Loretta
Hoy era el gran día, después de mucho tiempo de entrenamientos, tres largos años y vaya que habían sido extenuantes entrenamientos, era momento de que dejáramos de ser cadetes y nos asignaran nuestra unidad, la que sería la definitiva.
Los mejores soldados de la generación optarían por asegurarse un lugar en la Policía Militar, ahí estarían a salvo de las grandes bestias llamadas titanes protegiendo a la realeza. Otros estarían en la Policía Estacionaria a cargo de conservar el orden en el pueblo y los menos afortunados, estarían en la temida Legión de Exploración, los únicos que salían fuera de las murallas y se enfrentaban a esas moles de carne.
Era más que obvio que debido a mi terrible rendimiento durante nuestras preparaciones y entrenamientos, estaría en la bendita Legión, ya que no había sido para nada ágil, es más, ni mínimamente aceptable.
Me había costado muchísimo el manejo del equipo tridimensional, aunque después de muchos intentos fallidos y con bastante esfuerzo, lo había logrado controlar.
En combate cuerpo a cuerpo tampoco había logrado igualarme a los jovencitos que estaban conmigo y ni hablar de mis habilidades en el campo militar y de estratégias, simplemente mi estrella no brillaba tampoco ahí.
El entrenador Shaddis me repetía constantemente que reconsiderara mi permanencia en la milicia, ya que a mis casi 27 años, me consideraba un poco mayor como para iniciar una vida como militar, a comparación de mis compañeros de 16 y 18 años, pero siempre le respondía que yo quería ésto.
Pero lo que si me molestaba era cuando me decía que debía mantenerme ejercitando, porque mi contextura no era propia de una soldado, puesto que a pesar de medir casi 1.70cm era bastante curvilínea por no decir otra cosa y me hacía falta masa muscular, sabía que no era escualida, tenía mis atributos y a pesar de no pesar más de 67 kilogramos, el viejo calvo me hacía sentir como de 200.
Siempre durante los entrenamientos remarcaba que ayudaba más el que no estorbaba y aunque sabía con que intensiones lo decía, ésta era mi meta, más después de ver el sufrimiento de muchos de mis vecinos, aquel día en que los titanes destrozaron la muralla María.
Ese día no pude ayudar, solo pude correr y resguardarme, vi morir a mis padres, a mis hermanos y a mis amigos y por ese motivo me mantenía firme en mi decisión. Quería servir en algo y en mi mente no había mejor forma de hacerlo que sirviendo como soldado.
Otra cosa que me podía jugar tanto a favor como en contra era mi carácter, ya que no era difícil, de hecho, me caracterizaba por ser bastante determinada cuando decidía algo y entusiasta, tampoco era sumisa, para nada, si debía mandar a volar a alguien, lo hacía porque mis padres me enseñaron bien y sabía respetar, escuchar y decidir si así era necesario.
Solo que no contaba con lo endemoniadamente difícil que estaba siendo lograr esa meta de volverme soldado, sobretodo porque tampoco era nada buena en resistencia física. Pero bueno..., después de mucho esfuerzo ya me encontraba en el día final. Lo había logrado y a partir de hoy iba a formar parte de una de las 3 divisiones.
La ceremonia transcurrió con normalidad, fueron pasando los comandantes de cada unión dando su respectivo discurso, y como ya me lo esperaba, fuimos 7 los que nos dirigiríamos al castillo que servía de refugio a la Legión de Reconocimiento.
Íbamos cabalgando en nuestros caballos hacia nuestro destino, bajo la luz de las lámparas de aceite que nos alumbraban ya que la noche había caído.
Estábamos asustados, no voy a mentir, era casi seguro que algunos de nosotros tuviéramos nuestos días contados. Por lo menos podía decir eso de mis días.
Al llegar al castillo, ya era bastante tarde, la mayoría de los soldados ya se encontraban en sus habitaciones descansando, rápidamente la teniente Zöe nos dividió y nos asignó nuestros lugares de descanso, nos indicó que entraramos en silencio para no despertar a nuestro nuevos compañeros, así lo hicimos.
Al entrar a mi nueva habitación, ví cuatro literas, dos de ellas estaban ocupadas, así que tomé una que parecía estar esperándome ya que tenía una almohada y una sábana delicadamente doblada, como invitándome de descansar en ella.
Me cambié de ropa rápidamente y en silencio, seguido me acosté, cubriéndome con la sabana. Estaba en tan exahusta que no me dí cuenta en el momento en que me quedé dormida.
Un ruido de cuchicheos me despertó de mi descanso. Abrí los ojos con sobresalto, incorporándome rápidamente en la cama, dejando caer la almohada en el suelo.
- Ayyy me espantaste!!!.- Gritó una de las chicas, era delgada, alta y con una coleta, su cabello era café.
- Shhh, no grites Sasha!!.- Dijo la otra chica, una jóven de cabellos negros. - Hola, tu debés ser la nueva, será mejor que te alistes, no querrás perderte el desayuno. Mi nombre es Mikasa, la gritona de aquí es Sasha.
- Hola, mucho gusto chicas, Soy Allie.- Les respondí levantándome de la cama y tomando una toalla de baño que estaba a la orilla de la cama, necesitaba tomar una ducha.
-Ve a ducharte, aquí te esperamos para que no bajes sola, sabemos que el primer día es incómodo.- Dijo la pelicafe.
-Gracias.- Respondí y me dirigí rápidamente al lugar que el día anterior la Teniente Zoe nos había indicado que era el cuarto de baño de la mujeres.
Cuando regresé, me terminé de mudar rápidamente y me peiné de una coleta suelta mi largo cabello rubio. Las chicas me miraban de manera extraña. Se notaba que querían saber cosas.
- Pregunten sin miedo!! - Les dije y automáticamente las dos se sonrojaron.
- ¿Que edad tienes?.- La primera en preguntar fue la pelinegra.
- 27.
- ¿Porqué entraste tan tarde a la milicia?.- Nuevamente la pelinegra preguntó.
- Digamos que la caída de la muralla me hizo cuestionarme la vida dentro de las murallas y después de divagar por varios años sobre que hacer..., me decidí.- Dije restando importancia y lenvantando los hombros.
- Wow, eso es ser valiente o suicida porque según escuchamos de Shaddis, no eras como que muy buena en ciertas cosas.- Sasha dijo sin más, siendo golpeada por el codo de Mikasa disimuladamente.
- Jajajajaja, vaya que es un chismoso el calvo ese. - Dije. - En efecto, no sobresalí en casi nada por no decir que en nada. Pero no se preocupen chicas, no tengo miedo de morir en batalla, quiero servir de algo, aunque eso signifique servir de carnada.- Dije terminando de subirme la otra bota.
-Tu cabello es hermoso, deberías dejarlo suelto mientras no estemos en entrenamiento o en batalla.- Dijo Mikasa cambiando el tema.
Lo solté y acomodé las largas ondas que caían libremente hasta casi mi cintura. Me volví hacía ellas y les dí una sincera sonrisa.
- Bajemos, que nos quedaremos sin comida.- Repuso la pelicafé dando dos aplausos para apurarnos.
Cuando bajamos al comedor, estaban todos ahí, entramos y nos dirigimos a tomar nuestras raciones, me invitaron a sentarme con ellas y otros chicos que ya se encontraban en la mesa sentados disfrutando de sus alimentos.
Me presentaron con los de la mesa, Mikasa se sentó al lado de un chiquillo ojiverde, era callado pero de vez en cuando, se dirigía de manera despectiva a otro chico de cabello castaño claro, le decía cara de caballo, a lo que él le respondía diciéndole loco suicida.
En la mesa también estaba un chico rubio de mirada amigable, que por lo general servía de árbitro entre los dos chicos que se peleaban.
Luego había otro chico más que peleaba la comida con Sasha.
Por suerte, ninguno me prestó mucha atención en ese momento.
Pude notar que eran solo unos chiquillos con cargos militares de adultos. Me llené de un sentimiento desolador saber que a tan corta edad tenían una responsabilidad tan grande sobre sus hombros.
Después del desayuno fue el momento de reunirnos todos los nuevos miembros de la legión, con el Comandante Smith, la lider Hange y el famoso Capitán Levi Ackerman, el llamado soldado más fuerte de la humanidad.
Mentiría si dijera que no me asombró que fuera un poco más bajito que yo, pero su presencia lo hacía parecer del tamaño del titán colosal.
Era bastante intimidante, semblante serio, parecía no sentir nada y morir de aburrimiento, sus ojos azules oscuros miraban como con desprecio, también era extrañamente atractivo pero daba bastante miedo, no me gustaría para nada un regaño de su parte.
El comandante, por otro lado, también era intimidante, su voz profunda y su gran altura lo hacían sobresalir del resto, también era bastante atractivo, ojos celestes, muy diferentes a los del pequeño capitán, éstos no nos miraban mal.
La Teniente Hange, por otro lado, era una obra de arte, desaliñada en su ropa, despeinada, y ni decir que olía raro, su mirada también daba miedo pero de otro modo, parecía como si le faltara un tornillo.
Sin dudas, ese trío en frente nuestro era bastante singular. Pero en lo personal, no quisiera estar bajo el mandato de los dos hombres, prefería quedar en el escuadrón de la loquita.
El comandante nos habló sobre las reglas dentro de la legión, nos explicó como funcionaba todo y la división de los actuales escuadrones ya que muchos escuadrones habían dejado de existir hacía unos meses atrás.
Finalmente se nos dieron tareas en específico que estaríamos haciendo durante esta semana, ya la semana siguiente se nos asignarían otras nuevas labores. Todos recibieron sus indicaciones para sus labores de la semana, y se fueron yendo, solo faltaba yo.
- Bien soldado, al ser la única mujer entre los nuevos soldados y por el detallado expediente que nos brindaron de tus cualidades, por esta semana te voy a asignar a la cocina. Puedes retirarte.- Dijo el Comandante Smith.
Sonreí y asintiendo, hice el saludo militar para salir de la oficina. Solo que mi curiosidad fue mayor, quería saber que pasaría conmigo, así que me quedé un poco más escuchando detrás de la puerta después de haberla cerrado cuando salí del lugar.
- ¿Qué pretendes hacer con ella Erwin?. Según dijo el viejo, no es buena con el equipo de maniobras, ni con las espadas, ni en combate.- Esa era la voz del capitán Levi.
- Eso me preocupa, nadie puede ser tan malo para todo, para mi es que no la supieron entrenar. Todos tenemos algo en lo que somos buenos, en lo que destacamos, ella debe tenerlo también.- Dijo la voz del comandante.
"Maldito enano". Pensé al oirlo referirse a mi de esa forma.
- Yo puedo ver si sirve para ciencia, me podría ayudar en el laboratorio.- Propuso la mujer.
- Eso me parece bien, hagamos eso Hange, porque me temo que sí la mandamos afuera, no sobrevivirá ni una hora.- Dijo el comandante.
- Bien, en lo que termine las labores de la cocina le pediré que vaya a mi laboratorio.
Escuché pasos por lo que supuse que que iban saliendo, decidí correr para que no me pillaran fisgoneando.
Cuando me encontraba lo suficiente lejos, empecé a caminar por los pasillos, debía ir a la cocina para empezar con lo que sea que tuviera que hacer.
Bajé al área destinada para mis tareas, miré que no había nadie ahí y entonces busqué que insumos teníamos disponibles para hacer el almuerzo. Zanahorias, patatas, chile, repollo, camotes, mandioca, cebollas, cilantro. Todo para hacer un estofado de verduras.
Pude notar que sobre la mesa grande dejaron unos panes recién horneados que combinarían bien con el estofado.
Decidí poner manos a la obra pero antes necesitaba ir por las ollas que se encontraban en el cuartillo al fondo de la cocina, según le había dicho Hange la noche anterior cuando les dió el recorrido por la cocina.
Salí por la puerta que daba al patio trasero y que quedaba al lado del cuartillo, pero con tan buena suerte que llegando al jardín que dividía la cocina, mi vista se fijó en una hermosa y gordita gallinita que comía tranquilamente al parecer boronitas de algo.
- Ahhhhh, pero que es esa belleza!!!! - Grité emocionada.
La gallinita era bastante grande, se veía preciosa, toda regordeta, tal vez mi percepción estaba alterada porque hacía mucho no comía carne, pero para mi esa gallinita era simplemente perfecta para mi estofado y ahí estaba la oportunidad pefecta para brillar.
Además que si preparaba un guiso delicioso, podría demostrar al comandante y al enano ese, que por lo menos para la cocina serviría.
A como pude, le dí cacería a la gallina, corrí tras ella, la embosqué y hasta traté de hacer una trampa pero el bendito animalito era bastante escurridizo e inteligente. No era posible que ni para atrapar una miserable gallina servía, me sentía verdaderamente frustrada.
Ya llevaba casi dos horas de intentos fallidos, me encontraba sudada y cansada y aún no preparaba la comida.
Decidí sentarme un momento en el césped para descansar y replantear un plan para por fin agarrar la bendita gallina, cuando por cosas del destino, la gallinilla se me acercó lo suficiente y sin nada de esfuerzo..., la pude agarrar.
Me sentía inmensamente feliz, al fin había cumplido mi objetivo.
Lo siguiente fue mucho más rápido, tomé la gallina y procedí a prepararla como mi mamá me había mostrado una vez, y para cuando por fin terminé todo, tenía un guiso increíble cocinándose, la estancia olía delicioso, todos se sorprenderían.
Y no exagero al decir que me imaginaba a todos felicitándome por el guiso, sería la heroína del día. Todos super alimentados.
Poco a poco fueron llegando todos los soldados por su ración, mi ansiedad subía a niveles inimaginables esperando sus comentarios.
Sasha gritó de alegría y se zambulló en el plato, también ví como los demás iban comiendo con más y más ganas. Me sentía en las nubes.
Observé como llegaron por sus raciones el comandante, el capitán y la lider Zoe, se sentaron en sus lugares y pude notar como con sorpresa al probar el estofado, se miraron con asombro. Eso hizo que me elevará aún más en mi felicidad.
Pero lamentablemente en este mundo cruel y frío, la felicidad no dura y la mía tenía los segundos contados.
Un grito proveniente de uno de los soldados, bastó para percatarme de que no todos estaban felices por mi preparación culinaria.
Un chico pelirrojo, de peinado gracioso se puso de pie, su rostro estaba rojo y detallaba a todos con mirada asesina.
- Lorettaaaa!!!, ¿Donde esta Loretta??.- Gritaba el soldado ya visiblemente afectado.
Inmediatamente percibí murmullos y pequeños ahogos de risas. "¿Que estaba pasando?".
- ¿Quién cocino hoy?.- Preguntó el soldado.
- Yo!!!.- Dije con susto levantando la mano, que aún tenía el cucharon con el que servía el estofado.
Más risas se oyeron disimuladas.
- ¿Con que carne hiciste esta abominación?.- Preguntó.
– Con la gallina que estaba en el patio por supuesto.- Le respondí inocentemente.
- Mataste a mi Loretta, estupida mujer!!!!.
Estaba tan molesto el chiquillo, que se abalanzó sobre mi, lanzándome el contenido caliente de su plato encima y dándome un puñetazo en el rostro que me dejó por un momento aturdida.
- Nadie come más de esta mierda, devuélvanme a mi gallina.- Gritaba histérico el jóven.
Estando aún un poco aturdida por el golpe y con dolor por la sustancia caliente sobre mi, noté como Sasha y el otro chico de cabello muy corto se metían rápidamente los bocados de guiso en la boca.
El pelirrojo se fue directo a ellos y de un manotazo botó sus cucharas. Pero Sasha entonces empezó a comer directamente del plato, haciendo que los demás soldados rieran por su acción.
De nuevo ese soldado se abalanzó sobre mi, me golpeó varias veces más, solo pude cubrir mi rostro para evitar que me hiciera más daño, sólo que rápidamente dejé de sentir los golpes, cuando abrí los ojos y me descubrí el rostro, la mano del capitán Levi estaba sosteniendo el brazo del soldado.
La teniente Zoe me levantó rápidamente y me sacó del comedor.
Lo último que oí antes de salir, fue al comandante Smith dar la orden de llevar el estofado a su oficina y que nadie más comiera.
Hange me llevó a toda prisa a la oficina del comandante, ahí empezó a revisar mis heridas, tenía el ojo bastante golpeado por el primer golpe que me dió el mocoso y además estaba sangrando del labio inferior producto de otro de los golpes que había asestado el pelirrojo.
Mikasa entró con una sonrisa disimulada a la oficina, traía consigo la olla de guiso.
Me miró con cara de complicidad pero al mismo tiempo se veía preocupada, puso la olla sobre el escritorio del comandante, vi como ella y la líder Zoe se miraron tratando de aguantar la risa y sin más la pelinegra salió silenciosamente de la oficina.
"¿Que es lo que les parecía tan gracioso?".
Cinco minutos después, el comandante Smith entró a la oficina seguido del capitán Levi.
Observe como se sentó en su silla y suspiró frotándose el puente de la nariz.
Me miró severamente. Se veía muy molesto.
Y yo que pensé que estaba luciéndome con mi sorpresa y al parecer el bendito animalito era algo parecido a una mascota para la Legión. Con razón estaba tan gordita.
- ¿Acaso no pensanste que la gallina tenía dueño?.- Su gruesa voz me sacó de mis pensamientos, haciendo que pegará un pequeño brinquillo por el susto.
Negué bajando mi mirada hacia mis manos. Me sentía diminuta y no tenía valor para mirarlo al rostro.
- ¿Entonces la viste muy gordita y se te antojó, básicamente?.- Preguntó con sarcasmo.
Asentí sin levantar la mirada. Ya podía sentir otra golpiza.
Se oyeron la risas disimuladas de la Lider Zoe.
Vi de reojo que el comandante abrió una de las gavetas de su escritorio y sacó cuatro platos y sin más demoras empezó a servir el estofado.
- Al fin alguien se animó a darle casería a la bendita gallina.- Dijo el comandante ya con una voz menos severa, pasando un plato del guiso a Hange. - Nos ahorraste el plan que Hange tenía para poder meterle diente a Loretta. - Dijo entre risas.
- ¿Qué?.- Dije incrédula levantando la mirada para ver a los tres altos mandos felices de lo que había ocurrido.
- Desde que Floch trajo la bendita gallina le hemos metido mente a ver cómo nos la comíamos, pero ningún plan parecía lo suficientemente bueno. El más cerca de haber dado fruto, fue uno de Levi, en donde ibamos a decir que simplemente la gallina habia desaparecido, pero Levi, no pudo atraparla. Era demasiado escurridiza - Habló Hange extendiéndome un plato de guiso, el cual rechacé.
- Vamos come, es tu creación! -Dijo el capitán insistiendo para que tomara el plato que aún tenía extendido Hange. - Y a decir verdad, esta delicioso, tienes buena mano para la cocina.
Negué con la cabeza nuevamente, viendo cómo se metía una cucharada de guiso en la boca.
- Debemos tenerte vigilada de ahora en adelante, por lo menos por un tiempo, Floch va a querer vengar a la gallina Loretta.- Dijo el rubio, señalándome con la cuchara que acababa de sacar de su boca. - Hmm, este guiso esta estupendamente bueno, tienes un don con la cocina como dice Levi.
- Gracias comandante.- Dije tristemente.
-Te mantendré en mi laboratorio, me ayudarás con mis experimentos y tu salidas fuera de las murallas serán limitadas, solo cuando necesitemos de tu ayuda y estaras bajó el cuidado del Capitán Levi en esos momentos.- Habló la mujer. - Vamos no te preocupes tanto. Pronto se le pasará.
Asentí, mirando al capitán que en ese momento acababa su plato y se lo extendía al comandante para que le sirviera más.
- ¿De verdad no quieres comer algo?. Más que sea un trozo de pan.- Me extendió la canasta con panes el rubio.
Tomé uno y quitando un pedazo con la mano, lo metí en mi boca, soltando un pequeño quejido por la herida recién hecha, el golpe en mi boca me estaba matando.
Me quedé unos minutos más mirando la escena.
Era extraño ver al comandante y al capitán serios y ahora como unos niños con juguete nuevo.
Decidí que era momento de irme, entonces me disculpé y pedí permiso para retirarme.
Me dejaron partir con la indicación de no salir de la habitación sin compañía, ya que Floch no dejaría pasar su oportunidad si me viera sola.
Al llegar a la habitación las chicas estaban ahí, Sasha me recibió con un abrazo.
- Eres la mejor Allie, hiciste lo que yo quería hacer desde que llegó la gallina, pero me daba pavor Floch.
-Sasha déjala la vas a lastimar más.- Dijo Mikasa.
- Chicas, yo...., uff, jamás creí que todo iba a terminar así, cuando vi la gallina no pensé que tuviera dueño.- Dije con tristeza.
- ¿Pensaste que la gallina era salvaje??.- Dijo entre risas Mikasa.
Solo asentí con cara de desilusión y eso generó más risas entre las chicas.
- De verdad que estas en las nubes Allie.- Dijo Sasha.
- De verdad que sí Sasha, o sea, ya viéndolo mejor, todas las señales estaban ahí, a esa gallina solo le faltaba el moño para que se viera como una dama de sociedad.- Solté entre risas que parecían más bien como llantos.
- Ahora debes cuidarte, Floch no va a descansar hasta vengar a su animalejo.- Mikasa advirtió.
- Eso me dijo el comandante.
- Estaba deliciosa.- Decía Sasha para si misma.
Fui directo a cambiarme y me acosté en mi cama para tratar de descansar, aunque no pasaran de las 3pm, no pude parar de pensar en la cara del soldado ese.
- Y yo que creí que moriría en la boca de una titán..., al final parece que moriré en manos de ese niño.- Dije por último antes de cubrirme con la sabana y aislarme de todo, al rato caí en un profundo sueño.
Ese día no iba a salir del cuarto.
La mañana siguiente me levanté antes que las chicas, estaba muerta de hambre, después del episodio de la gallina, no había probado bocado y ya a esas alturas necesitaba comer algo con urgencia.
Salí de mi cama y me dirigí al cuarto de baño, tomé una ducha y me vestí con el uniforme de la legión, estaba peinando mi cabello cuando Mikasa despertó y me pidió que las esperara para bajar juntas, sabía que no podía andar sola, así que asentí sin chistar.
Las chicas se empezaron a alistar, conversamos cosas sin importancia, se notaba que no querían tocar el tema de la gallina.
Una vez las 3 listas, bajamos al comedor, siendo el pelirrojo lo primero que vieron mis ojos al entrar al lugar, mi estómago se revolvió. Mi cuerpo no pudo moverse, estaba paralizada por el miedo.
Sentí como Mikasa me jaló pero no pudo moverme ni un poco.
Sabía que tenía que disculparme, pero mi cuerpo no se movía.
El chico levantó la cabeza para mirarme y su odio fue más que evidente.
Tomé impulso y me armé de valor para acercarme a él, a pesar de que Mikasa y Sasha intentaron detenerme.
Al llegar a su lado, mis ojos se llenaron de lágrimas y dudándolo de verdad, le hablé.
- Floch de verdad lo siento mucho, fui muy tonta al pensar que la gallinita no tenía dueño. Te pido una sincera una disculpa.- Dije casi tartamudeando.
- El día que te coman lo titanes, como se comieron a Loretta..., ese día tendrás mi perdón.- Dijo secamente.
- Floch basta!!.- Le reprendió un soldado de peinado extraño.
- No te metas Marlo.- Dijo él.
- Te juro que me las pagarás estúpida, vengaré a Loretta. Lárgate de mi vista.- Escupió con odio.
Di media vuelta impactada por su amenaza y caminé pasando al lado de Mikasa y de Sasha hacía fuera del comedor, necesitaba ir directo a mi habitación.
Mikasa tomó su ración de comida y me siguió por el pasillo.
- Allie detente por favor, necesitas comer algo.- Me pidio ansiosa.
- Perdí el apetito, Discúlpame. Estaré en la habitación.- Le respondí sin dejar de caminar.
- Recuerda que debes ir al laboratorio de Hange.- Me dijo ella.
- Es cierto, gracias por recordarme.- Dije cambiando de dirección.
Caminé rápidamente para alejarme lo más que podía del comedor. Los anchos pasillos del castillo se me hacían eternos, estaba muy asustada.
Cuando llegué al laboratorio ya Hange estaba ahí. Entré pidiendo permiso y de inmediato me puse a su disposición.
Me pidió lavar unos tubos de ensayo y luego debía acomodar ordenar una montaña de papeles que había sobre una de las mesas.
Al ratito de estar dentro del laboratorio, entraron Mikasa y Sasha, traía un plato con comida y una taza de té.
-Allie, te trajimos el desayuno, el almuerzo y la cena también te lo traeremos, por lo menos mientras se calma todo con Floch.- Dijo la de coleta.
Hange me miró con curiosidad pero después asintió, sabía que lo mejor era mantenerme alejada del niñato ese.
El trabajo en el laboratorio resultó ser bastante entretenido, Hange iba explicándome muchas cosas muy interesantes, lograba entender un poco su afición rara por los titanes, me compartió varios estudios que hizo en donde era bastante complejo su complexión.
La semana transcurrió con una rutina similar, el laboratorio estaba totalmente ordenado gracias a mi y ya estaba yo hasta nos solo asistiendo, sino que ya hasta estaba estudiando ciertos experimentos a cargo de la líder de escuadrón que me habían parecido importantes, uno de ellos era el de los dos titanes que habían adquirido en la última expedición y que Annie una antigua militar y portadora del titan hembra había asesinado.
Para la segunda semana la líder Hange me pidió turnar mis labores en el laboratorio con ayudarle al capitán Levi con un papeleo que el comandante le había asignado ya que se acercaba una expedición extra muros y él estaba ayudándole con las tácticas militares, se pretendía recuperar la muralla María y así bajar al sótano del la antigua casa de Eren y Mikasa, supuestamente ahí podrían encontrar información necesaria para entender un poco más todo el tema de los titanes y su origen.
Obedecí la indicación de la líder y después de las 4pm, tenía que desplazarme a la oficina del capitán.
Mentiría si dijera que no iba con nervios, ese hombre me hacía sentir insegura, su mirada fría y azul era intimidante, pero no como la del comandante, la del capitán era filosa, parecía que te atravesaba el alma cada vez que te veía y aún así bajo todo ese miedo, siempre lograba sonrojarme, era muy extraño.
Toqué la puerta de su oficina esperando que no hubiera nadie, se me había dicho que aunque él no estuviera, igual el papeleo iba a estar ahí pero el hecho de estar sola, sin él en la oficina, podía darme tranquilidad, no quería estar sola con él, en su espacio.
- Adelante!!.
Y hasta ahí llegaron mis esperanzas de que no estuviera dentro. Entré despacio.
- Permiso Capitán.- Dije tímidamente.
- Dale pasa y cierra.- Dijo sin levantar la mirada de lo que estaba haciendo.
- Capitán en que le ayudo hoy.- Me acerqué con timidez al escritorio.
- Uff este Cejotas me tiene inundado de su mierda. Necesito que me ayudes con este puño de ahí, tienes que acomodarlo alfabéticamente y luego pasar los nombres en ellos y escribirlos en este cuaderno. Necesitamos saber quienes participaron en estas bitácoras para compararlos con las que se le dieron a Historia.
- Entendido Capitán.- Dije sentándome en una de las sillas al frente de él.
- Antes..., escribe aquí, necesito saber que tal es tu letra, no vaya a ser una pesadilla entenderla después.- Dijo ahora sí mirándome.
Me sentí un poco indignada, mi letra es linda, jamás sería una "pesadilla" leerla.
- ¿Qué gusta que le escriba?. - Pregunté.
- No se..., lo que sea.- Respondió.
Entonces sin más escribí: Yo si pude con la gallina y el capitán Levi no!!.
Me hice a un lado y le pasé la hoja donde le había puesto mi mensaje.
Pude ver dónde dejó de hacer lo que hacía para leer lo que había escrito. Y ahí, justo ahí, pude notar donde sus azules ojos se abrieron con sorpresa y los músculos de su mandíbula se tensaron. Levantó su mirada para encontrarse con la mía y así se quedó por algunos segundos, que para mí fueron como una eternidad. Tenía que hablar, decir algo, más que fuera una estupidez.
- ¿Que tal mi caligrafía?, ¿Es de su agrado Capitán?.- Dije como si no hubiera escrito nada malo.
Levi pestañeó varias veces y bajó su mirada nuevamente a lo que hacía.
- Puedes comenzar, mocosa irrespetuosa.- Dijo finalmente.
De esa manera arranqué lo que sería mi labor a partir de las 4pm en los siguientes días.
Cuando me explicó lo que tenía que hacer, pensé que era súper fácil pero ya leyendo los documentos eran bastante extensos y contaban historias de muchas misiones, tanto externas de la legión, como internas de las otras divisiones.
Iba entendiendo mucho mejor todo ese pensamiento militar estratégico gracias a esos papeles que iba analizando.