Capítulo 1: EVA
sábado 12 de agosto, 09:20 am.
—Mi madre intentó hablar de mi padre otra vez. Yo no se si mi madre es tonta o todavía siente algo por él, no sé —dije paseando por la habitación.
—No lo creo, se la ve bien con Jared. Es majo.
—Quizás demasiado, el otro día quería que lo llame padre. ¿Está loco o qué?
—Eva, te conoce desde que tienes siete años, no recibe mucho cariño de ti, y ¿no me habías dicho que siempre ha querido tener hijos?
—Síp, pero lamentablemente para él, es estéril. Luego conoció a mi madre y como ya tenía una hermosa y bella hija, se quedó contento —expliqué sentándome a su lado en la cama.
—Ya… Una que le da mucho amor.
—Tal vez debería permitirle estar un poco en mi vida.
—Eso es, serías una buena hija… Falsa.
Ambas reímos.
—Hijastra querrás decir. Cómo vas con Louis, ¿ya te perdonó?
—Aún no, se hace el difícil.
—Es un poco tóxico, diría yo.
—¿Tú crees?
—Daiana, crees que ir a mi casa como un loco, casi tirando la puerta abajo, porque no sabía donde estabas ¿no es algo tóxico?
—Estaba preocupado.
—Amiga, me agarró del brazo, aún tengo la marca, mirá —dije, mostrando la evidencia del apretón fuerte.
—Vale, tal vez se le ha ido un poco la olla.
—Un poco mucho, pero no te preocupes, tu mejor amiga te va a llevar a una fiesta, donde van a haber muchos modelos. Seguro que podemos elegir a uno menos tóxico que Louis.
—A mi me gusta Louis.
—Cuando veas a los modelos, a ver si repetís lo mismo —me paré a recoger mis cosas. Te busco en la noche.
—¡Suerte en la sesión!
Y si que la voy a necesitar… Normalmente trabajo con modelos o en parejas que se casan, pero me llamaron para hacer fotos a una bebé. Los niños no son mi fuerte, siempre lloran, corren por todos lados y me rompen todo el set, lo cual los padres no se dignan a pagar los daños, con la excusa de “solo son niños”. Pues tu niño, me ha roto todo el local, esa es una de las razones por las que dejé ese negocio y me enfoqué en parejas. Solo accedí a hacerle fotos a esta beba, ya que le tomé fotos a sus padres, en su boda y con una muy buena paga.
Llegando al lugar ví que los padres ya estaban ahí, esperando, en la entrada. «Sí que están ansiosos»
—Eva, ¿qué tal? —habló Ivy, con su beba en brazos.
—¿Hace mucho están esperando? Disculpen, tuve un inconveniente.
El inconveniente se llama Ana, mi madre.
—Oh, no. No te preocupes, llegamos hace nada.
—¿Esta princesita es la modelo?
—Y una de las mejores modelos que tendrás —respondió Derek, el esposo de Ivy.
Ellos fueron muy amables, fueron los primeros en contratarme para su sesión de fotos en pareja. Les tengo un poco de cariño ya que fueron los primeros en confiar en mí y darme la oportunidad de lucirme, al recomendarme con sus amigos.
—Pasemos, entonces —dije sonriente.
Los tres ingresamos al set, que había preparado ayer. Estaba todo listo y acomodado en su lugar, era una canastita con una mantita de peluche y hojas alrededor, los padres querían que esté disfrazada de abejita, así que me la entregaron y le puse su disfraz. La verdad ponerle ropa a un bebe se me hace difícil, no se si estoy usando mucha fuerza o si me van a vomitar por mala digestión de leche materna.
—¿Podemos quedarnos? —preguntó Ivy, entusiasmada.
Normalmente dejo a los padres en la sala de espera, siempre me interrumpen, se meten en las fotos, piden fotos que no incluye en el precio que ellos pagaron, hasta llegan a pelearse por la ropa del bebé. Como dije antes, haré una excepción, ya que me han ayudado bastante en mi camino.
—Por supuesto, ahí tienen unos sillones —señalé.
Unos treinta minutos después hicimos una pausa porque la beba empezó a llorar porque tenía hambre, así que estábamos esperando a que terminara de comer, en eso suena mi teléfono.
🔊:Hola.
🔊:Hola, habla Eric, el asistente de Arthur Brown, ¿usted es Eva García?
🔊:Ella misma.
Espera, ¿¡qué!? ¿¡El asistente de Arthur Brown!?
🔊:Mire, le hablo desde Forward Stussy... Quiero saber si usted está interesada en reunirse dentro de una hora, me gustaría contratarla para una sesión de fotos grande, llevaría aproximadamente de dos a tres semanas.
Me quedé muda, Forward Stussy es una marca muy reconocida, literalmente tienen los conjuntos de ropa más cómodos que existen. Son un poco caros, pero vale la pena tenerlos.
🔊:¿Señorita, sigue allí?
🔊:Sí, sisisi, dentro de una hora estoy ahí.
🔊:Pero si no le dije dónde.
¡Boba!
🔊:Ah, sí, disculpe, ¿dónde nos vemos?
🔊:¿Conoce el Royal Coffe Cream?
🔊¿:El que está en el shopping?
🔊:Sí, sea puntual.
¡No lo puedo creer! El señor Arthur estará ahí, me va a dar un infarto.
Calmate, primero hay que terminar de sacarle las fotos a la bebita.
Es verdad, a ver si ya terminó de comer.
—¿Cómo estamos por acá? ¿Terminamos las fotos?
—Recién acaba de terminar, perdona Eva.
—No se preocupe señora Ivy, ser modelo cansa ¿verdad, bonita? —pregunté, sujetando la beba poniéndola en la canastita nuevamente.
Minutos más tarde.
—Muchas gracias, por todo, Eva —dijo Ivy, abrazándome.
—Gracias a ustedes por confiar en mí.
—Despídete de Eva, hija —dijo Derek tomando la manito de su bebé, imitando un saludo.
—Adiós, bonita. Les hablo cuando estén las fotos, ¡nos vemos! —dije alejándome de ellos.
Esto ha tomado más tiempo de lo que debería, si quiero llegar a tiempo debo apurarme. Quedan menos de diez minutos para las cinco y tengo que correr siete cuadras, esto sería más fácil si mis piernas fueran las de un jugador de la NBA y no unas piernas de elfo.
Empezá a correr, si querés conseguir el trabajo.
Odio correr.
Sin embargo, tengo que hacerlo, tomé mucho aire y empecé a correr. Espero no morir, la gente cuando corres te mira raro, como si acabaras de robar o ¿solo es mi impresión?
Después de unos quince minutos de correr, conseguí llegar al shopping, pero no todo está hecho, aún debo llegar a la cafetería. En este lugar correr es un poco más difícil, hay que esquivar a los niños, que corren como si esto fuera una guerra por ver quién llega antes al patio de juegos o al patio de comida. A medida que iba corriendo, sentía que frenar iba a ser muy complicado, el piso es bastante resbaloso. Ya podía ver el logo de la cafetería, al mirar hacia arriba desvié mi mirada del camino y un niño se me cruzó, haciendo una increíble esquivada pude salir ilesa de ese posible choque, volteé para mirarlo y el niño, efectivamente, estaba bien… Aunque al regresar la mirada hacia adelante, me encontré a un rubio enorme, dándome la cara contra él y su maldito café se derramó por completo en mi camiseta.
—¡Ay! No, nonono, mi camiseta.
—Lo siento mucho —habló apenado.
—¿Por qué estás en el medio del camino? —pregunté chillando
—Lo sé, estaba esperando a un amigo, ¿tú, por qué corres?
—Tengo que llegar a una reunión importante… Ay, no, ¡la reunión! Si el señor Arthur me ve así, no me va a dar el trabajo.
—Mira, si quieres puedo darte mi sudadera.
—¿Me estás jodiendo?
—Emm, no. Yo estaba en tu camino, dejame ayudarte —dijo quitándose la sudadera.
Me quedé dudando si tomar la sudadera o no, la verdad suelo ser bastante desconfiada.
»Vamos, pontela, seguro te queda genial y te cubre la mancha del café.
—Gracias, de verdad y discúlpame por chocarte —hablé poniéndome la sudadera.
—No pasa nada y suerte con tu reunión.
—Gracias, y ¿cómo te la devuelvo? ¿Sos de por acá? Tal vez, puedo acercarme a donde trabajes o…
—No te preocupes, tengo de sobra y la verdad te queda mejor a ti —interrumpió.
—Ah, bueno, gracias otra vez. Ya tengo que irme, chau rubio —dije dándole unas palmaditas en el hombro.
—Espera, ¿cuál es tu nombre? —chilló, pero estaba demasiado lejos para gritarle.
Llegando a la cafetería observe que casi todas las mesas estaban ocupadas, pero no había rastros del señor Arthr, así que pude respirar más tranquila.
—Señorita Eva, por aquí —habló un muchacho, con gafas cuadradas y el pelo aplastado.
Con un poco de rareza me dirigí a su mesa, tomando asiento en frente de él.
—Emmm, ¿hola?
—Soy el asistente del Señor Arthur…
—¿Él no va a venir? —interrumpí.
—El señor Arthur, está muy ocupado con los preparativos para el lunes.
—Ah, entiendo.
Que mierda, tanto robarle la sudadera al rubio solo para ver a su asistente.
—¿Entonces? ¿Está interesada en ser nuestra fotógrafa?
—Discúlpame, ¿cómo era tu nombre?
—Eric, señorita Eva —respondió sin dejar de teclear en su laptop.
—Me encantaría trabajar con ustedes, sería un sueño.
—Excelente, señorita Eva. Sería un trabajo de dos o como mucho tres semanas, debería de llegar a las ocho en punto, tomar las fotografías y en cuanto acabemos con las fotos de ese día ya se podrá retirar. Una muy buena paga y por supuesto, el señor Arthur la recomendará a marcas amigas que necesitan de fotografos.
—Wow, no tengo palabras, Eric, esto es increíble.
—Lo sé, señorita, necesito que si acepta, firme aquí —Eric me entregó los papeles del contrato.
Ver el nombre y la firma de Arthur Brown me dejó sin poder moverme, nunca en mi vida me imaginé poder firmar un contrato de trabajo con él. No voy a desaprovechar esta oportunidad, así que decidí tomar el bolígrafo y comenzar a hacer mi firma, por supuesto, una firma muy temblorosa de los nervios que llevaba encima.
—Listo.
—Bienvenida a Forward Stussy, señorita Eva —dijo estrechándome la mano.
—Muchas gracias, Eric —agregué sonriente.
—Entonces, la veré el lunes a las ocho.
—Nos vemos ahí, compañero.
—Ni un minuto más, ni un minuto menos, señorita Eva. El señor Arthur odia que lleguen tarde —advirtió levantándose de la mesa.
—No lo voy a defraudar.
Eso último tal vez haya sido una pequeña mentira. Soy una persona demasiado dormilona, me encanta dormir, lo confieso, puedo estar horas en la cama… Está bien, no pasa nada, si hace falta me pondré mil alarmas para no llegar tarde, no estaría bueno que el primer día ya me despidieran.
21:40 pm.
Llegué a casa, tengo que ducharme y buscar algo de ropa para la fiesta de hoy. El único problema es que no me quiero encontrar con mi madre y repetir la conversación de hoy, me fije por la ventana de la sala y efectivamente estaba sentada en el sillón mirando su novela de las nueve, así que decidí ingresar por la puerta corrediza de la cocina, que da a la escalera para subir fácilmente a mi habitación. Debo ser muy sigilosa y abrir la puerta muy despacio para que nadie se de cuenta que estoy acá…
—¿Eres ladrona ahora? —preguntó Jared haciéndome dar un salto del susto.
—Que gracioso.
—Tu madre quiere lo mejor para ti, Eva —agregó sirviéndose un vaso de agua.
—Si quisiera lo mejor para mí, no intentaría mandarme con Álvaro..
—Solo quiere que tengas la oportunidad de conocer a tu padre.
—Yo no quiero conocerlo.
—Él fue quién ha llamado, quiere conocerte.
—Si hubiera querido conocerme, se hubiera quedado en casa, siendo un padre —dije mirándolo a los ojos—. No le digas a mamá que estoy acá, en seguida me voy.
Subí las escaleras en puntitas de pie, los escalones chillan cuando subo rápido, esas maderas ya están destrozadas.
Saliendo de la ducha, elegí la ropa que me iba a poner para la fiesta, que era unos pantalones de cuero y un corset negro con tirantes.
¡Guapísima!
Me encantan los corset, no hay prenda más bella, y para mis pocos pechos parece que tuviera un montón.
Cuando estaba guardando las últimas cosas en mi cartera, vibró mi móvil.
Dai:¿Ya vienes?
Eva:Estoy yendo.
Que mentira más grande, aún tengo que hacer algo con este flequillo rebelde. No veo la hora de que crezca para no cortarlo nunca más.
Después de mil intentos por quedar bien, decidí rendirme, con este flequillo no se puede lidiar… Es hora de ir a por mi amiga. Intenté bajar las escaleras con el mayor cuidado posible, aunque mis botas no me ayudaron mucho, provocando que una señora de muy poca paciencia y cabello alborotado aparezca delante mio.
—Eva, ¿a donde vas? —preguntó mi madre envuelta en su bata.
—A casa de Daiana —respondí, terminando de bajar las escaleras.
—Podemos hablar, hija.
—No puedo, vamos a salir de fiesta.
—Por favor, hablemos —insistió.
—Ahora no puedo, tengo que pasarla a buscar.
—Está bien que no quieras ver a tu padre, pero por lo menos intenta llamar…
—No quiero verlo, no quiero conocerlo, no quiero que venga, no insistas —interrumpí—. Ya me voy, descansa.
Tal vez deberías pensar mejor en conocer a tu padre.
No quiero entablar una relación con él y punto.
Caminé a la casa de Daiana, ya que está solo a tres cuadras de la mía, en el camino fuí pidiendo el uber.
Eva:Estoy afuera.
Al cabo de un segundo salió Daiana, con cara de pocos amigos y sus padres detrás de ella. A Daiana la conocí en la high school, ella siempre fue y es, una chica muy aplicada en sus tareas, en todo lo que hace en realidad. Tiene las horas y minutos contados para cada uno de sus quehaceres, siempre llega puntual a todos lados. Por lo tanto tenía que tener una amiga que sea completamente lo contrario a todo eso, lo único que tenemos en común es hacer las cosas con pasión. Sus padres, bueno su madre en realidad, no me quería cerca de ella cuando éramos más pequeñas, creía que la iba a llevar por mal camino, ya que era hija de una madre soltera, al faltar una “mano dura” en casa, pensaba que iba a ser un desastre «ja, claro que la mano dura estaba en casa, somos latinas, unos tirones de cabello siempre estaban». Estaba cansada de que no me deje juntarme con ella, así que un día me planté en su casa y hable con sus padres, les conté mi vida, de mi madre, de que mi padre nos abandonó, de como soy y que su hija es muy importante para mi, ya que fue la primera y única en acercarse cuando entre a la high school. Desde ahí me aceptó un poco, pero creo que todavía me mira con algo de desconfianza.
—Llegas diez minutos tarde —habló la madre de Daiana.
—Los últimos serán los primeros —dije y sonreí.
—Estas muy bonita —dijo el padre de Daiana, para calmar un poco las aguas.
—Usted igual, señor. Vámonos, Dai, que ya llegó el coche —dije dirigiéndonos al coche.
—Descansad, adiós —dijo Daiana.
—No lleguen tarde —agregó la madre de Daiana.
—¿Qué? ¡No la escucho!
—¡Que no lleguen tarde! —gritó
—Perdón no la escucho —grité cerrando la puerta del coche.
El chofer empezó a andar, serían como unos veinte minutos para llegar al lugar de la fiesta.
—¿Dónde es la fiesta?
—La fiesta se hace en el mismo hotel donde estamos trabajando, bueno de hecho ya no trabajamos hoy fue el último día, por eso la fiesta.
—¿Quienes irán?
—Modelos, fotógrafos, asistentes, vestuaristas, lo típico.
—Y yo, ¿por qué voy? —preguntó algo tímida.
—Porque eres mi amiga y te quiero allá conmigo.
—¿Prometes no dejarme sola?
—Dai, eso pasó solo una vez.
—Igual, me gusta recordarlo y hacerte sentir culpable —añadió con una sonrisa maliciosa.
—Sos una tonta.
Luego de veinte minutos exactos, llegamos al lugar de la fiesta. El señor de la recepción nos dijo que teníamos que ir al salón que estaba al fondo, el hotel es enorme y lujoso, sillones rojos por todos lados, candelabros grandes y caros, lleno de cuadros preciosos. A medida que nos íbamos acercando al salón se podía escuchar mejor la música, delante nuestro había dos chicos muy guapos, a lo que la codeo a Dai para que se de cuenta.
—No son mi tipo.
—No importa, adentro habrá más —dije guiñandole el ojo.
Llegamos a la entrada y estaba el de seguridad, le mostramos nuestras credenciales que nos permitían pasar y entramos. Hay demasiada gente, normalmente prefiero quedarme en casa viendo unas pelis o simplemente durmiendo, pero cuando entre a este mundo de la fotografía, al terminar eventos o sesiones grandes, suelen hacer todo tipo de fiestas, así que empecé a acostumbrarme a venir a ellas y poder relacionarme con persona importantes, asi el dia de mañana poder ser una fotógrafa reconocida. Al principio solía arrastrar a Dai a todas y cada una de las fiestas, pero a medida que pasaba el tiempo me fui acoplando mejor y ya casi ni me acompañaba, aunque está vez la obligué un poco, para que se aleje del horrible novio tóxico que tiene.
—¡Vamos a la barra!
—¿Vinimos a socializar o a beber? —preguntó, enarcando una ceja.
—Para socializar hay que beber.
Nos dirigimos a la barra donde había un grupito de chicos ocupando casi toda la barra, pero como me enseñó mi madre “caminar y apartar”. Me puse delante de Dai dirigiendo la caminata a la barra, logramos ponernos a la vista del barman, el cual se acercó amablemente dándonos un guiño de ojo.
—Dame un mojito y un negroni, por favor —pedí sonriente.
—Oye, ese chico de allí nos está observando desde que llegamos —susurra Dai en mi oído.
Giré para nada disimulando y vi a un chico alto, rubio con el pelo revuelto, viste una camisa manga corta con cactus en ella y unos pantalones grises. Él ya nos estaba viendo, pero ahora sonreía y comenzó a acercarse a nosotras.
—Está viniendo para acá.
—¿Qué, por qué? —preguntó entrando en pánico.
—No sé, pero tranquila, creo que lo conozco. Me prestó su sudadera.
—¿Cuándo y por qué no me has contado?
—Vos relajate, no pasa nada, solo hagamos como que no lo vimos —dije dándole un sorbo a mi trago.
—Si lo estuvimos mirando desde que empezó a caminar, que dices.
—Está cerca, actúa norm.... ¡Holaa!
—La chica que atropella a todos, ¡estás aquí! —habló sorprendido.
—Sí, y vos también, ¡qué coincidencia!
—Estoy con unos amigos, ¿quieres venir? —invitó señalando el lugar donde se encuentran sus amigos, la mayoría chicos de su edad, con vasos en la mano y del otro lado sus novias, supongo.
—Es que ahora estoy con mi amiga, ella es Dai y vos sos…
—Jack, disculpa hoy no te he dicho mi nombre, bueno a decir verdad tu tampoco, ibas con prisa.
—Un gusto, Jack, yo soy Eva.
—Un placer, pues la invitación sigue en pie. Si gustan pueden uniros.
—No creo que podamos…
—¡Iremos! —chilló Dai, sin despegar sus ojos del rubio.
—Excelente entonces, vamos las presentaré —dijo guiándonos a su grupo de amigos.
—¿Por qué le dijiste que sí? —pregunté por lo bajo.
—¿Has visto lo guapo que es?
—Ajá, y dónde quedó lo de “estoy enamorada de Louis”.
—¿Tú no quieres que consiga a otro?, pues aquí estamos.
Puse los ojos en blanco.
Llegamos con su grupito y nos metimos a la ronda, Jack me tomó por los hombros y empezó a hablar.
—¡Oigan! Les presento a mi amiga Eva y su amiga Daiana. Sean amables.
—Hola —dijimos ambas a la vez.
Todos se dieron vuelta a mirarnos, como si fuéramos dos alienígenas parados delante de ellos, hasta que reaccionaron y nos sonrieron con simpatía. Son todos muy guapos, parecen salidos de revistas, deben ser todos modelos, por algo están acá… Tomé asiento cerca del grupito con mi trago en mano, mientras Dai empezó a hablar con las chicas que estaban a su alrededor.
—¿Qué tal mi corredora olímpica? —habló Jack sentándose al lado mio.
—Bien, tratando de emborracharme.
Él rió.
—¿Cuéntame de ti?
—Pues soy Eva, fotógrafa, me mudé a Los Ángeles cuando tenía 7 años y vivo con mi madre, ¿qué hay de vos?
—Jack, una mezcla de bailarín y modelo, nací aquí. ¿Cómo eres fotógrafa y nunca hemos trabajado juntos? —pregunta acomodándose el pelo.
—Es que empecé este año, aún no soy muy recomendada en lugares grandes.
—Pero estás aquí, algo bien habrás hecho.
—Tuve una pasantía con la fotógrafa Elizabeth Morcillo, ella me ha ayudado mucho y me ha recomendado con la empresa de aquí, por eso estamos hoy juntos… Juntos, en el sentido de estar en el mismo sitio —explico nerviosa.
Jack ríe.
—Te entiendo, tuve la oportunidad de conocerla y es una mujer muy amable.
—Lo es, sí. ¿Cómo llegaste a ser modelo?
—Redes sociales, siempre me ha gustado subir videos, bailando o siendo un bromista y empecé a aumentar los seguidores, hasta que me empezaron a llamar para modelar y de ahí no paró.
—Ah, ¡qué copado! Las redes ayudan mucho.
—Pues sí, te puedo presentar con todos mis amigos si quieres. De hecho está Jase que es muy tranquilo, no se donde andará, hace un momento estaba con tu amiga…
Mi amiga estaba con una pistola de burbujas, tirándole a un rubio de rizos, que estaba quitándose la camisa dejando a la vista su torso cubierto con algunos tatuajes.
—Creo que debería ir por mi amigo, antes de que se siga quitando la ropa.
—Es una muy buena idea.
Mientras me dirijo a buscar otro trago, la verdad el barman es un morocho hermoso, tiene unos ojazos azules de esos que no podés quitar la mirada.
—¿Cómo ha estado tu trago? —preguntó.
—Estuvo tan rico, que vengo a buscar otro —respondí apoyándome en la barra.
—Oye, y… ¿Cuántos años tienes?
—Diecinueve, ¿vos?
—Veintisiete.
—Casi igual —dije con una sonrisa coqueta.
—¿Tú crees?
—Sí.
—¿Crees también que después de aquí vengas a mi casa? —preguntó acercándose.
—Mmm, eso me lo tengo que pensar…
—¡Eva! —interrumpió Daiana.
—Pero qué te pasa, mujer.
—Tenemos que irnos, le dije a Jack que lo acompañaremos a llevar a su amigo ebrio.
—¿Por qué le dijiste eso? Recién acabamos de llegar.
—Vengaaa, ¿no querías que me olvidara de Louis?
—Sí, pero aquí en la fiesta. Unos besos no sé.
—Porfaaa, Eva.
Suspiré.
—Dale, camina.
—¡Sííí! —exclamó abrazándome.
Tomé mi trago de un sorbo y me dirigí hacia Jack, que estaba sosteniendo a su amigo y Daiana le estaba abrochando la camisa al borracho.
—Ya podemos irnos —dice Dai.
—Gracias por acompañarnos, chicas.
—¿Qué hay de tus amigos? ¿Ven a este chico así y no le da una mano? —pregunté.
Dai me golpeó las costillas con su codo.
—¿Qué? —pregunté.
—Pues, amigos, lo que significa la palabra amigos, no somos. Por lo tanto si uno hace papelones lo grabamos en vez de ayudar, claro que Jase y yo no somos así, por eso estoy llevándolo, él es mi amigo.
—Ah.
Los cuatro caminamos hacia la salida del hotel. No habrá pasado ni una hora de haber llegado aquí y ya me tengo que ir, solo para que mi amiga se ligue al rubio que me prestó su sudadera, «esto es increible, encima no pude socializar con gente importante para conseguir trabajo» me dije a mi misma en voz baja.
—¡Ay! ¡Auch! —chilló Daiana, tirándose a los brazos de Jack, dejando caer a su amigo a los míos—. Me he torcido el tobillo, creo que no puedo andar.
—Intenta apoyar el pie —dice Jack.
—No, no puedo. ¿Crees que podrías cargarme?
Astuta perra. Seguro no tiene nada.
—Claro —responde Jack tomando en brazos a Dai.
Llegamos a la salida, no sé cómo pude cargar con el peso de este chico sobre mí. Jack nos dijo que esperemos en la entrada que iba a traer el coche.
—Eres muy guapa —habla el chico que está colgado de mis brazos.
—Lo sé.
—Eva, ¿verdad?
—Síp.
—Eres muy guap… —no terminó de decir la palabra que lanzó su vómito encima de mi.
—¡Mi corseeet!