Seventeen

Summary

Muzan Kibutsuji renace en la actualidad, sin ningún tipo de recuerdo acerca de lo que hizo en su vida pasada. Él trata de vivir su vida normal después de que un trágico evento en su adolescencia le cambiara la vida. Pareja principal: Yoriichi Tsuguikuni x Muzan Kibutsuji

Status
Ongoing
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7
Rating
5.0 2 reviews
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18+

Pesadillas



No había dormido muy bien, últimamente tenía sueños muy raros, sueños de los cuales no recordaba, o simplemente no comprendía.


Uno recurrente era ese que siempre cada dos semanas aparecía nuevamente en su mente cuando dormía; él, parado a la mitad de la nada, mientras que muchas personas, las cuales no reconocía, pero que tenía la sensación de haberlas conocido en algún lado, le miraban con reproche, mucho más aquel muchacho y aquel hombre, ambos de cabello rojo, con una marca del mismo tono que su cabello, adornando su frente, exactamente en el mismo lugar.


Sentía aquellas miradas, eran miradas cargadas de odio, de rabia, de repulsión, de asco...


Ciertamente, estaba acostumbrado a ese tipo de miradas, toda su vida había las recibido, de hecho, no recordaba a alguien que siquiera lo haya visto con otro sentimiento que no fuera odio en sus ojos.


Se levantó de la cama, tenía que ir a trabajar, además, tenía que dejar esos pensamientos, no era bueno para él recordar todo eso.


Entró al baño y empezó a ducharse, mientras que pensaba aún en ese extraño sueño. Era como si su subconsciente quisiera decirle algo, no creía que fuera pura casualidad, había soñado eso durante un maldito año, cada dos semanas, el día en si variaba, pero siempre volvía aparecer ese maldito sueño.


—Deja de pensar en estupideces Muzan.


Se dijo a sí mismo, enjuagando el jabón de su cuerpo, terminando, cerró la llave del agua, salió de la ducha directo a tomar su toalla, no sin antes verse en el espejo.


Siendo sincero, no le gustaba lo que veía en su reflejo, odiaba su cara, odiaba su cuerpo, odiaba su simple existencia; después de aquel evento tan traumático en su adolescencia le había hecho odiarse de la misma manera que sus padres lo hacían.


—Tengo que darme prisa.


Hablar consigo mismo era algo cotidiano, estaba más que acostumbrado a hacerlo, después de todo, no tenía muchos amigos, nadie con quien hablar, ni siquiera con sus hermanos.


—Llegaré tarde hoy.


Se reprochó, salió del baño y empezó a vestirse con un traje de color negro, se puso sus zapatos, y, por último, tomó su sombrero blanco que siempre llevaba, y se lo puso. Salió de su habitación y fue directo a la puerta, no tenía tiempo de desayunar, aunque realmente no tenía hambre.


Tomó las llaves de su auto que estaban colgadas en el perchero de la entrada, y estuvo a punto de salir, si no fuera porque su madre llegó justamente en ese momento.


—¿No piensas desayunar?— preguntó sin interés.


—Se me hace tarde.— trató de cortar la conversación ahí mismo, no quería discutir tan temprano con su madre.


—Si no te levantaras tan tarde no tendrías porque irte sin desayunar.— replicó —Si tan solo fueras como Kaori, deberías seguir su ejemplo, al menos te querríamos un poco más.


—No me interesa madre, me tengo que ir ahora.


—Kaori nunca llega tarde a su trabajo.— escuchó a su madre antes de salir.


No le importó, solamente fue por su coche, ordenó a un empleado abrir la puerta grande y se fue, no tenía tiempo para discutir con ella.


Sabía perfectamente que su madre no se preocupaba por sí desayunaba o no, ella solamente quería restregar por la cara que su hermana era mejor que él, aunque eso ya lo sabía, no tenía que recordárselo cada vez que respiraba.


Llegó a su trabajo más rápido de lo que pensaba, se estacionó y se dirigió rápidamente hacia su oficina, rogándole al cielo no toparse con su jefe.


—¡Kibutsuji!


Tal vez sus súplicas no habían sido suficientes, aunque, ¿a quién trataba de engañar?, la vida lo odiaba, era obvio que eso iba a pasar.


—Jefe, discúlpeme por el retraso, le juro qu-...— trató de explicarse, pero rápidamente fue interrumpido.


—No hay excusa, Kibutsuji, tienes una semana llegando tarde, ¿Acaso crees que esto es el colegio?, no voy a mandar llamar a tu papi para darle la queja de que llegas tarde, voy a rebajarte tu paga de esta semana, espero que eso te haga entender que tienes que cumplir con tus obligaciones.


Su jefe se retiró, dejándolo solo en el pasillo con una gran impotencia, los demás solo lo miraban como bicho raro, no aguantaba sus miradas, no aguantaba que lo miraran, así que solamente fue hasta su oficina y cerró la puerta, se sentó en su escritorio y se puso a trabajar en los pendientes que la secretaria le había dado antes de entrar.


Trataba de concentrarse, pero no podía hacerlo, su mente no se encontraba con él en este momento, su mente ahora mismo era un laberinto sin salida.


Escuchó la puerta siendo tocada levemente, eso lo sacó de sus pensamientos, haciendo que diera un pequeño brinquito en su lugar.


—Pase.


Dijo para volver a sus deberes, tenía que aparentar que no estaba perturbado.


—Señor Kibutsuji, el jefe quiere verlo en su oficina.— le informó la secretaria, temiendo por su reacción.


—En un momento estaré allí, gracias.


La chica hizo una reverencia y salió de la oficina rápidamente, dejando solo a Muzan ahí.


—Este viejo enserio piensa hacerme el día pesado.— se levantó dejando su trabajo en el escritorio, y salió de su oficina en dirección a la de su jefe. —Tsugikuni hoy sí que quiere verme mal.— susurró para sí mismo.


Entró al elevador, presionando el botón del número cinco, y esperó pacientemente subir.


Por suerte hoy al parecer nadie quería usar el elevador, puesto que iba completamente solo, y nadie en ninguno de los pisos lo habían solicitado.


Una vez llegando a su destino, salió del elevador, topándose con las miradas de varios de los que ahí se encontraban.


Realmente estaba acostumbrado, no le afectaba en nada aquellas miradas juzgonas, la gente podría irse a la mierda si eso querían, eso era lo que pensaba, o de lo que se quería convencer.


No quería lidiar con ese viejo tan temprano, suficiente tenía con su padre todos los días, y ahora venía este sujeto creyéndose la gran cosa, aunque bueno, sí que lo era.


—Malditos viejos inútiles.— susurró para sí mismo, caminando directamente hacia aquella oficina.


—Señor Kibutsuji, pase por favor, el jefe Tsugikuni lo está esperando.— le informó la secretaria del antes mencionado.


—Gracias señorita, con permiso.— agradeció, se acercó para tocar la puerta, y cuándo tuvo el permiso de entrar, lo hizo, con los nervios en la mano.


—Aquí estoy jefe, ¿para qué me necesita?— hizo una reverencia y se acercó hasta el escritorio del mayor.


—Necesito hablar contigo, seriamente.


—Me va a correr.


Fue lo primero que pensó, y en su mente, un combate interno se estaba llevando a cabo, sobre si estaba feliz porque lo iban a correr, o estaba preocupado por eso mismo.


—¿Qué es lo que se le ofrece señor?— intentó que en su voz no se notará el nerviosismo.


—Mi hijo menor Yoriichi empezará a trabajar aquí, quiero que le enseñes un poco de cómo se manejan las cosas en esta empresa, él no ha trabajado desde hace dos años, y cuando lo hacía, no trabajaba conmigo, sería bueno que alguien con experiencia le explicara todo.


Muzan se quedó confundido, ¿sólo era eso?, no creía que solo fuera eso, ni de broma, había algo más, eso lo sabía, de Tsugikuni se podría esperar cualquier cosa.


—Si es lo que quiere, entonces,  lo haré señor, aunque no entiendo por qué no puso a Michikatsu-san en esto, él tiene más experiencia que yo.— cuestionó mirándolo a los ojos, notando como el contrario lo miraba con burla, realmente odiaba a ese hombre.


—Simple, Michikatsu ahora mismo está haciendo negocios con unos inversionistas británicos, no puedo distraerlo así como así, mucho menos para algo tan banal como enseñarle a su hermanito como trabajar en la empresa de papi, por eso te lo pedí a ti, no creo que tengas algo mejor que hacer, después de todo solo te la pasas firmando papeles que no servirán de nada, y leyendo las letras pequeñas de los contratos, cualquier idiota puede hacer eso,— el ojirubí se sintió completamente ofendido ante tal insulto —así que, escucha bien, cualquier cosa que hagas mal, por él más mínimo error que Yoriichi vea en ti o en tu trabajo, estarás despedido.


— Pero señor...—


—Shh, calla— puso su dedo en su boca, obligándolo a cerrarla —mi decisión está tomada, además desde hace mucho que quiero despedirte, pero hacerlo así como así sería aburrido, necesito un motivo, el más estúpido que sea, y aunque puedo despedirte con la excusa de que llegas tarde, me parece que es algo que no tiene relevancia.— el azabache lo miró con reproche, quitando su mano de su boca, completamente asqueado por el tacto —Hey, no me mires así muchacho, sabes que solo te di trabajo para hacer rabiar al idiota de tu padre, estás aquí no por tus habilidades como director financiero, eso no me interesa, hay alguien que hace tu trabajo mucho mejor que tú,— él sabe que se refería a Michikatsu —estas aquí por suerte, mejor dicho, porque yo te tuve lástima, lástima de ver como ponías tu cara cachorrito abandonado en cada empresa que te parabas a solicitar empleo y todos te lo negaban, deberías estar agradecido conmigo, de haberte dado el trabajo que ni tu padre pudo ser capaz de darte.


A todo esto, Muzan ya estaba harto, estaba a nada de salir de allí y dejar al viejo hablando solo, él, su maldita empresa y su maldito padre se podrían ir a la mierda juntos.


—Lo comprendo señor Tsugikuni.— aunque se tragó su orgullo, y prefirió darle la razón al viejo, necesitaba el trabajo, no podía hacerse de rogar.


Escuchó unos leves golpes en la puerta, aunque realmente no le importaba.


—Pase.— el viejo frente a él cambió su expresión y su compostura cuando miró quien había entrado por aquella puerta.


Él por curiosidad volteó a verlo una vez ya estaba sentado a un lado de él, al verlo le causó sorpresa, era Michikatsu, aunque, este lucía más tranquilo, no llevaba el ceño fruncido como siempre lo hacía, de hecho, se veía bastante apacible.


—Yoriichi, hijo, me alegra que hayas llegado, mira, él es el licenciado Kibutsuji, él se encargará de asesorarte mientras te acoplas a la empresa.



¿Qué demonios pasaba?


Estaba más que seguro que quien había llegado era Michikatsu, pero el viejo se refirió a él como "Yoriichi".


"Esto es una puta broma"


Si, eso era lo que pasaba, esos dos idiotas le estaban jugando una broma, lo estaban poniendo a prueba, querían sacarlo de quicio.


"Hoy mismo presento mi renuncia, no estoy dispuesto a soportar estas estupideces"


El cerebro de de Muzan no estaba en su estado más óptimo, definitivamente hubo un corto circuito en su cerebro que lo dejó apagado.


—M-mucho gusto,— se paró de la silla a la par de este y dio una pequeña reverencia, notando como el contrario lo miraba de una forma extraña —Kibutsuji Muzan.— se presentó ahora de una manera más formal.


—El gusto es mío, Tsugikuni Yoriichi.


—Bien, ahora que se conocen, pasemos a lo importante.— el viejo frente a ellos los interrumpió, e hizo una seña para que ambos se sentaran, cosa que hicieron al mismo tiempo —Como te decía, Yoriichi, él es el licenciado Kibutsuji, va a estar mostrándote como trabajamos aquí, lo he puesto a él porque es un hombre muy capaz, de hecho, podría decirse que estoy orgulloso de él, de la manera en que se entrega a su trabajo,— él claramente bromeaba, y Muzan no podía nada más que fingir una sonrisa de falsa amabilidad, aunque una que otra vena sobresalía de su frente —él tiene ya experiencia aquí, tal vez no mucha, pero la suficiente para asesorarte.


—Comprendo padre, pero, sin ofender, ?¿eso no podría hacerlo mi hermano Michikatsu?— el pelirrojo preguntó confundido, él claramente había notado el evidente sarcasmo en sus palabras.


—Michikatsu está ocupado ahora, era lo mismo que le decía a Kibutsuji, también me preguntó lo mismo, está arreglando negocios con inversionistas británicos, si él estuviera libre, no dudaría ni un segundo en decirle que te asesorara, pero te aseguro que Muzan hace bien su trabajo, lee bien las letras pequeñas.— nuevamente bromeó, y Muzan no podía hacer nada más que tomar su orgullo, y meterlo en el bolsillo de su pantalón,  se sentía impotente, ese maldito viejo lo estaba humillando sin descaro alguno.


—Entonces supongo que está bien.— suspiró resignado, para Muzan era obvio que aquel sujeto llamado Yoriichi no lo quería cerca, aunque realmente no era una sorpresa, estaba más que acostumbrado.


—Bien entonces, si no hay nada que discutir, Kibutsuji, muéstrale todo a Yoriichi, confío en ti.— otra vez ese tono burlesco que tanto odiaba de ese maldito viejo.


—Tenga por seguro que no lo defraudaré señor, con su permiso.


Muzan se levantó de aquella silla, Yoriichi hizo lo mismo y se despidió de su padre, y salió de la oficina justo detrás de Muzan.


—Parece que mi padre le tiene manía.— habló una vez estando ya en el elevador.


—Tal vez, yo pienso que tiene un gran sentido del humor.— Muzan obviamente mentía, pero no se iba a poner a decirle a Yoriichi lo que realmente pensaba del viejo.


—Sus bromas no me parecieron graciosas.— nuevamente Yoriichi volvió a hablar, tomando por sorpresa al de pálida piel —Me parece que las dijo con toda la intención de ofenderle.


Muzan realmente no pensaba contestar, y aunque quisiera hacerlo, sabía que era mejor quedarse callado, aún no conocía lo suficiente a Yoriichi, no sabía cómo era, tal vez resultaba igual que Michikatsu, y eso sería un serio problema.


—¿Le ha tratado así desde que empezaste a trabajar?— dicha pregunta hizo que Muzan sobrepensara y buscara entre sus recuerdos.


—No, es rara la vez que lo hace.


Yoriichi no se miraba convencido, pero decidió que era mejor no meterse de más, tal vez solo era cosa suya.


Igual, ¿por qué se preocupaba por Muzan Kibutsuji?, era estúpido hacerlo.





Después de esa incomóda plática con Kibutsuji, Yoriichi le pidió que le mostrara el edificio completo, y cuando terminó el recorrido, ambos se dirigieron a sus respectivas oficinas.


Una vez estando solo, Yoriichi sacó su teléfono, y realizó una llamada.


—Buenos días, Yoriichi-san, ¿A qué se debe la llamada?


—Lo encontré, me encontré con él.— respondió ignorando el saludo.


—¿A qué se refiere?


—Me encontré con Kibutsuji Muzan, trabaja en la empresa de mi padre.


Hubo un pequeño silencio en la llamada, Yoriichi sabía que Kagaya le insistió miles de veces que no tratara de buscar aquel demonio que había arruinado la vida de muchos, entre ellos, él, el hombre que estuvo a punto de darle fin a su miserable existencia hace ya muchos siglos.


—Yoriichi-san, está de más decirle que no intente nada en contra de él, se lo he dicho muchas veces, Muzan no recuerda nada de lo que hizo en su vida pasada, y es más que obvio que no lo recuerda a usted.


—Lo sé, pero no me quedaré de brazos cruzados, Ubuyashiki-sama, sabe perfectamente lo que ese monstruo puede ser capaz de hacer.


Yoriichi esperaba la respuesta de Kagaya, la cual estaba tardando mucho en llegar, puesto que este de repente se había quedado sin habla.


—Yoriichi-san, he estado conviviendo con Muzan desde que éramos muy pequeños, él jamás ha tenido algún tipo de comportamiento extraño, además de que no es un demonio, puede caminar tranquilamente por el sol.— intentó hacerlo razonar, pero tal parecía que Yoriichi no tenía pensado hacerlo.


—¿Y tiene la seguridad de que no está fingiendo? Le recuerdo que su querido primo es un experto para manipular y engañar a todos. Y aunque fuera como lo dice, que no tiene recuerdos de absolutamente nada, entonces explíqueme, ¿por qué cuándo me miró por primera vez, me miraba con miedo?— insistió, haciendo que Kagaya empezara a dudar.


—Tal vez sea por otra cosa, ¿y si lo confundió con su hermano?


—¿Cómo por qué Kibutsuji le tendría miedo a Michikatsu?


El pelinegro no contestó, no le iba a explicar a Yoriichi la razón por la cual, Muzan siempre miraba con miedo a todos, eso era parte de la vida privada de su primo, él no tenía derecho a hablar sobre eso.


—No lo sé, pero le dejaré algo en claro Yoriichi-san, Muzan ya no es un demonio, y si recuerda lo que pasó en su vida pasada no sería una verdadera amenaza actualmente, puesto que, cómo ya le expliqué, Muzan no es un demonio, de ser lo contrario, yo mismo me encargaría de él, así que le pido que deje el tema por la paz.


Dicho eso, colgó la llamada, dejando a Yoriichi con la palabra en la boca.


—No prometo nada.— dijo después de unos segundos de que la llamada terminó.


De algo estaba seguro Yoriichi, y es que era imposible que Muzan no recordara nada, era ilógico, el desde pequeño tenía sus recuerdos intactos, al igual que su hermano, y al igual que varios de los cazadores que reencarnaron en esta época.


Desde un principio Ubuyashiki Kagaya había escondido el paradero de Muzan, diciendo que no era realmente un peligro, puesto que no recordaba nada de lo que había pasado en su vida pasada. Pero él nunca quedó convencido, así que intentó hacer que Ubuyashiki le dijera donde estaba Muzan, sabía que era hijo del que se suponía, es el más grande rival de su padre, pero por más que tocaba el tema e intentaba convencerlo, Ubuyashiki nunca cedía, pareciera que estaba dispuesto a encubrirlo, cosa que él no iba a permitir, pero al final de cuentas, sus esfuerzos por hacer que Ubuyashiki le dijera la ubicación de Muzan, fallaron.


Así que no le quedó de otra más que resignarse y creer en las palabras del pelinegro, lo cual, no lo convencía demasiado.


Escuchó unos leves golpes en la puerta, así que retomó la compostura y dio el permiso de entrar a quien fuera que estuviera afuera.


—Yoriichi, hijo, tengo que hablar contigo.


Le sorprendió por un momento ver a su padre entrar, puesto que ya había hablado anteriormente con él, pero ahora este venía hasta su oficina para hablar, ¿qué era lo que pasaba?


—¿Qué pasa padre? Creí que habíamos hablado todo hace rato.— se levantó de su asiento y le ofreció al viejo sentarse, cosa que, en efecto hizo.


—Sí, bueno, es un tema más aparte sabes, no quería que Kibutsuji lo escuchara, porque sé perfectamente el respeto que me tiene, y que está eternamente agradecido conmigo por haberle abierto las puertas de mi empresa cuando su padre no se dignó hacerlo.— alardeó.


—¿Su padre no lo contrató en su empresa?— preguntó curioso.


—Así es, de hecho, movió todos sus contactos para que ninguna otra empresa lo contratara, yo me apiadé de él, el pobre muchacho se veía con una necesidad enorme, y por un momento pensé, ¿qué pasaría si el que estuviera en su lugar fuera Michikatsu o Yoriichi? No lo pude ni imaginar, así que de inmediato acepté su solicitud de empleo.


—No entiendo, ¿por qué razón su padre haría eso?— Yoriichi no entendía a qué se refería su padre, ni mucho menos a donde quería llegar con esa conversación.


—No lo sé, solo sé que no es muy querido por sus padres, gente cercana a su familia dicen que muy probablemente hizo algo demasiado fuerte, aunque la verdad ese no es de lo que te quería hablar.— desvío la conversación.


—¿De qué querías hablar entonces?


—Escucha, Kibutsuji últimamente se ha puesto un poco, ¿cómo decirlo?, especial...— el pelirrojo escuchaba con atención, no sabía que planteaba su padre, aunque suponía que por su tono de voz, no era nada bueno —a lo que quiero llegar con esto es, que quiero que lo vigiles, veas su forma de trabajar, sus horarios, sus descansos, todo.


—¿Por qué razón haría yo eso?— preguntó ya fastidiado.


—Porque últimamente, su rendimiento ha ido bajando, algo que si me lo preguntas es algo preocupante, ya que su trabajo no es el más difícil que digamos, además de que le ha agarrado el gusto por llegar tarde siempre.— suspiró —Quiero que lo veas, y cualquier error, el más mínimo que tenga, será suficiente como para correrlo, me es difícil, pero alguien tiene que poner el orden aquí, y ahora que estás tú aquí, ¿quién mejor para hacerlo más que tú?






Y aquí está, por fin después de tiempo estando arreglando detalles he decidido publicar de nueva cuenta esta historia que tanto me pedían.


Primero que nada, muchas gracias por aguantar tanto la espera, no pensé que esto me llevaría tanto tiempo, así que espero me disculpen.


También aprovecho para contarles que he estado trabajando escribiendo otros tres fics, los cuales publicaré en cuanto termine con la publicación de este, así que espero que los reciban con mucho cariño.


Me despido no sin antes agradecerles mucho por su apoyo y por los bonitos mensajes que día con día recibía de ustedes, me dieron muchos ánimos de seguir con la historia, los quiero mucho 🫶🏼.

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