Capítulo 1: Descubrir
Esa noche pareció ser particularmente más tranquila de lo usual para la nación del fuego. La misma en la que un espíritu se escabulló dentro de la habitación de la primogénita del almirante Zhao; y, se acercó a ti tan lenta y silenciosamente, que no pudiste percibirlo.
—Despierta, t/n. —escuchaste el murmulló en tu oreja, el suave llamado acarició con delicadeza tu tímpano; por un segundo creíste que se trataba de tu padre—. El futuro del mundo entero depende de ti, debes despertar y velar por el futuro de las cuatro grandes naciones.
Despertaste, y por ello te encontrabas frotando tu ojo derecho con confusión, bostezaste brevemente antes de reaccionar. Desechaste inmediatamente la idea de que fuese tu padre, él jamás te hablaría de tal manera; no fue hasta que observaste fijamente la figura frente a ti que casi caíste de la cama.
—¡A-Avatar Roku!
Debía ser un sueño, ¿o por qué el espíritu del Avatar se encontraría justo frente a tus ojos? Te pusiste de pie con una velocidad abrumadora, dejando atrás tu increíblemente cómodo y cálido lecho; Roku te observó con seriedad, causando que una extraña, y muy poco agradable, corriente atravesara por todo tu cuerpo; aquello te dio muy mala espina.
—¿Realmente es usted? —te atreviste a interrogar, temiendo el poder decir algo incorrecto ante la presencia de un ser tan importante como él—. Estoy soñando, ¿cierto? Porque esto no puede ser verdad.
Roku sonrió ligeramente, manteniendo sus manos unidas bajo las largas mangas de su kimono.
—No, t/n. Esto no es un sueño. —una pequeña pizca de gracia podía escucharse en su voz— Y, efectivamente, soy Roku; el antiguo Avatar que alguna vez perteneció a la poderosa nación del fuego. He venido hasta aquí porque tengo un mensaje sumamente importante para ti, del cual, depende el futuro del mundo entero.
Sentiste un extraño nudo formarse en tu estómago y garganta. Si aquello era tan importante, ¿por qué lo dejaría en manos de una chica de apenas dieciséis años de edad?
Sintió un extraño nudo formarse en su estómago y garganta. Todo se estaba tornando en demasiado como para que una pequeña chica de catorce años pudiese digerirlo, ¿el futuro del mundo entero de verdad recaería sobre sus hombros?
—Necesito que escuches con atención lo que estoy por revelarte. —pidió, desviando su mirar hacia la ventana a su izquierda; el amanecer se acercaba, pronto tendría que irse—. Vine hacia ti antes que a cualquier otra persona por la simple razón de que tú, t/a t/n, hija del almirante Zhao y la antigua comandante Akane, eres el Avatar.
Casi te atragantaste con tu propia saliva cuando escuchaste aquello. ¿Tú?, ¿la salvadora del mundo? No podía ser realidad aquello, apuesto a que incluso los espíritus podrían bromear de vez en cuando, ¿no?
—Es un chiste, ¿verdad? —reíste nerviosamente, conteniendo las ganas de gritarle un par de cosas a Roku—. ¡Yo!, ¡el nuevo Avatar!, ¿se lo imagina? Probablemente terminaría de la peor manera posible. —miraste hacia el ancestro, topándote con su neutro mirar; él decía la verdad—. P-pero, ¡se supone que el nuevo avatar renacería como un maestro aire! Y como puede notar, nos encontramos en la nación del fuego.
—t/n por más que lo intentes, no puedes mentir a los espíritus. Sé que eres una maestra aire, al igual que tu bisabuela lo fue; y tú, al ser la primera maestro aire que nació después de mi muerte, fuiste acreedora a tan importante responsabilidad. —el sentimiento de impotencia se apodero de todo tu ser. Roku decía la verdad, eres es una maestra desde tu nacimiento; sin embargo has logrado desarrollar de manera extraordinaria el fuego control, hasta el punto de poder utilizarlo como si fuese tu elemento principal. Siempre te preguntaste porque el universo te había bendecido con dos elementos bajo tu control, pero ahora entendías que se debe a que eres la reencarnación del Avatar—. Es por ello, que tu destino como Avatar es dominar los cuatro elementos; derrotar al señor del fuego, Ozai; de esta manera terminar con la guerra y restaurar la paz y el equilibrio entre las cuatro grandes naciones.
Bufaste, cruzando los brazos al escucharlo hablar con un tono tan pacífico.
—Lo dice como si fuese tan fácil. —dijiste, desistiéndose de seguir negándote a su destino—. Ni siquiera tengo idea de por dónde comenzar.
El espíritu avanzó hacia ti; estiró dos dedos en tu dirección y con apenas el roce de tu frente, hizo que un extraño destello surgiera desde el interior de tu cuerpo, cubriendo por completo tu anatomía. Abriste los ojos, encontrándote en lo alto del cielo, divisando cientos y cientos de kilómetros de pura, clara y cristalina agua, acompañada de enormes icebergs que se extendían por lo que creías que era el océano antártico. Bajaste la mirada, notando como, sobre el hielo residía una pequeña civilización mayormente constituida por mujeres, en la cual todas/os vestían con el mismo tono de precioso y brillante azul.
—Aquí es dónde comienza tu viaje. —la voz de Roku retumbó dentro de tu cabeza—. En el polo sur encontrarás a aquella persona que se encuentra destinada a guiarte en el arte del agua control.
—Creí que todos los maestros agua de esta tribu habían desaparecido.
Era muy común que los maestros agua fuesen mayormente hombres, pues existía la vieja costumbre de dejar a los mujeres a cargo de los niños y ancianos; cosa que repudiabas con toda su alma. Es por eso que, te parecía sumamente extraño el que tu maestro se encontrase ahí.
—“Sokka,—desviaste tu mirada hacia la voz femenina—, ¡Gran Gran te ha dicho cientos de veces que no pelees con los pingüinos por la comida!”.
Finalmente divisaste a la chica de piel oscura y claro mirar que gritaba hacia un joven similar a ella, éste se encontraba dentro del agua, luchando contra un pingüino; no sabías quien de los dos se encontraba más molesto con el otro.
—¡Él comenzó todo!, ¡robó mi pescado! —exclamó para después estornudar—. Katara, ¡ayúdame a salir de aquí antes de que pesque un resfriado!”.
Escuchaste su bufido ante de presenciar aquello que estabas buscando: ¡agua control! Esa joven de nombre Katara domó con fiereza el océano, obligándolo a liberar al que creías que era su hermano; para después congelarlo como si no fuese la gran cosa. Entonces supiste que esa chica debía ser tu maestra. Un fuerte viento, que se sintió más como una succión, te obligó a volver a la realidad. Caíste de rodillas ante los pies de Roku, respirabas con dificultad debido al viaje tan extraño que habías tenido. Alzaste la vista, dándote cuenta de que estaba por amanecer, el espíritu del antiguo Avatar comenzó a desaparecer.
—¡No!, ¡aguarde! —pediste, intentando tomarlo por sus ropas; pero no te era posible, tus dedos traspasaban la tela—. Aún tengo muchas preguntas, ¡no sé nada sobre cómo ser un Avatar!
Él asintió, sonriendo con una extraña tranquilidad en su rostro.
—El tiempo se encargará de solventar tus dudas, t/n. No te preocupes, es natural sentir miedo; yo también lo hice, pero sólo basta con recordar que en todas tus vidas pasadas lograste tu propósito; así que ten por seguro que esta no será la excepción. Buena suerte, Avatar t/n.
Permaneciste unos momentos más en la misma posición, observando hacia donde solía estar la figura de Roku; aún cuando no había más que una vil puerta de madera frente tuyo, la cual no tardó en recibir un par de golpes.
—Tienes veinte minutos para arreglarte, t/n. —la inconfundible, firme y dominante voz a la que ya tan acostumbrada estabas te obligó a volver a la realidad—. El señor del fuego nos ha convocado a una audiencia junto al príncipe Zuko y la princesa Azula.
La terrible sensación de algo grande acercándose te hizo sentir escalofríos. Ozai, jamás, en todos sus años frente al mando de la nación del fuego, había convocado una audiencia que contara con la presencia de sus hijos. Te mantuviste en estado de alerta en todo momento, aún cuando frente a ti se encontraba el imponente y poderoso señor del fuego. El príncipe Zuko se encontraba a su izquierda, en espera de su momento para participar.
Un breve:—Buenos días, doncella t/n. Es un placer encontrarnos de nuevo. —fue lo que recibiste de su parte, y no mentirías al decir que tu corazón latió con rapidez; siempre te has sentido atraída por el príncipe y eso, en el estado actual, es un gran problema—.
Azula se encontraba a la derecha de Zhao, bastante lejos de Zuko y de ti. Pero, no iba a quejarse, al menos podía estar ahí junto al resto de su familia. Intentaste mantenerte tranquila, pasabas tu mirada desde Ozai hasta Zuko y viceversa, para después conectar miradas con Azula; quien parecía bastante feliz de verte. Aún no sabías la razón por la que te encontrabas ahí, pero la necesidad persistente de apretar la tela de tu vestido y gritar “¡no!” con todas tus fuerzas seguía ahí. Sin embargo, no pasó mucho hasta que el señor del fuego se puso de pie, y te llamó junto a Zuko. Él príncipe te sonrió y tú le correspondiste educadamente, te colocaste a su izquierda, encarando a Ozai. El cual posó sus manos sobre sus cabeza, y con una sonrisa, dictaminó:
—Yo, el señor del fuego, Ozai; proclamo que, mi primogénito, el príncipe Zuko; y la doncella real de la nación del fuego, t/n. Contraerán matrimonio en el momento en que Zuko herede mi puesto como señor del fuego y regidor de las cuatro grandes naciones. —perdiste tu mirada, sentiste una presión en el pecho. El señor del fuego elevó ambos brazos y de sus palmas liberó fuego con el que encendió las antorchas a sus costados— ¡Por la nación del fuego!
Estabas incrédula ante la sorpresiva noticia de tu matrimonio arreglado. Miraste a Zuko, quien te sonrió tímidamente, después hacia tu padre, el cual lucía igual de sorprendido que tú, y finalmente a Azula, quien poseía una sonrisa bastante inquietante en su rostro.
—t/n, —escuchaste llamar, Zuko se acercó un poco más a ti, como si tomara el valor para poder hablar contigo—, ¡me esforzaré para hacerte feliz!
—“No.—te torturaba la sola de idea de perder aquella oportunidad, tú realmente lo querías—. Zuko, perdóname, pero te haré mucho daño. —apretaste tus puños, fingiendo una sonrisa encantadora; una sonrisa que en otras circunstancias habría sido genuina. Pero aún así bastó para que el señor del fuego asintiera complacido por su elección de esposa—. Me convertiré en un traidora de la nación”.