Leave him! Kookmin

Summary

Jungkook solo deseaba que Taehyung sacara sus manos de Jimin por un solo dia. 🌱Kookmin. 🌱Shy Jungkook. 🌱Intento de fluff. 🌱One shot. 🌱100 % mío. 🌱No acepto adaptaciones. Preciosa portada hecha por @krirauhl ¡Ámenla tanto como yo la amé!

Genre
Romance/Humor
Author
Andy
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

UNICO

~Jungkook

— No me interesa, gracias. — Digo por tercera vez al molesto chico que no ha parado de seguirme.


— Por favor Jungkook, te hemos visto jugar, eres muy bueno. — Insiste.


Ruedo los ojos y me detengo en mi casillero dando un suspiro antes de decir:— Dije no, ahora largo de aquí.


Mi voz sale más tosca de lo que quería, me giro para encararlo y el chico da un paso atrás mientras expande los ojos.


Le doy una última mirada de advertencia y vuelvo a girarme. Estoy abriendo el candado atento al chico que sigue de pie, suspira resignado luego de ver que no voy a cambiar de opinión, y se va, por fin dándome paz.


Entonces escucho una risa, corta y agradable.


Jimin.


— Hoy están muy insistentes, ¿cierto?


— Demasiado.— Contesto, notando como mis manos empezaron a sudar.


Le miro de reojo, está rebuscando en su casillero.


— Deberías dar la prueba. — Dice después de unos segundos.


— ¿Qué? — Volteo a verlo.


Cierra su casillero y guarda los cuadernos en su mochila, entonces me mira.


— Te he visto jugar, creo que serías uno de los mejores jugadores de la escuela si sólo lo intentaras, además, te gusta el americano – Su teléfono suena — Bueno, debo irme ya, nos vemos.


Me sonríe antes de darse la vuelta, en el camino se encuentra con su amigo y al igual que todos los días, lo atosiga con sus abrazos melosos, y aunque quiera, no puedo evitar bufar.


Cierro mi casillero con fuerza, me cuelgo la mochila al hombro y me dirijo a mi clase. Estoy mirando mi teléfono cuando me detengo frente a la pizarra en el pasillo principal, donde están los volantes para entrar a los equipos de la escuela.


Me centro en el volante de fútbol americano, pensando en lo que Jimin dijo, sonrío como idiota al darme cuenta que tuvo que haberme visto jugar para poder decir que soy bueno jugando.


Pero no comprendo como alguien tan dulce puede poner su atención en alguien como yo, odioso, grosero y malhumorado.


Siempre que me ve me da los buenos días, me saluda en los almuerzo y platica sobre cualquier cosa cuando nos encontramos en el casillero.


Era asombroso.


Para el final del día, me anoto en la lista para las pruebas, ignoro a cualquier que pasa por ahí y me voy a mi casa.









— Cierra la boca – Digo antes de que Ten diga siquiera una palabra. — No quiero oír nada de lo que tengas que decir, ni tu ni nadie, no me molesten o cambiaré de parecer.


Dejo la maleta sobre la banca, me ato bien los cordones y me cambio de camiseta.


— Créeme, lo que menos quiero es molestarte – Su voz tiembla — Solo te traigo tu número, lo pegas en tu camisa.


Le doy una última mirada tomando la calcomanía para pegarla en mi pecho mientras él se aleja.


Cuando salgo al campo, ya hay otros chicos que supongo yo, también darán la prueba.


Me alineo en la fila al centro del campo, pasan alrededor de cinco minutos en los que el entrenador espera a que más chico lleguen pero cuando se da cuenta que nadie más se presentará se acerca a nosotros.


— Jeon, que gusto verlo aquí. – Dice cuando me mira — Espero le interese de verdad quedarse en el equipo.


Sigue de paso dando indicaciones sobre cómo será la prueba, sobre los entrenamientos y las horas que ocuparíamos si es que quedamos en el equipo.


Suspiro algo fastidiado, me gusta el deporte pero por estas cosas no entro en ningún equipo. Las órdenes nunca fueron mi fuerte y no tengo el humor para soportar que alguien me esté gritando.


— Estúpido.— Murmuro.


Si Jimin no me pusiera los nervios de punta y no tuviera esta necesidad estúpida de complacerlo ahorita estaría llegando a mi casa.


— Bien, quiero a todos en fila en la yarda veinte. Primero que nada, un jugador de americano debe tener condición para este deporte, van a quebrarles costillas... Bueno eso no porque está prohibido, pero lo sentirán así...


El entrenador sigue hablando pero yo observo el campo aburrido, hasta que capto algo que llama demasiado mi atención. Entre los pocos alumnos que han venido a ver, veo a Jimin entrar, se dirige a las gradas seguido por su fastidioso amigo.


Las manos comienzan a sudarme, demonios ¿por qué vino? Volteo con los otros chicos que darán la prueba, compruebo su físico y se que se puede ser egocéntrico de mi parte, pero me siento en ventaja sólo unos momentos.


Vuelvo a mirarlo y siento como mi rostro se pone caliente cuando sus ojos me identifican. Me sonríe mientras agita la mano saludándome, pero lo ignoro fingiendo que no lo vi.


La vergüenza me acelera el corazón, de seguro ya dedujo que vine a presentar la prueba solo porque él me dijo. Gracias a Dios no tengo tiempo de seguir lamentándome porque el entrenamiento empieza.


Estiramos primero, luego hace sonar el silbato y trotamos hasta el otro veinte, de regreso corremos con toda la fuerza que tengamos. Repetimos eso cuatro veces más, siendo yo quien llega primero en cuatro ocasiones de cinco.


De reojo veo a Jimin aplaudir, y es en ese momento en que se que voy a terminar llorando por el esfuerzo que haré, y todo por mi estupida necesidad de hacerlo sentir orgulloso, si es que por alguna razón, vino a verme a mi.


— ¡Una fila! ¡rápido! – Caminamos despacio por la fatiga —¡Rápido señoritas! ¿¡ya se cansaron!?


El estruendoso grito hace que todos demos un salto del susto y corramos hasta llegar nuevamente frente a él.


Noto dos planchas posadas frente a nosotros. El entrenador nos manda en dos filas, como estoy de terceras aprovecho para volver a espiar a Jimin; está entretenido hablando con su amigo.


— Muy bien, como bien saben, van a enfrentarse a otro equipo cuerpo con cuerpo, y es necesario que estén preparados para recibir y dar ese impacto.– Veo como el amigo lo sujeta de las manos y lo acerca, respiro profundo tratando de que los celos se vayan — Van a empujar el bloqueo de trineo - para quien no sepa que es eso, es una plancha que nos sirve como señuelo para medir sus impactos, será su oponente- van a empujar una yarda cada uno, cuando lleguen al otro extremo la girarán y regresarán de igual forma, dependiendo esta prueba es que decidiré en que posición los pondré.


El silbato suena y los chicos empiezan a empujar, yo sin embargo no puedo quitar mis ojos de Jimin. Su amigo empalagoso lo abraza y besuquea su rostro tantas veces que la ira me consume.


Quiero que se aleje.


— ¡Jeon! ¡bájate de las nubes y mueve el culo!


Me detengo de responderle al entrenador y corro contra el bloqueador, impacto mi lado derecho sintiendo el golpe al mínimo y empujo sacando toda mi rabia.


— ¡Eso Jungkook!


Cuando termino mi yarda, me hago a un lado para darle pase al siguiente chico y apenas soy consciente del grito volteo a las gradas encontrándome a Jimin de pie mirando en mi dirección y gritando mi nombre.


Luce tan lindo y me doy cuenta que debió actuar por impulso, porque luego se queda estático y se voltea cubriéndose el rostro.


Tan adorable.


Dios, ese chico va a acabar conmigo.










— Hey Kook.— Me llaman.


Cierro el casillero y me encuentro a mi hermano.

— Hola.


— Oí que diste la prueba para el equipo de Americano.— Se cruza de brazos.


Había olvidado que mi hermano es parte de ese equipo.


— Los chismes corren rápido aquí.


Se ríe.


— Bueno, quiero saber quién o qué cosa te hizo cambiar de parecer. Ni siquiera yo pude convencerte.— Entre cierra los ojos.


Desvío los ojos algo nervioso.


— Nada, solo lo pensé mejor. Ya debo irme.— Me cuelgo la mochila.


Cuando estoy por huir se interpone en mi camino, su sonrisa me deja en claro que sabe perfectamente por que lo hice.


— ¿Seguro? Porque por ahí escuché que en la prueba estuvo este chico, ¿cómo se llama? – Se agarra la barbilla — ¡Jimin! si, que por casualidad es el chico que te gusta.


— ¡Changjo! ¡cállate! – Cubro su boca. — Si alguien se entera voy a hacer que te arrepientas.


Me empuja lejos.


— Eres un exagerado, no tiene nada de malo.— Me sonríe.


— Claro que sí. Él jamás va a fijarse en mi, pero al menos hablamos, tenemos algo así como una pequeña amistad y no pienso perderla, es lo único que tengo de él.— Hago una mueca molesto por mis propias palabras.


Mi hermano suspira, me da unas palmadas en el brazo y se despide para irse a su clase.


Volteo a mi alrededor, un chico sentado en el pasto se me queda viendo. Lo fulminó con la mirada y se voltea rápidamente, bufando me dirijo a mi clase.


Me siento hasta atrás donde nadie me moleste. Algunos compañeros intentan hablarme pero simplemente los ignoro. No estoy de humor para sus intentos de hacerme parte de algún grupo social.


La única amistad que me importa es la de Jimin. No necesito a nadie más, su risa es la única que me agrada, sus ideas son interesantes para mi, solo quiero sentarme junto a él durante horas escuchando su preciosa voz.


Es la única persona que puede acercarse sin que sienta la necesidad de alejarlo. Su aura es animada, espanta todo mi mal humor en menos de un segundo con simplemente saludarme.


Durante toda la clase no hice más que pensar en Jimin, para cuando se acabó mi cuaderno seguía en blanco con sólo la fecha escrita.


Me pongo de pié para ir a guardar los cuadernos en el casillero e ir al campo, hoy darían los resultados de la prueba y sinceramente no me interesa, pero si quedo en el equipo Jimin estaría muy feliz.


Abro el casillero y vacío la mochila dejando sólo los cuadernos dónde tengo tareas.


— Hola.


Doy un salto y me golpeo la frente con la puertilla de metal.


— Carajo.— Jadeo y me sobo la zona.


— ¡Oh Dios! Perdón.— Escucho su risa.


Siento sus manitas tocar mi frente e inconscientemente sonrío.


— Tranquilo, no me dolió tanto.— Susurro.


Abro los ojos encontrándome con los suyos. Está más cerca de lo que alguna vez estuvo, me sonríe avergonzado con las mejillas rojas.


— No quise asustarte.— Vuelve a decir.


Detengo sus manos que siguen tocando mi frente, en realidad si me duele pero no quiero que se sienta culpable.


— Está bien. – Suelto una risa — Me despertaste, tengo que ir al campo y tenía sueño. Me hiciste un favor.


Jimin se ríe y se cubre el rostro.


— ¿Quedaste en el equipo? A mi me pareció que lo hiciste muy bien en la prueba.— Sonríe mostrando todos sus dientes.


— No lo sé, hoy van a decirlo. De hecho, estoy llegando tarde.


— Ay que vergüenza, te golpeas por mi culpa y todavía hago que llegues tarde, lo siento.

— No me molesta llegar tarde si es por ti.— En cuanto me doy cuenta de lo que digo, aprieto los labios y siento como me sonrojo.


Él parece sorprendido pero luego sonríe. Se ve tan bonito, Dios, me gusta tanto.


— Ya sé, mejor te acompaño hasta el campo. Hablamos un poco y no llegas tarde.— Propone alegre.


— ¿No tienes que ir a casa?— Pregunto mientras caminamos.


— ¿Acaso me estás corriendo? — Alza la ceja.


—¡N-no! No quise decirlo así, y-yo solo q-


Su carcajada me interrumpe, lo observo confundido.


— Es broma, tranquilo Jeon. Mi tarde está libre así que acompañarte no es ningún problema.— Me sonríe gentil.


En serio me hace feliz que quiera pasar tiempo conmigo, pero no entiendo porqué.


— ¿Por qué? No soy realmente una agradable compañía.— Miro mis zapatos.


— Eres algo gruñón pero me caes bien. Me resultan bastante cómicas tus muecas y como evades a todos. Bueno, a mi jamás me has alejado.


Lo último me deja ansioso, ¿sabrá que me gusta? Oh Dios, seguro lo sabe.


— Es que... Uhm


— Y también a otro chico, está en el equipo de americano por cierto.— El tono de su voz se torna algo seca.


— ¿Uno que es más bajo que yo?


— Si, incluso los he visto almorzar juntos. ¿Es tu amigo?— Me mira fijamente.


— No precisamente.— Observo su reacción.


— E-es tu novio entonces.— Su boca se aprieta.


Me río, es adorable.


— Changjo no es mi novio. Es mi hermano.


Llegamos a los vestidores. El no dice nada más pero se sonroja hasta las orejas. Vuelvo a reírme, dejo la maleta en la banca y me saco la sudadera.


— Bueno, creo que ya debo irme.— Se acerca.


— Oh, si claro.— Le miro fijo, se sigue acercando.


Contengo el aliento cuando está a centímetros de mi rostro. Sonríe dulcemente y me besa en la mejilla.


— Espero quedes en el equipo. Adiós.


Desaparece.


Sonrío como idiota tocando mi mejilla.










— Los entrenamientos no son un juego para el entrenador, si faltas dos veces sin justificarlo vas a estar en la banca durante los próximos partidos. Por eso te digo que... ¿Me estás escuchando?


Muevo mi mano desinteresadamente y asiento fingiendo que le estoy prestando atención. Rechino mis dientes tratando de controlarme mientras mis ojos mutilan al chico de cabello azul sentado dos mesas al frente.


¿Por qué putas no podía guardarse las manos para sí mismo?


Yo estaba escuchando a mi hermano, pero en cuanto Jimin entró en la cafetería no pude despegar los ojos de él, menos cuando su pegajoso amigo no paraba de abrazarlo y tocarle las manos.


Ahora me encontraba molesto, haciendo lo posible para no ponerme de pie e ir hasta ellos.


—¡Jungkook!— Changjo grita.


Volteo en su dirección fastidiado.


— ¿Qué? – La mirada severa de mi hermano mayor me hace recapacitar mi tono grosero — Lo siento Chang, es solo que, ugh.


Me cubro el rostro estresado.

— Si te le confesaras, ese chico no andaría de encimoso.— Me apunta con una papa frita.


La arrebato de sus manos y la mastico rabioso.


— No cambiaría nada porque Jimin me rechazará.


Suspiro cansado, este tema ya se estaba volviendo algo tedioso.


— Te complicas la vida, no pierdes nada con intentarlo.— Vuelve a insistir.


— Voy a perder la casi inexistente amistad que tenemos. Por favor Changjo, desiste con ese tema, jamás voy a decirle la verdad.


Nos despedimos cuando la campana suena. Las siguientes clases pasan aburridas para mi, me siento mucho más molesto que otros días, mi humor está por los suelos que hasta le gruño a cualquiera que se quiso acercar a mi.


Todo esto era culpa de ese chico pegajoso, ¿no tenía más amigos? ¿por qué demonios tenía que escoger a Jimin?


Al terminar la última clase salgo del salón todavía molesto. Estoy maldiciendo al cabeza de arándano mientras abro mi casillero, me sumerjo demasiado en mi burbuja de odio hacia aquel chico que no noto la presencia a mi lado.


— Estúpido chicle pegajoso, todo es tu culpa por andar toqueteando lo que es mi-


— ¿Hoy no fue un buen día?


La sangre se me sube al rostro en cuanto escucho. Me tenso de inmediato y estoy por gritar a los cielos de frustración.


Respiro varias veces tratando de calmarme, luego me giro con una sonrisa forzada.


— Jimin.— Mi voz sale ahogada.


— Luces bastante estresado, ¿quieres ir a tomar algo conmigo?


El corazón me late frenético, jodeeer. Es mi momento para asegurarme que aquel chico de verdad es sólo su amigo.


— ¿Tu novio no se enojará?— Cierro el casillero con falsa calma.


— ¿Novio?— Frunce las cejas.


— Ya sabes, el chico que siempre está abrazándote y tomándote de las manos como si no supiera que existe algo llamado espacio personal.


Me abofeteo mentalmente al no poder morderme la lengua y hablar de más. Jimin incluso parece sorprendido por mis palabras.


— ¿Hablas de Taehyung? Ugh no, es mi mejor amigo.— Sonríe como si lo que dije fuera una buena broma.


— Es bastante hostigador al parecer.– De nuevo me muerdo la lengua.— Disculpa, no debería entrometerme.


— No pasa nada, y si, Tae es algo amoroso.


¿Algo? ¿ALGO?


— Te ha de querer mucho.


— Por supuesto, soy un encanto.– Sonrío ante su egocentrismo — Entonces ahora que no hay nadie que se moleste, vayámonos de aquí.


Me sujeta de la sudadera y tira de mi cuerpo hacia la salida. Observo su mano algo sorprendido de la situación, él realmente me invitó a salir, estoy caminando detrás de él y probablemente hacia su auto.


Oh por Dios.


Nos detenemos en el estacionamiento, me suelta y se gira hacia mi, me tenso de inmediato sintiendo mi rostro arder.


— ¿Traes auto? – Niego — Perfecto, entonces yo te devolveré a casa.


Hace sonar la alarma del auto y abre la puerta del piloto, me hace una seña con la cabeza para que vaya del otro lado y suba. Asiento algo distraído, el corazón me palpita a mil por hora, las manos me sudan y siento que voy a desmayarme.


Es irreal lo que está pasando, estoy en el auto de Jimin, el chico por el cual he estado colado desde que entró a la universidad hace un año. El pequeño chico que el primer día se resbaló en los baños y tuve que ayudarlo porque fui el único que lo vió.


Cuando me acerqué creí que sentiría esta extraña necesidad de ignorarlo como a los demás, no me gustan las personas, pero al ver sus ojos, caí completamente.


Lo veo de reojo, esta revisando su teléfono mientras tiene una mano en el switch, la sonrisa que tiene me acelera el corazón. De pronto ya no me siento de malhumor.


Alza la vista encontrándose con la mía.


Dios, que ojos tan lindos.


— ¿Te gustan las brochetas de cordero? Hay un local de carnes a la vuelta.— Dice sonriéndome.


— Si.— Respondo sin aire.


— ¿Estás bien? De verdad luces tenso. – Enciende el auto y arranca — Ya sé, luego de comer, te llevaré a que te relajes.


— ¿Ir a comer no era para relajarme?


— Si, pero creo que eso no va a funcionar muy bien.


— ¿Por qué te interesa? — Pregunto confundido.


Admito que esto me tiene emocionado, pero también es extraño. No me conoce y aún así está insistiendo, es lindo y sospechoso.


No me responde, sus mejillas se tornan rojas y ahora me evita la mirada.


— ¿Jimin?


— No me gusta verte enojado.— Confiesa de repente.


— No se si lo has notado, pero vivo enojado, no hay nada porqué preocuparse realmente – Respondo tratando de relajarlo.— Soy gruñón por naturaleza, puedo estar contento y aún así tendré una mueca en el rostro.


— Yo quiero que sonrías cuando estés contento.— Murmura, su voz sonando temblorosa.


Volteo a verlo preocupado, sigue viendo al frente pero noto un brillo extra en sus ojos. ¿Acaso iba a llorar?


Llegamos al local que dijo, estaciona y bajamos del auto. Sigo viéndolo, sus ojos rojos y la punta de su nariz igual, mi corazón se estruja.


— Oye – Sujeto su mano — Gracias por esto, pero en serio, no deberías preocuparte por mi.


Le acaricio el moflete limpiando la pequeña lágrima que se escapó de su ojo. Me siento culpable por esto, asi que lo único que puedo hacer para remediarlo, es sonreirle.


— Vamos adentro, me prometiste brochetas.— Expando mi sonrisa hasta mostrarle mis dientes, eso parece calmarlo porque me sonríe.


Ya más tranquilos y un poco menos incómodo puedo hablarle sin sonrojarme tanto. Hablamos sobre su día y algunos temas sin importancia, pregunta sobre mi prueba y se pone bastante felíz cuando le digo que quedé en el equipo.


Comemos entre risitas tímidas de su parte y otras más escandalosas, me hace sentir afortunado y que nuestros pequeños encuentros sirvieron de algo si él se sentía lo suficientemente cómodo y cercano para invitarme a salir.


Mientras me platica sobre una canción de su grupo favorito no puedo evitar perderme en el movimiento de sus labios.


Tiene un diente chueco y me parece gracioso, jamás lo había notado o quizá núnca estuve lo suficientemente cerca para saberlo. Subo por su nariz de muñeco hasta sus ojos, y me sonrojo cuando me está mirando con las cejas fruncidas.


— ¿Qué?


— Uhm, nada sólo me ignoraste como por veinte minutos. – Se ríe — Si Big Time Rush no te gusta sólo dilo, puedo cambiar de tema.


La manera en que me lo dice me resulta bastante graciosa, y me carcajeo con ganas adorando el puchero de su boca.


— No no, Big Time Rush es una buena banda.


Ahora es él quien se carcajea, su rostro está sonrojado hasta las orejas y me alegro de que no comentara nada acerca de mí yéndome en un viaje astral al ver su hermosísimo rostro.


Pero no me salvo, porque ahora es él quien me mira fijamente. Parpadeo nervioso y desvío los ojos dándole un trago a mi coca-cola. Cuando le miro, todavía está centrado en mí.


— Ya no pareces tenso, eso me alegra.— Dice por fin.


— Las brochetas fueron de ayuda.— Agito mi brocheta meneando las cejas.


— ¿Sólo las brochetas? — Recarga el rostro en su mano.


— Bueno, debo decir que tu también, después de todo tu me trajiste aquí. – Me lanza una rebanada de zanahoria. — Pero en serio, gracias por invitarme.


Su rostro se vuelve a sonrojar, me sonríe tímido y las ganas de abrazarlo me rasgan el corazón.


— Gracias por aceptar.


Nos sonreímos mutuamente, sin decir nada más.


Dios, me gusta demasiado.

— ¡Oh por Dios! ¡saliste con él! – Changjo entra en mi cuarto — ¡Tu bastardo!


— ¿Quieres dejar de gritar? ¿de qué demonios hablas?— Dejo el lápiz y hago a un lado mis apuntes.


— Saliste con Jimin ¿cómo no me lo dijiste?


Frunzo las cejas. — ¿De dónde sacaste eso?


— Hoy en el almuerzo todos hablaban de ustedes dos yéndose en su auto el día de ayer. ¡Eso es asombroso! — Brinca en el colchón a mi lado.


— Solo fuimos a comer. — Vuelvo a concentrarme en mi tarea.


— ¿Tu lo invitaste?– Me sonrojo sin mirarlo — ¡Él te invitó! ¿no es así? – Me cubro el rostro al no poder resistir la vergüenza, mi hermano sin embargo parece muy emocionado — ¡Lo hizo! ¡tu le gustas!


— ¡Yo no le gusto! – Digo cansado de esa absurda idea.— Y te agradecería que dejaras de molestarme, estoy completamente harto de este tema.


Antes de que yo o él pueda decir algo, mamá grita algo que me deja congelado.


— ¡Jungkook! ¡Un chico te busca!


Changjo me mira.


— Apuesto que es él.


— Cierra la boca.


Ambos corremos a mi ventana entre empujones, la abro y nos asomamos. La sangre se me sube al rostro, Jimin está parado fuera de mi casa, vino a buscarme, oh Jesús bendito.


Mi hermano me da un golpe en la cabeza.


— ¡Oye!— Me quejo confundido.


— Te dije que le gustas. Ahora ve con él y confiesate, o se cansará de verte desinteresado y vas a arrepentirte cuando lo veas con alguien más.


Aun algo molesto por el golpe me pongo zapatos para salir del cuarto.


— No quiero que espíes.— Le susurro antes de bajar las escaleras.


Mi madre me sonríe divertida desde la sala, lo cual solo me hace sentir más cohibido. Todo pensamiento se derrite en mi mente cuando abro la puerta, el chico está hablando por teléfono con alguien demasiado animado dejándome curioso por saber a quien le habla tan feliz.


Carraspeo para llamar su atención.


— Debo colgar, adiós. – Se guarda el teléfono y me sonríe — Hola Jungkook.


— Hola.


— ¿Cómo estás?— Sus mejillas se sonrojan.


— Bien. ¿Sucede algo?— Murmuro sin aire.


Se ve tan lindo con el cabello despeinado, el suéter negro resaltaba su piel pálida, su cuello largo me provocó ansiedad.


¿Cómo se sentiría tocarlo?


— Se que es muy raro verme, p-pero estaba con Taehyung y vamos a ir a un pequeño concierto urbano en el centro – Juega con sus manos y se balancea en sus pies. Demasiado tierno. — Él invitó a su novio, asi que pensé en invitarte, podría ser divertido.


Me encuentro sonriendo antes de asimilarlo, y aunque adoro su mirada esperanzada, lo que me pone contento es oír que su amigo pegajoso tiene novio.


Un peso enorme se quita de mi espalda gracias a esa noticia.


— ¿Debo tomar tu silencio como un...


— Iré.— Digo sin pensarlo.


— ¿En serio? ¡genial! Realmente creí que me rechazarías .— Sonríe hasta desaparecer sus ojos.


— Nunca haría eso.


Mi lengua larga algun día va a meterme en aprietos. Jimin se sorprende por mis palabras, pero no comenta nada gracias al cielo.


— Entonces ve a cambiarte, eso comienza en dos horas pero debemos conseguir buenos lugares.— Su voz suena más relajada.


— Claro, pasa por favor, puedes esperarme en la sala.


— De acuerdo.


Me hago a un lado y con una reverencia tímida entra en mi casa. Lo guío hasta la sala donde mi madre sigue leyendo una de sus revistas.


— Mamá, este es Jimin, es un compañero de la escuela, te hará compañía en lo que me cambio.


— Por supuesto cariño.


Su mirada me pone nervioso, pero no puedo hacer nada porque de ninguna manera voy a dejarlo esperando afuera ni tampoco voy a llevarlo a mi sucia habitación.


Corro por las escaleras lo más rápido que puedo mientras me desvisto, entro en la ducha dándome el baño más rápido de mi vida.


Cuando estoy buscando algo para vestir, mi hermano entra con su molesta emoción.


— ¿Saldrán? ¿te invitó a otra cita?


Me meto un pantalón negro con agujeros en las rodillas.


— No es una cita Chang, solo iremos a un concierto junto a su mejor amigo.— Me pruebo una camisa roja.


— Pero el novio del amigo irá, eso quiere decir que tendrán tiempo a solas ¡Es tu oportunidad!— Lo veo rebuscar en mi armario.


— ¡Te dije que no espiaras!


Tomo la camisa amarilla y chaqueta de cuero negro que me lanza.


— Cállate, es tu oportunidad Kook, aprovéchala.— Me sonríe y sale del cuarto.


Pensativo termino de cambiarme. Me observo en el espejo, me agrada mi vestuario asi que me pongo unas botas y corro al primer piso.


Escucho la risa de Jimin y mi madre, cuando llego ambos estan platicando muy animados.


— Listo.— Aviso.


— Cool. Fue un placer señora.— Se pone de pie y mi madre lo abraza.


— Espero verte otra vez por aqui cariño. Diviértanse.


Jimin me sonríe y salimos de la casa.


— Tu madre es muy agradable.— Dice mientras subimos al auto y enciende el motor.


— Dime que no dijo nada vergonzoso.— Aprieto el puente de mi nariz.


— Solo me mostró unas fotos.


— ¿¡Qué!?


Le miró nervioso, mamá tenía un álbum especial con fotos realmente vergonzosas mías. Mi rostro se calienta de inmediato, primera vez de Jimin en casa y mi madre ya me avergonzó.


Estoy a punto de desmayarme cuando suelta una carcajada realmente fuerte. Le miro confundido.


— ¡Es broma! – Se cubre la boca — Debiste ver tu cara, oh Dios, que gracioso fue eso.


— Que cruel.— Susurro.


Luego de eso pone algo de música, baja el vidrio dejando que el viento entre provocando que su cabello ligeramente rizado se despeine.


Observo su perfil suave, los rayos del sol brillan contra su piel blanca, sus labios rosados y pomposos se ven deliciosos. Me muerdo el labio imaginando cómo sería tirar de su músculo suave, estirarlo con mis dientes y luego chuparlo.


Mi pantalón se aprieta cuando veo como se lame los labios, el sol sólo los vuelve más brillosos y mis ganas de besarlo aumentan.


— Llegamos.— Voltea a verme.


Me tenso con el corazón golpeteando fuerte contra mi pecho cuando me descubre viéndolo.


Me sonrojo y él también.


En silencio bajamos del auto, y para suerte nuestra Taehyung y el que creo es su novio, están a sólo unos metros. Jimin llega a mi lado sonriendo tímido y avanzamos hasta sus amigos.


— ¡Minnie! — Chilla el peliazul, abrazándolo efusivamente.


Sin poder controlarme, le gruño.


— Oh, Jungkook, ellos son mis amigos; Taehyung y su novio Seokjin.— Ambos me sonríen.


— Hey.— Digo seco.


El tal Taehyung no me agrada, a pesar de saber que tiene novio odio que no saque sus manos de Jimin.


— Vamos adentro a buscar lugares.— Interviene Jimin luego de unos segundos realmente tensos.


Al ver su sonrisa incómoda y sus mejillas sonrojadas me siento avergonzado por mi actitud. Asi que trato de borrar mi cara de culo para tratar de sonreír y olvidar por un momento mi odio hacia su amigo empalagoso.


Pero me lo pone difícil, porque mientras caminamos al local, Taehyung sujeta su mano y ríen por algo que no escuché.


Estoy por volver a gruñir de los celos asi que mejor me distraigo viendo el lugar.


Las paredes estan pintadas de morado exótico, espejos de diferentes formas y luces colgadas en el techo. Hay un escenario medio en la parte al final, rodeado de una pista con luces y mesas plateadas.


Hay fotos rústicas de diferentes bandas, discos autografiados en estantes y ventanas grandes.


Me gusta.


— ¡Te gustó! Que alivio.— Dicen a mi lado.


Volteo con Jimin, me mira sonriente y me doy cuenta que también estoy sonriendo.


— Se ve prometedor. Espero las bandas también sean igual de geniales.— Digo alzando una ceja.


Se ríe tímidamente y baja la cabeza. Su dulzura me provoca un paro cardíaco y sin pensarlo realmente mucho, le acarició el rostro con los nudillos.


Su rostro se sonroja de inmediato, sus ojos se encuentran con los míos y me pierdo fácilmente en la miel brillante.


Mi cuerpo parece atraído por el suyo porque me encuentro avanzando más cerca. Quedando a centimetros de su rostro, sigo acariciando su mejilla roja.


Siento que en este momento sólo somos él y yo, hasta que el sonido de un micrófono nos sobresalta.


Ambos sonrojados seguimos hasta encontrar unos buenos asientos. La gente comienza a llegar en montones, llenando el lugar en segundos, y me alegro de haber llegado temprano.


Un chico sube al escenario y explica algunas cosas sobre el evento y agradece a las personas por asistir. Luego la primer banda de la tarde sube, son puros chicos vestidos muy funky.


A mi lado Jimin y sus amigos parecen disfrutar la canción, poniéndose de pie como la mayoría y moviendose al ritmo.


La canción no es muy de mi estilo pero disfruto el ambiente, me encanta ver como Jimin sonríe y salta bailando, haciendo caras que en otras personas me resultarían ridículas, pero en él son realmente adorables.


— ¡¿Qué haces sentado?! – Volteo, el novio de TaeHyung me mira, tras su espalda Jimin está con el peliazul— ¡Iré por tragos! ¿¡me acompañas!?


Me sonríe amable, y no me queda más que aceptar. Lo sigo entre las personas hasta la barra, la musica se escucha un poco más baja y al hablar no se necesita gritar tanto.


— Hola, ¿qué desean?— Dice el chico tras la barra.


— Me das tres cervezas y, ¿tu qué quieres?— Me pregunta.


— Lo mismo.


— Cuatro entonces.– El chico asiente y se va — ¿Lo estás pasando bien?


— Uhm, si. El lugar es increíble.— De pronto me sonrojo.


— Ya veo... Y, ¿hace cuánto conoces a Jimin?


— Desde que entró a la escuela, aunque no hablamos mucho realmente.


— Y supongo que a Taehyung también, ¿cierto?— De pronto, su mirada me parece intensa.


— No, jamás he hablado con él.— Me retengo de girar los ojos, pero mi voz sale ahogada.


— Él no te cae muy bien, ¿no es así? – Se ríe maliciosamente — Menos cuando está cerca de Jimin.


Me tenso de inmediato.


— No sé de qué hablas.— Respondo desviando la mirada.


— O no quieres admitirlo. Te gusta.


— No es así.


— Claro que si. Te lo comes con los ojos y cuando llegaron le gruñiste a mi novio porque lo abrazó. – Le sonríe al barman cuando nos entrega las cervezas, cada uno toma dos — Fue adorable.


— Basta, estás confundiendo las cosas.— Mi corazón se agita.


— Tranquilo, guardaré tu secreto hasta que decidas confesarte.


Me guiña un ojo y nos volvemos a perder entre la gente.


Cuando llegamos a los asientos, Jimin vuelve a ponerse junto a mi, me sonríe alegre, con su rostro brilloso por el sudor y sonrojado hasta el cuello.


Le entrego la cerveza sonriendo como un bobo.


Si, me gusta.


—¡¿Todo bien?!– Su carita se arruga en una mueca —¡¿Quieres que nos vayamos?!


—¡Estoy bien!


Me quedo de pie a su lado, hay otra banda con un estilo más R&B, lento y sensual.


Jimin me sonríe menos tímido mientras comienza a contonearse al ritmo de la canción. Esta vez decido relajarme más, moviéndome despacio mientras bebo de la cerveza fría.


Asi pasan los minutos, bailamos juntos y luego los cuatro, Seokjin me da varias miradas que logran sonrojarme pero lo ignoro.


Han pasado alrededor de cuatro bandas en lo que llevamos en el lugar. Estoy algo sofocado por tanta gente, mi sangre hierve por el alcohol y el cabello se me pega en la frente.


Jimin está delante de mí, mirando al escenario mientras baila, sostiene un vaso en su mano derecha y tiene entrelazada la izquierda con la mía.


Se contonea despacio, disfrutando la música, llenándose el cuerpo con alcohol y tirando de mi cuerpo más cerca.


Mi pecho se agita cuando noto sus caderas balancearse a sólo centimetros de mi pelvis. Quiero sujetarlo por las caderas pero el miedo de ponerlo incómodo me detiene.


Sin embargo, me sorprende cuando se acaba de un trago la cerveza y se gira hacia mi. Nuestras manos unidas quedan en su espalda, su rostro tan cerca que puedo sentir su aliento golpear mi barbilla.


No puedo moverme, estoy paralizado por tenerlo tan cerca. Sus ojos grandes observándome, yendo de mis ojos a mis labios y los míos haciendo lo mismo, pero decido quedarme en sus labios.


Sigue sonriendo de una forma sexy, nada parecido a cuando recién llegamos. Quiero besarlo, en serio lo deseo, pero esta falsa valentía es causa del alcohol, y si voy a atreverme a besarlo quiero que sea totalmente consciente.


Delicadamente pongo distancia, y suelto su mano. El hace una mueca, al parecer confundido, ¿acaso había esperado algo? El corazón me late eufórico ante la posibilidad de que Jimin haya querido besarme.


¿Él quería eso?










— ¿Qué diablos me miran?— Pregunto tosco al entrar al salón.


Desde que entré ésta mañana a la escuela, nadie me ha quitado los ojos de encima. Parecen asombrados por algo, pero no me interesan sus asuntos, simplemente quiero que dejen de mirarme.


Luego de mis palabras cada quien vuelve a sus cosas, dándome paz por ahora.


Me siento hasta el fondo dándole una mirada agria al chico que se acerca a mi, es el mismo que estuvo insistiendome que diera la prueba para el equipo.


— Hoy después de clases comienzan los entrenamientos.— Dice despacio.


Asiento sin responderle, luego simplemente se aleja a su asiento. Veo como sus amigos lo llenan de preguntas mientras miran en mi dirección.


No les tomo mucha importancia de todas formas, la única persona que puede tener mi atención es Jimin. Y hablando de él, por casualidad iba pasando frente a mi clase.


Luego del concierto no hemos hablado, ni siquiera nos hemos topado en los casilleros y no quiero admitirlo, pero lo extraño.


Y son en estos momentos que odio que sea la única persona que no me desagrada. Detesto no poder sacármelo de la cabeza cuando él quizá ni piense en mi.


Alguien como él no perdería su tiempo con un asocial malhumorado que vive con cara de culo maldiciendo a todo el mundo. Hay personas mucho más agradables, graciosas e interesantes detrás de él que seguramente tienen más oportunidad que yo.


Además que fuí un imbecil con sus amigos, de seguro ellos le dijeron que no debería ser amigo de alguien como yo, y tal vez tengan razón.


Estoy tan distraído en mis problemas amorosos que ni siquiera me doy cuenta cuando la clase termina.


Todos ya se han ido, asi que guardo mis cosas y me cuelgo la mochila para salir por algo de comer.


Cuando consigo algo que llene mi estómago lo suficiente para aguantar el entrenamiento, busco una mesa vacía y me siento a comer.


Voy por el segundo mordisco a mi hamburguesa cuando Jimin se sienta frente a mi. Lo miro atónito, tengo la boca llena y estoy seguro que hay aderezo en mi rostro.


Me sonrojo de inmediato.


— Hola.— Me sonríe.


Trago el bocado y me limpio con una servilleta.


— Hola.


— No te molesta que me siente, ¿cierto?


— No.


— Taehyung no vino hoy y no me gusta comer sólo.— Hace un puchero.


Mi corazón late desbocado, es tan precioso.


Asiento para hacerle saber que lo escuché y sigo comiendo. No se muy bien qué decirle, siento mi rostro caliente y sus ojos observándome.


— ¿Vas a comer todo eso?


Miro mi plato; hamburguesa doble, papas fritas, una soda y tres barritas de frutas.


— Cada trozo. Tengo entrenamiento hoy y me salteare la hora de comida.— Me inco de hombros.


— Oh, cool, ¿te molesta si me quedo a verte? No nos hemos visto durante esta semana.— Bebe del popote de su jugo.


— Ni siquiera debes preguntarme, claro que no me molesta.— Sonrío a medias, nervioso.


Con una última sonrisa de su parte, seguimos comiendo en silencio. Las manos me sudan por su presencia, él no está haciendo nada, ni siquiera está mirándome pero ya me tiene hipnotizado.


Estoy tan contento, hasta que la campana interrumpe mi momento felíz. Juntos levantamos nuestra basura, la tiramos y salimos de la cafetería.


— Te veo después.


Se acerca y planta un beso en mi mejilla antes de correr por el pasillo hasta su clase.


Me toco la mejilla sorprendido, viendo el camino por donde se fue.


Luego de eso, las demás clases se pasan volando. Cuando menos lo pienso ya estoy caminando al campo, algunos amigos de mi hermano me saludan cuando entro a los vestidores.


Con un movimiento de cabeza paso hasta mi casillero, me saco la sudadera y me cambio de tennis.


—¡Kookie!— Changjo aparece. Le miro un segundo — Adivina qué.


— Qué.— Me volteo a verlo, su sonrisa intensa me provoca escalofríos.


— Hay cierta persona sentada en las gradas.


Me tenso de inmediato, ya llegó.


— Mantén tu lengua dentro de tu boca, por favor Chang. No me avergüences.


— ¿Yo? ¿avergonzarte? Jamás.


Bueno, mi hermano mintió.


A penas salí al campo le gritó a Jimin para saludarlo. Parloteaba sobre mi luciendome sólo porque había cierta personal especial viendo el entrenamiento.


«Cuidado Jungkookie, no te vayas a caer frente a Jimin»


Y cinco segundos después me metió el pie mientras corríamos. Obviamente me caí, todavía me arde la rodilla.


Lo bueno fue que pude vengarme cuando inicio el juego, lo taclee tantas veces como me fue posible, adorando su mueca de dolor mientras intentaba recuperar el aire.


—¡Jungkook ya basta!— Grita mi hermano.


Intenta quitarme de encima, pero sin aire no puede hacer mucho.


— Te dije que te arrepentirías.


Escucho a algunos chicos reírse a nuestro alrededor, entonces me doy cuenta del ridículo que estoy haciendo.


Le doy un último zape y me pongo de pie arreglando mis ropas.


— Quien diría que su propio hermano sería quien le daría batalla Jeon – El entrenador se acerca, estirando la mano hacia Changjo. — Debería darle vergüenza.


Mi hermano intenta sujetar la mano del entrenador, pero este la quita con una mueca, dejándolo caer otra vez.


Volteo disimuladamente hacia las gradas, donde Jimin está sonriendo en mi dirección. Agita su mano en saludo, y me pongo nervioso de inmediato, asi que me volteo.


El entrenador nos da una ultima charla sobre el próximo juego, luego nos deja ir. En vez de ir a los vestidores como todos, me desvío directo a Jimin.


— No creí que los entrenamientos fueran tan divertidos.— Dice cuando me siento a su lado.


— No pensarías lo mismo si dieras veinte vueltas al campo.


— Por eso solo observo. ¿No te cambiarás?— Echa un vistazo a mi cuerpo, me tenso nervioso.


— S-si, ya vuelvo.


Me levanto sonrojado hasta el cuello, es increíble el poder que tiene ese chico sobre mi.


Cuando entro en los vestidores, la mayoría ya se ha ido. Aprovecho que las duchas están vacías y entro, la idea de estar con otros chicos no me agrada del todo, me gusta mi privacidad.


Los chicos que quedaban ya se han ido cuando termino, Changjo me avisa que me esperará en el estacionamiento antes de salir también.


Estoy atándome los cordones cuando Jimin entra. Su rostro serio me inquieta, tiene una mueca pero no logro comprender si es de molestia o incomodidad.


— ¿Todo bien?— Pregunto.


Da un paso más cerca.


— No, ¿sabes? Nada está bien – Comienza a acercarse tanto que me quedo sin aire — Quiero saber algo.


— ¿Qué c-cosa?


— ¿Por qué no quisiste besarme en el concierto? – Su rostro termina a centímetros, su bonita boca susurrando contra la mía — Taehyung dijo que yo te gustaba, y aunque lo dudé al principio, pensé que era cierto.


Sus ojos bajan a mis labios, se los lame y vuelve a mirarme a los ojos.


No puedo responder, estoy sonrojado y en shock.


Jimin quería besarme.


¿En serio?


Oh cielos.


— Y-yo... — Mi lengua no responde.


Quiero decirle que también quería besarlo. Pero estoy tan nervioso que lo único que hago es mirarlo como idiota.


Jimin sonríe.


—¿No te gusto? — Hace un puchero.


Avanza el último paso que separaba nuestros cuerpos. Sus manos suben por mi pecho encajandose en mi cuello.


Inclina mi cabeza hacia enfrente, más cerca de su rostro.


— J-jimin.


No puedo respirar.


Lo tengo a dos centímetros, es mi oportunidad.


¡Reacciona idiota!


Me grito una última vez, antes de inclinarme por completo y tomar su boca.


Noto como se sobresalta cuando lo abrazo por la cintura pero no se aparta, si no que tira de mi, sujetando mi rostro.


No puedo evitar jadear, todo mi cuerpo vibra por su toque. Sus labios pomposos dejan un cosquilleo en los míos mientras los chupa y muerde.


Todo se torna un poco más fogoso cuando me deja devorarlo con mi lengua. Lo aprieto contra mi, ahora más confiado, besándolo duramente hasta escucharlo gemir contra mi boca.


— Me gustas, me gustas mucho y odio que tu amigo no te quite las manos de encima.— Respondo y vuelvo a besarlo.


Jimin se ríe, picotea mi boca y se separa.


— Creo que podemos arreglar eso.


— Claro que lo haremos.




Fin