.

—¿Usted encontró a mi hija?

—Sí, yo... La encontré en mi cabaña y la traje de inmediato.

—Muchas gracias, le salvó la vida. Pero ¿por qué está la policía aquí?

—Bueno, Marco. En el hospital hay un protocolo, yo traje a Day ensangrentada y le salvé la vida y ahora soy el sospechoso principal, piensan que traté de matarla.

—Eso no puede ser, yo hablaré con ellos... —Avanzó hacia donde estaban los agentes de policía, pero Nick lo detuvo.

—Déjalos, Marco. Es su trabajo, sabrán que yo no fui y me dejarán ir.

—Pero es necesario que sepan que usted no pudo haber hecho eso, lo conocemos.

—No te preocupes.

Los agentes llegaron a donde estaban y le indicaron a Nick que debían hablar con él, entraron a una oficina que se encontraba vacía y le hicieron preguntas acerca de lo sucedido. Nick les contó varias veces lo que había pasado. Se mostraron confundidos cuando él había mencionado lo de los temblores en el bosque, pero no mencionaron nada, al terminar el interrogatorio lo dejaron ir.

Después de varias horas desde que Day había llegado al hospital, el doctor por fin salió y les informó a todos los presentes que ya se encontraba fuera de peligro. Estaba inconsciente aún, por lo que tenían que esperar para verla.

Day despertó al día siguiente, y después de asimilar todo comenzó a llorar lastimosamente. Su vida no valía nada, no tenía nada por lo cual vivir. Un día antes había recordado todo lo que le había pasado cuando ella tenía 15 años, en ese entonces había despertado de un coma y no recordaba nada del accidente que había tenido, cosa que nadie le dijo exactamente. Dieciséis años después, es decir, un día antes de que ella se despertara en el hospital, se había encontrado con el causante de ese coma: un profesor de química que la había violado y atacado salvajemente. Ella lo recordó todo al verlo y de no haber sido por Leonard ella estaría en un hospital psiquiátrico, o quizá muerta por las manos del propio profesor Smith. Leonard había llegado justo a tiempo para sacarla de ahí, pero no sin antes matar al agresor y salieron de la prisión en donde estaban, volando. Sí, Leonard era su ángel de la guarda y había decidido revelarse ante ella en esa situación, no la había sentado diciéndole un “tengo algo que decirte”, sólo había sacado sus alas y a volar.

Después de calmarla con su infinito poder protector hacia ella, le había confesado que había dejado su cargo de guardián y ahora pertenecía a los ángeles oscuros, es decir, se había incorporado al mal con el propósito de obtener un corazón y poder amar libremente a Day. Lo malo había sido que había matado a un humano y eso estaba realmente prohibido para ángeles blancos y oscuros, así que su jefe, Lucifer, había subido directamente a la tierra por él, para imponerle un castigo en el infierno. Day tuvo que huir hacia la cabaña de Nick y ahí había decidido quitarse la vida para poderse ir también ella al infierno y estar con su amado, pero algo había sucedido que ahora ella se encontraba en un hospital: viva.

Vaya, pensó, creo que tuve un día muy pesado en La roca.

“La roca” era el lugar donde ella trabajaba, una gran prisión y fue ahí donde se reencontró con su profesor o más bien, con su violador.

Una enfermera entró en su habitación, la revisó y enseguida llamó a sus padres, estos entraron de inmediato, su semblante era de dolor, como si hubieran pasado toda la noche sin dormir afuera de su habitación.

—Hija, no llores —dijo Carol de inmediato.

—¡Me mintieron! —exclamó ella en respuesta.

—¿A qué te refieres, Day? ¿Te sientes bien? —Pensaron que tenía fiebre o algo pasaba para que los estuviera atacando de esa manera.

—El profesor Smith... él me violó y ustedes me lo ocultaron todo este tiempo.

Carol y Marco se miraron aterrados, nadie les había dicho aun lo que había pasado con Day el día anterior. Solo sabían que de alguna manera había terminado en el bosque de las hadas, apuñalada.

—Pero, hija...

—Váyanse, ¡lárguense! No quiero verlos —gritó y su llanto se convirtió en aullidos de dolor.

—Hija, por favor...

—Una enfermera entró alarmada y, al ver la situación, optó por sacar a los padres de manera amable.

—Por favor, señores. No pueden alarmarla, se puede poner mal. —Los sacó al pasillo y entró de nuevo para atender a Day.

Poco a poco logró calmarla y comenzaron a platicar, o al menos la enfermera lo hacía. Le había contado cómo un señor la había llevado desde el bosque en un triciclo con un tipo de canasta al frente para transportar cosas, lo había hecho cruzando el túnel hasta el pueblo. Después de una detallada descripción, Day supo que el hombre que la había salvado había sido Nick y por un momento no supo si debía estarle agradecida u odiarlo por eso. La enfermera le explicó que había llegado casi desangrada pues alguien la había apuñalado varias veces en el pecho y de milagro no había muerto en el lugar. Day no sabía eso, se miró las muñecas cubiertas con vendas y miró a la enfermera.

—No sé qué habrá pasado en esa cabaña —dijo esta—, pero tú no te estabas muriendo por esas cortadas, sino por las heridas del corazón.

—¿Y Nick, el hombre que me salvó?

—Al pobre hombre lo estuvo interrogando la policía pues es el principal sospechoso de haberte clavado el cuchillo, pero después de que los agentes lo dejaron salir, él sufrió un infarto aquí afuera en el pasillo.

—¡¿Qué?! —Eso la había sorprendido totalmente, no lo había visto venir—. ¿Nick está...?

—Nick está hospitalizado justo en la habitación de un lado, lo atendieron a tiempo y ahora está recuperándose.

—¿Puedo verlo?

—No lo sé, cuando venga tu doctor se lo preguntas a él. Ahora bien —la enfermera se sentó al pie de la cama—, ¿no vas a dejar entrar a tus padres? No es asunto mío, lo sé. Pero al menos tu padre no dejó de llorar toda la noche, creo que no es justo para ellos que los hayas corrido.

—Tú no sabes...

—Cierto, no lo sé. Solo sé que su hija estuvo a punto de morir y que ahora están en el pasillo porque tú los corriste.

Ambas se miraron y Day accedió a dejarlos pasar. Cuando ellos entraron, les pidió disculpas y platicaron sobre todo lo que había pasado, quince años antes y el día anterior.

Más tarde, cuando el doctor fue a revisarla, Day le pidió permiso para ver a Nick y este estuvo de acuerdo. Le ayudó a levantarse, la colocó en una silla de ruedas y la llevó hasta la habitación del hombre que la había salvado. Él estaba despierto y veía un programa de televisión.

—Day, ¡estás bien! —El hombre parecía contento de verdad.

—Sí, Nick y gracias a ti. —Se acercó a su cama en la silla de ruedas y le tomó la mano. El doctor ya se había retirado-. Vengo a agradecerte lo que hiciste por mí.

—Oh, no. No agradezcas nada, no te iba a dejar morir ahí, querida.

—Gracias, Nick. ¿Y tú cómo estás?

—Bien, Day. Solo fue un susto lo de anoche, estaba muy preocupado por ti y además ya estoy viejo para pedalear, ¡me hubieras visto haciéndolo!

Se quedaron platicando un rato y el doctor volvió por Day para llevarla a su habitación. Ambos prometieron visitarse cuando pudieran.

Poco tiempo después llegaron Trent y Sarah, al parecer los padres de Day les habían avisado, pues no había otra manera de que se hubieran enterado.

Trent entró hecho un mar de lágrimas y Sarah solo entró muy asustada y pálida. El primero corrió a lado de Day y mientras le acariciaba el cabello y la llenaba de besos en el rostro y manos, los papás abandonaron la habitación para dejarlos a los tres solos. Sarah se había sentado en un rincón y había comenzado a llorar.

—Day —dijo ella—, no puedo creer que estés aquí.

—Ya estoy bien, Sarah. No te preocupes. Seguramente me darán de alta mañana o en estos días.

—Es que todo esto es tan... tan confuso —contestó ella.

Day comenzó a platicarles acerca de lo que había pasado en La roca un día anterior.

—Todo el tiempo lo supieron...

—Day, nosotros no pudimos decirte nada... —Trent trató de disculparse—. Los doctores... Ellos nos dijeron que...

—No me refiero a eso —espetó—, ustedes sabían que él era un preso y por eso trataron de impedir que yo trabajara ahí. Sabían que lo iba a ver.

—La psicóloga nos dijo hace muchos años que si tú lo veías de nuevo podrías recordar todo y quizá podrías entrar en shock o algo similar —explicó Trent—. A todo esto, si estabas ahí, ¿cómo fue que te encontraron en la cabaña del bosque de las hadas?

Day no estaba segura cómo podría explicar eso, ni ella misma sabía qué había pasado realmente, todo había sido como un sueño.

—No importa, Trent —dijo Sarah de pronto mirando a Day de reojo—. Deberíamos dejarla descansar y no atacarla con preguntas. De seguro hay una buena razón para que ella estuviera en el bosque.

—Cierto, tú descansa y nosotros iremos a tomar un café.

Los dos salieron de la habitación y como sus padres no entraban de nuevo, decidió dormir un rato. A pesar de que les había dicho a sus amigos que ya estaba muy bien y que probablemente pudiera salir de ahí ese mismo día, la verdad era que no se sentía nada bien. Sólo quería dormir y soñar con Leonard. Quizá ya no volvería a intentar acabar con su vida, una vez había sido suficiente, pero se sentía pésimo. La imagen del profesor Smith no se iba de su mente y solo quería dormir para olvidarse un rato de ella.