Capítulo I: Roma Heller
—¡Como se te ocurre hacer tremenda estupidez!, ¿Roma acaso quieres sacarme canas verdes?
Más de las que tiene imposible.
Antes de que pudiera responder, mi madre entró.
—Gabriel, ¿Está todo bien?
—Mamá si lo estuviera, no estarías aquí.
—No me trates de idiota Roma, mucho está que siempre que vienes a pasar el fin de semana con tu padre terminé viniendo por ti antes de que acabe.
En mi defensa no tolero a ese hombre.
—Amelia, hay que educar a esta mocosa, es una impertinente, llamo víbora a Valeria y a Linda le tiño toda la ropa blanca de verde —dijo el señor al cual llaman mi padre. Yo me niego a decirle así, en lo que mi consta el solo puso el espermatozoide.
—En mi defensa no sabía que mi blusa verde estaba con su ropa blanca.
Claro que lo sabía, pero eso no es nada a comparación de todo lo que he hecho desde que las conozco; en parte son celos, no me voy a justificar, ellas tienen algo que yo nunca tendré: "su atención".
Por otra parte a la esposa de mi padre y a su hija les gusta hacer comentarios sobre mi ropa, mi cabello despeinado y anudado, mi cuerpo, mis brazos llenos de pulseras, mi madre; en fin me joden todo el tiempo, pero si algo he aprendido es que no soy una princesa y que no voy a perder mi zapato de cristal y a encontrar a un príncipe azul, si yo no me defiendo nadie lo hará.
Ya perdí la cuenta de todas las veces en las que mamá vino a verme unas horas después de que me dejara, siempre con una mirada de decepción en la cara, lo intento pero hay algo en mi que no me deja quedarme callada.
—Como te atreves a decir que no educo a mi hija —gritó mi mamá, sacándome de mis pensamientos—. No la mandaré a un internado de porquería con niños ricos como quieres.
—Lo harás Amelia o te pido la custodia, está niña no sabe de modales y créeme cuando te digo que si en el mejor internado del país no la corrigen la mando a una correccional porque es una malcriada por no decir criminal, debe de respetarme a mí y a mi familia, yo me encargare de los gastos, no te preocupes por eso.
Toda mi vida llendo a colegios públicos porque él no quería gastar más por una causa perdida.
Mis padres nunca se casaron el trato era él paga mi educación, y mi mamá se encargaba de mí, de hecho, si las cosas salían como él quería yo no estaría aquí porque parte de ese trato era no buscarlo, y ni mi mamá ni yo rompimos esa parte, pero mi fallecido abuelo, una lástima, se enteró; mando a la mierda a mi padre y le dijo que más le valía traerme todos los fines de semana y hacerse cargo, por eso vengo desde los 11 años.
—Para alejarla de mi te acuerdas de que eres millonario ¿verdad?, está bien irá ese maldito internado, de todas formas, no puedo negarme, pero no quiero que vuelva a esta casa nunca más, si quieres verla será en mi casa o afuera, los dos sabemos que no lo harás.
—Está bien, trato hecho entonces. —Hizo una seña para que nos fuéramos y así lo hicimos.
Tan rápido, tan fácil y mi vida daba un giro 360. Mi mente se nubla, solo pienso en maneras de huir, irme de ese lugar tan rápido como pueda. ¿Cómo pudieron tomar una decisión así sobre mi futuro? ¿Qué no importa lo que quiera hacer con mi vida?
Salimos con mi madre al jardín de la casa, todo a mi alrededor no importaba, me sentía traicionada por la persona que más quiero, la que se supone siempre esta ahí a mi favor.
—Es mi vida, ¿Qué acaso yo no puedo elegir qué hacer con ella? —le pregunté.
—Hija, —se pausó un momento—, sabes que tu padre tiene todo el dinero del mundo y que en cualquier momento con pedir tu custodia se la darán porque quieras o no viviendo con él estarías mejor económicamente, y con todo el esfuerzo que has hecho hasta ahora para salir adelante, vivir con tu padre sería solo retrasar el proceso. —Como siempre tenía razón—. Tú eres lo más importante que tengo no importa si por tu bien tenemos que estar separadas.
Después de decir eso me abrazo y nos dirigimos a casa.
Las semanas pasaron, las vacaciones acababan, yo no salí de mi cuarto después de eso. Estaba preparando esa maleta con mis cosas, no eran muchas para variar. A pesar de que me moleste ir a un internado de idiotas, en mi anterior colegio no tenía amigos y toda la cosa, tal ves y solo tal ves esta sea una señal de un nuevo comienzo o de un nuevo infierno.
Mi casa no quedaba lejos del internado, y raramente la del señor tampoco pero el punto es que así mi mamá podrá venir a verme los fines de semana para pasar con ella, no iba a ser lo mismo, pero me tranquiliza un poco ella puede trabajar menos ya que no tendrá que alimentarme así que supongo que será un alivio, claro que quedaban más gastos, pero una ayuda es una ayuda; al final podrá disminuir esa carga.
Al verme frente a ese lugar, mientras subía por las escaleras, en dirección a la oficina del director veía las caras de los niños que fingían ser adultos, con traje y corbata, alguien dígales que estamos en el siglo XXI. Escuchaba los murmullos de mí, y me acordé de mi yo de hace dos años, como los pies, las manos temblaban, como aguantaba las ganas de suplicar que se callen, ahora les suplico que se callen, porque en mi cabeza solo suenan los murmullos de hace dos años, algún día me gustaría dejar de escucharlos, porque con esos murmullos aparece el recuerdo, que tanto quiero borrar.
Las personas nunca piensan en el poder de su palabra sobre los demás, a veces los rumores más inocentes terminan siendo el tormento de otro, y a pesar de eso nadie pide perdón.
Cuando llegué, me senté, mi madre habló con el director. Un señor que no pasa de los treinta años, tenía el cabello castaño y ojos del mismo color llevaba un traje clásico, era nervioso, pero intentaba no parecerlo.
Íbamos saliendo cuando un chico castaño de ojos del mismo color, con una camiseta blanca y unos jeans entró, de pronto el director que nos iba a dar un tour por el lugar le pidió a la secretaria que lo hiciera.
—Muy bien acompáñenme —dijo la secretaria—, mi nombre es Marisol Gonzales, este lugar es el despacho del director, por obvias razones los estudiantes no pueden venir a menos que les llamen o un profesor los manda que espero no pasé.
Era una mujer de treinta y cinco años más o menos, traía un traje rosado y el cabello rubio teñido, noté que en su traje había manchas rojas como de pintura, y al igual que el director se notaba nerviosa, salimos y al frente había otra habitación: sala de profesores.
Después de eso nos mostró, el comedor, el jardín, la cocina, los baños, las aulas, la que sería mía este año, la de artística, el laboratorio, y otras habitaciones.
Llegamos a dos pasillos, los dos tenían las paredes azules, pero por las paredes de uno pasaba una línea roja, mientras que por el otro era negra.
—Estas líneas marcan él área, el pasillo de la línea roja es de las niñas y el de la línea negra de los niños. —Me dio unas llaves, mi habitación es la 13B—. Bien, si tienes alguna duda, puedes buscarme —dijo y se fue.
Afuera de mi habitación me despedí de mi madre ella tenía los ojos llenos de lágrimas yo contuve las mías, le di un abrazo y le prometí que estaría bien, aunque no sé si eso es cierto; solo quiero un helado.
Entre había tres camas cada una con dos mesitas de noche al lado y un baúl al frente de estas, en la pared que no tenía cama estaba el escritorio y arriba de este una ventana, no me sorprendió que había una especie de segundo piso, subí por las escaleras y vi que ahí estaba el armario el cual ocupaba una pared, estaba divido en tres; había un baño, que pena si alguien lo tapa, por último tres "pufs" gigantes, no sé si se llaman así, procedí a desempacar y me di cuenta que la parte derecha del armario estaba ocupada así que tome la parte del centro, después de eso baje y me acosté en la que desde ahora sería mi cama, me percaté que solo había una cama con cobijas así que supuse que era la de la chica del armario.
Poco después me quede dormida.