0. Tú
Leo estaba enojado.
Enojado con Garret por ser un bastardo sin corazón. Estaba enojado con su madre por no haberse dado cuenta de que Raúl también debió haber ido a terapia después de lo que habían vivido. Enojado con el universo entero por dejar que cosas como esas sucedieran.
Observó a su hermano, quien se había quedado dormido después de haberle contado todo aquello que él ignoraba sobre su propio pasado. Aún sentía nauseas al pensar que Raúl había estado guardándose tanto solo para evitar que Leo cargara con ello y que Miriam recordara los abusos de aquel bastardo. No era justo que Raúl estuviera en aquella situación, que tuviera que tocar fondo para por fin aceptar que necesitaba ayuda.
Leo también se sentía culpable por no haber presionado más antes, cuando se dio cuenta de que su hermano estaba más retraído e irritable de lo normal. No dejaba de decirse que pudo haber evitado que Raúl se volviera dependiente a los medicamentos. Si tan solo hubiera actuado a tiempo...
El teléfono de su hermano vibró sobre la mesita de noche anunciando la entrada de un texto. La pantalla estaba bloqueada por lo que solo pudo leer parte del mensaje. ”No le digas a nadie sobre mi...” eso fue lo único que pudo leer. Frunció el ceño por lo extrañas que le resultaron esas palabras. Para desbloquear la pantalla necesitaba la clave de Raúl y ya que estaba dormido...
«No, eso está mal», se dijo. Pero la curiosidad era demasiada. Terminó por sucumbir a ella, así que tomó el teléfono y tecleó la que creía era la clave. Bingo. Fue más fácil de lo que esperaba.
Gus: No le digas a nadie sobre mi. Sé que no es un buen momento y que es un poco desconsiderado de mi parte. Así que te lo pido como un favor. Cass ya me dio una buena reprimenda. Borra mi número luego de que leas esto.
La mandíbula de Leo se tensó y lo hizo aun más cuando fue un poco atrás en el chat y leyó los pocos mensajes que ahí había. J.o.d.e.r. Desde que supo sobre la dependencia a los medicamentos que sufría Raúl, se preguntó quien había sido el maldito que le vendió las pastillas. Bueno, ahí tenía su respuesta. Copió el número a su propio teléfono y luego salió de la habitación.
Leo: Oye, eres Gus? el chico que vende cosas divertidas?
Recibió una respuesta inmediata.
Gus: Depende ¿Quién eres?
Leo: Importa? Necesito algo para relajarme ¿puedes ayudarme?
Gus: Siempre y cuando estés dispuesto a pagar. No hay problema.
Leo: Por eso no te preocupes. Tú solo dime donde podemos vernos.
Poco después le llegó una dirección en donde debía ver a Gus en media hora. Sonrió con desdén, algo poco usual en él. Leo estaba enojado y al parecer había encontrado a la persona perfecta para desquitarse. Gus, quien quiera que fuera, era el nuevo blanco de su ira.
***
Su sistema de GPS lo llevó hasta el estacionamiento de un Target al otro lado de la ciudad. Era un lugar extraño para encontrarse con un dealer. Asumió que lo vería en algún callejón oscuro o algo por el estilo. Se rio de si mismo por tal pensamiento. Vamos, que no estaba en una película barata o una caricatura como para que algo tan cliché sucediera.
Salió de su auto, un BMW en color azul oscuro, y escaneó el lugar. El parqueo estaba casi lleno y había personas entrando y saliendo. Bueno, a fin de cuentas, si se ponía en el lugar del dealer, si que era un buen lugar para reunirse con un posible cliente. Con tantas personas alrededor difícilmente sería sospechoso. Sin embargo eso era molesto para Leo, porque ese tal Gus podía ser cualquier persona.
Se alejó de su auto sin dejar de de escanear el lugar de manera disimulada. Había un hombre joven recostado contra una pick up 4x4 un par de metros más allá, podía ser la persona que buscaba. Había una chica sentada en un bordillo, usaba botas para lluvia, lo que era una sabia decisión teniendo en cuenta el cielo nublado. Ella también podía ser Gus; entonces su vista aterrizó en un chico alto, de porte fibroso que estaba recostado contra la baranda que protegía los carritos de compra frente a la tienda. Su cabello era rubio y revuelto. No aparentaba más de dieciocho años.
Leo no sabía cómo explicarlo, pero algo en su interior decía que ese era Gus. Se encaminó en su dirección. Cuando estuvo cerca notó que el chico tenía unos grandes ojos grisáceos que daban una sensación de inocencia. Eso era falso, lo sabía de sobra. El tipo debía valerse de eso para pasar desapercibido.
Llevaba una sudadera gris, unos jeans gastados y unas converse color verde que habían visto tiempos mejores.
—¿Gus?— preguntó en cuanto lo tuvo cerca. El chico lo evaluó de pies a cabeza y luego asintió.
—Sep. Vamos a dar una vuelta.
Lo guió a un lado del edificio, en donde estaban los puertos de carga y descarga. Estaba despejado y lo suficientemente fuera de la vista por lo que Leo no perdió tiempo antes de empujar al chico contra la pared haciéndolo soltar un jadeo de sorpresa. Empuñó el frente de su sudadera con una mano y le dio un puñetazo con la otra, con la izquierda porque Leo era zurdo.
—¿Qué demonios, imbécil? — gruñó el chico empujándolo para luego llevarse una mano a la boca—. ¡Me partiste el labio!
—Eso fue por mi hermano— le dijo—. Se cayó por las escaleras gracias a esa mierda que le vendiste.
Los ojos del chico se abrieron debido a la sorpresa, pero se recobró bastante fácil y lo fulminó con la mirada.
—Entonces eres el otro Danields ¿eh?—Gus escupió una mezcla de sangre y saliva en el suelo. Luego le sonrió fríamente—. Escucha, es admirable toda esta mierda de hermano protector. Pero también es bastante estúpido. ¿Se te pasó por la cabeza que puedo ser peligroso? Dime, niño bonito ¿Qué harías si tuviera un arma?
—Pero no la tienes— dijo dudoso.
—¿Y cómo podrías saberlo? No es como que vaya enseñarla a todo el mundo.
—¿Entonces la tienes? —preguntó curioso, olvidando por un segundo su enojo.
—Obvio no, pero el punto es que no puedes hacer cosas como esta sin pensar primero en las consecuencias — el chico rodó los ojos y Leo se sonrojó un poco porque aun si le molestaba, el rubio tenía razón. No debió ser tan impulsivo—. Aclarado ese punto, pasemos al siguiente. No tengo la culpa de lo que pasó a tu hermano.
—Pero le vendiste esos medicamentos...
—Sí, lo hice. Pero noticia de última hora: no lo obligué a tomarlas— ugh, okey, eso...también era cierto—. No puedo ir detrás de cada persona y asegurarme de que no se vuelvan adictos. Eso es ilógico.
—Pero aun así, te aprovechas de las personas vulnerables, luego les vendes tus pastillas asquerosas esperando que vuelvan por más. Mi hermano no estaba bien y con lo que le vendiste solo fue a peor. Entonces sí tienes parte de la culpa.
Gus suspiró se masajeó la boca haciendo una mueca de nuevo. Luego se recostó contra la pared.
—Escucha, lamento lo de tu hermano, ¿de acuerdo? Pero esto es de lo que vivo— se encogió de hombros —, no puedo dejar que mi consciencia se entrometa a cada dos por tres. Cuando estoy “trabajando” no me permito pensar en si está bien o está mal, ser moralmente correcto no me ayudará a pagar las cuentas y tener comida en mi nevera.
—Búscate un trabajo decente. Podrías trabajar en este lugar si quisieras— dijo señalando el edificio en el que el chico estaba recostado.
Gus se rio con desdén y luego lo fulminó, dándole otro repaso. Leo se removió un poco intimidado.
—Claro, es tan fácil de decir para hijitos de papá como tú. Dime, ¿Quién paga tus estudios? ¿Quién te compró el auto en el que llegaste? ¿Te compraste la ropa que llevas puesta trabajando en una tienda que paga un sueldo que apenas alcanza para llegar a fin de mes? — Leo bajó la vista incómodo porque desde luego, su padre había pagado por todo lo que tenía. Su educación incluida. —. No sabes nada de mi y tampoco es que deba explicarte las razones por las que hago esto. Y solo para que lo sepas, hay noches en que no duermo porque estoy seguro de que iré al infierno por hacer lo que hago. ¿Pero a quién le importa, no? Solo soy un dealer de mierda que no tiene consciencia.
—Yo...— tragó en secó y retrocedió un paso dándose cuenta de que ir hasta ahí no fue una buena idea. Puede que Gus solo estuviera diciendo todo aquello para hacerlo sentir mal, pero de nuevo, de alguna manera sabía que estaba diciendo la verdad. Y de cualquier forma él no era así, de hacer cosas por impulso, siempre pensaba bien antes de actuar—. Lo siento— dijo al final— Es solo que...uh...— se le llenaron los ojos de lágrimas—; Raúl es el único hermano que tengo. Siempre ha sido bueno conmigo aun cuando tiene toda esta actitud de chico malo y yo solo... hoy me enteré de que está mal, como en serio mal y no solo por la dependencia a los medicamentos, sino por otras cosas. Entonces vi el mensaje que le enviaste, ya estaba enojado y solo quería desquitarme con alguien. Tú parecías la persona indicada.
—Oh mierda. No llores, no sé que hacer cuando las personas lloran— Gus se acercó y le dio un par de palmaditas en la cabeza como si fuera un jodido cachorro —. Apuesto a que tu hermano estará bien. Lo suyo no es una adicción como tal.
—¿Y cómo sabes eso?
—No llevaba comprándome los medicamentos por demasiado tiempo. Si él está dispuesto a dejar de consumirlos y desintoxicarse, entonces estará bien. He visto personas más jodidas salir adelante. No estoy diciendo que será fácil, pero tampoco es imposible — Gus retrocedió de nuevo —. Y si tiene a alguien que lo apoye, entonces le irá mucho mejor.
—Supongo que sí— respiró hondo para alejar las lágrimas —. Aun así, no vuelvas a acercarte a él, ni siquiera porque te busque. Porque si lo haces, te daré tu merecido.
—¿Tú y cuantos malvaviscos más?— el muy tonto se atrevió a reírse
—Tú no acabas de llamarme así— siseó ofendido.
—No sé cómo te llamas— el rubio se encogió de hombros—. Y decirte “el otro Danields” no me parece educado. Además eres todo blandito y cursi como un malvavisco.
—Claro y ponerme un mote si es bastante educado— se cruzó de brazos. Empezaba a dolerle la mano con que le pegó. No estaba acostumbrado a pelear, nunca lo había hecho—. Me llamo Leo.
—Leo— el rubio ladeó el rostro, de nuevo con esa expresión de falsa inocencia—. ¿Es un diminutivo?
—Sí, de Leonard— ni siquiera sabía porque estaba respondiendo sus preguntas—. Qué hay de ti. ¿Gus es realmente tu nombre?
—Qué te importa— el chico se despegó de la pared sonriendo con suficiencia. Pasó por su lado y empezó a alejarse.
—¡Eso no se vale!— lo siguió —. ¡Yo te dije mi nombre!
—No te obligué. No es mi culpa que seas tan jodidamente descuidado y le des tu nombre a cualquiera. Eso no se hace, malvavisco. Puede ser peligroso.
—Deja de llamarme así y dime tu nombre— exigió caminando a su lado.
—Eh, no gracias. Ahora sería bueno si te vas, aún tengo cosas que hacer.
—¿Te refieres a seguir intoxicando personas?
—Auch, pero que rencoroso eres— el chico se rio entre dientes —. Y lo que tengo que hacer, tampoco es asunto tuyo.
—Eres bastante odioso, Gus— lo tomó del antebrazo—. No dejaré que te vayas hasta que me digas tu nombre.
—Eso no va a suceder.
—Se llama Gustave, pero dice que suena demasiado Snob y por eso prefiere Gus.
Leo y el chico rubio se sobresaltaron ante esa voz. Un chico unos centímetros más alto que ellos los observaba con una ceja arqueada. Su cabello era castaño claro, ojos azules, porte atlético. A Leo le tomó un par de segundos reconocerlo como uno de los compañeros de equipo de Raúl. El centro si no estaba mal.
—Eres Zach Cassidy, ¿me equivoco?— dijo dubitativo.
—Correcto y tu eres Leo, el hermano de Raúl. — El chico le dio una sonrisa amable antes de poner su mirada azul en Gus y fruncir el ceño—. ¿Qué demonios te pasó en la boca?
—El malvavisco se puso un poco salvaje y me golpeó — se quejó el chico.
—¿El qué?
Gus rodó los ojos. Tiró de su brazo, el cual Leo aun sostenía, luego se pasó una mano por su revuelto cabello rubio.
—El malvavisco — repitió dándole un sonrisa burlona al pelinegro —. O sea, Leonard.
—Deja de llamarme así, Gustave— se fulminaron con la mirada mutuamente hasta que la risa divertida de Zach Cassidy los distrajo.
—Okey. ¿Y se puede saber por qué lo golpeaste?
—Solo es un advertencia, para que no se acerque de nuevo a Raúl— respondió recordando el enojo y la indignación que lo llevaron ahí. Sin embargo, se distrajo de nuevo cuando Zach Cassidy hizo una mueca culpable y bajó la vista. Okey, eso era extraño.
—Escucha, Leo— el castaño tiró del bajo de su chaqueta de cuero en un acto ligeramente nervioso—, puede que lo que sucedió a Raúl sea mi culpa.
—¿Qué?
—Yo fui quien le presentó a Gus. No debí hacerlo, solo no imaginé que... creí que Raúl no volvería a buscarlo. No sabes lo mucho que me arrepiento de eso. Y tienes mi palabra de que mantendré a Gus alejado de Raúl.
Leo no supo que decir a eso. Zach Cassidy parecía genuinamente arrepentido, por lo que optó por asentir y aceptar sus disculpas.
—¿Eso es todo? — Gus vio de uno otro con incredulidad—. ¿A él no vas a darle un puñetazo?
—Se disculpó.
—Oh, a la mierda la igualdad— dramatizó el rubio robándole una pequeña sonrisa a Leo—. Como sea, yo me largo.
—Sí, eso no va a pasar— Zach Cassidy lo tomó de la gorra de su sudadera para evitar que se fuera—. Tú vienes conmigo. Tenemos cosas de que hablar.
—Suéltame, Cass. No hay nada de que hablar. No necesito tus estúpidas charlas motivacionales. Tengo cosas más importantes para hacer que dejarte intentar meterme un poco de sentido común a la fuerza.
—Si vienes conmigo te compro una hamburguesa de esas grandes que tanto te gustan— Gus detuvo su forcejeo.
—¿Con doble ración de aros de cebolla y malteada extra grande?
—Sí, sí. Lo que sea.
—Cool. Creo que puedo soportar tu complejo de salvavidas por un rato— y así como así, el rubio parecía más dispuesto a seguir a Zach Cassidy—. Adiós malvavisco, diría que es un gusto conocerte pero estaría mintiendo un poco. Digo, me gusta que un chico guapo me empuje contra la pared, pero no si es para golpearme— le guiñó juguetón y empezó a alejarse hacia un todoterreno en color negro que estaba a pocos metros.
—Él es solo...— Leo suspiró frustrado.
—Lo sé— Cassidy soltó una corta risa—. Tal vez no me lo creas, pero es un buen chico. Solo está un poco fuera del camino— se preguntó si ese par se conocían de hace mucho. Parecía que sí—. Eh, fue bueno verte y espero que Raúl siga mejorando.
—Podrías ir a visitarlo, ¿sabes?
—Lo haré— el castaño asintió —, pero todavía no.
Realmente se sentía culpable y eso hizo que Leo sintiera simpatía por él. Aceptó el apretón de manos que le ofreció y luego lo vio trotar hasta el todoterreno en donde quitó los seguros para dejar que Gus subiera. Esperó a que se alejaran antes de ir hacia su propio auto.
Vaya, aquel había sido un encuentro extraño. Solo quería volver a casa e ir hacia la habitación de Raúl. Tal vez ya había despertado y pudieran ver una película juntos.
Gus se cruzó de brazos mientras Cass pedía la comida por el parlante del auto servicio. En realidad no estaba demasiado feliz de estar ahí. Dios sabía que odiaba cuando Cass se las daba de la madre Teresa tratando de hacerlo dejar la vida que llevaba. Pues ja, eso no iba a pasar ni siquiera porque le comprara comida.
—¿Podrías dejar de lucir como un niño regañado?— dijo el castaño con tono plano.
—No. Es mi cara y puedo lucir como me de la jodida gana— se quejó haciendo una mueca cuando su labio partido dolió.
Joder que el malvavisco golpeaba duro. Y se miraba inofensivo con toda esa aura pacífica rodeándole. Pues vaya equivocado que estaba. Leo Danields tenía una izquierda bastante potente. No recordaba la última vez que alguien lo había golpeado de esa manera.
—Eres tan infantil.
—¿Y entonces para qué demonios insististe en traerme contigo si crees que soy infantil?
—Porque somos amigos.
Rodó los ojos. Zach Cassidy era un chico fiestero. Se ligaba a cuanta chica pasara por su camino, era un poco arrogante, pero no era desagradable. De hecho era bastante decente. Tenía este sentido de la amistad tan leal que a Gus le causaba arcadas debido a lo cursi que era.
De niño no estaba mal pensar que tener un amigo era la cosa más cool del universo. No por nada se la pasaban metido e la casa del otro. De hecho Gus vivía en casa de Cass más que en la suya propia. Se quedaba a dormir por lo menos tres días a la semana y todo eso era sorprendente si se tomaba en cuenta que Cass era un año mayor que él y ni siquiera iban a la misma escuela.
Pero toda esa ilusión infantil se desvaneció cuando sus padres murieron en un accidente de auto cuando se estrellaron contra un árbol por ir ebrios; la manera más estúpida de morir según el mismo Gus. Entonces la vida se encargó de enseñarle que tener un mejor amigo no iba a salvarlo de lo difícil que era el mundo real.
Tampoco ayudó que tuviera que mudarse de aquel agradable vecindario en donde Cass vivía justo al lado. Se acabaron las pijamadas, las búsquedas del tesoro en el jardín y las noches de lluvia en que Gus podía abrazarse al torso de su amigo sin remordimiento alguno, porque le daban miedo los relámpagos. Se acabó la amistad.
Excepto porque Cass no parecía entender eso. Y ese complejo de salvavidas que tenía, tampoco ayudaba demasiado.
—No me hagas vomitar antes de poder probar mi comida — dramatizó—. Ya estás grandecito para seguir diciendo cosas como esa.
—No te mataría dejar de portarte como un imbécil, ¿sabes?— Cass tenía el ceño fruncido mientras movía el auto hasta la ventanilla para recoger su pedido.
—Disculpa si no estoy de humor. Por si no lo recuerdas ese mocoso me dio un puñetazo que me esta doliendo como la mierda— ugh, solo de pensar en Leo Danields le daban ganas de alcanzarlo y devolverle el golpe.
Aunque al tenerlo enfrente seguro desistiría de ello. Fue esa la razón por la que no se desquitó de inmediato. El chico desprendía un aura de tranquilidad que había tocado su lado compasivo. Además que no ayudaba para nada que tuviera esa linda carita de niño bueno.
Lo odiaba.
Para su consternación, Cass empezó a reírse. Iba a darle un puñetazo en el el hombro, pero llegaron a la ventanilla justo en ese momento y tuvo que contenerse mientras veía como la chica que despachaba se comía a Cass con la mirada. Bueno, tampoco podía culparla pues el chico estaba jodidamente bueno.
No iba a hacerse el tonto y fingir que no le hubiera importado terminar debajo de él. Sin embargo, el chico era más recto que una flecha, no que se lo hubiera peguntado directamente, pero...como sea. Tampoco quería averiguar si Cass bateaba para el otro lado también.
Ya era suficiente con tenerlo detrás todo el tiempo, tratando de ‘salvarlo’. No quería ni imaginar lo jodidas que se pondrían las cosas si dejaba que las líneas entre ellos se desdibujaran todavía más.
—Es gracioso que Leo te haya golpeado— le dijo con una sonrisita—, No es que lo conozca bien, pero no creo que sea del tipo de andar buscando peleas. En todo caso ese sería su hermano mayor.
—Como sea. No planeo acercármele de nuevo a ninguno de los dos. Leo es un idiota, mira que golpear a alguien así sin más. Si fuera malo, le habría devuelto el golpe solo porque quería dárselas de hermano protector— rodó los ojos—. Con esa carita de niño bueno...es adorablemente estúpido. Pero da igual, después de lo que pasó a Raúl Danields tendré más cuidado con las personas con las que que hago negocios.
Cass le entregó su parte de la comida, que era casi toda, y resopló luciendo frustrado.
—O solo podrías dejar esa mierda y seguir adelante de otra manera.
—Hemos tenido esta conversación muchas veces antes y sabes que la respuesta sigue siendo la misma. Métete en tus asuntos y déjame lidiar con mi mierda.
—Pero...
—Pero nada, Zach — dijo con dureza—. No apruebas lo que hago y eso está bien, sé que es una basura, pero nadie te está obligando a seguirme, ¿o si?
—Solo quiero que estés bien. No en riesgo constante de ir a la cárcel o topándote con las personas equivocadas— la sinceridad en sus palabras era casi palpable y eso solo hacía que Gus se sintiera molesto consigo mismo por seguir haciendo lo mismo todos los días sin atender a las suplicas de Cass sobre buscar una vida mejor.
—Detén el auto.
—Gus...
—¡Que detengas el jodido auto!— masculló con enojo. Cass cedió y se orilló—. Ya basta de tratar de salvarme. No lo necesito, entiéndelo de una buena vez— abrió la puerta y estaba por bajar, pero se detuvo solo para decir—: gracias por la comida y te prometo que no volveré a acércame a Raúl Danields.
Se bajó sin mirar atrás y se alejó a paso rápido maldiciendo al mundo entero, pero especialmente a Cass, por ser tan sentimental. Y al Malvavisco por haberlo golpeado. Ugh, le dolía la boca... y la consciencia.
Lo observó irse y no pudo hacer más que suspirar desganado. Ya había perdido la cuenta de las veces que había intentado hacerlo entrar en razón. Empezaba a creer que era caso perdido.
Pero no iba a rendirse hasta saber que Gus estaba más allá de la salvación. Cuando era niño se prometió que siempre cuidaría de su mejor amigo, y puede que para Gus no fuera más que el molesto chico que seguía incordiándolo sin parar, pero Cass no desistiría hasta que Gus regresara al lado correcto del camino.
Regresó su auto a la carretera y mientras lo hacía no puedo evitar reírse de nuevo al recordar la manera en que Gus y Leo se fulminaban con la mirada...era como dos cachorros lanzándose gruñidos.
Pero en fin, no es que importara demasiado. Ellos no volverían a verse . «Y es mejor así», se dijo.
No tenía ni idea de lo equivocado que estaba.