El placer de Emma y el CEO

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Summary

Descubre la lucha interna de Emma cuando su irresistible jefe, Matthew, despierta un deseo prohibido en el entorno seductor de la oficina. A pesar de su promesa de no involucrarse, una insinuación ardiente desencadena un conflicto emocional que pone a prueba su determinación y su corazón. ¿Podrá resistir Emma la tentación o sucumbirá al magnetismo innegable de su atractivo jefe? Sumérgete en una historia apasionante que desafía las reglas del deseo y la razón en una historia que desafía las reglas del corazón y la razón.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Veo sus ojos grises que pueden ver bajo mi ropa. No quiero hacer caso a su mirada, pero desde la pri­mera vez que lo vi, no puedo dejar de pensar en él. Es una sensación extraña que me invade. Siento cómo las mariposas hacen presencia en mi abdomen. Muer­do mi labio y no puedo evitar mirarlo. Quiero estar cerca de él, pero no puedo estarlo. Me lo prometí. Lo hago por mí. Ese tipo de hombres no son los que quiero en mi vida, pero en mi mente solo puedo ima­ginar cómo le quito su camisa celeste clara.

Él se distrae de nuevo y la segunda vez que vol­tea hacia mi escritorio es para acercarse hacia mí.

―¡Carajo! ―susurro por lo bajo. Sé que es mi je­fe, pero de verdad quiero llevarlo a mi dormitorio y hacerle todo eso que he imaginado las noches ante­riores, repitiendo lo de la última ocasión.

Un escalofrío de placer recorre mi cuerpo, trato de disimular, pero es demasiado difícil. ¡Dios, es demasiado sexy!

―Señorita Black, tenemos una reunión. Necesi­to revisar los pendientes para esta semana. La veo en diez minutos. Espero que esté lista ―dice viendo mis labios y después bajando su mirada a mis pechos, me siento algo expuesta, pero me gusta.

¡Joder, este hombre me pone con tan solo verme!

―Sí, lo veo en diez minutos, señor Collins ―digo tratando de sonar normal, aunque sé que mi voz está algo entre­cortada.

Veo la pantalla de mi celular que se enciende po­co después de que él se marcha hacia su oficina. En ella aparece un nuevo mensaje de mi mejor amiga, que de hecho está a un par de escritorios del mío.

Denisse: Ya te vi coqueteando con el sexy de Matthew Collins.

Yo: ¡Cállate! No estés molestando.

Denisse: Ya sé lo que van a hacer en la junta… y no es ver los pendientes.

Les juro que sé cómo se ve Denisse en este mo­mento, volteo a verla y precisamente tiene esa cara de pervertida sexual que suele poner cada vez que hablamos de los hombres que nos gustan. La conozco tan bien que no necesito verla para saber qué expre­siones pone.

Yo: Te juro que quiero que llegue la noche y poder quitarme estas ganas de…

Le envió el mensaje y le sonrío con picardía, levan­tando una de mis cejas. Ella sabe a lo que me refiero. Mi celular vuelve a sonar, esta vez es el señor Collins.

No puedo evitar sentir un escalofrío de placer por todo mi cuerpo, me ha enviado una fotografía, y sé que en ella encontraré algo que me cortará la respira­ción, no quiero abrirla tan pronto, pero la ansiedad me gana. Abro su conversación, el mensaje anterior decía:

“Me la pasé genial anoche, muero de ganas por verte hoy en la oficina y sentir tus labios recorriendo mi torso y yo poder tocarte hasta hacerte gemir de placer, sin penetrarte… Prime­ro quiero que te vengas para mí, y luego lo ha­remos juntos”.

En la foto podía ver su torso, era digno de un dios griego, su piel dorada con ese aroma que solo él tiene, no es un perfume, es parte de su esencia y aunque no puedo oler una fotografía, les juro que en esta si puedo hacerlo. Sus ojos gris profundo me mi­ran a través de la pantalla, sus cejas pobladas y su rostro con una hermosa quijada cuadrada, con una barba de un par de días sin rasurar, sus brazos son tan musculosos. ¡Oh, Dios! Me acuesto con el hom­bre más sexy de la ciudad.

Me quedo viendo la imagen por un par de minu­tos y estoy casi que babeo. Le respondo con un emoji de un diablito sonriendo con perversión. Voy al baño de chicas y retoco mi maquillaje, solo un poco, no quiero terminar como el guasón después de la junta.

Me veo en el espejo. Mis ojos verdes y mi piel bron­ceada por el sol del verano resaltan con el con­torno de mi cabello durazno platinado, largo y ondu­lado, mis pestañas se ven enormes, paso mi dedo índice por mis labios rosa pálido recordando la sen­sación que me provoca cada vez que me besa en ellos o en cualquier otro lugar de mi cuerpo, me muerdo el labio al pensar lo hermosa que soy, me encanta mi estatura, aunque sea bajita y con un cuerpo curvilíneo que te haría babear.

Salgo del cuarto de baño y me dirijo a la oficina de mi jefe.

Se me olvida por completo contestar su men­saje. Justo en ese momento mi celular vibra avi­san­do que ha llegado un nuevo mensaje.

Matthew Collins: Te sigo esperando en la oficina y de res­puesta solo obtuve un triste visto.

Si supiera que me la pasé babeando mientras veía su foto, con ganas tremendas de lanzarme a sus brazos.

Yo: Llego en cinco minutos.

Le escribí algo fría. No quería que se diera cuen­ta de que me estoy muriendo de ganas por tener sexo con él, aunque esto fuera totalmente cierto.

Paso por el escritorio de Denisse, ella no está. Se escucha su voz dentro de la oficina de Logan, el sub­gerente de ventas y publicidad.

Paso de lado y llego hasta la puerta de la oficina de Matthew, de nuevo el escalofrío de placer recorre todo mi cuerpo. Quiero estar con él, sentir su aliento en mi cuello y escuchar cómo susurra mi nombre al oído.

Me acerco a la puerta y en esta ocasión no toco, solo empujo la puerta de vidrio que es negra mate con figuras en blanco, la verdad nunca le he prestado atención. Matthew está apoyado en el escritorio. Me ve con sus ojos grises, provocándome, quiero lanzar­me sobre él, pero me detengo.

―¡Emma, bienvenida! Estaba deseoso por que lle­garas. Puedes ir por unas copias de los informes del mes pasado a la bodega ―dice con su tono sensual. Odio cuando hace eso, porque no puedo resistirme y hace que mis rodillas tiemblen un poco.

―Sr. Anderson, si usted sigue usando ese tono, no podré negarme a hacer lo que me pida. —De in­mediato me arrepiento de haber dicho eso.

De igual forma, camino hacia una delgada puerta negra de madera. Abro la puerta y entro a buscar los expedientes.

Él se separa del escritorio y camina hacia el mis­mo lugar donde estoy, se acerca paso a paso, mirán­dome con sus ojos grises y profundos.

Escucho sus pasos, trato de ignorarlo y concen­trarme en buscar los papeles que me pidió. De pron­to, siento su mano en mi cintura, me detengo por un segundo y sigo buscando, aunque la verdad ya no sé qué estoy buscando.

—Sr. Anderson, puede parar, por favor, que no me deja concentrarme —le digo tratando de con­tro­lar mi respiración. Aunque la verdad es que mi en­tre­pierna ya está lista para la acción.

—El plan es que solo te concentres en mí y en nadie más. Ahora quiero que te voltees y me hagas eso que solo tú sabes hacer —me dice al oído. Aunque sus brazos me aprisionan y siento su pene en mis nalgas, sobre mi falda, me volteo y estoy de frente a él, sus labios saben a café matutino con un toque de menta. Una sonrisa se me escapa cuando su aliento roza mi cuello. Me toma de la cintura y me sube al escritorio.

Me saca la blusa con un poco de prisa, sé lo que quiere y en especial sé lo que yo quiero. Pasa sus dedos por mi cuello y me jala del cabello hacia atrás para rozar con su lengua mi cuello y susurrar en mi oído cosas que no quiero escribirles en este momen­to. Le desabrocho los botones deprisa, sabemos que el tiempo nos apremia, pero queremos disfrutarlo.

Me levanta la falda y me quita las bragas, es in­creíble la agilidad que tiene. Con sus dedos juega en mi sexo, el placer es inmediato. No puedo parar de morderme el labio. Él me besa, para después morder mi labio y hacer que no haga ruido, alguien podría entrar a ver lo que estamos haciendo. Sigue moviendo sus dedos con un ritmo perfecto, solo él ha logrado que sienta tanto placer en tan solo unos segundos, quiero gritar, introduce su dedo índice en mi boca. La verdad preferiría que fuera otra cosa.

Matthew se desabrocha el pantalón y baja su cie­rre. Ese sonido me hace vibrar por completo. De­seo tenerlo dentro de mí, sentir su cuerpo, unirse con el mío, aún más de lo que estamos.

Siento un golpe en la cabeza, Matthew cae al sue­lo y yo no sé qué hacer, me duele la cabeza, pero el dolor no es tan intenso como para desma­yarme.

—¡Así los quería encontrar, maldita zorra! —se escucha la voz de una mujer, pero no logro ubicar­la. Me pongo en pie, trato de acomodar mi falda y de nuevo otro golpe en la cabeza y después un puñetazo en las costillas, caigo al suelo y siento cómo una cu­chilla perfora mi abdomen un par de veces. El dolor es tanto que me ahoga el querer gritar, pero sé que mi voz no sale, estoy realmente asustada, no puedo dejar de temblar y sentir un horrible escalofrío. No sé qué está pasando o quién jodidos sea esa perra. Pero les juro que esto aún no ha terminado…

Me siento cansada, la sangre corre por mi cuer­po. Me arrastro para llegar a Matthew, pero él está inconsciente, lo abrazo y me dejo llevar por el abismo oscuro que se está creando en mi mente, el dolor era tanto que ya lo había dejado de sentir. Dicen que el sistema nervioso se protege dejando de sentir dolor.