Capítulo 1 parte 1
Capítulo 1: El chico del bosque
—Te amo... —murmura un chico de voz dulce.
—Y-yo... También —responde tímida, quieta frente a él. Aún no está acostumbrada a decir tales cosas.
Tras esas palabras, se miran a los ojos. Se hallan a escasos centímetros del rostro contrario, recostados en una cama, un torso pegado al otro. Visten el uniforme.
Los brazos del adolescente le rodean la cintura. Ella lo sujeta de las mejillas con suavidad, sintiendo los flequillos rizados sobre las manos, y su piel debajo de estas.
—¿Puedo darte un beso? —cuestiona, curiosa y sonrojada hasta las orejas—. Uno simplecito.
—Esas cosas no se preguntan, idiota —suelta una risa entre tierna y traviesa—. Sólo hazlo, así —acorta la distancia al unir los labios con los de la chica, suspirando en estos.
Lleva una mirada lasciva al comienzo, como si la reclamase, dejando una “firma” de recuerdo al morder despacio.
—E-era un beso… ¿Qué rayos estás tratando de hacer? —escucha sus propios latidos, los siente hasta en los dedos.
—Lo hago porque te gusta, ¿O no? —enarca las cejas y la despeina—. Umi —susurra su nombre en su oído.
La luz de la habitación donde se encuentran es brillante, y va tornándose más intensa, a la vez que se escucha el sonido de una alarma.
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—¡Aaaah! Malditas pesadillas… —respira agitada, mirando hacia todos lados, como si el sueño anterior hubiese sido un vistazo al infierno.
Umi se halla ubicada en la parte superior de la litera, en ropa interior. Una de sus hermanas menores duerme abajo, y la otra en una cama aparte. No abren ni un ojo.
—¿Por qué tengo tantos sueños de él…? —susurra para sí y suspira, frunciendo el ceño—. Ya no quiero recordar eso. Sucedió hace mucho —tampoco tanto, unos meses.
Si uno entra a la habitación, se aprecia hacia la izquierda un par de camas y el espacio para pasar entre ellas, que lleva a una mesita de luz. También un gran ventanal cubierto por unas cortinas. Hacia la mano derecha, un placard, un ordenador y una ventana más pequeña.
—Aún no entiendo cómo sobrellevarlo… —hace el intento por incorporarse sobre las sábanas. No obstante, su cuerpo no responde todavía. Sólo su boca se mueve.
»Su imagen… Su maldita imagen sigue en mis sueños…
»Ni que hubiera estado viendo una foto suya en negativo para que se queden todos los colores y su expresión… —por fin puede refregarse los ojos—. Estoy cansada. Es como si no hubiera podido dormir…
La habitación es bastante amplia. Nueve metros de largo y cinco de ancho. Las paredes son de un amarillo apagado, el techo blanco, el suelo marrón con formas al azar en las baldosas.
En los muros de cada una de las chicas, diferentes pósters de grupos de música, series, y dibujos hechos por Umi.
—No puedo controlar esos sueños porque me veo en tercera persona… Como una película… Que estoy obligada a repetir una y otra vez… —se queja de nuevo—. No es justo.
Tiene unas ojeras notables bajo sus ojos caídos color marrón claro, nariz respingada, labios pequeños y gruesos.
Su cabello, negro azulado y ondulado, con más flequillos a la derecha, no le llega a la cintura. Su tez clara, baja estatura, un metro cincuenta y cuatro para ser exactos… Pero si hay algo que le gusta mucho, es su busto.
No se siente mal con su apariencia, hasta que escucha a la gente decirle que es fea. Trata de ignorar aquello, ya que no le encuentra sentido. Según ella, se ve común, no horrible.
—Todavía es temprano… —mira desganada la hora en su celular, un N95. Marca en lo superior de la pantalla el año 2014, Junio, 25. Y la hora, 6:53 de la mañana—. ¡Oh! ¡Mierda! ¡La excursión!
Baja de su cama de manera apresurada y sin vestirse, ansiosa (de buena y mala forma), doblándose el pie por una caída. Como no es grave, no se soba y sale de su cuarto.
Pasa primero por el baño que se halla a un metro de la puerta de su habitación, para lavarse la cara y los dientes.
—Rayos, sí me duele. Qué bueno que soy medio elástica, sino me hubiera torcido como mi padre —se enjuaga.
Este lugar es un simple baño de azulejos blancos, en aproximado la mitad de la habitación en tamaño. No hay espejo, sólo el retrete y el bidet, además de una ducha sin regadera con manguera. Hay una pequeña ventana arriba, como es lo usual.
Al salir de este, se halla en un corto pasillo que lo conecta con su dormitorio y otro cuarto más pequeño. En este último no hay nadie, en único una mesa y la puerta hacia la terraza.
—Pensar que hoy me arreglo para ir a otro lugar que no sea la escuela… —ni tan producida, se peina con los dedos y se aplana el cabello con un poco de agua. Lo que sí, se echa desodorante y perfume.
Luego, sale del baño y baja las escaleras que conducen al living. Es un lugar como tres veces más amplio que su habitación, porque ocupa también el comedor y la cocina.
Hacia la derecha de la encimera, hay una puerta que conduce a la cochera.
Al final de los escalones queda frente a un espejo grande. A su izquierda, está la habitación de sus padres.
—Wuu~ Tengo un rollito menos —se agarra del abdomen y se agacha un poco, riendo por su reflejo—. ¿Estaré pesando cuarenta y tres?
A su diestra, un sofá color beige. Se viste con lo que dejó sobre este anoche, y selecciona en el móvil la música que va a escuchar durante el camino, acomodándose los auriculares.

Para finalizar, se coloca la mochila y sale por la puerta principal, a dos metros del sofá.
Incluso afuera no puede evitar tararear. No se da cuenta, ya es automático.
Es un día nublado, templado, realmente lindo para ser de verano. Una brisa fresca sacude las hojas de los árboles.
Según lo que Umi Murasaki está enterada, la excursión se llevará a cabo en el bosque Ishihara.
Es el típico viaje de estudios que se realiza en segundo año de la preparatoria. En ocasiones, en primero y tercero también. Hoy, irán acompañados de primer año.
Umi camina lento por la ciudad. Sus pasos marcan el ritmo de la música que escucha, y va cantando en voz baja.
—Buena suerte, pequeña —la saluda un joven de tez morena y cabello negro rojizo hasta los hombros.
Ella enarca una ceja. Ni siquiera sabe quién es aquél que la observa tan de cerca y luego se aleja rápido.
No deja de lado lo que sucede, no lo haría por la asquerosa mirada que le dedicaron recién, quiere estar alerta. Sin embargo, tras dos segundos, su mente sólo lo olvida.
Al girar en la esquina, metros más adelante, achica los ojos cuando divisa unas “formas de colores” que ella cree reconocer. En la parada de autobús de esa cuadra, se encuentran sus amigos esperándola, aunque no los ve sino hasta que los tiene en frente.
—¡Hermana! —Sakura Takafumi agita las manos.

Es una chica más alta que ella. Posee cabello castaño lacio largo y flequillos. Cuerpo delgado por arriba, con muy poco busto pero una cintura hermosamente marcada, que resalta más por sus piernas y su gran trasero.
Ojos marrones obscuros, labios finos y una nariz algo respingada. Su tez es la más obscura entre el grupo. Lleva una sudadera amarilla, jean celeste y zapatillas blancas.
—Te olvidaste tus lentes en la escuela ayer —se acerca a ella para entregárselos—. Suerte que tu Sakura —se señala, sonriente— los encontró —ríe divertida. Se nota incluso en eso lo dulce que es su voz. Es un poco más grave que la de Umi.
—¡Gran señora estúpida! —aunque no parezca, esta chica se lo dice de cariño. Es el apodo con el que la llama.

Chitose Haruka, sí que tiene curvas marcadas de arriba a abajo. Es más alta que Sakura.
Posee cabello rubio hasta los hombros, y varios flequillos hacia el lado izquierdo, si se la ve de frente. Ojos casi negros y una linda sonrisa. La voz más grave entre las tres, igual de preciosa para cantar.
Lo que más destaca de su rostro, es su maquillaje: los párpados negros en totalidad, y los labios pintados del mismo color. Va vestida con un chóker de ese tono en el cuello, jean y botas, en único su camiseta es blanca y sin mangas.
—Dale las gracias a Yuu, él los encontró.
Cuando Chitose menciona aquello, Sakura infla las mejillas, frunciendo el ceño.
—Efectivamente, sólo el más genial del universo podría tenerlos —se señala, con una gran sonrisa. Yuu Minamoto es un chico bastante apuesto a primera vista, razón por la que muchas gustan de él.

Le lleva casi una cabeza de altura a Chitose, pues él mide un metro setenta y siete.
Tiene de vestimenta una camisa celeste obscura, un jean azul marino y zapatillas blancas. Es delgado, pero con músculos marcados. Tiene ojos grandes marrón rojizo y pestañas largas, labios también largos, de sonrisa felina.
Su cabello es llamativo para la zona. Entre los conocidos de Umi, sólo él y una de sus hermanas poseen el cabello rizado. En el caso de Yuu, marrón claro.
Este chico usa lentes, como Umi, aunque rectangulares. También tienen una tez similar, siendo la de Yuu más obscura.
Si hay algo que resalta más en él que su apariencia, es su voz, que es muy dulce y barítono; además de sonar linda al hablar, al cantar también.
Él es… En específico, el chico con el que Umi soñó. Algo como su “ex”. No llegaron a ser pareja, quedó en nada. En la actualidad, es su mejor amigo.
—¿A dónde te ves lo grandioso? ¡Tonto! —Umi, al igual que muchos adolescentes, habla con insultos de cariño—. Bueno, gracias por los lentes —se trata de unos pin-up.
El marco es algo grueso y grande, así que sobresale de su cara, haciendo ver su cabeza más pequeña de lo que ya es.
—Me pregunto cómo no me atropellaron hasta aquí… Qué extraño —piensa en voz alta. Si hubiese esforzado la vista, más tarde le dolería la cabeza, así que agradece no haberlo hecho.
Y ella no es olvidadiza con los acontecimientos, nunca. Tampoco con objetos, pues es obsesiva con que se mantengan en su lugar. Umi no le presta atención a este gran detalle por algo que sí es: distraída.
Los cuatro se dirigen a esperar el autobús para ir al lugar que les indicó la escuela como punto de reunión, a unos metros de donde están. Por fortuna, no tarda en llegar.
Suben rápidamente, ubicándose adelante. Por lo general, aunque no hay mucha gente en esta zona del centro, los medios de transporte casi siempre van llenos.
—Ah~ —Chitose bosteza, estirando los brazos. Va sentada al lado de Sakura.
—Mmm… —Umi produce un quejido inaudible, muy nerviosa por el sueño que tuvo. No planeaba hallarse a la diestra de Yuu. Sin embargo, no le disgusta. Es confuso. Su corazón late rápido. Decide jugar con las manos propias.
—No veo la hora de que lleguemos. Tengo muchas ganas de encontrar a Kazuma y pedirle que pose para mis dibujos~ Sí, sí~ —Chitose asiente, riendo animada.
—¿Cuál era Kazuma? —Umi enarca una ceja, perdida. Al menos, esa conversación la saca de la otra situación.
—Ay, hermana. O sea, o sea —repite adrede Sakura y alza los hombros, negando.
—Yo no hablo con esa persona, así que no es raro que no lo conozca —se rasca tras la cabeza—. Además que por las caras no reconozco a nadie.
—Es el chico más popular de la escuela. Me duele decirlo, pero incluso más que yo —Yuu se lleva una mano al pecho, como si le hubieran clavado una flecha.
—Exagerado —Sakura suelta una carcajada, golpeándole el hombro con suavidad.
—¡Pero sí es verdad! Se las arregló para robarme el puesto —se queja, cruzando los brazos. Aun así, su expresión es una sonrisa divertida.
Umi siente una mezcla de cosas. Intriga, quizás celos, a la vez se anima por el ambiente. No consigue ordenarlo.
Se suma a eso el pensamiento de que le causa gracia que hablen de “popularidad”. Le parece cliché, no obstante, no es la primera vez que oye eso de ellos ni de otras compañeras.
—Bueno, Kazuma ingresó a la preparatoria cuando íbamos a primero y teníamos quince —Chitose ubica las manos tras el cuello propio, entrelazándolas—. Tú te transferiste un año antes, en secundaria. No le llevas mucha ventaja.
—Ey, ¿Quién era Kazuma? —insiste Umi, formando un puchero. Al escucharles mencionarlo tanto, más quiere saber.
—El pelirrojo. El único pelirrojo de la escuela —Sakura le toca la frente con dos dedos, entrecerrando los ojos.
Claro, aparte de una de las hermanas de Umi.
—¡Aaah! —asiente, enarcando las cejas—. No lo ubicaba por el nombre. Kazuma es un nombre muy difícil de recordar.
La mente de Umi es muy buena para grabar acontecimientos, el lugar exacto en donde deja sus pertenencias, letras de canciones, actitudes, sonidos y aromas; no para los estudios, ni rostros, ni… El resto de cosas.
Una “condición”, le dijeron las psicólogas.
—Te aseguro que su nombre es tan fácil como Yuu, Sakura o el mío —Chitose ríe fuerte, mirando por la ventana.
—Sí, bueno —le da vergüenza su mala memoria, así que no lo va a discutir—. Cambiando de tema pero a la vez no —se lleva una mano al mentón—, ¿Él posaría para ti?
—Mmm —Chitose frunce el ceño y cierra los ojos, a modo de queja—. No sé. Nunca le hablé. Pero es normal que los artistas vayamos a pedirle a alguien al azar si quiere posar.
Umi está de acuerdo con eso y asiente. Sólo que no es el caso de su amiga gótica. Si bien acostumbra realizar algunos sketches de quien esté cerca, no ha buscado todavía a alguien de otra aula para dibujarlo.
—Uy, muy al azar. Justo al más bonito —la molesta Sakura, alzando las cejas dos veces.
—¿Qué dices? —le jala ambas mejillas, achicando la vista—. Sí a ti te dibujo todos los días. No es nada en especial.
—Bueno, es verdad. A Yuu también lo dibujas —Sakura inclina la cabeza, mirando hacia el mencionado—. Sí yo supiera dibujar mejor… —dice en voz baja para sí, ruborizada.
Umi, por un momento piensa “ambos de su curso”, y luego, se percata de ese gesto de su bella amiga morena.
Le parece que Sakura se ve preciosa, como para retratarla. Solía hacerlo más a menudo cuando le gustaba. Después se le fue pasando al conocer a Yuu (pues la otra la rechazó), y con él quedó más enganchada.
Lastimosamente, Sakura también, por el mismo chico. Todo se volvió un lío para los tres, que sí conocen y se lo han comentado. No hay muchos secretos entre ellos y Chitose.
—¿Qué miras tanto, Saku? —Yuu le dedica una sonrisa a la chica, jugando con los flequillos de esta.
Esa escena es un coqueteo muy obvio. Umi y Chitose ríen bajo. No hay cómo negar que ese par se ve muy bien.
Sakura, hasta en su parpadeo denota su sentir por Yuu.
«Amo cuando está de buen humor», piensa Umi. «Aun así…. ¿Por qué me duele el pecho?».


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Al pasar un rato, bajan del transporte, riéndose animados debido a las conversaciones que mantienen. Ahora, les toca esperar el otro autobús, en el que se irán con el resto de sus compañeros.
Este viaje, lo realizarán chicos de primero y segundo de la secundaria y preparatoria Tomoedo, donde se planea que aprendan tanto de supervivencia como de lecciones de vida.
Aquellos temas tienen muy pensativas a Umi y Sakura, que nunca han intentado este tipo de cosas; pero se distraen con los comentarios divertidos y a veces (casi siempre) fuera de lugar de Chitose y Yuu.
El día continúa fresco. Los adolescentes aparecen uno a uno hasta que están reunidos, a excepción del compañero de Umi que siempre llega tarde.
Los autobuses hacen presencia en el lugar. Son siete en total. Con la cantidad de gente que allí hay, se van a llenar.
—Me gustaría ir arriba… No hay segundo piso… —se queja Umi para sí. Realmente, no es como si le gustaran las alturas. En particular, para este tipo de vehículo, considera que estar más arriba es más seguro.
—A mí también me gustaría —le responde Sakura, de algún modo la oyó. Forma un puchero con los labios.
—Ya, dejen de quejarse, niñas —sonríe travieso Yuu, y rodea con uno de sus brazos el cuello de Sakura.
—Miren el lado bueno. Podemos tirarle piedras con más facilidad a los vehículos —Chitose les muestra una bolsa con rocas de pequeño tamaño que trae en su mochila.
—¿Qué? —le responden los tres, sorprendidos, hasta que en su expresión denotan el recuerdo de que es ella con quien están hablando.
Entre las risas de los amigos, se asoman cuatro chicos. Saludan a Umi, Yuu y Chitose, pero se enfocan más en Sakura. Demasiado para la comodidad de Yuu, quien no puede ocultar una expresión de incordio.
Él no comenta nada al respecto. Se da media vuelta y continúa hablando con Chitose. Umi, queda en silencio.
Si se acerca a los demás, en esta ocasión, podría molestar a Yuu por “estar del lado de su amiga”. Si va con él, Sakura se enojaría mucho. «¿Por qué es tan difícil? Ni los juegos de citas me lo ponen tan complicado».
Lo cierto es que, en la actualidad, el grupo de Umi es bastante popular. Sakura, Chitose y Yuu son talentosos y hermosos para todos. Umi, en esta época, es conocida por sus dibujos. De su apariencia no hablan bien precisamente.
Al menos, todo es por bastante más lindo que cuando era niña. Nunca se le pasó por la cabeza que llegaría a ser “popular”, un término que le sigue causando gracia. No sabe cómo sucedió. Tiene sus teorías, nada seguro.
Le es lindo sentirse rodeada de gente, cuando no quiere dormir. Mucho mejor que ser odiada y abusada todos los días, sin lugar a dudas.
—Qué bonita estás hoy, como siempre~ —suelta uno de los chicos a Sakura, abrazándola.
—Gracias~ —ríe bajo, con su voz dulce y tierna.
—¿Cómo puede ser que todo te quede bien? —exclama otro, acariciándole el cabello.
—De verdad, eres toda una muñeca —el tercero le sujeta del mentón, alzando las cejas.
Sakura baja la mirada por eso último, a lo que se le escapa una risa fingida. Umi reconoce esa voz. Su cara lo camufla mucho, no se daría cuenta, de no ser por ese tono.
—Sí, yo pienso lo mismo —se acerca, dejando de lado lo que pasaría con Yuu, apartándola un poco de ellos. No es mentira, realmente Sakura es su musa junto a Yuu.
—Gracias hermana~ Me alegra parecerte tan bonita —su voz… ¿Ahora suena molesta?—. Esperen un momento, quiero decirle algo personal a mi hermana, ya vuelvo.
Ese cuarteto asiente despacio, y el que no había abierto la boca, le hace una seña con la mano para que vaya tranquila. No es mudo, sólo no habla mucho.