El comienzo en la academia
En los reinos del norte, donde los árboles se alzaban altivos y los rĂos fluĂan cristalinos, se encontraba la majestuosa Academia de las tres sendas en el Reino de la UniĂłn. Ubicada en el corazĂłn del bosque ancestral de Eldrath, esta instituciĂłn era el epicentro del aprendizaje para aquellos dotados de magia, valor y espĂritu explorador.
En una mañana bañada por la luz dorada del sol, un joven elfo emergiĂł de entre las sombras de los árboles. Su cabello ardiente como el fuego, sus ojos azules como el cielo y orejas puntiagudas eran un distintivo entre los suyos. Rinar Redwood, hijo de la Casa Redwood, caminaba con paso decidido hacia la academia, listo para enfrentar los desafĂos que el destino le deparaba.
Rinar pertenecĂa a la estirpe de los elfos, pero su espĂritu estaba imbuido de la esencia misma del bosque. Desde temprana edad, habĂa mostrado un vĂnculo Ăşnico con la naturaleza, una conexiĂłn que trascendĂa lo comĂşn entre su pueblo. Su magia arraigada en la madera, le conferĂa habilidades Ăşnicas para moldear y manipular el entorno vegetal a su antojo.
Con la mochila al hombro y el corazón lleno de expectativas, Rinar avanzaba entre los senderos del bosque. A su alrededor, los susurros de las hojas y el canto de los pájaros le daban la bienvenida, como si el propio Eldrath reconociera en él a un hijo predilecto.
Al llegar a los imponentes muros de la academia, Rinar se detuvo un momento para contemplar su magnificencia. Los altos torreones se alzaban hacia el cielo, custodiando los conocimientos y secretos que aguardaban en su interior. Con una sonrisa decidida en los labios, el joven elfo atravesĂł los portones y se adentrĂł en el bullicio de la academia.
En los pasillos de piedra pulida, se mezclaban estudiantes de todas las razas y estirpes. Humanos, elfos, enanos y criaturas de la selva compartĂan conocimientos y experiencias, cada uno con su propia historia y habilidades. Era un crisol de culturas y tradiciones, un reflejo del espĂritu de unidad que reinaba en el Reino de la UniĂłn.
Rinar se encaminĂł hacia las aulas donde donde se llevarĂa el examen de ingreso para magos ya que en esta academia tambiĂ©n habĂa examen para guerreros y exploradores, los exámenes consistĂan en dos partes una escrita y otra practica
Con nerviosismo palpable, Rinar se encontraba entre los aspirantes en la sala del examen escrito. A pesar de su determinaciĂłn, sabĂa que no era un mago excepcional; sus habilidades estaban un poco por encima del promedio, pero el desafĂo que tenĂa frente a Ă©l era abrumador.
La tensión en el ambiente se intensificó cuando uno de los candidatos, desesperado por obtener una ventaja injusta, intentó hacer trampa. Los ojos agudos de los maestros magos lo detectaron de inmediato. Con un gesto de sus manos, el infractor fue levantado del suelo y sacado de la sala, su intento de engaño castigado con severidad frente a todos los presentes.
La escena dejó a los demás aspirantes en un estado de shock momentáneo, recordándoles la gravedad de las consecuencias por intentar engañar en un examen de esta magnitud. Rinar apretó los puños con determinación, reafirmando su compromiso de aprobar el examen con honestidad y honor.
A medida que avanzaba en el examen, Rinar encontraba las preguntas cada vez más difĂciles de responder. Las palabras en el papel parecĂan danzar ante sus ojos, desafiándolo a demostrar su comprensiĂłn de los conceptos mágicos más complejos. A pesar de su dedicaciĂłn y esfuerzo, no podĂa evitar sentir la presiĂłn aplastante de la competencia y sus propias limitaciones.
Finalmente, el tiempo se agotĂł y los exámenes fueron recolectados. Con un suspiro de alivio mezclado con ansiedad, Rinar esperĂł los resultados. Cuando los maestros anunciaron que solo el 60% de los aspirantes habĂan aprobado el examen escrito, sintiĂł un nudo en el estĂłmago. SabĂa que cada respuesta malinterpretada o cada concepto mal entendido podrĂa haber sido su perdiciĂłn.
Con la esperanza de que sus esfuerzos fueran suficientes, Rinar se preparĂł para enfrentar el siguiente desafĂo: el examen práctico. SabĂa que necesitaba mostrar un dominio sĂłlido de sus habilidades mágicas si querĂa tener alguna posibilidad de ser aceptado en la prestigiosa Academia de las tres sendas.
Al amanecer del dĂa siguiente, los aspirantes que habĂan superado la primera parte de los exámenes fueron convocados a un gran salĂłn en el corazĂłn de la Academia de las tres sendas. La sala estaba dividida en tres secciones, cada una ocupada por los aspirantes de las diferentes clases: los magos a la izquierda, los exploradores en el centro y los guerreros a la derecha. En el frente del escenario, el director de la academia, flanqueado por los maestros, se preparaba para dar un importante anuncio.
Con una voz resonante, el director felicitĂł a los aspirantes por haber avanzado a la siguiente fase del proceso de admisiĂłn. Les informĂł que la prueba fĂsica tendrĂa lugar en una semana y mientras tanto tendrĂan la opciĂłn de descansar en la academia o explorar el cercano pueblo. Sin embargo, lo más crucial estaba por venir.
ExplicĂł detalladamente la siguiente fase del examen, que desafiaba no solo sus habilidades individuales, sino tambiĂ©n su capacidad para trabajar en equipo y enfrentarse a los peligros del mundo exterior. Cada equipo estarĂa compuesto por tres aspirantes y se les asignarĂa un cristal mágico, resistente a la destrucciĂłn.
El director describiĂł el diseño del bosque como un cĂrculo con un pequeño cĂrculo en el centro, cada parte del cĂrculo representando una secciĂłn del bosque asignada a una clase. Los magos estarĂan en una parte del bosque, los guerreros en otra, y los exploradores en la tercera. Entre cada secciĂłn habrĂa un muro que separarĂa a las clases, asegurando que no se cruzaran durante la prueba.
El objetivo era claro: cada equipo debĂa reunir seis cristales mágicos en total. Estos cristales serĂan llevados por los propios aspirantes y no estarĂan dispersos por el bosque. Cada equipo deberĂa asegurarse de tener en su posesiĂłn seis de ellos al final de la prueba.
La advertencia final del director resonĂł en la sala: en este examen, los peligros eran reales y la posibilidad de muerte estaba presente. Los aspirantes tenĂan la opciĂłn de retirarse si consideraban que no estaban preparados para afrontar los riesgos involucrados.
La sala quedĂł en silencio mientras los aspirantes absorbĂan la gravedad de la tarea que les aguardaba. Las miradas se cruzaban entre ellos, llenas de determinaciĂłn y un atisbo de temor ante lo desconocido que les aguardaba en el oscuro corazĂłn del bosque ancestral de Eldrath.
Rinar se mantuvo firme mientras escudriñaba las expresiones de los demás magos, evaluando rápidamente quiĂ©nes podrĂan ser los más aptos para formar equipo. Entre las caras preocupadas, las dudas y la despreocupaciĂłn, sus ojos se detuvieron en dos figuras familiares: William Ashford y Emma Hart. William, un humano con el cabello negro como el Ă©bano y ojos avellana, destacaba por su porte atlĂ©tico y su sonrisa amigable.
Por otro lado, Emma, una joven humana con largos mechones de cabello negro azabache que caĂan en cascada sobre sus hombros, poseĂa una mirada intensa y decidida que contrastaba con su rostro delicado y sus ojos verdes centelleantes. HabĂan hablado en el pasado sobre su deseo de tomar el examen en la academia, pero nunca imaginaron encontrarse en esta situaciĂłn juntos.
Con un sentimiento de alivio, Rinar se apresurĂł hacia ellos. Cuando sus miradas se encontraron, un destello de alegrĂa cruzĂł entre ellos, reconociendo que tenĂan un problema menos del cual preocuparse. Con una simple inclinaciĂłn de cabeza, confirmaron su decisiĂłn de formar equipo como magos.
Rinar rompiĂł el silencio inicial con una sonrisa emocionada. “¡William, Emma! ¡QuĂ© alegrĂa encontrarnos aquĂ!”
William devolviĂł la sonrisa con entusiasmo. “Rinar, quĂ© sorpresa verte. ¡Parece que el destino nos ha reunido una vez más, esta vez en un desafĂo aĂşn mayor!”
Emma asintiĂł, su expresiĂłn reflejando determinaciĂłn. “SĂ, es increĂble. Estoy emocionada de tenerlos a ambos como compañeros en este viaje. Juntos podemos superar cualquier obstáculo que se nos presente.”
Con el entusiasmo del reencuentro aĂşn palpable, comenzaron a hablar sobre el examen que les aguardaba. Discutieron sobre las habilidades mágicas que cada uno poseĂa y cĂłmo podrĂan complementarse en el desafĂo que tenĂan por delante.
Rinar explicó cómo su magia estaba arraigada en la naturaleza, permitiéndole manipular y controlar las plantas y los elementos del bosque. William compartió su destreza en la magia de la ilusión, capaz de engañar a los sentidos y confundir a sus oponentes. Emma reveló su talento en la magia de curación, capaz de sanar heridas y proteger a sus compañeros en momentos de peligro.
Juntos, comenzaron a idear una estrategia para el examen. Discutieron la posibilidad de aprovechar las habilidades Ăşnicas de cada uno para superar los desafĂos que encontrarĂan en el bosque. Con determinaciĂłn en sus corazones y una confianza renovada en su amistad, estaban listos para enfrentarse a cualquier cosa que el examen les lanzara.
DespuĂ©s de que todos los aspirantes se movieran y algunos formaran sus grupos mientras que otros aĂşn no lo habĂan hecho, el director interrumpiĂł el alboroto levantando la voz y calmando la sala. Con una expresiĂłn seria, continuĂł con más explicaciones, asegurándose de que todos entendieran las reglas y los requisitos para la siguiente fase del examen.
“Es imperativo que cada equipo entregue un formulario con la formaciĂłn de su grupo dos dĂas antes de la prueba”, anunciĂł el director. “Esto nos permitirá organizar adecuadamente el evento y garantizar un desarrollo fluido de la misma”.
Extendiendo aĂşn más las instrucciones, agregĂł: “Tienen cinco dĂas para intentar formar un equipo, desarrollar estrategias para sobrevivir en el bosque y asegurar la recolecciĂłn de los seis cristales requeridos. Es importante tener en cuenta que un aventurero promedio tarda cinco dĂas en llegar del exterior al centro del bosque, pero ustedes tendrán siete dĂas para lograrlo”.
La menciĂłn del tiempo adicional provocĂł murmullos entre los aspirantes, algunos visiblemente aliviados por la extensiĂłn del plazo. El director continuĂł: “Además, podrán ir al pueblo más cercano, que se encuentra a medio dĂa de la academia, para comprar suministros. Pueden utilizar todo el equipo, pociones y recursos que necesiten, pero recuerden que deben proteger sus cristales y adquirir los tres restantes de los demás equipos”.
Concluyendo la reunión, el director hizo una última advertencia: “Mantengan la seguridad como prioridad en todo momento. El examen es peligroso, y es responsabilidad de cada uno de ustedes protegerse a sà mismos y a sus compañeros”.
Con esto dicho, la reuniĂłn en el aula llegĂł a su fin y los aspirantes salieron en diversas direcciones, con la mente llena de estrategias y preparativos para el desafĂo que les esperaba en el oscuro y misterioso bosque.
DespuĂ©s de que la reuniĂłn terminara, Rinar, William y Emma dejaron la sala de reuniones y se dirigieron al encantador jardĂn de la academia, el jardĂn de la academia era un lugar encantador, con exuberantes parterres de flores multicolores y caminos serpenteantes bordeados por altos setos de boj. Grandes árboles frondosos proporcionaban sombra en los dĂas soleados, mientras que bancos de piedra invitaban a los estudiantes a descansar y contemplar la belleza natural que los rodeaba.
Este jardĂn era uno de varios dispersos por la academia, pero al estar ubicado en el centro, era un punto de encuentro para aspirantes de todas las clases, incluidos magos, guerreros y exploradores, que se mezclaban y compartĂan conversaciones mientras se preparaban para los desafĂos que les esperaban.
Rinar, William y Emma se sentaron en uno de los pequeños quioscos dispersos por el jardĂn, un lugar tranquilo donde podĂan discutir su estrategia para el examen que se avecinaba. Mientras contaban con quĂ© objetos y dinero contaban para enfrentar la prueba, se dieron cuenta de que les faltaban elementos esenciales como una varita, pociones de vida, pociones de mana y equipo de acampar, además de provisiones de comida para el viaje.
Juntos, comenzaron a contar el dinero que cada uno traĂa. Rinar tenĂa 48 monedas de plata, Emma 46 monedas de plata y William 60 monedas de plata. Decidieron que necesitaban ir al pueblo que estaba a medio dĂa en carreta para abastecerse, pero se dieron cuenta de que ya era tarde y que tendrĂan que esperar hasta la mañana siguiente.
Discutieron los horarios de las carretas que salĂan de la academia hasta el pueblo. SabĂan que habĂa tres salidas al dĂa: por la mañana, por la tarde y por la noche. Decidieron que irĂan temprano por la mañana para tener suficiente tiempo en el mercado del pueblo, que estaba abierto desde la mañana hasta el atardecer.
Con eso en mente, planearon cĂłmo gastarĂan su dinero. SabĂan que una comida completa para una persona costaba 2 monedas de plata y 10 monedas de cobre, mientras que una espada corta costaba 17 monedas de plata y 50 monedas de cobre. Con sus recursos financieros limitados, tendrĂan que ser cuidadosos al decidir en quĂ© invertir su dinero para asegurarse de tener todo lo necesario para el desafiante viaje que les esperaba al centro del bosque.
Rinar, William y Emma, compartiendo sus pensamientos sobre cĂłmo afrontarĂan el desafĂo que tenĂan por delante. DespuĂ©s de discutir sobre el dinero que tenĂan y cĂłmo podrĂan juntarlo para conseguir un mejor equipo, una atmĂłsfera de nostalgia envolviĂł el ambiente, y Rinar decidiĂł romper el silencio.
Rinar mirĂł a sus amigos con una sonrisa nostálgica. “Recuerdo cuando vivĂamos juntos en aquella aldea hace tres años”, comenzĂł, su voz cargada de emotividad. “Éramos tan jĂłvenes e inocentes en aquel entonces. QuiĂ©n iba a pensar que nuestras vidas tomarĂan caminos tan diferentes”.
William asintiĂł con melancolĂa. “SĂ, esos fueron buenos tiempos. Aunque nos separamos, siempre pensaba en ustedes y en cĂłmo estarĂan”.
Emma bajĂł la mirada, recordando los dĂas en la aldea con una mezcla de tristeza y añoranza. “Me costĂł mucho adaptarme a mi nueva vida despuĂ©s de que nos separamos. Extrañaba sus risas y sus conversaciones”.
Rinar puso una mano reconfortante sobre el hombro de Emma. “Lo sé, también lo extrañaba. Pero aquà estamos ahora, reunidos de nuevo en esta academia. Y esta vez, no nos vamos a separar”.
William asintiĂł con determinaciĂłn. “Exacto. Aunque nuestras vidas nos hayan llevado por diferentes caminos, siempre seremos amigos. Y esta vez, vamos a enfrentar este desafĂo juntos, como un equipo”.
Emma levantĂł la mirada con una sonrisa, sus ojos brillando con renovada esperanza. “SĂ, no importa quĂ© obstáculos se nos presenten, vamos a superarlos juntos. Nos tenemos el uno al otro, y eso es lo que importa”.
Con un sentido de unidad, los tres amigos se abrazaron, sabiendo que esta vez, no importaba quĂ© les deparara el futuro, estarĂan juntos para enfrentarlo.
DespuĂ©s de una agradable conversaciĂłn en el quiosco del jardĂn, Rinar, William y Emma se despidieron, conscientes de que tenĂan que levantarse temprano para ir al pueblo al dĂa siguiente.
Rinar, con su caracterĂstica energĂa, se despidiĂł con un gesto enĂ©rgico. “¡Nos vemos mañana, amigos! ¡Estoy emocionado por ir al pueblo y conseguir todo lo que necesitamos para el examen!”
William asintiĂł con una sonrisa, compartiendo el entusiasmo de Rinar. “SĂ, va a ser emocionante. Vamos a hacer un gran equipo juntos”.
Emma, con su tĂpica gentileza, agregĂł: “Estoy agradecida de tenerlos como compañeros. Nos vemos mañana, chicos”.
Se levantaron del quiosco y cada uno tomĂł su camino hacia los dormitorios correspondientes, que estaban divididos por genero.
Los dormitorios estaban ubicados en una secciĂłn separada de la academia, con los dormitorios de hombres y mujeres claramente marcados. Cada dormitorio tenĂa espacio para cuatro personas, con camas individuales para cada ocupante. William y Rinar, al estar en diferentes cuartos, tomaron caminos separados.
Rinar tomĂł el camino que lo llevaba desde el jardĂn hasta los dormitorios de magos para hombres. A esa hora de la noche, la academia estaba envuelta en una atmĂłsfera tranquila y serena, con solo el suave susurro de la brisa nocturna rompiendo el silencio. Las antorchas alineadas en los pasillos iluminaban el camino de Rinar mientras se dirigĂa hacia su cuarto.
Caminando por los pasillos pulidos de piedra, Rinar se encontrĂł con otros aspirantes que compartĂan el mismo destino. Entre ellos habĂa un joven que parecĂa disfrutar de hacer comentarios sarcásticos, y no tardĂł en burlarse de Rinar por su estatura.
“¡Miren quiĂ©n está aquĂ! ÂżEl elfo diminuto?“, se riĂł el joven con una sonrisa burlona. “¿Vas a necesitar una escalera para subir a tu cama esta noche?”
Rinar se detuvo por un momento, sintiendo una mezcla de irritaciĂłn y resignaciĂłn ante el comentario. Con una sonrisa forzada, respondiĂł con calma: “No te preocupes por mĂ. Siempre encuentro una forma de llegar a donde necesito”.
El joven aspirante, un humano de nombre Liam Stormshield, frunció el ceño al escuchar la respuesta de Rinar. Con una expresión de molestia, se acercó a Rinar y, como era más grande que él, lo levantó con ambas manos con un gesto brusco.
“¿Qué dijiste, basura?” gruñó Liam, con un tono amenazante en su voz.
Rinar, sorprendido por la reacción violenta, intentó mantener la calma mientras era empujado contra la pared. Antes de que pudiera reaccionar, sintió el impacto del puño de Liam golpeándole en la cara. Un estallido de dolor se apoderó de él mientras se tambaleaba, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca.
Los otros aspirantes que presenciaban la escena miraban con sorpresa, algunos con expresiones de shock mientras otros parecĂan disfrutar del espectáculo. Rinar, sintiĂ©ndose herido tanto fĂsica como emocionalmente, se quedĂł en silencio en el suelo, abrumado por una mezcla de tristeza y desconcierto. Liam, al ver que Rinar ya no respondĂa y permanecĂa en el suelo, lanzĂł otro comentario lleno de desprecio.
“Quédate en donde estás, enano de orejas largas”, Grito Liam con desdén, antes de dar media vuelta y dirigirse hacia su dormitorio, dejando a Rinar solo en el pasillo oscuro y silencioso. Los demás aspirantes, sintiendo la tensión en el aire, miraron con incomodidad mientras Liam se alejaba, algunos murmurando entre ellos mientras otros simplemente se apartaban del camino para evitar cualquier confrontación adicional. Rinar, sintiendo el peso del dolor y la humillación, se tomó un momento para recuperarse antes de levantarse lentamente y dirigirse a su propio dormitorio, con la esperanza de encontrar algo de paz y consuelo en el refugio de su cama.








