Avaloria: El comienzo de una aventura

All Rights Reserved ©

Summary

"En los reinos del norte, la majestuosa Academia de las Tres Sendas en el bosque ancestral de Eldrath es el epicentro del aprendizaje para aquellos dotados de magia y coraje. Rinar Redwood, un joven elfo con habilidades únicas, se enfrenta a desafíos en su búsqueda por ser aceptado en esta prestigiosa institución. Sin embargo, para superar el examen de ingreso, deberá demostrar no solo su habilidad mágica, sino también su valentía y capacidad para trabajar en equipo. ¿Podrá Rinar alcanzar su destino en el mundo de Avaloria?"

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

El comienzo en la academia

En los reinos del norte, donde los árboles se alzaban altivos y los ríos fluían cristalinos, se encontraba la majestuosa Academia de las tres sendas en el Reino de la Unión. Ubicada en el corazón del bosque ancestral de Eldrath, esta institución era el epicentro del aprendizaje para aquellos dotados de magia, valor y espíritu explorador.

En una mañana bañada por la luz dorada del sol, un joven elfo emergió de entre las sombras de los árboles. Su cabello ardiente como el fuego, sus ojos azules como el cielo y orejas puntiagudas eran un distintivo entre los suyos. Rinar Redwood, hijo de la Casa Redwood, caminaba con paso decidido hacia la academia, listo para enfrentar los desafíos que el destino le deparaba.

Rinar pertenecía a la estirpe de los elfos, pero su espíritu estaba imbuido de la esencia misma del bosque. Desde temprana edad, había mostrado un vínculo único con la naturaleza, una conexión que trascendía lo común entre su pueblo. Su magia arraigada en la madera, le confería habilidades únicas para moldear y manipular el entorno vegetal a su antojo.

Con la mochila al hombro y el corazón lleno de expectativas, Rinar avanzaba entre los senderos del bosque. A su alrededor, los susurros de las hojas y el canto de los pájaros le daban la bienvenida, como si el propio Eldrath reconociera en él a un hijo predilecto.

Al llegar a los imponentes muros de la academia, Rinar se detuvo un momento para contemplar su magnificencia. Los altos torreones se alzaban hacia el cielo, custodiando los conocimientos y secretos que aguardaban en su interior. Con una sonrisa decidida en los labios, el joven elfo atravesó los portones y se adentró en el bullicio de la academia.

En los pasillos de piedra pulida, se mezclaban estudiantes de todas las razas y estirpes. Humanos, elfos, enanos y criaturas de la selva compartían conocimientos y experiencias, cada uno con su propia historia y habilidades. Era un crisol de culturas y tradiciones, un reflejo del espíritu de unidad que reinaba en el Reino de la Unión.

Rinar se encaminó hacia las aulas donde donde se llevaría el examen de ingreso para magos ya que en esta academia también había examen para guerreros y exploradores, los exámenes consistían en dos partes una escrita y otra practica

Con nerviosismo palpable, Rinar se encontraba entre los aspirantes en la sala del examen escrito. A pesar de su determinación, sabía que no era un mago excepcional; sus habilidades estaban un poco por encima del promedio, pero el desafío que tenía frente a él era abrumador.

La tensión en el ambiente se intensificó cuando uno de los candidatos, desesperado por obtener una ventaja injusta, intentó hacer trampa. Los ojos agudos de los maestros magos lo detectaron de inmediato. Con un gesto de sus manos, el infractor fue levantado del suelo y sacado de la sala, su intento de engaño castigado con severidad frente a todos los presentes.

La escena dejó a los demás aspirantes en un estado de shock momentáneo, recordándoles la gravedad de las consecuencias por intentar engañar en un examen de esta magnitud. Rinar apretó los puños con determinación, reafirmando su compromiso de aprobar el examen con honestidad y honor.

A medida que avanzaba en el examen, Rinar encontraba las preguntas cada vez más difíciles de responder. Las palabras en el papel parecían danzar ante sus ojos, desafiándolo a demostrar su comprensión de los conceptos mágicos más complejos. A pesar de su dedicación y esfuerzo, no podía evitar sentir la presión aplastante de la competencia y sus propias limitaciones.

Finalmente, el tiempo se agotó y los exámenes fueron recolectados. Con un suspiro de alivio mezclado con ansiedad, Rinar esperó los resultados. Cuando los maestros anunciaron que solo el 60% de los aspirantes habían aprobado el examen escrito, sintió un nudo en el estómago. Sabía que cada respuesta malinterpretada o cada concepto mal entendido podría haber sido su perdición.

Con la esperanza de que sus esfuerzos fueran suficientes, Rinar se preparó para enfrentar el siguiente desafío: el examen práctico. Sabía que necesitaba mostrar un dominio sólido de sus habilidades mágicas si quería tener alguna posibilidad de ser aceptado en la prestigiosa Academia de las tres sendas.

Al amanecer del día siguiente, los aspirantes que habían superado la primera parte de los exámenes fueron convocados a un gran salón en el corazón de la Academia de las tres sendas. La sala estaba dividida en tres secciones, cada una ocupada por los aspirantes de las diferentes clases: los magos a la izquierda, los exploradores en el centro y los guerreros a la derecha. En el frente del escenario, el director de la academia, flanqueado por los maestros, se preparaba para dar un importante anuncio.

Con una voz resonante, el director felicitó a los aspirantes por haber avanzado a la siguiente fase del proceso de admisión. Les informó que la prueba física tendría lugar en una semana y mientras tanto tendrían la opción de descansar en la academia o explorar el cercano pueblo. Sin embargo, lo más crucial estaba por venir.

Explicó detalladamente la siguiente fase del examen, que desafiaba no solo sus habilidades individuales, sino también su capacidad para trabajar en equipo y enfrentarse a los peligros del mundo exterior. Cada equipo estaría compuesto por tres aspirantes y se les asignaría un cristal mágico, resistente a la destrucción.

El director describió el diseño del bosque como un círculo con un pequeño círculo en el centro, cada parte del círculo representando una sección del bosque asignada a una clase. Los magos estarían en una parte del bosque, los guerreros en otra, y los exploradores en la tercera. Entre cada sección habría un muro que separaría a las clases, asegurando que no se cruzaran durante la prueba.

El objetivo era claro: cada equipo debía reunir seis cristales mágicos en total. Estos cristales serían llevados por los propios aspirantes y no estarían dispersos por el bosque. Cada equipo debería asegurarse de tener en su posesión seis de ellos al final de la prueba.

La advertencia final del director resonó en la sala: en este examen, los peligros eran reales y la posibilidad de muerte estaba presente. Los aspirantes tenían la opción de retirarse si consideraban que no estaban preparados para afrontar los riesgos involucrados.

La sala quedó en silencio mientras los aspirantes absorbían la gravedad de la tarea que les aguardaba. Las miradas se cruzaban entre ellos, llenas de determinación y un atisbo de temor ante lo desconocido que les aguardaba en el oscuro corazón del bosque ancestral de Eldrath.

Rinar se mantuvo firme mientras escudriñaba las expresiones de los demás magos, evaluando rápidamente quiénes podrían ser los más aptos para formar equipo. Entre las caras preocupadas, las dudas y la despreocupación, sus ojos se detuvieron en dos figuras familiares: William Ashford y Emma Hart. William, un humano con el cabello negro como el ébano y ojos avellana, destacaba por su porte atlético y su sonrisa amigable.

Por otro lado, Emma, una joven humana con largos mechones de cabello negro azabache que caían en cascada sobre sus hombros, poseía una mirada intensa y decidida que contrastaba con su rostro delicado y sus ojos verdes centelleantes. Habían hablado en el pasado sobre su deseo de tomar el examen en la academia, pero nunca imaginaron encontrarse en esta situación juntos.

Con un sentimiento de alivio, Rinar se apresuró hacia ellos. Cuando sus miradas se encontraron, un destello de alegría cruzó entre ellos, reconociendo que tenían un problema menos del cual preocuparse. Con una simple inclinación de cabeza, confirmaron su decisión de formar equipo como magos.

Rinar rompió el silencio inicial con una sonrisa emocionada. “¡William, Emma! ¡Qué alegría encontrarnos aquí!”

William devolvió la sonrisa con entusiasmo. “Rinar, qué sorpresa verte. ¡Parece que el destino nos ha reunido una vez más, esta vez en un desafío aún mayor!”

Emma asintió, su expresión reflejando determinación. “Sí, es increíble. Estoy emocionada de tenerlos a ambos como compañeros en este viaje. Juntos podemos superar cualquier obstáculo que se nos presente.”

Con el entusiasmo del reencuentro aún palpable, comenzaron a hablar sobre el examen que les aguardaba. Discutieron sobre las habilidades mágicas que cada uno poseía y cómo podrían complementarse en el desafío que tenían por delante.

Rinar explicó cómo su magia estaba arraigada en la naturaleza, permitiéndole manipular y controlar las plantas y los elementos del bosque. William compartió su destreza en la magia de la ilusión, capaz de engañar a los sentidos y confundir a sus oponentes. Emma reveló su talento en la magia de curación, capaz de sanar heridas y proteger a sus compañeros en momentos de peligro.

Juntos, comenzaron a idear una estrategia para el examen. Discutieron la posibilidad de aprovechar las habilidades únicas de cada uno para superar los desafíos que encontrarían en el bosque. Con determinación en sus corazones y una confianza renovada en su amistad, estaban listos para enfrentarse a cualquier cosa que el examen les lanzara.

Después de que todos los aspirantes se movieran y algunos formaran sus grupos mientras que otros aún no lo habían hecho, el director interrumpió el alboroto levantando la voz y calmando la sala. Con una expresión seria, continuó con más explicaciones, asegurándose de que todos entendieran las reglas y los requisitos para la siguiente fase del examen.

“Es imperativo que cada equipo entregue un formulario con la formación de su grupo dos días antes de la prueba”, anunció el director. “Esto nos permitirá organizar adecuadamente el evento y garantizar un desarrollo fluido de la misma”.

Extendiendo aún más las instrucciones, agregó: “Tienen cinco días para intentar formar un equipo, desarrollar estrategias para sobrevivir en el bosque y asegurar la recolección de los seis cristales requeridos. Es importante tener en cuenta que un aventurero promedio tarda cinco días en llegar del exterior al centro del bosque, pero ustedes tendrán siete días para lograrlo”.

La mención del tiempo adicional provocó murmullos entre los aspirantes, algunos visiblemente aliviados por la extensión del plazo. El director continuó: “Además, podrán ir al pueblo más cercano, que se encuentra a medio día de la academia, para comprar suministros. Pueden utilizar todo el equipo, pociones y recursos que necesiten, pero recuerden que deben proteger sus cristales y adquirir los tres restantes de los demás equipos”.

Concluyendo la reunión, el director hizo una última advertencia: “Mantengan la seguridad como prioridad en todo momento. El examen es peligroso, y es responsabilidad de cada uno de ustedes protegerse a sí mismos y a sus compañeros”.

Con esto dicho, la reunión en el aula llegó a su fin y los aspirantes salieron en diversas direcciones, con la mente llena de estrategias y preparativos para el desafío que les esperaba en el oscuro y misterioso bosque.

Después de que la reunión terminara, Rinar, William y Emma dejaron la sala de reuniones y se dirigieron al encantador jardín de la academia, el jardín de la academia era un lugar encantador, con exuberantes parterres de flores multicolores y caminos serpenteantes bordeados por altos setos de boj. Grandes árboles frondosos proporcionaban sombra en los días soleados, mientras que bancos de piedra invitaban a los estudiantes a descansar y contemplar la belleza natural que los rodeaba.

Este jardín era uno de varios dispersos por la academia, pero al estar ubicado en el centro, era un punto de encuentro para aspirantes de todas las clases, incluidos magos, guerreros y exploradores, que se mezclaban y compartían conversaciones mientras se preparaban para los desafíos que les esperaban.

Rinar, William y Emma se sentaron en uno de los pequeños quioscos dispersos por el jardín, un lugar tranquilo donde podían discutir su estrategia para el examen que se avecinaba. Mientras contaban con qué objetos y dinero contaban para enfrentar la prueba, se dieron cuenta de que les faltaban elementos esenciales como una varita, pociones de vida, pociones de mana y equipo de acampar, además de provisiones de comida para el viaje.

Juntos, comenzaron a contar el dinero que cada uno traía. Rinar tenía 48 monedas de plata, Emma 46 monedas de plata y William 60 monedas de plata. Decidieron que necesitaban ir al pueblo que estaba a medio día en carreta para abastecerse, pero se dieron cuenta de que ya era tarde y que tendrían que esperar hasta la mañana siguiente.

Discutieron los horarios de las carretas que salían de la academia hasta el pueblo. Sabían que había tres salidas al día: por la mañana, por la tarde y por la noche. Decidieron que irían temprano por la mañana para tener suficiente tiempo en el mercado del pueblo, que estaba abierto desde la mañana hasta el atardecer.

Con eso en mente, planearon cómo gastarían su dinero. Sabían que una comida completa para una persona costaba 2 monedas de plata y 10 monedas de cobre, mientras que una espada corta costaba 17 monedas de plata y 50 monedas de cobre. Con sus recursos financieros limitados, tendrían que ser cuidadosos al decidir en qué invertir su dinero para asegurarse de tener todo lo necesario para el desafiante viaje que les esperaba al centro del bosque.

Rinar, William y Emma, compartiendo sus pensamientos sobre cómo afrontarían el desafío que tenían por delante. Después de discutir sobre el dinero que tenían y cómo podrían juntarlo para conseguir un mejor equipo, una atmósfera de nostalgia envolvió el ambiente, y Rinar decidió romper el silencio.

Rinar miró a sus amigos con una sonrisa nostálgica. “Recuerdo cuando vivíamos juntos en aquella aldea hace tres años”, comenzó, su voz cargada de emotividad. “Éramos tan jóvenes e inocentes en aquel entonces. Quién iba a pensar que nuestras vidas tomarían caminos tan diferentes”.

William asintió con melancolía. “Sí, esos fueron buenos tiempos. Aunque nos separamos, siempre pensaba en ustedes y en cómo estarían”.

Emma bajó la mirada, recordando los días en la aldea con una mezcla de tristeza y añoranza. “Me costó mucho adaptarme a mi nueva vida después de que nos separamos. Extrañaba sus risas y sus conversaciones”.

Rinar puso una mano reconfortante sobre el hombro de Emma. “Lo sé, también lo extrañaba. Pero aquí estamos ahora, reunidos de nuevo en esta academia. Y esta vez, no nos vamos a separar”.

William asintió con determinación. “Exacto. Aunque nuestras vidas nos hayan llevado por diferentes caminos, siempre seremos amigos. Y esta vez, vamos a enfrentar este desafío juntos, como un equipo”.

Emma levantó la mirada con una sonrisa, sus ojos brillando con renovada esperanza. “Sí, no importa qué obstáculos se nos presenten, vamos a superarlos juntos. Nos tenemos el uno al otro, y eso es lo que importa”.

Con un sentido de unidad, los tres amigos se abrazaron, sabiendo que esta vez, no importaba qué les deparara el futuro, estarían juntos para enfrentarlo.

Después de una agradable conversación en el quiosco del jardín, Rinar, William y Emma se despidieron, conscientes de que tenían que levantarse temprano para ir al pueblo al día siguiente.

Rinar, con su característica energía, se despidió con un gesto enérgico. “¡Nos vemos mañana, amigos! ¡Estoy emocionado por ir al pueblo y conseguir todo lo que necesitamos para el examen!”

William asintió con una sonrisa, compartiendo el entusiasmo de Rinar. “Sí, va a ser emocionante. Vamos a hacer un gran equipo juntos”.

Emma, con su típica gentileza, agregó: “Estoy agradecida de tenerlos como compañeros. Nos vemos mañana, chicos”.

Se levantaron del quiosco y cada uno tomó su camino hacia los dormitorios correspondientes, que estaban divididos por genero.

Los dormitorios estaban ubicados en una sección separada de la academia, con los dormitorios de hombres y mujeres claramente marcados. Cada dormitorio tenía espacio para cuatro personas, con camas individuales para cada ocupante. William y Rinar, al estar en diferentes cuartos, tomaron caminos separados.

Rinar tomó el camino que lo llevaba desde el jardín hasta los dormitorios de magos para hombres. A esa hora de la noche, la academia estaba envuelta en una atmósfera tranquila y serena, con solo el suave susurro de la brisa nocturna rompiendo el silencio. Las antorchas alineadas en los pasillos iluminaban el camino de Rinar mientras se dirigía hacia su cuarto.

Caminando por los pasillos pulidos de piedra, Rinar se encontró con otros aspirantes que compartían el mismo destino. Entre ellos había un joven que parecía disfrutar de hacer comentarios sarcásticos, y no tardó en burlarse de Rinar por su estatura.

“¡Miren quién está aquí! ¿El elfo diminuto?“, se rió el joven con una sonrisa burlona. “¿Vas a necesitar una escalera para subir a tu cama esta noche?”

Rinar se detuvo por un momento, sintiendo una mezcla de irritación y resignación ante el comentario. Con una sonrisa forzada, respondió con calma: “No te preocupes por mí. Siempre encuentro una forma de llegar a donde necesito”.

El joven aspirante, un humano de nombre Liam Stormshield, frunció el ceño al escuchar la respuesta de Rinar. Con una expresión de molestia, se acercó a Rinar y, como era más grande que él, lo levantó con ambas manos con un gesto brusco.

“¿Qué dijiste, basura?” gruñó Liam, con un tono amenazante en su voz.

Rinar, sorprendido por la reacción violenta, intentó mantener la calma mientras era empujado contra la pared. Antes de que pudiera reaccionar, sintió el impacto del puño de Liam golpeándole en la cara. Un estallido de dolor se apoderó de él mientras se tambaleaba, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca.

Los otros aspirantes que presenciaban la escena miraban con sorpresa, algunos con expresiones de shock mientras otros parecían disfrutar del espectáculo. Rinar, sintiéndose herido tanto física como emocionalmente, se quedó en silencio en el suelo, abrumado por una mezcla de tristeza y desconcierto. Liam, al ver que Rinar ya no respondía y permanecía en el suelo, lanzó otro comentario lleno de desprecio.

“Quédate en donde estás, enano de orejas largas”, Grito Liam con desdén, antes de dar media vuelta y dirigirse hacia su dormitorio, dejando a Rinar solo en el pasillo oscuro y silencioso. Los demás aspirantes, sintiendo la tensión en el aire, miraron con incomodidad mientras Liam se alejaba, algunos murmurando entre ellos mientras otros simplemente se apartaban del camino para evitar cualquier confrontación adicional. Rinar, sintiendo el peso del dolor y la humillación, se tomó un momento para recuperarse antes de levantarse lentamente y dirigirse a su propio dormitorio, con la esperanza de encontrar algo de paz y consuelo en el refugio de su cama.