Nueva Familia
El largo viaje en avión desesperaba a la mujer de piel bronceada, miraba de reojo a su esposo, que a diferencia de ella se veía muy tranquilo. Él mismo se había doblado las mangas de la camiseta blanca hasta los codos y desabotonado dos botones hace un rato, pues le incomodaba usar ese tipo de camisetas, lo sofocaba, sin embargo, tenía que estar lo más formal posible para presentarse en el juzgado.
Fiorella no es una mujer comúnmente celosa, pero no le agradaba que las azafatas se quedaran apreciando el cuerpo de su marido delante de ella. Giró la cabeza a su derecha, donde vio a su sobrina; no había mencionado ni una sola palabra desde que entraron al avión, seguía usando la misma ropa uniformada que le había prestado su tía, cubriendo casi todo su cuerpo con excepción de la cabeza y las manos, además, usaba un pañuelo de tela rosa que rodeaba su cuello para tapar sus cicatrices. Se preguntaba cómo no se sentía incomoda si la tela de ese traje de vez en cuando picaba, pero no, para esa chica no parecía que nada le molestaba, se mantuvo recta con una buena compostura mirando hacia al frente como toda una buena dama de clase alta.
Fiorella se rascó la cabeza pensando en cómo conversar con su sobrina para que pueda entrar en confianza desde ya, después de todo vivirá en su casa.
─ ¿Todo bien, cariño? ¿Cómo te...? ─Se dio cuenta de lo que iba a decir sonaba muy estúpido.
─Si.
Pero aun así Susana respondió, aunque no en la manera que su tía esperaba. Y después de un rato de silencio, Fiorella decidió cambiar de táctica.
─Si todavía tienes hambre puedo pasarte mi lonchera. Tengo huevos fritos con arroz, se han enfriado, pero sigue estando buenos. ─Esperaba su respuesta, pero ni un solo gesto logró sacarle. Su esposo también estaba al tanto de lo que su mujer quería hacer, pero prefirió no entrometerse todavía.
─ ¿Te gusta... los huevos fritos? O ¿Los prefieres cocinados?
El silencio inundó otra vez ese espacio entre los tres, poniendo a la mujer muy incómoda
─ ¿Susana?
─No entender.
─ ¿Qué? ─Arrugó la frente por esa respuesta.
─Fiore...
Se giró para ver a su marido que le negaba con la cabeza para que ya no insistiera más. Él sabía muy bien que llevará tiempo relacionarse con Susana después de la separación de sus padres, por lo que tenía muy entendido desde las pocas horas que ha pasado observándola es en no molestarla tanto.
Al final Fiorella entendió y decidió mirar hacia al frente totalmente rendida.
─Está bien, no te gustan los huevos fríos... igual que yo.
Pero mirando el lado bueno desde sus adentros, al menos le respondió.
Después de unas largas horas de viaje por fin llegaron a Los Ángeles, Estados Unidos. Por fortuna Susana podía entender y hablar el inglés cuando se le decía algo, sus tíos pensaron en darle un tutor en casa, pero decidieron omitir esa decisión de momento, al menos hasta ver que tanto entiende.
Al llegar a su hogar; una rustica casa naranja de dos pisos con un jardín abundante de flamencos y estatuillas de nomo en fila, Reimont fue ocupándose de todo el equipaje luego de pagar al taxista. Mientras tanto Fiorella y Susana estaban al frente de la casa, Susana contemplaba el lugar donde una vez lo visitaba a menudo cuando era una niña, solo que ahora lucía muy diferente a como se veía antes.
─Me acuerdo muy bien como eras de pequeña, reías a cada rato cuando jugabas a las atrapadas conmigo y con mi hijo mayor aquí afuera, eran muy unidos. Este jardín era tu lugar favorito, ha cambiado, pero es el mismo de siempre, ahora lo podrás ver todos los días.
Fiorella miraba sonriente a Susana, pero nuevamente no le contestaba, la mujer bajó la cabeza por su fracaso motivacional, pero no se dio por vencida, levantó su cabeza y decidió hablarle con total franqueza a su sobrina.
─Susana, sé que no será fácil la vida que tendrás con nosotros a partir de ahora, te va a costar adaptarte, pero tendrás el apoyo de todos nosotros, eso no lo dudes. Espero que hagas lo mismo por ti y solo por... ─Susana giró la cabeza haciendo contacto visual con Fiorella, pero su cara no mostraba ni una pizca de emoción, asustando un poco a la mujer.
─No acepto.
Susana volvió a mirar de frente después de decirle esa corta y fría respuesta a su tía, quedando muy extrañada al no comprenderla. Estaba por adelantarse y abandonar el lugar, pero de pronto un pequeño niño vestido de pijama amarillo con jirafas y de cabellera castaña clara, abre las rejas de la entrada de su hogar, fue corriendo directo a abrazar al fortachón de su padre que ya había cargado con la última maleta que había en el suelo, casi haciendo que se caiga hacia atrás.
─ ¡Lo cumpliste, papá! ¡Cumpliste tu promesa! ¡Haz vuelto! ─Se desprendió de Reimont y alzó su cabeza hacia arriba regalándole una de las mejores sonrisas que un niño podría regalarle a su padre. Reimont no pudo evitar reírse del entusiasmo de su propio hijo.
─Te dije que volvería pronto, Jim. Ahora pequeño, si no es mucha molestia... tengo que dejar estas... ─Una bolsa se estaba por caer desde la montaña de maletas que cargaba, pero su esposa lo atrapó a tiempo y se lo colocó en su hombro izquierdo.
─Te eh dicho muchas veces que vallas transportando poco a poco y no de un solo. ─El hombre voltea los ojos y luego se ríe disculpándose con su mujer, a lo que termina accediendo y baja casi todas las maletas con excepción de dos, llevándolas dentro de la casa.
Viendo esa escena, Susana le generó un gran desconcierto el gesto que hizo Reimont.
─Mamá ¿Quién es ella? ─Dijo Jim que finalmente descubre la presencia de su prima. Él nunca tuvo la oportunidad de verla en el pasado ya que él nació dos años después de los acontecimientos.
─Jim, ella es Susana, tu prima, vivirá con nosotros a partir de hoy. Susana, él es Jimmy, pero nosotros lo llamamos Jim de cariño, puedes llamarlo también de esa manera si quieres.
Aunque Fiorella sonreía Susana no parecía darle mucha importancia y menos queriendo ver al niño que tenía delante que no paraba de contemplarla de pies a cabeza, iluminándole la mirada con una idea un poco exagerada viniendo de él.
─Entonces, si vivirás aquí... ¡Vas a ser mi hermana! ─Jimmy empezó a saltar y apretar las manos por la emoción, su madre trató de hacerlo entender que no es así pero el niño hizo que no la escuchaba, sin embargo, en unos cuantos pasos, Susana caminó por delante de ellos, ambos se quedaron viéndola dirigirse hacia la casa, ignorándolos por completo.
─ ¿Dije algo malo, mamá? ¿Por qué se va enojada?
─Ella no está enojada contigo, cariño, es solo que... es así.
Del bolso de tela que tenía en su brazo sacó una caja de pañuelos húmedos; de esos que usan los bebes cuando ensucian el pañal, pues Susana tiene ese paquete que siempre usaba en su antigua casa. Sacó con delicadeza y lo colocó en el picaporte de la puerta, lo abrió con tanto despacio que ni siquiera un chirrido se escuchó.
Adentro, una ola de recuerdos intentó invadir su cabeza, pero decidió no pensar, no lo necesitaba. Ya no recordaba como era de niña, alguien muy diferente a su yo actual seguramente. No sabía qué cara ponía, olvidó el motivo para sonreír y no se acordaba de los juegos que solía hacer con Billy y sus otros dos primos.
Se detuvo hasta un cuarto muy iluminado que estaba a su derecha, lo sintió, volteó la cabeza, vio una gran habitación beish con varias latas de pinturas en el piso y una puerta de madera vieja que conducía al baño. Quizás no lo recuerda, pero esa habitación era muy especial para ella, más que el jardín, había un sin número de juguetes y peluches por todos lados; carritos de madera y un sillón rojo donde cuatro niños se aglomeraban para hacer las caras más graciosas que el otro, pero a los lados de ellos una mujer con cara de enferma los observaba desde el ventanal.
─Veo que lo encontraste.
Movió dos centímetros de su cabeza por delante, pero se detuvo para no hacer un gesto inapropiado. Giró la cabeza y vio a su tío cargando una maleta que dejo caer en el piso, era la de ella. El hombre vio a su sobrina política en medio de la vieja habitación de juegos donde antes depositaban los juguetes de sus hijos.
─No quise interrumpirte si estabas examinando algo, pero me sorprende que te quedaras aquí. Hace meses que no entro por este lado de la casa. ─El hombre medio sonríe, pero Susana solo lo miraba con la misma expresión neutral que siempre tiene.
─No pienses que tengo malas intenciones contigo, no soy como tus padres y tú tampoco eres como ellos. ─Avanzó recto donde estaba Susana. Reimont tenía una leve sospecha hacia ella desde que la encontraron, por lo que era el momento oportuno de probar su teoría.
─Escucha, mis hijos y mi esposa son lo más importante que tengo, todos aquí nos respetamos y amamos mutuamente, espero que lo puedas entender. ─Se giró por el lado izquierdo rodeando la habitación sin dejar de mirar a Susana.
─Sabes, cuando eras una niña fuiste como la segunda hermana mayor para los más pequeños, ellos hacían caso a tus ideas y los defendías si uno de ellos hacia algo malo al otro. Todavía recuerdo cuando regañaste a Michael por haberle dañado un juguete a Julián, ahí me di cuenta de que eras una niña inteligente. ─Se detuvo hasta quedarse al costado del perfil de Susana, volvió a hablar, pero con un tono más serio.
─Sé que lo eres, lo sé muy bien. Aunque te cueste cambiar varias cosas de ti, te pido que empieces por una de ellas; La próxima vez que alguien te habla, míralo a los ojos y no finjas que no está.
El consejo de su tío no la hizo reaccionar como él esperaba, pero sus pupilas se encogieron cuando terminó de hablar, por lo que Reimont sabe que en el fondo si tiene emociones. Lo que ha aprendido de Susana hasta ese momento y desde que fue puesta en observación dentro del hospital es que esconde muy bien sus reacciones. No se imaginaría cómo reaccionaría en un asalto o en un momento donde un chico intente sobrepasarse y no pida ayuda por culpa de su condición, sin duda sus padres le hicieron algo atroz más allá de las fotografías que tomaron, pero no era el momento de preguntarle que más le hicieron durante los ocho años de su infernal encierro.
─Susana... escucha, no es necesario que te contengas a ti misma, no te ara bien. Créeme... guárdate muchas cosas por dentro es lo peor que uno se puede hacer a sí mismo. Si tienes... ─Estaba por agarrarla por los hombros, pero ella retrocedió, se acordó que no le gusta que la toquen. Echó las manos hacia arriba, también retrocediendo, Susana no dijo nada, pero también se detuvo.
─No te tocaré si no quieres, lo prometo.
Susana asintió levemente la cabeza en muestra de aceptación a su palabra. Reimont se sorprendió y luego de una larga pausa entre los dos decidió romper el silencio.
─Bueno, como todo ya está arreglado me iré a dejar el resto de las maletas. Le diré a Fiorella que encontraste tu nuevo cuarto, te iba a presentar el de huéspedes, pero parece que te gusta este lugar, hay cosas que no cambian... Más tarde te ayudaré con el arreglo, este cuarto sí que lo merece.
Luego de despedirse y salir del cuarto, le contaría su conversación con Fiorella, ya que a partir de ese momento era necesario decirse todas las novedades a detalle que ara Susana. En cuanto a la propia Susana no se movió del sitio, se quedó allí por un buen rato convirtiéndose en la parte silenciosa de la habitación que ni el viento quiso entrar por el gran ventanal que reflejaba una parte del jardín y de la calle de su nuevo vecindario.
Ahora comenzaría una nueva vida con su otra familia.