Prólogo
Narrador Omnisciente
Asher es el alfa supremo más poderoso del mundo. Su manada se encuentra en una zona extensa de bosques inhóspitos de Canadá, colindante a un parque nacional. Por este motivo sus integrantes tienen más interacción con humanos debiendo controlar sus bestias interiores para no ser descubiertos.
Lleva buscando a su luna desde que cumplió los cien años. A pesar de tener un inmenso poder, siempre vuelve con las manos vacías, y eso lo ha convertido en un ser demasiado oscuro; ya que sin su luna para que domine tanto su parte humana como la animal, su equilibrio se desvanece haciéndolo un soberano tirano, no uno justo y benevolente como debería ser.
Su beta Jacob, lo mira con angustia, ya que sabe que al no poder anclar su poder a su otra mitad su lobo lo está consumiendo, y con él, la oscuridad que domina a los hijos del fuego. Si no la encuentra pronto y su agresividad sigue incrementando, acabará con todo ser viviente provocando el caos en un ecosistema único.
Porque las manadas que se encuentran en la parte más septentrional de la tierra, son muy especiales debido a que en ellas no conviven solo lobos, sino también otras especies metamórficas como: los lince, los zorros y los osos pardos. No hay otras como estas en todo el mundo, y su poder está ligado directamente a la tierra.
Cada una posee un don singular proveniente de los cinco elementos. Pero, solo una tiene el poder del fuego, ese que es capaz de arrasar con todo. Juntas son indestructibles, aunque la de Asher podría acabar fácilmente con las otras si se lo propusiera, o si se descontrolase por la falta de su pareja eterna. Porque él, al ser el Alfa Supremo, tiene el don de doblegar los otros tres elementos.
Por eso necesita encontrarla, porque las lunas son quienes les dan el equilibrio a los alfas; sin ellas se consumen lentamente hasta que terminan siendo animales sin compasión, teniendo que ser eliminados para que su poder vuelva a la tierra y renazca en otro ser.
En el caso de Asher es más complicado aún, debido a que nadie puede matarlo. Su vigor es excepcional, no tiene rival; ni siquiera los demás alfas supremos que hay alrededor del mundo lo son, ya que estos solo cuentan con el don de la sanación acelerada, la fuerza y alguna otra habilidad proveniente de la zona en la que estén, pero nada comparado como el poder de manipular los elementos y controlarlos.
Amelie es una doctora en botánica, amante de todos los seres vivos. Siempre se ha sentido atraída por la tierra, esa que es capaz de regenerarse, alimentarse y descomponer cualquier elemento natural que habite en ella; conformando así, un ciclo maravilloso de vida.
Desde pequeña se la podía ver hablar con todo tipo de plantas, arbustos o árboles; acariciaba sus hojas y reía al escucharlas moverse al son del viento. Lo mismo ocurría con cada animalito que se le cruzaba… A excepción de los insectos que la aterraban.
Hoy en día, su vida se resume en trabajo y más trabajo. Su corazón es exclusivamente de su hija Paz, esa que tuvo con su primer novio sin importarle ser repudiada por sus padres. Colin Bolduc, fue su único hombre, ese que con tan solo 16 años la enamoró logrando que se fugara con él.
Para cuando sus padres la encontraron, ya estaba gestando una nueva vida, y esa fue la razón por la que su familia la desheredó. Creían que dejarse embarazar a tan corta edad de un hombre al que aborrecían, no era lo indicado, y tras intentar obligarla a abortar sin éxito, le dieron un ultimátum: o dejaba a su novio y daba a ese bastardo en adopción, o perdía todo su apoyo y se iba de la casa.
Así que con lágrimas en los ojos, Amelie tomó una maleta con las pocas pertenencias que tenía y se mudó al pequeño apartamento que compartiría con el que sería su pareja de ahora en adelante. Rogaba a Dios por no estarse equivocando, porque tener que regresar con sus padres aguantando sus burlas y maltratos, sería demasiado doloroso de soportar.
Luego de que su emancipación fuera admitida, pudo casarse con el hombre que amaba; una cosa tenía seguro y era que su bebé nacería dentro del matrimonio y con todos los derechos. Jamás permitiría que lo llamaran bastardo o que lo trataran de un error por haberlo traído al mundo a los 17 años, porque ella era consciente de lo que hacía y no sentía remordimientos.
Su matrimonio, mientras duró, fue hermoso. Colin tenía un futuro prometedor dentro del sector inmobiliario, sus padres aunque al principio no estaban de acuerdo, decidieron ayudarlo cediéndole en vida las acciones de su empresa; cosa que el muchacho supo valorar y triplicar.
Cuando Paz cumplió 8 añitos, Colin murió asesinado a manos de un atracador al que nunca lograron encontrar. A partir de ese momento la vida de Amelie dejó de ser idílica convirtiéndose en un infierno.
Con 25 años y una carrera en auge tuvo que dividirse entre sus sueños y responsabilidades. Contra viento y marea sorteó cada piedra que el camino le puso por delante, siendo admirada y envidiada a partes iguales, no solo por sus compañeros de trabajo, sino también por esos a los que creyó que la debían proteger de todo mal.
Ahora volvía a encontrarse en una disyuntiva…: apoyar o no apoyar la locura de la razón de su existir que había decidido posponer sus estudios tomándose un año sabático para dedicarse al hombre del que decía estar enamorada, que acababa de conocer y con el que se casaría en menos de una semana.
Estaba furiosa, y como una leona que defiende a sus cachorros haría hasta lo imposible para hacerla entrar en razón y que pospusiera esa boda al menos hasta conocer las intenciones de ese hombre que para colmo de males casi le doblaba la edad. Respiró profundo y se dispuso a organizar su equipaje para aventurarse sin saberlo en el viaje más emocionante que jamás haría.