Chapter 01
El sonido la despertó. Extendió el brazo para tomar el celular mientras se acomodaba en la cama y miraba la pantalla. Su cabello cubría la mitad de su rostro.
Salió de la cama y se dirigió directamente al baño, despojándose de su camiseta larga de color blanco, con la que siempre dormía, dejándola caer al suelo. Abrió la llave de la ducha, dejó que el agua cayera por su cuerpo. Como todos los días, despertaba sola, sabiendo solo que tenía que trabajar. Su vida era simple, carente de emoción. Simplemente estaba rodeada de personas que buscaban beneficios y dinero, incluyendo a su propia familia.
Al terminar, salió del baño, secando su cabello sin cubrir su cuerpo. De todas formas, no había nadie que la viera, por lo que se acercó al closet y eligió la ropa que usaría ese día. Como de costumbre, toda de color negro, se puso cada prenda con cuidado, asegurándose de no arrugarlas, se colocó una camisa negra de mangas largas, un pantalón negro y unas botas de taco bajo. En su cuello, lucía una bolocorbata de plata con una gema turquesa. Cepilló su cabello, lo recogió en una alta cola, dejando un delgado mechón al lado derecho. Se puso un reloj de correa de cuero negro en su muñeca. Para muchos, era algo anticuado, pero a ella le encantaba.
Cuando estuvo lista, salió hacia la estancia donde preparó un desayuno simple. Mientras comía, revisó algunos documentos hasta que el sonido de su celular terminó con su preciosa paz.
— Dime — Respondió.
— Estaré allí en diez minutos — Dijo la voz del otro lado.
— Supongo que insistes en lo mismo — Afirmó ella.
— Por favor — Rogó en forma de súplica — Al menos deberías probar —
— No necesito eso si te tengo a ti — Contestó con frialdad.
— Abril, he estado trabajando para ti sin descanso durante tres años — Argumentó el otro.
— Lo que te pago no es poco — Expresó ella.
— Pero necesito descansar y lo sabes — Insistió.
— ¿Un día a la semana no es suficiente para ti? — Preguntó ella.
— No —Fue la respuesta.
Suspiró con cansancio. Tenía semanas en lo mismo, para ser honesta, ella estaba cansada de escuchar lo mismo, además de que estaba consciente de que su única amiga y asistente tenía razón.
— Escucha — Dejó el tenedor a un lado — Acepto, pero tengo condiciones —
— Te escucho —
— No, iré yo misma — Cortó la llamada.
Terminó de comer, lavó los utensilios; una vez hecho, salió no sin antes tomar su abrigo. Fue hasta el elevador y presionó el botón. Solo tuvo que esperar unos segundos para que las puertas se abrieran para ella. Entró al elevador sin mirar a quién estaba dentro y solo presionó el botón para llegar al primer piso.
— Buenos días — Un joven la saludó.
— Buenos días — Respondió sin siquiera mirarlo.
Su vista se mantenía en su reflejo; no se movió o dijo algo más, solo esperó a que el elevador llegara al primer piso para salir. No tenía ánimo de tratar con otras personas en ese instante. El joven la observó algunos segundos, siempre era lo mismo, ella jamás decía o le dedicaba una mirada amable o de interés; solo se concentraba en su propio reflejo.
Cuando llegaron a su destino, las puertas se abrieron. Salió primero dejando al joven solo. Fue directo al estacionamiento para ir a su auto; desactivó la alarma para abrir la puerta sin mirar al joven que la observaba desde su auto del otro lado del estacionamiento.
Subió, encendió el motor y empezó la marcha sin siquiera mirar a su alrededor. El gran portón se abrió dándole paso libre. Condujo por varios minutos hasta llegar al lugar. Entró como si nada, solo tuvo que mostrar su tarjeta de identificación para que la dejaran entrar, dejó su auto no sin antes tomar su bolso, el cual siempre deja en el auto.
Bajó y activó la alarma. Todo el mundo la saludaba, ella respondía por simple educación sin prestar atención a nadie, era una costumbre que hiciera eso. No llamaba siquiera a sus padres para saber cómo estaban o por fiestas, siempre estaba sola y la única persona que podía estar con ella sin que se mostrara incómoda era Alice.
Una vez que el elevador llegó al piso indicado, salió directo a su oficina donde Alice, quien es su asistente y amiga, esperaba junto a un grupo de señoritas que la saludaron.
— Buenos días a todos — Dijo sin apartar la vista de su amiga.
— Aquí están sus —Comenzó a decir Alice.
— No me interesa — Habló ella antes de que pudiera terminar la frase — Sígueme — Ordenó sin siquiera mirar a las presentes, quienes solo se miraron entre sí.
Una vez adentro, Alice cerró la puerta tras de sí. Sabía que ella no estaba de buen humor, así que debía ser cuidadosa si quería obtener las vacaciones que deseaba.
— Veo que no estás de buen humor — Dijo Alice con sarcasmo.
— ¿Tanto se nota? — Se retiró ella el abrigo.
— ¿Revisarás sus hojas de vida? — Preguntó Alice.
— No me sirve — Respondió ella.
— Vamos, lo prometiste — Insistió Alice.
— Yo jamás prometí nada — Hizo una pausa mientras se tocaba la sien — Mira, sé que han sido años, también sé que te mereces unas buenas vacaciones, pero sabes bien que no confío en nadie más —
— Tú no confías ni en tu familia — Afirmó Alice.
— Por eso mismo — Sonrió ella de lado.
— Ha pasado tiempo desde que sufriste ese accidente, he permanecido a tu lado, pero también necesito descansar — Dijo Alice con voz cansada.
— Tú mejor que nadie sabe el trabajo que debe hacerse y si te vas, no sé si alguien más pueda hacer lo mismo que tú haces —
— ¡Al menos inténtalo o tómate unas vacaciones! — Le reclamó Alice.
— Está bien — Se rindió ella — Pero deben pasar algunas pruebas, si nadie lo hace, entonces tú seguirás como hasta ahora sin quejas o reclamos —
— Tú — Comenzó a protestar Alice.
— Pero si una de ellas logra pasar y sorprenderme, a cambio te daré tres meses de vacaciones totalmente pagadas — Concluyó ella.
Ante eso, Alice abrió la boca como un pez, sin poder creerlo. Aquella oferta era única, solo podía presentarse una vez en la vida; Sin embargo, no sería fácil obtenerla. Abril no se lo pondría fácil.
— ¿Dime, aceptas? — Preguntó Abril.
— ¿No es una broma o sí? — Preguntó Alice con desconfianza.
— Tienes mi palabra — Respondió Abril.
— Bien, acepto — Dijo sin dudarlo.
— Bien, déjalas pasar en orden — Le dijo.
Su amiga, entusiasmada, salió para dar comienzo al reto. La mayoría cumplía con los requisitos, lo que aumentaba las esperanzas.