La Felicidad
Me ayudaste a buscar la felicidad que tantos años perseguí y como unas niña, jugaba conmigo al escondite.
Contaba hasta diez con los ojos fuertemente cerrados y al abrirlos había desaparecido, ya no estaba, pero ahora mi labor era buscarla por todos los rincones.
Miré debajo de la mesa que sostenía mi maldito orgullo, no estaba.
También lo hice tras unas cortinas que querían ocultar mis reproches, pero tampoco estaba.
Seguí buscando y vi la opción de que estuviera dentro de aquel armario en el que guardaba mis miedos y al abrirlo, nada, no estaba tampoco.
El tiempo para encontrarla iba siendo cada vez menos, y mis ganas cada vez más.
A lo lejos, observé ese colchón que sostenía el peso de mi tristeza y fui corriendo hasta allí para ver si se había ocultado bajo de él, pero que va, tampoco.
Encontrar la felicidad era más difícil de lo que yo pensaba, pero aún quedaban unos segundos para seguir buscando.
Entonces fue cuando abrí la puerta de ese almacén en el que guardaba mis recuerdos mas dolorosos y si, ahí si estaba, estaban tus ojos observándome, explicándome que por fin había encontrado lo que todos buscamos desesperadamente.
Sin querer comencé a reír, una sonrisa constante y verdadera que fue pintada con el color de tus enormes ojos...
Pero lo que más me llamó la atención fue que de un plumazo, ese lugar en el que no había nada mas que infinidad de sentimientos que me hacían daño, había sido vaciado quedando una única cosa en su interior, tú.
Me haces feliz sin darte cuenta...