PROLOGO
Pregunta rápida: ¿Cuántas veces han leído la historia de la chica que se considera invisible y rara, pero que, después de un verano lejos de su hogar, consigue lentes de contacto, se suelta el cabello, y empieza a llamar la atención de todo el mundo?
¿Muchas, verdad?
Bueno, lamento decirles que justo esa no es mi historia. Es la de mi mejor amiga, Sam Cooper.
Que luego de un verano en la casa de su padre, cambió totalmente su estilo de ropa y empezó a fortalecer su confianza en sí misma, cambiando la perspectiva de ‘‘nerd’’ que muchos tenían de ella.
Muchos chicos, para ser exacta.
Y ya saben como va la cosa, ¿No?:
Hay un triángulo amoroso, problemas entre amigos, dramas de inseguridad, un poco de toxicidad, bla, bla, bla.
Y todo termina con un beso del verdadero amor; mientras el príncipe y la princesa bailan bajo la lluvia, soñando con el ‘‘felices para siempre’’ que se arruinará en la secuela, cuando una tercera parte extranjera aparezca.
Es una historia demasiado conocida.
Así que en esta ocasión, es mejor hablar de otra cosa. Ver otra perspectiva. Otra historia.
La historia de una chica que ha leído demasiados libros modernos para saber perfectamente qué rol cumple en la vida de su amiga.
Y qué debe hacer para que se desarrolle ese ‘‘felices para siempre’’ perfecto.
Esta es mi historia.
Mi nombre es Charlie Jackson y soy un personaje secundario.
Sí, un personaje secundario, como los de los libros.
Me di cuenta el día que empecé a fijarme en esas personalidades que casi siempre se encuentran en el fondo. Esas que casi nunca comunican lo que piensan, pero siempre están ahí con algún comentario elocuente, completamente dispuestos a ayudar a los protagonistas; Los siguen de cerca, los escuchan y los impulsan a terminar su viaje del héroe de la mejor manera posible.
Me di cuenta de que, de cierta forma, yo parecía hacer lo mismo; cuando cada vez que mi mejor amiga se sentía mal, yo era a quien iba para que la consolara. O cómo siempre era la segunda opción que mis amigos elegían para reunirnos cuando el otro le cancelaba. O cómo podría nombrar millones de cualidades destacables en mi mejor amiga, pero al verme a mí misma, simplemente me quedaba en blanco.
Era increíble como el mundo parecía girar en torno a los demás, en torno a Sam; y mi único trabajo era ayudar para que ese mundo siguiera girando a la perfección para ellos. ¿Para mí? Solo las sobras quedaban.
No me malentiendan; no tengo envidia, ni celos. Estoy feliz de ser un personaje secundario: es tranquilo, tengo un rol fijo, amigos muy buenos que me necesitan y quieren. Eso es suficiente para mí.
O bueno, hasta ahora lo era.
Porque sí, esta es mi historia, que parecía ser aburrida y solo otra manera de ver que hacían los protagonistas.
Hasta que las cosas empezaron a tornarse, bueno, clichés. Muy extrañamente clichés.
Y todo comenzó con la llegada del chico malo.