Reino En Juego: La Unión.

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Summary

Sigue la vida de la protagonista, Mariah Bellerose. Como princesa heredera del reino de Saint Tabastoria. Mariah ha pasado toda su existencia preparándose para gobernar su reino, inmersa en estudios y entrenamientos rigurosos para asumir su destino como líder. Pero los planes de su padre, el actual rey, cambian todo de manera abrupta. En una revelación impactante, le dice a Mariah que ella es la única que puede salvar a su pueblo de una amenaza inminente. La única forma de hacerlo es mediante una alianza: la unión de dos reinos. Esta no es una unión convencional o fácil de aceptar. La unión propuesta es con el rey del reino vecino, un hombre que no sólo es su enemigo por razones políticas, sino también en lo personal. Él es el rey que asesinó a su madre, provocando una cicatriz indeleble en la vida de Mariah y arruinando su infancia. Ahora, Mariah se encuentra en una disyuntiva angustiosa. ¿Debe sacrificar su propia felicidad, su paz mental y su futuro para asegurar el bienestar de su pueblo? ¿Debe unir su destino al del hombre que le ha causado tanto dolor?

Genre
Fantasy/Romance
Author
Javi
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

CAPITULO 1

La unión de dos reinos poderosos es la salvavión

Del pueblo. Si dos reinos se unen, doble es poder de

Lucha


——. Diario de Un Concejero Real, 1986




Bajo la brillante luz de la luna llena, me encontraba en medio de un bosque, con los árboles susurrantes provocando una brisa de aire suave, fresca y relajante. Esta brisa, con su delicadeza, acariciaba la piel de mis mejillas mientras me encontraba recostada en el césped fresco. Mis ojos estaban fijos en el cielo oscuro, observando detenidamente las estrellas que parpadeaban en la inmensidad del firmamento. Esperaba pacientemente ver una estrella fugaz para así poder solicitar mi mayor deseo, un deseo que estoy segura no solo me haría feliz a mí, sino que también llenaría de alegría al palacio completo.


Una sonrisa se dibujó en mi rostro al dar rienda suelta a mis pensamientos más extravagantes. Para mayor comodidad, acomodé mis manos cruzadas sobre mi vientre plano, sintiendo la frescura del césped bajo mi espalda. La soledad siempre ha sido algo que me encanta, sobre todo si es de noche. En esos momentos siento que puedo estar en paz, sin ninguna carga en mis hombros que transportar.


Ser la princesa y la única heredera al trono de un gran reino como lo es Saint Tabastoria conlleva una gran responsabilidad. Desde muy pequeña, me han inculcado cómo gobernar, cómo ser una soberana ejemplar a la altura de mi padre e incluso mejor que él. Eso es lo que él desea y lo que yo anhelo cumplir. Pero, eso es solo lo que suelo pensar en momentos de seriedad. En otros momentos, desearía ser libre, tener la libertad de realizar lo que se me antojara sin restricciones ni obligaciones. A veces, debo admitirlo, soy libre en esos breves momentos en que los guardias reales me pierden de vista. Es algo maravilloso y la adrenalina de sentir que jamás serás encontrada, uff, es simplemente fascinante.


Mis escapatorias ocurren principalmente al ir al pueblo. Solo me bastan unos minutos para distraer a los guardias y escabullirme entre la multitud de nobles para perderme, ser libre y disfrutar de mi pueblo, de su sencillez y su alegría.


— Princesa — Una voz ronca y conocida logró que saliese de mis pensamientos. Levanté la vista hacia mi guardia real — Su padre la busca en el palacio.


— Gracias, guardián — Contesté, levantándome y sacudiendo la hierba de mi vestido.


Era hora de regresar a la realidad, al palacio y a mis responsabilidades. Pero, siempre recordaría la tranquilidad de este momento bajo las estrellas.

Con una última mirada al cielo y un suspiro de despedida a la serenidad del bosque, me puse en marcha hacia el palacio, guiada por la luz tenue de las antorchas que iluminaban el camino. Mientras avanzaba, el susurro de las hojas y el sonido de la brisa se iban apagando poco a poco, siendo reemplazados por el murmullo de las actividades nocturnas del palacio.


Atravesé las grandes puertas de madera, sintiendo el cambio brusco de la libertad del bosque a la formalidad del palacio. Los sirvientes, vestidos con sus uniformes impecables, se apresuraron a atenderme, ofreciéndome bebida y comida, preguntándome si necesitaba algo. Les agradecí con una sonrisa cansada y me dirigí a la sala del trono donde mi padre me esperaba.


Al entrar, podía sentir la tensión en el aire. Mi padre, el rey, estaba sentado en su trono con una expresión severa en su rostro. A su lado, el consejero real parecía preocupado, sus ojos analizando cada detalle. Sabía que algo importante estaba por suceder.


— Padre.— Me aproxime, realizando un pequeña reverencia como era de costumbre — Consejero.—Mi vista se fue por un momento al hombre de piel blanca y cabello gris, para posteriormente volver toda mi atención a mi padre.


El Rey de Sain Tabastoria, Marcus Bellerose, su cabello negro azabache de apoco iba cambiando su color a blanco, dejando ver la edad que lo cargaba, al igual que las arrugas ya formadas bajo sus ojos, su mirada cargada de preocupación y notoria seriedad me atrevesaba.


— Te mande a llamar por que eres la unica que nos salvara, hija mia.— ¿De que habla? — Como sabes estamos sufriendo de precarias, ataques seguidos a nuestro reino, robos de armamento.— Su voz sonaba cansada y eb su rostro igualmente reflejaba su agotamiento, asenti a sus palabras con un movimiento de cabeza—. Tenemos que hacernos más fuertes, necesitamos ayuda, más armamento, más hombres quienes luchen, y tu, tu eres nuestra unica salvación.—Un suspiro, lento y pausado—. Eres nuestra esperanza, mi dulce y pequeña Mariah


No entiendo nada, su voz suena a dolor, a tristeza, a rabia


—Padre, por favor, ¿Qué sucede? ¿Yo la salvación? No entiendo nada.


Lo observe entre abrir sus labios para hablar, pero fue intereumpido por el golpe de las grandes puertas del trono abriendose de par en par, rapidamente voltee, observando como ingresaban dos hombres con armaduras, aquellas armaduras doradas y en uba esquina note un zello, redondo perfectamente formaba el simbolo de un escudo y sobre el las llamas del fuego y el ave fenix aproximado.


Mis musculos se tensaron, mis nervios se levantaron, al igual que la impotencia de la rabia que comenzo a consumir de apoco mi piel, con tan solo ver aquel zello me provocaba nauseas.


—Yo te puedo explicar a que se refiere tu Rey, Mariah —. La voz ronca y grave, tan disntiguida como siempre se hizo paso entre los dos guardias reales, frente a mi se encontraba el Rey de Trivia —Tu deber es casarte conmigo, Princesa


Eso no puede ser cierto, yo jamás me casaria con él, jamás


— Eso no es cierto —.Murmuré negando varias veces con la cabeza — Mientes, es tu especialidad, mentir


—Preguntale a tu padre, el no te mentiria jamás, ¿Verdad, Marcus?


Voltee a observar a mi padre que a penas chocamos mirada la suya bajo y mi cuerpo se decayo, sus labios pronunciaron un "lo siento" y senti como mi mundo se venia abajo, las nauseas y ganas de vomitar me rodearon, mis lagrimas nublaron mi vista.


— No—Susurré, negando, no,no,no.— Por favor, no


— Dentro de una semana serás....


— Callate.— Le espete a Caius Kalhari, me importaba una mierda que fuera Rey, el no merecia mi respeto — Yo no pienso casarme con el asesino de mi madre, eso nunca, ni loca.


Y sin más sali de ahí.


Corrí tan rápido como mis pies me permitían, ignorando los llamados de mi padre y las protestas de los sirvientes. No quería escuchar nada más, solo necesitaba estar sola, necesitaba esconderme en la tranquilidad de mi jardín secreto, el único lugar donde podía llorar en paz.


Al llegar, la serenidad del lugar me envolvió inmediatamente. Este jardín, mi santuario, siempre había sido un refugio para mí desde que era pequeña. Un lugar donde la realidad y sus duros golpes podían ser mantenidos a raya, aunque solo fuera por un momento.


Ahora, me proporcionaba el consuelo que tanto necesitaba.


Me dejé caer junto al estanque de lirios, mi lugar favorito, y las lágrimas comenzaron a fluir sin control. Los sollozos sacudían mi cuerpo mientras dejaba salir todo el dolor y la incredulidad que me atormentaban. ¿Cómo podía mi padre hacerme algo así? ¿Cómo podía esperar que me casara con el hombre que había arruinado nuestras vidas?


Después de un buen rato, cuando las lágrimas ya no venían y mi cuerpo se sintió pesado por el agotamiento, me recosté en el césped y miré al cielo. Las estrellas parecían parpadear con simpatía, como si entendieran mi dolor. Cerré los ojos, deseando poder desaparecer, ser una de esas estrellas lejanas, libres de las ataduras de la realidad.


Pero sabía que no podía huir. Tenía responsabilidades, un reino que cuidar. No podía abandonar a mi gente en sus momentos de necesidad. Pero tampoco podía casarme con él, con el hombre que me causaba tanto dolor.


En ese momento, me prometí a mí misma que encontraría una solución. No permitiría que esta situación destruyera mi vida, mi futuro. No permitiría que Caius Kalhari ganara.


Con esa promesa en mi corazón, finalmente me quedé dormida bajo el cielo estrellado, esperando que el amanecer trajera consigo nuevas ideas y la fuerza que necesitaba para enfrentar la realidad una vez más.