EpĂgrafe
Siento como si algo estuviera pulsando contra mi crĂĄneo mientras me siento en la cama, un poco desorienta en un principio, y sin reconocer la habitaciĂłn en la que me encuentro. No soy una persona que salga y termine cogiendo con alguien al azar despuĂ©s de haberse emborrachado; de hecho, soy todo lo contrario: suelo ser precavida, mantenerme consciente y siempre estar alerta de cualquier persona que se me acerque.ï»ż
Sin embargo, ayer fue una noche especial. No estaba solo acompañando a mi mejor amiga para cuidar de ella, sino que salà a divertirme y, precisamente, embriagarme lo mås posible para celebrar mi ascenso.
En ese momento no medĂ mi consumo de alcohol, mi inhibiciĂłn social, o el hecho de que un hombre me arrastrĂł a su departamento, a su cama, y ahora estoy completamente desnuda mientras siento que alguien quiere taladrar mi crĂĄneo.
Estoy sola en la cama, pero el lugar junto a mĂ todavĂa estĂĄ tibio, por lo que con quien sea que haya pasado la noche, no se ha levantado hace mucho tiempo.
Froto mi rostro para intentar despertarme por completo, bostezando para luego estirar mi cuerpo. Puedo oĂr un murmullo fuera de la habitaciĂłn por la puerta entreabierta, y eso es lo que me pone mĂĄs alerta, porque instintivamente quiero saber quĂ© es lo que estĂĄ pasando al otro lado. Las personas hablando no lo estĂĄn haciendo alto, es como si quisieran mantenerse discretos, pero el lugar estĂĄ tan silencioso que es inevitable que el sonido traspase y llegue hasta mis oĂdos.
Oigo un golpe sobre una superficie, pero no estoy segura de que haya sido un puñetazo o una patada; es como si un objeto hubiera impactado contra otro. ÂĄComo cuando la punta de una cuchilla se clava en la tabla para picar! SĂ, esa es una descripciĂłn mĂĄs exacta.
Eso me sobresalta un poco, haciĂ©ndome mirar hacia la puerta, y decido levantarme de la cama, ponerme al menos la ropa interior, y abrir la puerta lo suficiente como para que uno de mis ojos mire a travĂ©s. El lugar es increĂblemente sofisticado, como si cada cosa aquĂ dentro fuera lujosa, y me pregunto con quĂ© clase de persona me metĂ.
Tengo vagos recuerdos de una mandĂbula afilada y ojos hermosos, acompañados por una voz con acento profundo. Sin embargo, no estoy segura de si esos recuerdos son reales, o mi mente lo distorsionĂł para volverlo mĂĄs atractivo.
En mi råpido escaneo, encuentro una brillante navaja clavada en la mesita de café, y entonces entiendo de dónde vino el ruido de antes. Pero, luego de la realización, mi mente comienza a encender luces rojas de peligro.
¿Por qué tiene una navaja? ¥¿Y por qué la clavó en la mesita de café?!
Siendo honesta, no es miedo lo que siento.
Un par de pantalones sueltos de pijama moviĂ©ndose junto a la navaja clavada llama mi atenciĂłn, y es entonces que me doy cuenta de que hay dos hombres allĂ; uno de ellos, de cabello mĂĄs oscuro y dueño del pantalĂłn de pijama, estĂĄ de pie y parece que se encuentra un poco molesto, mientras que el otro, un hombre de cabello rubio, ojos de un maravilloso verde que jamĂĄs habĂa visto y dueño de un porte elegante⊠Ăl se ve mĂĄs relajado, sentado en el sofĂĄ.
Sin embargo, su lenguaje corporal y sus expresiones faciales parecen contradecirse bastante. Es como si estuviera igualmente molesto, pero se sintiera cĂłmodo.
âÂĄEse maldito hijo de perra! âmurmura molesto el de cabello mĂĄs oscuroâ. ÂżEse bastardo estĂĄ buscando una guerra? ÂżAcaso quiere que lo mate con mis propias manos?
¿Qué? ¿Matar?
Mi corazĂłn se acelera solo con oĂr la frialdad con la que esas palabras son pronunciadas, y ante la idea de la muerte.
âCĂĄlmate, ya puse a Troch a encargarse de eso âdice el de cabello rubio con una tranquila voz profundaâ. Esto no es mĂĄs que una provocaciĂłn, y ambos lo sabemos. Ăl estĂĄ buscando que reacciones para que des un paso en falso. Si sabes lo que te conviene, entonces esperarĂĄs para dar el siguiente paso.
El de cabello oscuro suspiraâ. ÂżCuĂĄnto de la mercancĂa robĂł, y cuĂĄnto de ella arruinĂł?
âNo mucho. Este no es nuestro mayor negocio, y Ă©l lo sabe. âEl rubio se pone de pie para ponerse delante del otroâ. Te lo dije, esto no es mĂĄs que una provocaciĂłn, por lo que no iba a gastar energĂa en arruinarnosâŠ
El rubio se queda en silencio. No me doy cuenta de que me quedé observando con inquietud y algo de morbo por la conversación, sino hasta que él se detiene y mis ojos lo buscan, esperando poder leer su lenguaje corporal, pero me quedo helada cuando noto que él estå mirando en mi dirección.
EstĂĄ viĂ©ndome a mĂ.
ÂĄMierda, mierda, mierda!
Sus ojos verdes no parpadean ni una sola vez mientras me observa, y puedo ver como brillan con cierta diversiĂłn luego de unos segundos, como si se hubiera sorprendido de haberme visto, pero al final no le importara demasiado.
Veo la comisura derecha de sus labios moviéndose un poco.
ÂżVa a decirle que los estaba escuchando?
Sin embargo, no abre su boca, no habla, él⊠simplemente muestra una leve sonrisita arrogante de diversión.
Mi estómago se siente extraño, como si estuviera revolviéndose con nervios y ansiedad. Ahora no estoy segura de si mis ganas de vomitar son todo lo que bebà anoche y estå repercutiendo en mà ahora, o por su mirada y sonrisa descarada.
Cierro la puerta de la habitaciĂłn, con el corazĂłn acelerado y a medio camino fuera de mi pecho, y entonces sĂ© que tengo que vestirme rĂĄpidamente y huir de aquĂ. Para este momento, no me importa quiĂ©nes sean, solo sĂ© que mis alertas rojas estĂĄn sonando fuerte en mi cabeza, y que necesito marcharme lo mĂĄs pronto posible.
Cierro la puerta y me apresuro a buscar el resto de mis pertenencias; la ropa es lo fĂĄcil de encontrar, lo difĂcil es saber en dĂłnde terminĂł mi bolso. Cuando estoy buscando debajo del sillĂłn cerca de la cama, la puerta de la habitaciĂłn se abre y veo unos pies descalzos que son ligeramente cubiertos por un pantalĂłn de pijama.
Me quedo en mi lugar, quieta por unos cuantos segundos.
âÂżBuscabas esto? âcuestiona el hombre de cabello oscuro, y el extraño acento parece acentuarse mĂĄs. Levanto mi torso, todavĂa de rodillas en la suave alfombra, y lo observo mientras Ă©l sostiene mi bolso y me da una sonrisa entre arrogante y coqueta.
El hijo de puta es atractivo.
No sĂ© si mi corazĂłn estĂĄ acelerado por lo increĂblemente bien que luce, o por la adrenalina de haber oĂdo una conversaciĂłn⊠extraña y haber sido atrapada. En mi mente hay mil alertas rojas sonando, asĂ que todo lo que quiero es huir.
âSĂ ârespondo mientras me apresuro a ponerme de pie. Dudo en si deberĂa acercarme a Ă©l o no, pero en ese bolso estĂĄn todas mis cosas: celular, identificaciĂłn, pase de oficina, ÂĄtodo! AsĂ que trato de obtener mi compostura nuevamente y me acerco a Ă©l como si no lo hubiera oĂdo hablar sobre matar y mercancĂaâ. GraâŠ
âÂżNo te quedas a desayunar? Debes estar hambrienta âme interrumpe, alejando el bolso justo cuando estoy por tomarlo.
EstĂĄ jugando conmigo.
âNo tengo hambre. âEsta vez sĂ logro tomar el bolso, y entonces miro su rostro. Sus ojos son realmente hermosos y Ășnicos: son verdes mĂĄs en el interior y celestes en el exterior del iris, casi hipnĂłticosâ. ÂżGracias por lo de anoche? Pero tengo que irme âdigo algo dubitativa, acomodando la correa de mi bolso en mi hombro y dĂĄndole una sonrisa incĂłmodaâ. ÂĄAdiĂłs!
No dice nada, solo se rĂe bajo mientras huyo de la habitaciĂłn. Cuando atravieso la sala, los ojos verdes del hombre rubio me atraviesan con intensidad, e incluso algo de burla. Ambos parecen cazadores observando con deleite como su presa se retuerce en agonĂa, y eso me provoca un escalofrĂo que eriza mi piel de pies a cabeza.
Trato de sacudir el sentimiento y salgo del departamento, sosteniendo la puerta cerrada mientras trato de adivinar dónde me encuentro, y porqué mi corazón pareciera estar a punto de estallar en mi pecho.
Mierda. De alguna manera, eso se sintiĂł un poco intimidante; ni siquiera tuvieron que decir mucho, solo sus miradas bastaron para hacerme saber que estaban jugando conmigo. Sin embargo, no me siento asustada, sino mĂĄs bien alerta.
EstĂĄ bien, ya conozco a este tipo de hombres. Solo querĂan asustarme un poco para probarme, no vendrĂĄn tras de mĂ⊠No soy tan importante, y creen que me asustaron. No voy a tener que volver a verlo.
EstĂĄ bien.