Capítulo único
Louis observó detrás de él, una gran tromba marina se formó a varios kilómetros de distancia. Sabía que estaba sobre una zona de huracanes, pero no creyó que le afectaría. Su capitán vociferó órdenes a más no poder. El fuerte viento, la densa lluvia y las olas altas impedían que se pudieran cumplir. El ojiazul avanzó para ayudar a un compañero a mover las velas, la órden fue navegar en contra del viento.
Louis no lo quería admitir, pero sabía que su capitán no sabía hacer bordadas en alta mar.
Eventualmente pediría pasar a estribor y repetiría el proceso varias veces hasta llegar a la Gran Bermuda. Eso servía, sí, en distancias cortas. No solo estarían cansados por tanto trabajo sino también por las condiciones climáticas que no ayudaban.
Era la tercera vez que cambiaban la posición de las velas, Louis estaba agotado, su cuerpo pedía un respiro. Notaba que sus compañeros estaban igual que él. La tormenta nunca cesó, los vientos tampoco. Lograron dejar atrás aquella tromba hacía bastante. El marino se resguardaba junto a su compañero de tripulación.
El barco se movió abruptamente, todos los tripulantes cayeron y el agua salada ingresó por la proa. Louis debió sostenerse de la artillería que estaban llevando a Bermudas para sus compañeros marinos. Su colega, el que se encargaba del análisis meteorológico, gritó algo que Louis no alcanzó a oír.
Se dio cuenta qué era lo que le preocupaba cuando sus ojos zafiros se posaron en la tromba marina que se formó frente al barco. Los vientos eran cada vez más fuertes y la nave zozobró una vez más. El chico terminó en el costado del barco, sosteniéndose con firmeza del borde.
Un fuerte golpe impactó contra la nave. El agua empezó a inundar el barco y Louis trató de mantener la calma. Todos sabían lo que seguía, el agua entraría, terminaría rompiendo la nave y luego cada pedazo se hundiría o flotaría.
Mantuvo su agarre firme, la lluvia no le permitía ver casi nada, la tromba marina seguía allí, frente a ellos. Louis comprendió que el barco podía voltear en cualquier momento si la naturaleza así lo deseaba.
Uno de sus compañeros de tripulación avanzó corriendo hacia la popa. Logró entender lo que estaba gritando: el barco tenía una abertura en la proa, en el lado de babor.
El ojiazul debió tomar una respiración para no entrar en pánico. No iba a morir, al menos no ese día. Caminó sin dejar de sostenerse del borde resbaloso del barco hasta llegar a su compañero, varios de ellos ya estaban allí, todos tenían alguna experiencia, todos sabían lo que sucedía.
Se dieron palabras de aliento antes de que la tromba pegara contra la nave. El barco zozobró y pudo notar como varios compañeros terminaron en el agua. Sus músculos estaban tensos y ni siquiera había empezado lo peor.
Junto con la tromba, la nave empezó a girar lentamente. Toda la tripulación se aferró al barco, sin saber cómo debían actuar. El barco estaba dentro de un remolino que se generó con la formación de una nueva tromba.
Estaban jodidos.
Todo sucedió muy rápido, el agua entró con gran velocidad a la nave ahora que estaban dentro del remolino. La proa estaba completamente sumergida, la popa estaba en el aire.
La fuerza ejercida por el agua y el peso del barco terminó rompiendo la nave casi a la mitad.
Louis se aferró a la baranda y supo que fue una mala idea cuando la popa cayó de golpe en el agua y se golpeó el rostro.
No había oído nunca de algo así, de una fuerza natural destruyendo todo en segundos. Quería pensar qué hacer pero nada venía a su mente. Solo pensaba en la película del Titanic. Todos sus años de entrenamiento habían sido en vano, en ese momento estaba en blanco.
Decidió ponerse en acción, la lluvía provocaba que su agarre fuera resbaloso y tampoco le permitía ver con claridad. Antes de que cayera por poder sostenerse bien podría ganar tiempo y nadar lejos del barco. La proa comenzó a inclinarse, Louis lo tomó como un llamado, se sostuvo bien de la baranda hasta pasar al otro lado y se lanzó al agua.
Para su suerte, la proa aún no se había levantado lo suficiente, por lo que cayó directamente al mar sin golpearse. La caída al agua fue incluso mayor de lo que calculó, salió a la superficie lo más rápido que pudo y empezó a nadar. Debía estar lo más lejos posible antes de que el hundimiento de la proa también lo succionara a él.
Logró estar a una distancia considerable, ninguno de sus compañeros había elegido la misma dirección que él. Pudo ver cómo el barco se hundió por completo y algunos de los marinos aún estaban allí en la proa. Mantuvo la calma lo más que pudo, debía esperar, habían dado la alerta de lo que sucedía.
Estaba cansado, no sabía cuánto podía aguantar.
Agradeció al universo cuando divisó una superficie de madera flotando cerca de él. Nadó hacia ella y notó que era una de las puertas del comedor. Subió a ella luego de tres intentos y se sentó. Miró a su alrededor y pudo distinguir a algunos de sus compañeros intentando hacer lo mismo que él con otros objetos que flotaban. Se había alejado aún más de ellos luego del hundimiento.
Se recostó en la madera con cuidado, vendrían por él, por ellos.
Harry nadó con una sonrisa hacia el borde del Triángulo de las Bermudas. Era el mejor lugar para buscar comida, el mar era turbulento, los peces estaban perdidos y eran presas más fáciles. También podía conseguir algún ser terrestre, los barcos que entraban a la zona siempre se rompían y se hundían, le permitían tener una mayor variedad en su dieta.
Luego de alimentarse con algunos peces que encontró, una sirena le comentó que una nave se hundió hacia el norte. El ojiverde dudó, no sabía si debía ir, ya había comido, no era necesario. Algo dentro de él lo convenció de que podía ver qué sucedió y tal vez podía capturar algún ser vivo para más tarde.
Louis suspiró, se había quedado allí en ese trozo de madera y dejó que el mar lo moviera a su gusto. Mantuvo sus ojos cerrados, pensando que vendrían a buscarlo y no debía entrar en pánico. No eran los primeros, no serían los últimos y confiaba en que no pertenecería a ese grupo que nunca volvió. Era consciente de los mitos alrededor del Triángulo de las Bermudas, pero él nunca escuchó historias reales sobre lo que sucedía allí. Tampoco sabía si su capitán había cruzado la línea recta que unía a Bermudas con Florida.
No sabía exactamente en qué momento se quedó dormido, pero cuando despertó la lluvia ya había cesado, el sol brillaba en medio del cielo casi despejado. Se sentó y miró a su alrededor, sus compañeros ya no estaban a la vista, el mar estaba calmo, no había rastro alguno de lo que sucedió hace unas horas.
El ojiverde había estado observando al humano por unos minutos, era una presa muy fácil, estaba durmiendo y estaba solo. Cuando se acercó lo suficiente el chico se despertó y él tuvo que volver al agua, quería causar un impacto, atacarlo por la espalda de sorpresa y capturarlo. El chico se veía joven, estaba bronceado y tenía un golpe violáceo en su rostro.
Cuando pudo ver sus facciones su cola se movió con interés, sus ojos del mismo color del mar, pómulos definidos y mandíbula marcada. Sus músculos se notaban a través de la camisa blanca que llevaba, su cabello castaño estaba desordenado y con sal en él. Nunca había visto a una criatura tan bella, ningún tritón se acercaba a la perfección que estaba viendo.
—¿Hola? —le preguntó con una voz un poco ronca. Harry se dio cuenta que había sacado su rostro del agua para admirarlo mejor. Se sonrojó y se maldijo por lo bajo.
—Hola.
—¿Tu barco también se hundió? ¿Sabes dónde estamos?
Harry lo pensó unos segundos, podría pretender ser como él y luego decir la verdad o aclarar quién era de inmediato. Si elegía la primera opción debía mantenerse lejos, su cola se vería con la transparencia del agua.
—Estamos dentro del Triángulo de las Bermudas —se limitó a responder. Las cejas del ojiazul se alzaron y luego frunció el ceño.
—¿Estás seguro? Estábamos muy lejos de allí.
—Sí, ¿ves esa línea hacia tu izquierda? —señaló Harry, apuntando hacia el norte. Louis asintió, se podía notar que allí llovía a cántaros. La línea de nubes se extendía en esa dirección por todo el horizonte. —Allí está el límite.
Louis negó con su cabeza.
—Reynolds es un inútil, no solo nos hace realizar bordadas en medio de una tormenta sino que las hace mal —exclama molesto.
—La tormenta está fea y las brújulas no funcionan allí.
El ojiazul lo miró con el ceño fruncido.
—No se necesita de una brújula para saber cuándo no hacer bordadas. Necesito volver hacia allí, nos están buscando.
Harry suelta una pequeña risa.
—Dudo que puedan llegar a buscarlos.
—Puedes venir conmigo, te llevarán. ¿Hace cuánto estás en el agua? ¿No estás cansado? Ven, siéntate conmigo aquí.
—Estoy bien.
—¿Bien? No, estás cansado, yo puedo nadar un rato. Ven y siéntate. Tus músculos deben estar pidiendo un respiro.
Harry pudo sentir las famosas mariposas en su estómago. No recordaba la última vez que un tritón se había preocupado por él de esa forma. Notó que estaba a punto de bajar al agua y negó con su cabeza.
—No, no, tranquilo.
—¿Hace cuánto se hundió tu barco?
—Marino, estás dentro del Triángulo de las Bermudas.
—Sí, lo sé, me lo has dicho.
Harry rió con la ignorancia de Louis. No podía capturarlo, era bonito, gracioso e inteligente.
—¿Acaso no sabes qué hay dentro de esa área?
—¿Piratas? —respondió extrañado.
—Sí, hay, debemos evitarlos.
—¿Y qué esperas?
—¿Cómo te llamas?
—Louis, ¿tú?
—Harry.
El ojiverde se acercó a la puerta de madera que sostiene a Louis. El marino lo miró con una pequeña sonrisa, como si quisiera asegurarle que todo estaría bien. Su sonrisa se borró cuando pudo notar la brillante cola de pez que poseía Harry. Lo miró extrañado y abrió su boca para decir algo pero nada salió de sus labios.
—Soy una sirena, Louis.
Harry no esperaba que Louis se desmayara cuando se lo dijera y no pudo evitar que el marino se golpeara la cabeza. La sirena se quedó allí, sin saber qué hacer con el chico, parecía interesante y le agradó. La idea de capturarlo para después ya no era apetecible. Debía pensar qué hacer, el chico no sobreviviría en su hábitat, tampoco podía llevarlo a la frontera y dejarlo solo lograría que alguien más lo cazara.
La sirena miró a su alrededor, pensando en sus opciones. No podía dejarlo, algo dentro de él le aseguraba que debía darle una chance. Más allá de lo perfecto que le parecía, le pareció inteligente y le gustaría conocerlo más.
Estaba casi llegando a su lugar favorito cuando se dio cuenta lo que estaba haciendo. La isla llevaba el nombre de su abuela, Talulah. Su abuelo había encontrado la isla desierta hace décadas y había sido su secreto por años. Sus hijos no quisieron saber nada con el mundo terrestre, pero él, su único nieto, estaba fascinado con el lugar.
Ahora que sus abuelos ya no estaban, solo él disfrutaba de la hermosa isla.
Empujó la puerta lo más que pudo hacia la orilla, era difícil tratar de avanzar entre las olas sin que Louis se viese afectado por ello. Dejó que el oleaje lo dejara en la orilla, encallado y él nadó detrás de él. Su cola de pez desapareció poco a poco hasta convertirse en largas piernas humanas. Tomó la madera una vez más y la arrastró lejos de la costa, no quería que la pleamar lo alcanzara y lo regresara al mar.
Harry estaba jadeando, el mediodía había pasado y ya era media tarde. Buscó en los árboles conocidos algún alimento para Louis. Él podría ir al agua y buscar más peces, pero no sabía si el chico comía pescado crudo como él hacía. Juntó algunos frutos antes de volver a sentarse junto a Louis.
Su piel bronceada brillaba con el sol de la tarde, podría quedarse para siempre mirándolo y no se aburriría. El moretón violáceo se veía cada vez peor pero no sabía cómo curarlo. Unos minutos más tarde, el ojiazul empezó a despertarse. Abrió sus ojos asustados y se encontró con Harry. Lo primero que hizo fue mirar sus piernas. Tomó una respiración profunda antes de hablar.
—¿Qué sucedió? ¿En dónde estamos?
—Estamos en Talulah, es una isla muy poco conocida.
Louis observó la playa desierta, los árboles cercanos y una formación rocosa a un costado.
—El cansancio me ha hecho alucinar, ¿sabes? Realmente pensé que tenías una cola de pez.
Harry se rió y negó, acomodándose el cabello.
—No estabas alucinando.
—¿Qué?
—¿Acaso no eres marino?
—Sí, hace muchos años que lo soy.
—¿No has oído historias sobre sirenas en todo este tiempo? —preguntó Harry, extrañado.
—Sí, he oído historias, pero eran solo eso, historias para pasar el rato a lo largo de un viaje.
—Son reales, somos reales.
—¿Por qué tienes piernas?
—No lo sé, así es nuestra especie, podemos estar fuera del agua.
—Pero… Si las historias son ciertas, deberías haberme comido, también debes saber cantar para hipnotizarme y vivir en las profundidades del mar, en una sociedad.
Harry volvió a reír.
—¿Hipnotizarte?
—Espera, creo que también la belleza se usaba para hipnotizar.
—¿Sí?
—Sí. “Con el canto y su belleza particular son capaces de capturar a cualquier marino” —recitó.
—¿Está funcionando? —preguntó Harry en broma.
Louis se sonrojó y pasó su vista por el cuerpo desnudo de Harry. El ojiverde se mordió el labio y posó su mirada en el mar.
—¿Entonces eso es real?
—Dime tú.
—Eres muy bonito, podría ser real.
Harry se sonrojó pero no lo miró.
—¿Por qué estoy aquí?
—No lo sé, Louis.
—¿Me comerás?
El ojiverde negó y ambos se rieron.
—Traje algunas frutas de por ahí.
Louis analizó lo que había traído con el ceño fruncido. Analizó la isla una vez más y suspiró. En ese momento podría estar muerto, perdido o gravemente herido. Sin embargo estaba allí, junto a un desconocido que no dudó en ayudarlo. Comió las frutas con tranquilidad, con el sonido del mar llenando un silencio para nada incómodo.
—Gracias Harry, no tengo cómo agradecerte.
Harry no dijo nada pero no dejó de mirar al marino. El ojiazul se levantó, sus músculos estaban entumecidos pero le permitieron dar unos pasos. Avanzó hasta llegar a un primer árbol y lo inspeccionó.
—Llueve mucho aquí.
La sirena frunció el ceño y se encogió de hombros. Su ambiente era el agua, visitaba la isla cuando necesitaba un respiro o solo quería tomar sol sin pensar en los piratas que querían cazar a los de su especie.
—Me has dado una guayaba, necesitan de mucha agua para crecer. Es muy útil que esto esté aquí, evitará que nos dé escorbuto —habló Louis, con su mirada perdida en el árbol.
Harry frunció aún más el ceño. ¿De qué hablaba Louis? ¿Qué es el escorbuto? Lo único que podía decir era que se veía muy lindo concentrado hablando sobre algo tan simple como una guayaba. Hablaba de los nutrientes que tenía el alimento, sus ojos azules brillaban y le sonreía. Harry parpadeó cuando Louis se lo quedó mirando.
—Son muy ricas —comentó Harry.
El ojiazul se rió y la sirena aseguró que nunca encontraría un tritón tan perfecto como lo era ese humano.
—Te pregunté si conocías la isla completa.
Harry se sonrojó y asintió.
—Sí, sí, conozco todo. En realidad no quería dejarte en la playa pero aún estabas desmayado y no podía llevarte.
—¿Llevarme a dónde?
Harry se mojó los labios y señaló la formación rocosa.
—Aquí eres una presa fácil si algún barco pirata te ve, si te quedas unas horas, no creo que pase mucho.
—¿Te han visto? —preguntó Louis observando el horizonte.
—Una vez, no pude volver por un mes.
—Ellos… Ellos buscan comerte, ¿cierto? —habló el marino, Harry asintió. —Tus.. ¿Tus abuelos murieron por eso?
La sirena negó.
—No, ellos murieron de causas naturales. Mi tía sí, fue capturada.
—Lo siento mucho.
El ojiverde le dio una pequeña sonrisa y niega.
—No te preocupes —suspiró antes de recordar porqué hablaban de ese tema. —Te quiero llevar a una cueva, es más segura, es el lugar en el que mis abuelos dejaban muchas de sus pertenencias.
—No quiero incomodar, estoy seguro que puedo hacer algo aquí antes de que anochezca, algún refugio.
—No, prefiero que estés allí, es más seguro, los piratas no saben que existe y mi familia nunca vendrá.
Louis asintió y lo abrazó con cierto cariño. Harry seguía siendo un desconocido y no dudaba en seguir ayudándolo. Estaría toda su vida en deuda con él. La sirena sonrió y rodeó al marino en sus brazos, acariciando su espalda, sintiendo sus músculos tonificados aún debajo de la tela.
—Gracias, en serio —susurró en su oído.
—No hay de qué —respondió cuando se separaron—, lo único que te voy a pedir es que me lleves al mar, es incómodo tener una cola cuando el agua no me llega ni a la cadera.
Ambos se rieron y Louis asintió.
—Prometo no desmayarme esta vez —bromeó y volvieron a reír.
Louis cargó a Harry en estilo nupcial, ignorando por completo su desnudez. Caminó con cuidado a la orilla. Ignoraba sus pensamientos negativos que le advertían sobre la sirena, el ojiverde tuvo muchísimas oportunidades para atacarlo y no lo hizo. Estuvo inconsciente por horas y Harry no dudó en ponerlo a salvo.
El agua se sintió cálida en sus piernas, avanzó un poco más hasta que le alcanzó la cintura. La sirena tenía una pequeña sonrisa en sus labios, adoraba el contacto que tenía con el marino, su corazón se había acelerado y estaba sonrojado. Parecía un adolescente con su primer amor.
Louis notó que las piernas de Harry desaparecían y frenó en su lugar. Sostuvo firme a la sirena sin dejar de observar el cambio. La suavidad de las piernas era reemplazada por una cola de pez verde, del mismo tono de sus ojos. Era distinto al tacto, podía sentir las escamas pero no se sentía áspero.
Harry se lanzó al agua y nadó con elegancia a su alrededor. Se sonrieron y la sirena le hizo una seña para que lo siguiera. Louis nadó detrás de él, aún maravillado por el color verde de la cola. El mar estaba calmo, les permitía moverse con tranquilidad hacia donde se encontraba la formación rocosa. Una vez que llegaron a ella, la sirena volteó a verlo con una sonrisa.
—Los piratas jamás entrarán aquí —aseguró una vez más—. Debemos nadar hacia abajo un poco, la entrada es bajo el agua.
Louis se mordió el labio y asintió.
—Tranquilo, hice una marca aquí arriba para siempre saber dónde es la entrada —continuó, señalando las marcas sobre la roca.
Harry desapareció, el marino tomó una respiración profunda y lo siguió con precaución. Descendieron algo más de un metro y avanzaron, pasaron por encima de un pequeño arrecife de corales. Miró hacia adelante y se encontró con una cortina de algas a los pocos metros. La sirena se dirigió allí con rapidez, porque no sabía cuánto más aguantaría Louis la respiración. Abrió la cortina y subió a la superficie. El marino lo siguió agradecido.
Tomó una gran respiración cuando por fin su cabeza salió del agua. En ese momento observó qué había allí. Era una cueva amplia, con una pequeña formación de estalactitas a su izquierda. En frente había una playa con varios objetos humanos apilados allí. A su derecha había rocas de distinto tamaño y altura. Hacia arriba la cueva tenía un hueco que permitía la entrada de luz.
—Bienvenido —dijo Harry, interrumpiendo su inspección.
—¿Cómo han llegado a este lugar?
El sireno se encogió de hombros.
—No lo sé, pero es increíble. Además, la marea no afecta a la cueva, solo si hay demasiada lluvia.
—Pero aquí llueve mucho.
—Vivo en el agua, Louis.
Ambos se rieron y avanzaron a la playa. El agua estaba prácticamente estancada, como si fuera un lago. Harry fue sorprendido por Louis tomándolo por detrás y cargándolo en su hombro para que no tuviese dificultades al salir. Sus piernas aparecieron una vez más cuando su cola dejó de tener contacto con el agua.
—¿De dónde sacaron todo esto? —preguntó Louis, dejando a la sirena en el suelo y mirando los objetos que estaban esparcidos en la arena.
—De los barcos que se hunden —respondió el ojiverde, tomando un pantalón que estaba allí y se lo puso.
—¿Y la ropa?
—También. El único problema es que a veces tienes que esperar semanas para que se sequen.
Hablaron de cada uno de los objetos que había allí, Harry le contó un poco lo que conocía de cada uno de ellos y su uso. Louis sonreía cada vez que escuchaba las ocurrencias del ojiverde, le daba ternura.
Investigaron más a fondo la cueva, para la suerte de Louis estaba completamente equipada para que él pudiera vivir allí. Sobre las rocas, había un pequeño manantial de agua dulce, ideal para que él pudiera hidratarse. Louis quería preguntar si realmente estaba en un cenote o en una cueva, pero se quedó callado. El lugar le recordaba a aquellos cenotes que había visitado en una de sus vacaciones por Centroamérica.
—Está oscureciendo —notó Louis. Le preocupaba la noche, seguía siendo un lugar inseguro, aunque era el mejor lugar para estar en ese momento.
—Sí, eso es lo único malo aquí, hay demasiada oscuridad y hace frío. Puedo hacerte compañía.
—Debería existir otra forma de ingresar, podríamos buscar ramas y hacer un pequeño fuego.
—Esa es la otra entrada —bromeó Harry señalando la abertura en el techo de la cueva.
La respuesta que recibió no era la que esperaba. Se encontró con un bello marino con el ceño fruncido, pensando en las posibilidades que tenía de ingresar cosas a través de ese agujero. Le sonrió a Harry cuando una buena idea cruzó por su mente. La sirena podía derretirse allí mismo, Louis tenía unos ojos y sonrisa brillantes.
—Creo que sé cómo hacer que esto funcione, creo que puedo ingresar algunos objetos por allí.
Harry se mordió el labio y negó.
—¿Por qué mejor no nos preparamos para descansar y mañana llevamos a cabo tu gran plan?
Louis aceptó a regañadientes, la sirena tenía razón, podía demorar horas en comprender cómo realizar lo que estaba pensando. Luego estaría horas buscando lo necesario y trasladándolo hacia la cueva.
Descendieron a la playa, el marino siempre ayudó a Harry a bajar de cada roca, lo trató con cuidado. Ningún tritón llegó a tener la mitad de la amabilidad que tenía el ojiazul. Se acostaron sobre una manta que había allí, lejos de la orilla, junto a ella había una pila de más telas.
Estuvieron conversando un rato más, Louis le contó a Harry sobre su trabajo, sobre lo que estaba haciendo cuando entraron al Triángulo de las Bermudas y por qué todo salió mal.
—Espera —interrumpió la sirena en medio de un relato del marino sobre la vez que vio una ballena—. No has comido casi nada.
—Comí unas frutas más temprano, las que me llevaste.
Harry lo observó indignado.
—Eso no es nada, déjame que busque algún pez. Yo comí demasiado esta mañana y creo que ya tendré hambre de nuevo.
—Tranquilo, no te levantes, al menos no por mí.
—Louis, no me es problema.
—Yo estoy bien, no tengo hambre. Y no sé si puedo comer pescado crudo tan naturalmente, ¿sabes?
La sirena frunció el ceño pero comprendió sus palabras.
—Puedes ir a buscar comida para ti, yo te esperaré aquí.
Ambos se sonrieron. La sirena sentía como la emoción recorría todo su cuerpo.
—Insisto.
—Te llevo al agua, ¿quieres?
Harry asintió y estiró sus brazos, listo para recibir a Louis. Podría acostumbrarse a algo así, mucho más rápido de lo que le gustaría. El marino lo cargó fácilmente, como si no pesara nada, y avanzó hacia el mar. Dejó a la sirena en el agua y se despidieron con una sonrisa.
El ojiazul no sabía si esperarlo allí o volver a la arena. Decidió mirar el agua, cristalina. Hacia el sector de la entrada podía notar cierto brillo en esa zona debido a la poca iluminación y el plancton.
Harry descendió lo más rápido que pudo hacia el arrecife, allí siempre había comida para él. Cenó algunos peces y buscó algo para Louis pero no encontraba algo que no requiriera cocción.
Mientras volvía a la superficie, la sirena analizaba la situación. Harry no se arrepentía de su decisión, Louis resultó ser una persona agradable y atenta además de atractiva. Sentía como su corazón latía contra su pecho cada vez que sus pieles rozaban. No recordaba haberse sentido así nunca, tampoco se imaginó que un humano sería el que lo haría sentirse tan bien.
Louis estaba en el mismo lugar, esperando por él. La luz en la cueva ya casi era nula. Fueron hacia la orilla y se sentaron en la arena. Estuvieron conversando un rato más, sobre los abuelos de ambos, hasta que decidieron que era mejor dormir. Se acercaron a la manta y el marino descubrió lo exhausto que se encontraba.
Estaban cerca, podían sentir un leve calor emanando del cuerpo del otro, no les resultaba incómodo. Sin embargo, ninguno de los dos podía dormir. La temperatura allí dentro era mucho más baja de lo que habían anticipado. Louis estiró su brazo, buscando una de las mantas de más que tenían a disposición, la tomó y la estiró. Harry se movió al notar el movimiento y consideró hacer lo mismo.
—¿Estás despierto? —susurró Louis.
—Sí —respondió en un murmullo.
—No creí que iba a estar tan frío aquí, lo lamento, si quieres puedes ir a dormir a un lugar más cálido.
La sirena negó, hasta que notó que el marino no podía verlo.
—No te preocupes, yo decidí quedarme.
—Tomé una manta, ¿quieres compartirla?
—Por favor.
Louis se acomodó bajo la sábana. Harry se acercó a él y levantó un poco de la tela para colocarse allí dentro. El ojiazul suspiró, el frío seguía presente y sabía que en unas horas podría ser incluso peor. Ambos cerraron sus ojos pero el marino aún sentía que algo faltaba.
—Harry —lo llamó, la sirena se removió, demostrando que aún estaba despierto—. ¿Puedo abrazarte?
Harry no podría explicar con palabras la emoción que le recorrió hasta la punta de sus pies.
—Sí, sí, Louis.
El marino rodeó con su brazo la cintura de la sirena, sus cuerpos estaban demasiado cerca, compartiendo calor. Louis sabía que estaba sonrojado, estaba junto a un ser muy bello, sus pieles rozando, sus respiraciones calmas. Rogaba que Harry no pudiera sentir lo acelerado que estaba su corazón.
El frío y la humedad de la cueva pasaron a un segundo plano, sus cuerpos lograron relajarse y finalmente pudieron dormir.
Louis se levantó a las pocas horas decidido en llevar a cabo su plan. Esperó a que Harry despertara, admiró las facciones masculinas de la sirena. Su rostro se veía incluso más angelical con los músculos relajados. Las historias de los marinos tenían ciertas verdades, el ojiverde era bellísimo, no sabía que podía verse tan atraído a una criatura así.
Harry se despertó y se encontró con una imagen que le gustaría encontrar seguido. Louis estaba mirándolo, un fuerte sonrojo cubrió sus mejillas. El marino se veía muy atractivo con su cabello revoltoso y sus ojos cerúleos brillantes. El golpe que tenía en su rostro estaba mejor.
—¿Acaso me estás acosando? —bromeó la sirena con voz ronca, Louis sintió un leve escalofrío en la nuca.
—No tanto como tú ayer.
Ambos se rieron y empezaron el día. Salieron de la cueva lo más rápido posible para que Louis pudiera comer. Harry dejó al marino cerca de la orilla y fue a buscar su propio alimento. El ojiazul analizó la flora de la isla mientras comía un mango. Podría hacer fuego con muchos de esos árboles. Tendría que buscar ramas caídas y luego llevarlas a la cima de la formación rocosa.
El día era caluroso y él ya se había quitado la remera. El marino ya había empezado a juntar ramas cuando Harry llegó a la orilla. Cuando vio cómo Louis cargaba una gran rama que se había caído su boca se secó, no podía avanzar más.
—¡Louis! —lo llamó una vez que salió de su trance.
El ojiazul volteó con una sonrisa, estaba esperando a la sirena, estaba preocupado pero no sabía cuánto podría tardar en conseguir su alimento. Tal vez se encontró con alguien más o se entretuvo nadando libremente en el mar. Caminó a paso rápido para buscar a Harry y poder sacarlo del agua. La sirena casi se derrite en sus brazos cuando sintió el contacto entre sus pieles, el contraste entre la piel cálida del marino y la suya, más fría por haber estado bajo del agua.
—Estuve trabajando en mi plan —le comentó, evitando mirar el cambio de Harry—. Junté algunas ramas, deberíamos ir a la cima de la cueva y analizar la zona.
—¿Cómo piensas bajar las cosas? —preguntó Harry una vez que lo dejó en el suelo.
—Encontraré una forma, tal vez aquí hay alguna liana o algo así.
La sirena frunció el ceño. Nunca había visto algo así en Talulah.
—¿No es mejor que busque alguna de las sogas de los barcos hundidos?
Los ojos azules lo miraron asombrados y una gran sonrisa se formó a continuación. Se formaron pequeñas arrugas alrededor de los ojos, muy tiernas si le preguntaban a Harry. La sirena se sorprendió cuando el marino se acercó a él y besó su mejilla múltiples veces.
—Harry, ¡eres un genio! —exclamó Louis antes de besar su mejilla una vez más.
Las mejillas del ojiverde se enrojecieron y el marino notó lo que acababa de hacer. Se obligó a actuar natural, no podía demostrar señales de nerviosismo. Volteó y se acercó a las ramas que había juntado. Harry aún no podía recuperarse, sentía los labios de Louis aún en su piel y su corazón latía fuerte en su pecho.
—Sé de nudos, puedo preparar todo desde aquí, lo bajo y tú lo llevas a la orilla —comenzó, analizando todas las posibilidades. —Pero tú no puedes salir del agua, en realidad sí, pero no creo que puedas evitar que las cosas caigan. Debería ver dónde caería lo que sea que bajemos.
Los nervios de Louis eran notables, Harry encontraba tierna la situación. El marino intentaba llenar el silencio y evitaba siquiera pensar lo que había hecho momentos atrás.
—Louis —lo interrumpió—. Hay una zona que tiene una roca grande y lisa, puedo dejar las cosas allí.
El ojiazul lo analizó y asintió.
—Sí, es verdad. Yo haré el resto del trabajo. Hay que sostener con fuerza la soga y te puedes caer, quemar o lastimar, prefiero que solo estés esperando allí abajo. Además, no correrás ningún peligro.
Harry quería besarlo. Mucho.
—¿Quieres ir a ver? —preguntó Louis. Harry accedió de inmediato.
Caminaron un rato hasta llegar a la formación rocosa. A partir de allí todo fue más difícil para Harry, él era una sirena, sus piernas funcionaban pero él no estaba acostumbrado a utilizarlas demasiado. Usualmente se quedaba en la orilla o caminaba por la isla pero siempre tranquilo, tomando descansos y jamás subió tanta altura. Los rayos de sol quemaban su piel y lo agotaba aún más.
Louis se apiadó de él y se ofreció a llevarlo en su espalda. La sirena al principio dudó pero sus pies dolían y necesitaba un descanso. El marino estaba acostumbrado a trabajar bajo el rayo de sol, hacía grandes esfuerzos sin ningún problema. El ojiverde se aferró al cuerpo de Louis, le daba vértigo la altura al no tener sus pies en el suelo. Llegaron a la cima más rápido de lo que pensaron y el marino bajó a la sirena de su espalda.
—Es muy bello —reconoce Louis, admirando su alrededor—. Parece que todo es más grande.
—Talulah es una isla pequeña.
—No comprendo por qué nadie vive aquí.
—Tú podrías vivir aquí, Louis.
—Es tu lugar, Harry.
—Puede ser nuestro.
Compartieron una sonrisa antes de que el marino caminara hacia donde estaba la abertura de la cueva. Era bastante grande, podría hacer entrar todas las ramas que quisiera y no habría problema. Se asomó y notó que la profundidad era bastante.
—Creo que con una cuerda de amarre estaremos bien.
—Puedo ir a buscarla.
—¿Ahora?
—Sí, Lou. ¿Tú quieres pasar otra noche con frío?
Ambos decidieron ignorar el apodo que le dijo la sirena.
—Es casi el mediodía, ¿podrás volver? No hay ningún barco a la vista.
—Buscaré algún barco que se haya hundido, es más fácil.
—Bien, sí. Yo… Yo traeré todo lo que pueda hasta aquí.
Louis se ofreció para llevarlo en su espalda hasta la orilla, le preguntó cómo estaba y hablaron un poco sobre lo que la sirena debía buscar. Harry estaba encantado escuchando al marino hablar de un tema apasionante para él. Notaba que Louis quería expresarse con todo su cuerpo pero a su vez no quería soltarlo, su rostro terminaba siendo aún más expresivo y parecía no poder dejar de hablar.
—Bien, hemos llegado —dijo Louis cuando llegaron al agua, las piernas de Harry ya no rodeaban su cintura y ya le hacía falta—. Vuelve rápido, Harry.
—Lo haré, Lou.
—Cuídate, sirenita —susurró antes de dejar un beso en la frente del ojiverde.
Louis realizó varios viajes llevando varias ramas que servirían para hacer un fuego. Cuando terminó, intentó crear una especie de bolso para poder cargar alguna de las frutas pero fue en vano. Harry se demoró algo de tiempo en encontrar un barco que había naufragado. Él no estaba preparado para lo difícil que sería desatar los nudos hechos por marinos.
Una vez que lo logró, se encontró con la misma sirena que le había dicho del naufragio del barco de Louis. Tuvo que mentirle y le comentó que estaba mirando el barco sólo por curiosidad. También le dijo que la soga quería usarla como un método para atrapar humanos. Tuvo suerte de que le creyera porque sus mentiras eran muy malas.
Cuando llegó a la isla, Louis ya estaba esperándolo en el agua, buscándolo. Al marino le había tomado menos de un día robar por completo su atención y su corazón. Sabía que él pasaba por un proceso similar, sino no estaría allí, a la orilla del agua, arriesgándose a ser visto por otros y buscarlo entre las olas.
—Te has tardado —bromea Louis con una sonrisa.
—Deberías haber ido tú, ¿sabes lo difícil que fue desatar ese nudo?
Ambos se rieron y Louis negó.
—Es la falta de experiencia, luego de un año te acostumbras.
La risa de Louis le confirmó que solo estaba bromeando con él.
—Deberíamos seguir, ya es media tarde y no quiero que nades casi en la oscuridad, Lou.
—Tienes razón, te veo en un rato, ricitos.
Louis tomó la soga que trajo Harry y se separaron. El marino subió lo más rápido que pudo a la cima de la cueva, sus muslos quemaban por el esfuerzo, ya había perdido la cuenta de cuántas veces había hecho ese camino. Maniobró con la cuerda húmeda como pudo y se dijo a sí mismo que debía dejarla secar para la próxima vez.
La sirena ya estaba allí abajo, esperándolo. Harry estaba nervioso y temía hacer las cosas mal, no quería decepcionar a Louis y su trabajo simplemente era tomar unas ramas, llevarlas a un lugar seguro y desatar el nudo.
El marino hizo todo con calma, dejó caer la primera parte de las ramas con cuidado, sus músculos quemaban por la fuerza que debía hacer para que no cayera nada encima de Harry de repente. La sirena pudo cumplir con su parte con éxito, eran un buen equipo, se comunicaban bastante bien. Louis realizó lo mismo un par de veces más, tendrían suficiente fuego para unos días.
Harry salió de la cueva y se acercó a la orilla para esperar a Louis, quien llegó a los pocos minutos bastante cansado. Se saludaron con un pequeño beso en la mejilla y nadaron hasta la cueva. El marino llegó a la orilla con la respiración agitada y se dejó caer en la arena. Harry lo observaba a una distancia, aún en el agua.
—Iré a buscar comida, ¿quieres que te traiga algún pez?
—Sí, podría intentar cocinarlo.
—No tardaré.
—Tranquilo, tómate el tiempo que necesites, Haz. Intentaré hacer una pequeña fogata, solo necesito un minuto.
—Te has esforzado mucho, Lou, mañana tiene que ser un día de descanso.
—Podríamos tomar un poco de sol en la playa.
—Eso suena bien.
Harry desapareció de la visión de Louis para buscar la cena y el ojiazul se obligó a levantarse para acomodar las ramas y prepararse para tener una noche más cálida. Mover todo una vez más no le resultó tan extenuante como antes, las distancias y alturas eran menores y el rayo de sol no pegaba directamente en su nuca.
El marino había hecho una fogata y ya había acomodado las mantas cuando la sirena regresó. Louis lo fue a recibir con una sonrisa y lo sacó del agua. Harry le entregó dos pescados medianos y se vistió con la ropa que había utilizado la noche anterior para cubrirse.
Louis intentó cocinar el pescado, Harry lo ayudó entre risas. El marino le comentó sobre aquella vez que se quedaron sin gas en el barco, no podían hacer una fogata y no podían cocinar la comida. Esa vez estuvo enfermo por días y desde ese momento tenía una paranoia con la cocción de los alimentos. El ojiazul pudo cenar un poco de pescado y lo compartió con la sirena.
Hablaron un poco más sobre sus familias y Louis le preguntó sobre el Triángulo de las Bermudas. Era casi imposible salir de allí, si tenía una mínima esperanza de volver al mundo que conocía la perdió en el momento que Harry le confirmó que él no podría cruzar la línea. Incluso el mismo Harry no podía cruzarla, él sólo se alimenta de los humanos que ya cruzaron el límite. Su vida de ahora en más era esto o morir.
No quiso demostrarle a la sirena que le afectaba aunque sí lo hacía. Había tomado la situación como una aventura, una futura anécdota, pero ahora su vida se resumiría a pasar todos los días allí, en la monotonía.
Aunque la sirena sí lo notó.
Por eso, cuando el fuego se estaba apagando y la luna estaba sobre ellos, lo abrazó con fuerza y se preparó para dormir. Louis rodeó su cintura y acarició su espalda con cariño, manteniendo sus ojos cerrados. Al final, Louis los movió, dejando al ojiverde encima de él, hablaron y observaron el fuego hasta que se apagó. Harry durmió sobre el cuerpo del marino. Fue una noche más cálida, amena y ellos pudieron dormir más relajados.
—Deberíamos crear una especie de casa o refugio aquí en la isla, ¿no crees?
—Sí, podríamos, pero necesitamos muchas más cosas.
—Lo sé. Un día, cuando estemos bien descansados, podríamos ir a investigar —sugiere Louis con una sonrisa.
Caminaron por la isla, hablando de lo que podrían hacer con las frutas. Louis casi lloró de emoción al ver que había batatas en el otro extremo de la isla. Le aliviaba saber que podría comer más que solo fruta y pescado. El marino le prometió a Harry que le haría una cena algún día, en forma de agradecimiento por todo lo que hizo por él.
Al mediodía se sentaron bajo una mangifera, la misma planta de la que había tomado un mango el día anterior. Podían ver en el horizonte un barco pirata moviéndose hacia uno de los límites del triángulo. Harry estaba nervioso e insistía en ir a la cueva pero Louis lo convenció de que todo estaría bien y que él lo protegería.
La sirena le comentó cómo los piratas se dirigen a esas zonas para cazar sirenas y reclutar humanos, si no servían los devolvían al mar o los mataban y luego los tiraban por la borda. Louis creía que podría haber tenido ese destino o tal vez ser comido por otra sirena si no hubiera sido por Harry. Se quedó pensando unos segundos hasta que decidió preguntarle al ojiverde algo que estuvo todo este tiempo en el fondo de su mente.
—¿Qué piensan las otras sirenas de nuestra situación?
—¿Nuestra situación? —responde Harry extrañado, sin dejar de mirar el barco pirata.
—No sé si le has dicho a alguien pero quiero saber su opinión.
La sirena se mojó los labios y se mantuvo callado unos segundos.
—Hay muchas que les parece desagradable y muchas otras son tolerantes. Cada uno elige qué comer o si prefiere vivir siempre como sirena.
—¿Le has dicho a alguien?
Harry negó.
—Lo haré si tú estás cómodo con ello. De todas formas debo asegurarme que las sirenas en las que confíe no le dirán a alguien que pueda venir a buscarnos.
—Te protegeré Harry, lo sabes.
—Louis, no es tan sencillo.
—Lo es, buscamos algún arma o lo que sea de algún barco y cuando vengan no tendrán chance.
La sirena rió y negó con su cabeza. Louis no tenía ni idea lo letales que podían ser y le daba ternura su inocencia.
—No todos son como yo.
—Lo sé, Hazz.
Louis dejó un beso en la mejilla de la sirena, se levantó y caminó hacia el centro de la isla. Harry tardó unos segundos en reaccionar pero lo siguió. El marino estaba intentando encontrar alguna hoja que pudiera servir como bolsa para sostener los frutos, al igual que el día anterior. La sirena frunció el ceño y ladeó su cabeza.
—No me mires así.
—Sabes que mis abuelos tenían una bolsa colgada en la cueva, ¿no?
—¿Qué? ¿Por qué no me lo dijiste?
—Está colgada frente a la ropa, está bastante a la vista.
Louis negó con la cabeza, intentando parecer molesto y preocupando a Harry. Cuando la sirena iba a preguntarle cuál era el problema el marino empezó a hacerle cosquillas. El ojiverde terminó en el suelo riéndose con Louis encima de él. Unos momentos después lo dejó tranquilo y se recostó a su lado.
—Deberías saber que soy algo distraído a veces.
—Lo pude notar —respondió Harry sin aliento.
—¿Quieres hacer algo?
—Me gustaría nadar, nunca estuve tanto tiempo fuera del agua, solo una vez cuando me molesté con mi madre.
—Podríamos hacer eso, sí.
El resto del día pasó en medio de risas y juegos en el agua. Louis intentó cazar a Harry varias veces pero la sirena era mucho más veloz. Salieron del agua cuando estaba por anochecer para que el marino pudiera comer una fruta y luego resguardarse en la cueva. La sirena cenó y buscó la cena de Louis. Harry estaba seguro que podría acostumbrarse a eso, a empezar a cenar acompañado.
—Si algún día quieres, podemos dormir en la orilla del agua.
Harry se ríe y niega.
—Te ahogarás o te congelarás, así que no.
—No me congelaré.
—Louis, eres humano.
—Y tú eres una sirena.
—Sirena que puede tener piernas humanas —lo corrigió.
—Piénsalo.
—Creo que ya estás cansado, ¿no crees?
Ambos se ríen y se acomodan bajo la manta, con sus cuerpos completamente pegados. Sus corazones latiendo acelerados y sus rostros sonrojados. Nunca hubieran pensado que estarían así de cerca con alguien que conocieron hace tan poco tiempo. El fuego estaba a punto de apagarse, lo que significaba que era la hora de dormir.
—Hasta mañana, Hazz.
—Hasta mañana, Lou.
Louis no se preocupó cuando despertó y Harry no estaba allí a su lado, claro que no. Tampoco lo buscó en la cueva ni debajo del agua hasta que sus pulmones ardieron por la falta de oxígeno, por supuesto que no. Tampoco salió de la cueva y fue a la playa mirando en todas las direcciones, buscando una cabellera rizada y una brillante cola verde.
El marino estaba perdido, se había acostumbrado a la presencia de Harry y saber de su paradero. Se convenció a sí mismo que la sirena tenía que ir a su casa, para ver a su familia y explicarles porqué estos días estuvo ausente.
Caminó cerca de la orilla, colocó varios frutos que había recolectado en la bolsa aún húmeda que trajo. Subió a la cima de la formación rocosa, para dejar las cosas allí, no para ver si lograba ver a Harry, para nada.
Se sentó allí y reflexionó. Harry le parecía bellísimo, no importaba si lo quería aceptar o no. Un ser encantador, amable, risueño y muy generoso. Se quedaba embobado viéndolo, todo lo que hacía le parecía grandioso, tenía un gran flechazo por él. Estaba tan ido por él que la idea de no tenerlo le era repulsiva. Se negaba a pensar que la sirena lo había dejado allí a su suerte.
¿Y si le pasó algo? ¿Y si lo capturaron?
Una bella cola verdosa de pez se mostró cercana a la orilla, logrando poner un fin a todas sus preocupaciones. Bajó con rapidez y obtuvo varios raspones por ello. Corrió a un encuentro, un sonriente Harry lo esperaba allí, entre las olas del mar. Se fundieron en un abrazo largo, los brazos del marino rodeaban la cintura del ojiverde para mantenerlo cerca de él.
La sirena pensó que había demorado mucho menos, el tiempo bajo el agua parecía pasar más lento. Había ido a ver a su familia para avisarles que pensaba vivir en Talulah, al menos por un tiempo, recibió más cuestionamientos de los que había previsto y lo retuvieron. Ellos habían decidido no saber nada de esa isla y la posibilidad de pasar tiempo como humanos, por lo que no sabían a dónde se iba Harry. La sirena hizo lo mismo con sus amistades y pensaba estar de nuevo con Louis antes del mediodía.
Se había levantado a la madrugada, pensando en lo mucho que quería esa vida, al menos intentarlo. Le gustaba Louis, le gustaba sentirse cuidado, le gustaba escucharlo hablar y reírse, le gustaba verlo, admirar su belleza, en especial sus ojos. Quería quedarse allí y poder compartir con él más días, pero para ello debía avisarle a sus seres queridos. No deseaba que su familia acusara a Louis de haberlo secuestrado o algo así.
La sirena, en un impulso valiente, besó la mejilla de Louis varias veces y acarició su cabello.
—Te he extrañado, Lou —susurra Harry.
—Yo también, Haz.
Louis besó la frente de la sirena y le sonrió.
—¿Qué sucedió? Pensé que te habían hecho algo.
—Tranquilo, solo fui a ver a mi familia. Lo siento, tendría que haber esperado a que despiertes, no te quería preocupar.
—Está bien, no tienes porqué estar conmigo todos los días.
—Pero quiero.
Harry rozó sus narices.
—Yo también —murmuró Louis—. Me preocupé, pensé que algo pasó pero no sabía a dónde ir a buscarte.
—No soy fácil de atrapar, eso ya lo sabes, marino.
—Algún día te atraparé, sirenita.
Ambos se rieron antes de separarse unos centímetros.
—¿Está todo bien?
—Sí, Lou. Yo te despertaré la próxima vez que me vaya.
—Está bien. Yo dejé unas frutas en la bolsa allá en la cima. ¿Qué te parece si llevamos eso a la cueva y luego nadamos un rato juntos?
—Suena como un buen plan.
Louis salió del agua para poder pasar las frutas que recolectó por el agujero mientras que Harry se dirigió a la cueva. Ambos estaban sonrojados, con una sonrisa en sus labios y una emoción en el centro de sus abdómenes. Lograron identificar lo que era, solo que ahora uno de ellos debía dar un paso más allá.
Una vez que la fruta estuvo en su lugar, se reencontraron en la orilla. El sol estaba acercándose al horizonte, tenían al menos dos horas hasta el ocaso. Nadaron y se salpicaron agua entre risas, el marino intentaba una vez más alcanzar a la sirena pero ni siquiera podía llegar a su cola. Louis admiraba la agilidad de Harry para nadar y no podía dejar de pensar lo bello que se veía en su hábitat.
—Te atrapé —exclamó la sirena, tomándolo de los hombros. Louis intentó moverse más rápido pero ya estaba cansado y no podía ser más veloz que Harry.
—Eso es trampa, en la playa no me atraparías.
—¿Quieres apostar, marino?
—¿Quieres perder, sirenita?
Louis volteó y un pequeño duelo de miradas comenzó, solo se escuchaba el ruido del mar y algunas gaviotas en busca de alimento.
—Estás muy seguro, Lou.
—Estoy convencido de ello, Hazz.
—Si te atrapo, ¿cuál sería mi premio? —preguntó Harry, sus cuerpos estaban cada vez más cerca, las manos de la sirena se mantenían firmes en los hombros del ojiazul. Las manos de Louis terminaron en la cintura de Harry.
—No lo sé, ¿qué quieres? —respondió Louis con su vista yendo de sus ojos a sus labios.
—Tal vez quiera algo.
—Dime.
—Un beso, Lou.
Louis sonrió de lado.
—No necesitas apostar nada para obtener eso, Haz.
Sus labios se encontraron a medio camino en un beso torpe. Las manos de Harry acariciaron la nuca del marino y se pegó lo más que pudo a él. Sus pechos calientes se rozaban y contrastaba con el frío de sus partes inferiores. Louis separó sus labios y besó la comisura de los labios de la sirena. El ojiazul volvió a besar a Harry, con más fervor.
La sirena podría quedarse allí, derritiéndose en los brazos de Louis. Un cosquilleo que iniciaba en su estómago le recorría todo el cuerpo. Louis no se sentía tan bien desde hace mucho tiempo, se sentía correcto estar así con Harry, sus labios se complementaban como si estuvieran hechos para el otro.
—Deberíamos salir —sugirió la sirena sin aliento.
Habían perdido la noción del tiempo, perdidos en la sensación de sus besos. El sol había comenzado su puesta, el atardecer se veía bellísimo desde allí.
—Vayamos a la cueva, hay que cenar y descansar —respondió Louis y le dio un corto beso.
La sirena le sonrió, sonrojado, y asintió. Nadaron hasta la entrada de la cueva y cada uno siguió su camino. Harry cazó peces para él y Louis mientras que el ojiazul encendió la pequeña fogata para poder cocinar su comida y buscó las frutas que habían dejado allí mucho más temprano.
Cenaron juntos, entre risas y pequeñas caricias, estaban entrando en confianza con rapidez. Sus toques se sentían tan cálidos como se sentían sus pechos. Una vez que terminaron de comer se acostaron juntos y se besaron hasta sentir sus labios hinchados.
—Me gustas, sirenita —confiesa Louis con Harry encima de él. La leve iluminación que daba el fuego le permitía admirar las facciones del rizado.
—Me gustas, marino.
—Podría estar todo el día así —susurró, dándole besos esquimales.
—Podríamos, nada nos detiene.
Harry le dió un pequeño beso y Louis los cubrió con una manta. El ojiazul dejó un rastro de besos por todo el rostro de la sirena, se tomó su tiempo para adorarlo. Harry hizo lo mismo, dejando un último roce de labios para el final, antes de dormirse de una vez por todas.
Esa noche durmieron felices y tranquilos, abrazados, compartiendo una vez más el calor de sus cuerpos. Sus mentes los dejaron en paz, no solo habían asumido aquello que se había formado los últimos días sino que también era correspondido. La ilusión de un nuevo amor los hacía sonreír de solo pensarlo, les generaba el anhelo de un futuro juntos.
Louis se despertó junto a Harry, estaban durmiendo abrazados, su brazo rodeaba la cintura de la sirena, su erección matutina rozando el cuerpo del ojiverde. La posición habitual. Se habían acostumbrado al otro, a convivir a pesar de ser distintas especies. Ya habían pasado la etapa de estar horas besándose, el problema del marino ahora era otro.
Le incomodaba desear tanto a Harry, no sabía qué hacer y no quería que él se sintiera incómodo. Pero su cuerpo ya no soportaba más, cada roce enviaba escalofríos por su espina dorsal y terminaba con una semi erección. El agua de mar ya no servía para lograr relajarlo. Que la sirena haya encontrado en un barco objetos de belleza que lo dejaban más bello de lo que ya era, tampoco ayudaba.
Se levantó con cuidado, para no despertar a su pareja y se encaminó al agua. El día apenas estaba comenzando, había poca iluminación en su hogar. Ya habían estado viviendo allí por más de un mes, los días habían pasado en un parpadeo, casi sin complicaciones. Un día creyeron que unos piratas los habían visto y se mantuvieron allí, escondidos por si acaso.
Aún no podía creer que su vida era esto, completamente diferente a su vida en la ciudad. Aún no creía que se había enamorado, que había caído muy fuerte por una sirena. A veces recordaba lo que sus compañeros marinos decían sobre las sirenas y se reía, Harry tenía todo lo que decían y más, incluso sabía cantar como un ángel, solo que no lo usó como alimento.
No necesitó voltear para saber que Harry había despertado, él aún estaba dentro del agua, sus dedos estaban arrugados y su cuerpo estaba frío, había estado demasiado tiempo allí dentro. La sirena se lanzó al agua desde una de las rocas, sus piernas desaparecieron de inmediato dando lugar a su bella cola verde. Nadó hasta quedar detrás de él y lo abrazó por la espalda.
—Te atrapé, marino —susurró en su oído, con voz ronca, acariciando sus pectorales.
Todo el tiempo que estuvo allí, intentando que su erección desaparezca, fue en vano.
—Buen día, Hazz.
—¿Cómo has dormido?
—De maravilla, ¿tú?
—Bien, aunque me desperté sin ti.
Louis volteó para que dejara de acariciar su torso y colocó sus manos en su cintura. Dejó un pequeño beso en sus labios y le sonrió de lado.
—Lo siento, no es mi intención.
—Hace unos días que estás así, ¿pasa algo? —preguntó Harry, preocupado, y acarició el cabello de su pareja.
—No, amor, estoy bien.
La sirena podría derretirse allí en el agua, tal como la primera vez que se lo dijo. La forma natural que Louis le decía algún apodo hacía que su corazón se acelerara y sus mejillas se sonrojaran.
Sin embargo, un mes pegado a él le había enseñado lo suficiente, Louis tenía algún tipo de problema, él no sabía cuál y sabía que no quería decírselo. No quería presionarlo pero no saber qué le sucedía le hacía pensar que tal vez había un problema con él, con ellos. Según él, la convivencia fue fácil y cómoda y decidir estar con él fue la mejor decisión que Harry pudo tomar.
El día siguió su curso normal, ellos salían de su hogar, iban a la playa y, según el día, tomaban sol, recolectaban frutos, ramas o cultivaban algún fruto o verdura. Ese día tocaba buscar y llevar ramas a su hogar, anoche habían utilizado lo último que les quedaba.
Harry amaba los días de ramas, podía admirar a Louis sin camisa, observar mejor sus músculos marcados. El marino ya había adoptado un tono más dorado en su piel, la sirena sabía que el ojiazul estaba incluso más hermoso que hace un mes, cuando lo trajo a Talulah. Harry tomó unas ramas y las acercó al montón que habían creado cerca de la base de la cueva.
Cuando terminaron, Louis tomó a Harry en estilo nupcial y lo llevó al agua. La sirena aprovechó para acariciar el cuerpo de su pareja y dejó besos en su mandíbula. Louis intentó ignorarlo, intentó pensar que había piratas, otras sirenas e incluso algún calamar gigante intentando atacarlos, pero nada servía. Su abstinencia sexual era lo único que estaba presente en su mente.
Se besaron en el agua unos minutos hasta que el marino decidió que era hora de seguir con su trabajo. Harry no quería dejar esos perfectos labios, era adicto a ellos, necesitaba estar siempre en contacto con Louis, de una forma u otra. Quería más, su cuerpo le pedía más, esperaba calmarse en los próximos días, no quería agobiar al chico pareciendo un chicle. Ya estaban todo el día juntos, hacían casi todo juntos, ¿qué más podía querer?
Una vez que terminaron, Harry le comentó a Louis que iría a ver a una amiga, el ojiazul no tenía problema, no iba a retener a la sirena. Iba a aprovechar el tiempo para hacer algún tipo de ejercicio y despejar la mente.
Harry le comentó a su amiga sobre su situación y ella se burló de él. Si bien había omitido detalles, como que Louis era un humano y no un tritón, él pudo entender que el consejo era el mismo. Harry sintió sus nervios florecer y le pidió consejos a su amiga para saber cómo seguir, no quería quedar mal suponiendo cuál era el problema de Louis y errar.
Cuando llegó a su hogar, se encontró con Louis allí dentro, ya encendiendo el fuego para esa noche. Harry había traído la cena consigo y lo mezclaron con unas verduras. Nunca creyó que estaría comiendo peces cocidos pero no sabían para nada mal. Hablaron un poco sobre lo que hicieron en el día mientras esperaban un poco más hasta la hora de dormir. La sirena sabía qué ese era el momento, tenía que comprobar su teoría.
—Mañana podríamos hacer algo especial —susurró Harry, colocó su mano en el muslo de Louis y acarició la zona.
El marino se tensó y tomó una respiración profunda, su ceño se frunció un poco, la sirena pudo identificar que el toque era parte del problema.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó Louis, intentando disimular.
—Podríamos ir un poco más mar adentro, hay migración de ballenas.
Louis se enderezó y sus cejas se alzaron, asintió de inmediato, encantado con la idea. Harry le sonrió y se sentó sobre los muslos del ojiazul.
—Deberíamos buscar un bote, para cuando te canses —agregó antes de besar el cuello de su pareja. Louis se mantenía tenso, sus manos estaban firmes en la cadera de la sirena—. Además, podríamos hacer viajes más largos, ¿no crees?
—Sí, sí —respondió con algo de dificultad.
Harry se sentó mejor en su regazo y pudo sentir la erección de Louis, sonrió y besó sus labios. Apenas se habían tocado. El marino le correspondió al beso e introdujo su lengua en la boca de Harry. Siempre que sus lenguas se encontraban se generaba una danza y una competencia a la vez, pero en ese momento la sirena se dejó dócil.
El ojiverde se movió de forma inconsciente sobre Louis, quien soltó un gemido ronco sobre sus labios.
—Harry, Haz, espera —interrumpió Louis. La imagen frente a él invitaba al pecado, estaba perdido en los ojos verdes brillantes, los labios hinchados y la belleza característica de la sirena.
—¿Qué sucede, Lou?
—Yo… Nunca hablamos de esto, no quiero que pienses que esto es necesario…
Harry lo calló con un beso.
—¿De qué hablas? Yo solo estoy pensando en lo mucho que me gustas y que quiero todo contigo.
—Yo también, estoy enamorado de ti, lo sabes.
La sirena se ríe y asiente.
—Lo sé, me lo has dicho varias veces.
—Insisto, no es necesario si no quieres, no importa…
—Pero sí quiero —volvió a callarlo, dejó varios besos en su mandíbula hasta llegar a su oído—. ¿Tú no quieres?
Louis no necesitaba responderle, al menos no verbalmente. Sus manos masajeaban sus glúteos mientras besaba y dejaba marcas en todo su cuello. Los gemidos de la sirena resonaban en toda la cueva. Harry acariciaba la espalda de Louis con cariño mientras mantenía un leve vaivén en el que sus erecciones rozaban.
El marino se quitó su camisa sin dejar de besar los labios de la sirena. El ojiverde tocó con devoción el pecho de su pareja, nunca se cansaría de hacerlo. Harry los recostó sobre la manta en la que estaban y dejó marcas y caricias en cada parte del cuerpo de Louis que tenía a su alcance. Las manos del ojiazul estaban en su cuello y cabello, dejando caricias allí mientras dejaba salir pequeños gemidos.
Louis los volteó y se permitió admirar a Harry con una sonrisa. Desnudó a la sirena sin prisa, generando expectativa en ambos. Se quitó sus prendas y se acercó a su pareja, dejó besos desde sus gemelos hasta llegar a su ingle. La respiración de ambos estaba tan acelerada como sus latidos. Le dedicó mucho tiempo al miembro de Harry, besó, chupó y dejó leves marcas en él. También lo preparó con cariño, concentrándose en el bienestar de la sirena.
Harry tuvo un orgarmo arrollador, no recordaba haber sentido algo así por años, sus piernas hormigueando incluso luego de bajar de su nube post-orgásmica. Louis sabía cómo tocarlo y qué le gustaba sin haber hecho algo así antes. Harry se sentía muy afortunado.
La sirena los volteó y se acercó al pene de Louis, lamió el líquido preseminal antes de sentarse en su regazo. Bajo la mirada cerúlea, tomó el miembro de Louis y lo introdujo en él. Sus gemidos resonaron en la cueva una vez más, no estaban siendo cuidadosos pero en ese momento no les importaba.
El fuego lograba que el ambiente fuera más cálido e íntimo. Harry se elevó y comenzó a saltar sobre el miembro de Louis. El marino se sentía en el cielo, se sentía completo, la imagen frente a él le llenaba el pecho. Eso no era solo sexo, para él era mucho más. Besó la mandíbula de la sirena y susurró cumplidos y halagos.
Harry continuó con su vaivén hasta que sus músculos le pidieron un respiro. Louis lo tomó de sus caderas, lo sostuvo firme y lo penetró, tomando el control de la situación. El ojiazul lo embestía sin piedad, la sirena sentía otro orgasmo formándose desde el centro de su vientre. El marino tomó el cuello de Harry y lo atrajo hacia él, desde esa posición la sirena podía sentirlo incluso más profundo.
Louis mantuvo a Harry en esa posición hasta que la sirena tembló encima de él una vez que llegó al clímax. El ojiverde mordía con suavidad el cuello de su pareja mientras él buscaba su propio orgasmo.
Una vez que Louis acabó, acarició a Harry por la espalda. El contacto lo hacía sentir somnoliento.
—Te quiero, Lou.
—Te quiero, Haz, no sabes cuánto.
Esa noche la sirena durmió encima del marino, aferrado a él, desnudos debajo de la manta que tomó Louis una vez que Harry se durmió.
Ambos se preguntaron al otro día por qué habían retrasado tanto esta experiencia, la conexión que tenían solo se había profundizado. Ninguno de los dos podía mantener sus manos quietas luego de esa noche, deseaban cualquier tipo de contacto con el otro y siempre querían más, no importaba el momento.
Harry le había comentado a Louis que las sirenas podían embarazarse unos días después. Al principio la idea le sonó extraña, luego lo único que deseaba era formar una familia con la sirena. Ya sabía demasiado de él, ya convivían, eran pareja, tenían un hogar. Incluso ya eran la familia del otro, un bebé solo sería el último paso para completar su felicidad.
Sin embargo, convertir en realidad ese anhelo les tomó demasiado tiempo. Tuvieron un año con altibajos, en el que aprendieron aún más del otro. Tuvieron que esconderse por días de piratas, discutir con sirenas que aseguraban que Harry estaba allí a la fuerza e incluso dejar la cueva por unos días cuando la lluvia no frenaba y parecía que su hogar se iba a derrumbar.
Todo aquello sucedió en medio de su búsqueda. Louis intentaba ser un pilar para una sirena triste, que luchaba con sus propios pensamientos. Lo distrajo con jardinería, artesanías y besos por doquier.
Fue una mañana de verano, más de un año después de la llegada del marino a Talulah, que la sirena sintió los primeros síntomas. Harry nadó a toda velocidad para buscar alguna criatura que le confirmara sus sospechas antes de decirle a su pareja. Louis lloró y adoró a Harry ese día, estaba muy feliz por él, por ambos.
Al otro día, la actitud de Louis se volvió completamente sobreprotectora. Y aún no había terminado.
—Haz, cariño, no deberías esforzarte tanto.
Harry rodó los ojos mientras cargaba unas ramas y las dejaba sobre la pila que ya habían recolectado. Su bebé de aproximadamente seis meses lograba agotarlo pero era tranquilo y le permitía hacer lo que quisiera.
—Si no pudiera no lo haría, amor.
—Puedo hacerlo yo, tú descansa —le dijo y dejó un beso en su coronilla.
—No estoy inválido, Louis, yo…
—Déjame tratarte como el rey que eres.
Louis sabía lo que provocaban sus palabras en Harry, le sonrió a su pareja que tenía sus mejillas sonrojadas y besó sus labios.
—Cargaré las ramas luego.
—Claro que sí, amor.
Por supuesto que no cargó las ramas. Louis solo lo dejó llevar las ramas desde la soga a la roca de siempre.
Ya era de noche y estaban acostados sobre una especie de nido de mantas. Los últimos días Harry había sufrido dolor de espalda, Louis había decidido juntar todas las telas que tenían para hacer una especie de colchón. La sirena sintió calidez en su pecho cuando descubrió lo que su pareja hizo por él. Hasta ahora, esa solución había servido.
Las manos de Louis estaban sobre la espalda de la sirena, se había convertido en una rutina la sesión de masajes en su espalda y pies. Harry se permitía relajarse y gemir cada vez que el marino lograba deshacer un nudo.
—Hola bebé —susurró Louis contra el estómago redondo de la sirena, acariciando su costado.
—Ya quiero estar con nuestro bebé.
—Yo también, Haz.
El marino besó una vez más el estómago de Harry y luego besó sus labios.
—Eres tan lindo, tan perfecto, te amo tanto.
—Te amo, Lou.
—Me haces muy feliz, gracias por esto, por salvarme, por dejarme entrar en tu vida, en tu hogar, ser tu familia. Serás la mejor madre de todas.
—Me harás llorar, amor. Gracias a ti por ser el mejor ser que me he cruzado, eres magnífico y serás el mejor padre para nuestro bebé. Traerte a Talulah fue la mejor decisión que tomé en mi vida.
Se besaron una vez más y sonrieron al sentir un leve movimiento de su bebé.
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Espero que les haya gustado el OS. Fue la primera vez que participé en un fest y me divertí mucho. Nunca se me hubiera ocurrido una historia así.
De nuevo, créditos a LondonFML por el prompt.
Nos leemos, cuídense ♥