𝐋𝐚𝐬 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐃𝐞 𝐍𝐚𝐫𝐧𝐢𝐚

Summary

Los estruendos de la guerra hace que dos familias recurran desesperadamente a la ayuda del profesor Digory Kirke con el fin de proteger a sus hijos. Durante el viaje en el tren, los hermanos Pevensie conocen a dos de los cuatro hermanos Hourani, y sin saberlo, han sellado su destino en ese instante. Los más jóvenes de cada familia son los responsables de guiarlos hacia el interior del hermoso y antiguo ropero que guarda algo más que simples abrigos caros y exóticos.

Status
Complete
Chapters
14
Rating
n/a
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16+

001| El tren escarlata

Sonidos de pasos se escuchan fuertemente, a oscuras y casi a ciegas, Peter y Susan Pevensie se apresuraba a ayudar a su madre, y aún así el sonido de las alarmas provocaban escalofríos en todos, o bueno, casi todos.

Parado en una de las ventanas del hermoso pero cauteloso hogar, una figura menuda y pequeña observaba con atención las grandes luces que se alzaban por lo alto, buscando los aviones enemigos.

— ¡Edmund! ¡Aléjate de la ventana! — grito la madre de ellos, para después jalarlo con desespero.— ¡Peter sácalo de aquí!

—¡Ven!— ordeno el mayor, jalando de manera brusca a su hermano menor

—¡No espera! ¡Papá!— grito mientras miraba la foto de su padre

Mientras Peter sacaba a Edmund del lugar donde estaba, Susan se apresuraba a buscar las linternas que su madre necesitaba, sus ojos azules miraban a través de la oscuridad, sin notar que su hermana más joven estaba arropada en la cama, cubriendo su cabeza con la almohada y las propias sabanas.

—¡Susan!— grito la niña, asustada por el ruido que rodeaba su hogar, un ruido que aunque llevaba ya varios meses sucediendo, le seguía asustando y perturbando.

—¡Oh, Lucy!— exclamó, acercándose a la menos, en una de sus manos estaba la linterna que había logrado obtener de manera rápida.— Vamos, tenemos que salir de aquí rápidamente

Lucy es ayudada por su hermana mayor con tal de salir de la cama, poniéndose sus pantuflas y abrazando su peluche, apresura el paso con ayuda de Susan, aun temerosa de que algo le pudiera pasar. Cuando llegan a la entrada trasera, es Peter quien toma en sus brazos a Lucy, sabe que siendo la menor, sus pasos serían más lentos.

—Tenemos que ir al refugio— dijo el mayor, asegurándose de que nada le pasara a sus hermanos. —¡Ahora!

Tratando de correr, los pasos de Peter se detienen y entrega a su hermana pequeña a su madre, pues su hermano Edmund había dado marcha atrás.

—¡Edmund!— exclama fuertemente, volviendo en sus pasos para proteger a su hermano —¡Vuelve!

Pero su hermano no le hace caso, su objetivo es llegar a donde estaba el cuadro de su padre, tomándolo de manera rápida, pronto es tumbado en el suelo por Peter, quien lo cubre de los cristales que se rompen de manera espontanea.

—Cuidado— dice duramente —Vamos, tenemos que irnos

Corriendo hacía el refugio, el propio Peter lanza a su hermano, haciendo que este caiga sobre el colchón que esta en el suelo, donde su madre esta sentada.

—¿Por qué nunca entiendes?— cuestionó Peter, su voz sonaba enojada

Helen, su madre; se apresura ayudarle, dándole palabras de aliento, mientras que la mano izquierda de Edmund esta herida por los cristales del cuadro de su padre, pero al menor no le importa, sigue furioso por el actuar de Peter, como si este tuviera una autoridad por encima de su madre cuando no era así.




La guerra ya llevaba dos años, una guerra que había dejado a niños huérfanos y a padres sin hijos.

Violet Hourani observa desde su "escondite" las brillantes luces que emanan las bombas que son lanzadas, mientras que el techo de su hogar, parece retumbar como tambores al son de una melodía macabra. Sus cabellos negros y rizados ocultan su rostro y solo puede rezar a dios que todo termine de una buena vez, desea que su padre pueda volver a casa pronto y que sus hermanos menores estén a salvo. Su respiración, agitada le impide que el oxigeno llegue a sus pulmones, maldice en silencio el día en que nació con ese problema respiratorio, pero claro, sus maldiciones no pueden salir libremente, pues que pensaría la señora Chester de que ella, una dama de alta sociedad, se dirija de esa manera a la nada, sería una vulgaridad.

Abraza sus rodillas a su pecho, sus ojos se mantienen cerrados fuertemente y solo reacciona cuando escucha la voz de su hermano.

—¿Violet? ¿Dónde estás? — cuestiona con voz fuerte, pero las alarmas de bombas y el ruido de los aviones, parecen obstruir su audición

— ¿Leonard? — interroga ella, moviendo su cuerpo hacía donde esta la entrada de su cuarto, rezando porque su hermano aparezca rápido

Su hermano aparece de pronto, sus ojos grises lucen llenos de desesperación, parece haberse puesto la ropa a prisa, pues hay algunos botones mal colocados y su cabello esta revuelto.

—Gracias a dios te encuentro, madre nos está esperando — dice, tomando su mano y dándole una mirada llena de angustia — Tenemos que movernos al refugio

—Tengo miedo — susurra

— Yo igual, pero debemos de movernos — asegura Leonard, apretando su mano — Estoy aquí, vamos te protegeré

Irónico. Ella es la que debería de proteger al niño que había nacido dos años después que ella, pero era él, el que le daba la fuerza de seguir.

Las paredes vuelven a retumbar, los gritos de su madre junto a la señora Chester (el ama de llaves) y el señor Collins (el chofer) se escuchan fuerte, piden que vayan a donde están ellos, y se apresuran hacer lo que se les ordena, llegando por fin a lado de su madre, quien esta llorando amargamente y murmurando cosas sin sentido.

—Vamos niños — pide el señor Collins — Debemos de movernos al refugio

A ciegas y con el único hombre (adulto) al mando, se dejan guiar, hasta que las luces que son provocadas por las bombas, iluminan el lugar, y con ello, su camino al refugio. Sus pasos, tan torpes por lo que les rodeaba, hacen que tropiecen un poco, hasta que por fin llegan al refugio, mismo que era un cuarto subterráneo que estaba iluminado por varias velas para que se ocultara la suave luz, del oscuro exterior, con el fin de que las bombillas no alertaran donde estaban ocultos.

Violet se acurruca a lado de su hermano, escuchando la voz de su madre dando ordenes a los dos empleados que tienen, cuando de pronto, se escucho el estruendo de la última bomba (por el momento) y ambos hermanos se observan.

— Leo — llama Violet, captando la atención de su hermano — ¿Crees que Thia y Barty estén bien?

— Nuestros hermanos son inteligentes, aparte están con el tío abuelo, él no dejara que nada malo les pase — asegura él

—Aun así, siguen siendo niños — susurra ella con cierto temor

Sus hermanos, quienes eran los más jóvenes de la familia, también llegaban a ser dignos hijos del teniente coronel Joseph Hourani. Ambos eran igual de ingeniosos a la hora de hacer algún tipo de maldad, pero claro, también eran excelentes en la puntería, al fin y al cabo, su padre les había enseñado todo lo que sabía.

Hay un momento de silencio, Violet no desea apartar a su madre el asfixiante abrazo que le está dando, no porque le incomode, sino por el hecho de que sabe que su madre esta lo suficientemente asustada como para desmayarse si la suelta.

— Leonard — llama a su hermano, mismo que la mira y le cuestiona si todo está bien — Hay mucho silencio, ¿No crees?

—Si, demasiado...

Las palabras de su hermano se pierden, cuando el estruendo de una bomba se hace más fuerte y el sonido alrededor para totalmente, el bombardeo ha parado, y Leonard se apresura abrazar a su hermana, quien parece estar en estado de shock por la última bomba que ha caído en aquel momento.



La mañana era muy fresca, lo suficiente para que las personas que estaban en el anden para abordar los trenes, fueran abrigadas. Del lado norte de la pequeña estación, una familia trataba a duras penas de despedirse de su madre, evitando que otros niños y/o adolescentes los golpearan con las maletas que llevaba.

Helen Pevensie estaba casi a la altura de su hija más joven, arreglando su abrigo para evitar que el frío que parecía apoderarse de la ciudad, le perjudicará.

—¿Te abriga bien?— cuestionó con cala la mujer, su voz sonaba triste, pero trataba de mantener una sonrisa en su rostro

Lucy asiente, aunque estuviera asustada de alejarse de su madre, sabía que tenía que partir. Su madre asiente y dirige su atención a Edmund, quien evita a toda costa el tacto de su madre, está al ver que era imposible hablar con su hijo más joven, su atención va a su hija mayor.

—Pórtense bien— pide en una suplica, para dirigir su atención hacia el mayor, quien miraba a todo con mucha atención. —Cuídalos Peter

Aturdido por ser llamado tan de repente asiente.

—Si mamá— asegura con calma, sabía que para ella era difícil quedarse sola en una casa tan grande y vacía

Siendo guiados por Peter, los cuatro hermanos se abren paso por la estación, Peter se asegura que Lucy no suelte en ningún momento su mano, teme perderla de vista, Edmund esta casi a la par de él y Susan solo un paso detrás suyo.

—Boletos— pide un encargado

Es Susan quien entrega los boletos al ver a su hermano perdido en sus pensamientos y torpemente se suben al tren, donde había muchos niños y adolescentes siendo despedidos.



Al sur del estrecho andén, una mujer de cabellos rojos y ojos marrones se terminaba de despedir de sus hijos mayores, con la esperanza de verlos pronto.

—Ya es hora— dice, su voz suena apagada, estaba triste de alejarse de sus hijos. —Por favor, no estresen a su tío abuelo y cuiden de sus hermanos... Oh, sus hermanos

El dolor de recordar a los niños que hace casi un año mando con su tío le hace estremecer, y eso lo notan Violet y Leonard.

—Mamá, volveremos pronto— asegura Violet, su cabello castaño está sujetado con dos pasadores bonitos —Te lo garantizó

—Si madre, nos tendrás de vuelta junto a los torbellinos— se burló Leonard, recordando a sus traviesos hermanos menores —Y papá también volverá

La mención de su padre hace que su madre quiera llorar más, cuanto extrañaba a su esposo.

—Vayan, vayan antes de que no los deje ir por mi egoísmo— dice con tristeza la mujer

Los dos hermanos asienten y se despiden finalmente de su madre, quien con dolor, los observa subir al enorme vehículo de metal, mismo que no tarda en dar un rugido fuertemente, acompañado por la voz de varias personas.

—¡Todos a bordo!— exclaman a coro

El silbido del tren indica que pronto comenzará a avanzar, y los dos hermanos se despiden de su madre, sabiendo que pronto se iban a encontrar con sus hermanos pequeños.



Peter había logrado encontrar un compartimiento con solo dos niños, quienes no hablaban. Acomodándose en los sillones, una pequeña batalla de miradas se desarrolla por Edmund y Peter, batalla que es detenida por Susan al notar la intensiones de sus hermanos.

—No peleen— regaña de manera discreta

Dándose una última mirada, los dos hermanos toman asiento, y esperan pacientemente.

Lucy observa como en las estaciones, los niños bajan y son recibidos por diversos familiares o conocidos de su familia, incluso los niños que le acompañan se han bajado, donde una mujer adulta y un señor reciben a cada uno.

Se siente aburrida, Edmund estaba recostado frente de ella, Peter parecía sumergirse en sus pensamientos y Susan no soltaba por nada el libro que llevaba. Aburrida, observa hacia la entrada del compartimiento, donde puede divisar a dos personas de posiblemente la edad de sus hermanos mayores.

—Peter— llamó, tomando la atención de su hermano, quien dirigió la mirada a donde ella veía

El suave toque en el cristal hace que los hermanos restantes observen al individuo, quien entra con cuidado.

—Disculpen, lamento molestar, pero quien es el mayor de ustedes — los miro Leonard, en su mano sujetaba la de su hermana y en otra sujetaba su malestar

Peter es quien se pone de pie, talvez como un gesto para demostrar que él era el mayor, no lo sabe a ciencia cierta.

—Soy yo, ¿Pasa algo?— interroga

—Verás, es que quería saber si mi hermana y yo nos podemos acomodar aquí— expresa son calma el joven desconocido —Solo somos nosotros dos

—Claro, adelante— dice Peter —Podemos acomodarnos

Ambos hermanos ingresaron al compartimiento, la vista de los hermanos se posa en la dulce señorita de cabellos oscuros y un bonito vestido color azul con suave encaje color blanco. Es él quien sube las maletas con calma, mientras ella le sonríe a una tímida Lucy.

—Sentimos haber importunado— se disculpo, en una de sus manos, una pequeña cartera se encontraba

—No, tranquila, no pasa nada— niega Susan, aunque su atención estaba en el libro de páginas amarillentas que la señorita portaba en su otra mano.— ¿Cómo se llaman?

—¡Oh! Ya decía yo que algo nos faltaba— se avergonzó el joven, para después sonreír apenado —Violet y Leonard Hourani a su servicio

Señalándose así mismo y a su hermana, Leonard hace un pequeño saludo como el que su madre le había enseñado, al fin y al cabo, era la educación que había recibido de su madre, la vizcondesa Hourani, aunque nadie lograba identificar a la descendía de la misma, ya que se mantenían ocultos del propio ojo público.

—Violet es un nombre muy bonito— sonrío Lucy, mirando a Violet.— Mi nombre es Lucy, Lucy Pevensie

—Encantada Lucy

—Encantado mi señorita

El encanto de Leonard es muy llamativo, incluso para la propia Susan, quien nota que no se han presentado.

—Que descortés de mi parte, Susan Pevensie— sonrío ella, y notando que sus hermanos no dirían nada, es ella quien los debe de presentar.— Él es nuestro hermano mayor Peter, y nuestro hermano menor Edmund

Señalando a cada uno, Violet y Leonard dirigen sus saludos. Acomodados en los sillones, Violet se quedó a lado de Leonard, quien leía tranquilamente el libro que su hermana le había dado, mientras que ella sacaba un bonito bordado que casi estaba completo. Lucy, quien observaba los movimientos de la dama joven frente de ella, estaba asombrada por las ágiles manos de ella, pues parecía ser muy complejo lo que hacía.

—Violet, ¿Qué estas haciendo?— interrogó de manera tímida, la mirada de todos estaba sobre de ella

—Es un león — asegura con calma, palmeando el lugar libre a su lado para que Lucy se sentará ahí; y eso hizo.— Es para mi hermano Barty

La mirada curiosa de todos es muy clara.

—¿Y dónde está?— cuestionó con calma la menor

—¡Lucy!— regañaron Susan y Peter

—No, tranquilos— negó tranquila Violet, con una sonrisa en su rostro.—Nuestros hermanos Thia y Barty están con nuestro tío abuelo Digory Kirke

La mención del hombre hace que ellos miren a los dos hermanos que al notar la atención hacia ellos, se preocupan.

—¿Van a dónde el profesor Kirke?— interrogó Peter, llamando la atención de ellos

—Si, nuestros hermanos nos esperan, ¿Por qué?— interrogó Leonard

—Nosotros igual vamos con el profesor— señala Susan

—¡Seremos compañeros!

La alegría de Lucy desconcierta a Edmund. La noticia de que ellos irían al mismo destino era incierto para el hermano más joven de los Pevensie. Observando el paisaje que se vuelve cada vez más verde, Edmund suspira; espera que aquellos niños no sean un problema.

Lucy por su parte sonríe alegre. Temía estar sola, pues Peter le llevaba siete años, Susan cinco y Edmund a pesar de ser el más cercano por tener trece, cuando ella tenía once; no era la mejor opción para jugar, pero si sus nuevos amigos tenían edades similares, talvez tendría un nuevo amigo con el cual jugar.