Nuevo comienzo

Summary

¿Quién diría que Bill Cipher, el demonio del sueño, sería capaz de cambiar por unos simples humanos?

Status
Complete
Chapters
32
Rating
n/a
Age Rating
16+

[0] Prólogo

Si notan un retroceso u algo parecido en mí forma de escritura en comparación a la historia anterior es porque, originalmente, ésta fue publicada mucho antes que la de One Piece.




   El día era cálido y tranquilo. En medio de la naturaleza se encontraba un autobús que rompía con el paisaje natural.


   El camión transportaba únicamente a dos pasajeros, si no se tomaba en cuenta al conductor, los cuales mantenían la ventana abierta en un intento de refrescarse un poco, dado que el sol y el metal del que estaba hecho en transporte no eran buena combinación.


   Ambos sujetos compartían el cabello café, ojos marrones y color de piel, podía verse a simple vista que eran gemelos, o mellizos. La única diferencia que les permitía diferenciarse era el sexo de cada uno, pues la muchacha tenía sus rasgos femeninos, al igual que el chico sus rasgos distintivos.


   El joven tenía un cuaderno en mano, dónde leía todas las anotaciones que había hecho a lo largo de ese año. Milagrosamente, el libro aún tenía hojas disponibles, pues el muchacho solo escribía aquellos eventos paranormales que ocurrían en los lugares a los que iba, que tristemente para él no eran demasiados.


   Le encantaba todo aquello relacionado con el misterio y lo paranormal, lo cual era un gusto que compartía con su hermana. De vez en cuando desviaba la vista de la libreta para observar el paisaje en movimiento fuera del bus, más por nostalgia que por interés.


   Por otro lado, su hermana veía los alrededores con una emoción palpable. Al comienzo del viaje, la joven le permitió a su hermano estar al lado de la ventana, pues no le interesaba ver la ciudad que ya conocía, ni mucho menos los bosques de las afueras de esta. Pero una vez llegaron a los busques de Gravity Falls, Dipper se vio obligado a cambiar de lugares para no ser aplastado por Mabel.


   Para la joven, ese lugar había sido en el que vivió el mejor verano de su vida. Había visto tantas criaturas increíbles y vivido tantos maravillosos momentos que el solo pensar que volvería allí le erizaba la piel. Volvería a ver a sus amigos y era muy probable que también viviría nuevas y aún más emocionantes aventuras. Sabía perfectamente que su hermano creía lo mismo, aunque no lo demostrara. Muchas cosas habían cambiado en ese tiempo, tanto ellos como sus relaciones a lo largo de los años, pero ese sentimiento de alegría al volver a Gravity Falls seguía igual que cuando eran niños.


   Pasaron los últimos minutos del viaje y una vez la joven divisó la parada saltó sobre su hermano con una enorme sonrisa, dándole a entender que habían llegado a su destino. El muchacho guardó su libreta en uno de sus tantos bolsos, colgó sus anteojos de lectura en el cuello de su remera, tomó sus pertenencias y, seguido de su hermana, una vez sintieron el brusco freno del autobús, bajaron rápidamente de este despidiéndose del conductor.


   –¡No puedo creer que por fin estemos de regreso! Con lo que nos costó convencer a mamá y papá de que nos dejaran regresar, más nos vale no desperdiciar estos meses.– Exclamó recordando el día en que volvieron de sus vacaciones hacia unos años y muy ingenuamente le contaron sus aventuras a sus padres, los cuales aterrados les prohibieron volver a Gravity Falls hasta ese día. Finalmente los habían convencido de volver, luego de prometer no volver a involucrarse en todo el asunto de la magia y monstruos, a lo cual accedieron.


   Aunque ninguno de los Pines iba a cumplir con el acuerdo, tendrían que esforzarse por no ponerse en situaciones peligrosas, pues cualquier queja o herida les daría un pase seguro a confinamiento en su hogar hasta el día de su muerte.


   –¡Pero hay que dejar de lamentarse! ¡Estamos de vuelta y vamos a disfrutar esto al máximo!– Gritó con energía mientras corría en dirección a la cabaña de su tío, dejando atrás a su hermano.


   –Yo también estoy muy emocionado por volver. ¡Pero aún así no tengo la energía suficiente como para correr después de TRES horas de viaje!.– Se quejó el castaño, gritando la última frase para que esta lo escuchara. Ante esas palabras la joven soltó una risa burlona, para luego volver hacia donde el menor se encontraba.


   Las quejas del muchacho no estaban de menos, pues el día anterior no había podido dormir gracias a los nervios y emoción que sintió ante el permiso de sus padres para volver a Gravity Falls, gracias a eso, el cansancio tanto físico como mental le inundaban en ese momento.


   –¿Crees que nos esperan en la cabaña? Nos dieron permiso para venir apenas la semana pasada y por la emoción olvidamos avisar que vendríamos… Apenas les avisamos ayer a la mañana.–Dijo recordando la llamada que le hicieron a Stanley el día anterior, el cual les colgó apenas le dieron la noticia.


   –Estoy seguro de que estará bien, de hecho, creo que intentará darnos una bienvenida. La verdad, te sugeriría no probar ningún bocadillo, nadie sabe dónde los consiguió con tanta prisa.– mencionó sintiendo un escalofrío en la espalda.


   La muchacha río ante el comentario, pues sabía que Dipper tenía razón. Luego de unos minutos de charla, la caminata se volvió silenciosa, pues ambos jóvenes se dedicaron a observar el paisaje y recordar el pasado.


( . . . )


   –¡Estén preparados! Los mocosos pueden llegar en cualquier momento, así que quiero ver este lugar listo antes de que ellos lleguen.– Declaró Stanley a la par que todos los preséntese reían ante el fallido intento de no mostrar su cariño ante los gemelos.– ¡Wendy! Ve a ver si los niños están aquí. Dinos cuando estén cerca.


   La pelirroja simplemente asintió con la cabeza, para luego ir en dirección a la parada del bus a cumplir con la orden del anciano. Apenas la joven desapareció de la vista de todos, volvió corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitían.– ¡Ya están aquí señor!– Gritó mientras se acomodaba en su lugar, al igual que los demás invitados, para extender el gran cartel de bienvenida que habían hecho entre todos, pues eso y los bocadillos fueron las únicas cosas que lograron hacer y conseguir en un día.


   Apenas un par de segundos después, los dos gemelos aparecieron con su equipaje, a paso lento y tranquilo. – La verdad, esperaba algo más emotivo. – Mencionó el tío abuelo de los hermanos al mismo tiempo que le devolvía el saludo a los muchachos. Segundos después, se sorprendió al ver cómo Mabel tiró todo su equipaje al suelo, dejándolo en manos de Dipper para correr en dirección a todos con los brazos bien abiertos.


   –Hola a todos. – Gritó momentos antes de ser recibida por sus mejores amigas, Candy y Grenda, a parte de los demás presentes.


   Realmente no había demasiadas personas en el lugar, solo estaban Grenda, Wendy, Melody, Soos, el tío Standford, Candy y algunas personas extra, las cuales estaban únicamente para alegrar un poco el ambiente.


   –¿Me extrañaron? – Cuestionó en tono burlón a la vez que veía a Wendy y Soos acercarse a ella.


   –Por supuesto que lo hicimos, ¿verdad Soos? – mencionó la pelirroja mientras el hombre asentía con la cabeza.


   Mientras que todos recibían a la castaña, el otro Pines se acercaba a la cabaña arrastrando las maletas de su hermana mientras se quejaba. – No sé porqué no se me ocurrió que esto podría pasar, realmente no lo sé. Conociéndola, ya debería haberlo esperado, pero no. Tenía que confiarme y bajar la guardia. – Una vez llegó a la fiesta, dejó las maletas a un lado y fue en dirección a Mabel.


–Hola a todos. – Saludó poniendo su mejor cara.


   –¡Hola Dipper! Por lo que veo pegaste el estirón. – bromeó Soos al ver qué el chico había aumentado de estatura. El joven había cambiado en muchos aspectos, ambos hermanos lo hicieron. Ahora eran más estilizados, habían dejado de ser niños y tenían un aspecto más adulto, sus rasgos eran más marcados y la estatura también había aumentado. Dipper tenía rasgos más marcados, mientras que los de Mabel eran más delicados.– ¿Acaso esos son lentes? – Preguntó una vez sus ojos enfocaron los lentes que colgaban del cuello de la camiseta del castaño.


   –Ah, estos son para leer. Si no los uso mi vista se cansa, solo es eso.– Dijo mientras se los colocaba. – Además, hay que admitir que me veo bien con ellos. Completan el look.– Bromeó entre risas.


   –Ya veo. Aún así, dejando eso de lado, lo que más me sorprende es que hayas comenzado a involucrarte en peleas.– Mencionó Wendy divertida a la vez que señalaba el apósito ubicado en la mejilla de Dipper.


   Ante ese comentario, ambos gemelos se pusieron tensos, para luego apartar la mirada


   –No es eso, solo me caí de la cama hace unos días, nada grave.


   Nadie le tomó importancia a la escena, por lo cual, una vez el chico terminó de hablar, todos los presentes ingresaron a la cabaña para estar más frescos, pues el calor de la tarde se estaba volviendo cada vez más intenso con conforme el tiempo pasaba.


   Una vez todos estuvieron dentro, ambos hermanos cerraron las puertas de la cabaña, dejando el exterior únicamente con el sonido de las aves cantando y el batir de sus alas.


   Con el paso de las horas el sol comenzó a ocultarse y la suave brisa se llevó consigo el cartel de bienvenida que había sido hecho para los gemelos, el cuál tenía escrito; “BIENVENIDOS A GRAVITY FALLS” con grandes y coloridas letras de colores.