💍𝚄́𝚗𝚒𝚌𝚘💍
Arrastrando sus pies, el castaño abrió la puerta de su apartamento. Al notar la oscuridad, encendió la luz, olvidando que esa era una de las señales para evitar entrar a su hogar; además de que había ignorado por completo la corbata que colgaba fuera de la puerta principal.
Aún no había oscurecido lo suficiente para que su hogar se encontrara en total penumbra. Pero su mente en ese momento no recordaba el bendito código para evitar un trauma a causa de sus compañeros de apartamento.
Arrojó las llaves a la mesita que se encontraba en el centro de la sala, sin percatarse de las tres presencias que lo observaban estáticos.
— ¡TaeHyung!
— ¡¿Por qué me gritas, pollo del demonio?! — Inquirió levantando su mirada; la cual había estado fija en el piso. — ¡Ahhhh! — Se cubrió los ojos. — ¡Maldición! ¿Por qué no dejaron la maldita corbata en la puerta? — Exclamó dándole la espalda a las tres presencias.
— Allí estaba la condenada corbata. — El de sonrisa gatuna bajó de su regazo al rubio.
— Tae, no voltees, espera un momento. — Pidió el de sonrisa de corazón mientras cubría la desnudez del rubio.
— ¡Ya vi suficiente! — Expresó negando con su cabeza. — Tenían ensanduchado al pollo caliente.
— ¡TaeHyung! — Gritaron.
— ¿Qué? — Negó con su cabeza intentando eliminar la imagen de sus amigos en esa situación. — Eso era un sándwich de pollo caliente y jadeante.
— ¡Ya deja de mencionar la ensanduchada! — Expresó el rubio conteniendo la risa.
— ¿Ya se vistieron?
— ¡Sí! — Expresaron al unísono.
— Gracias al cielo. — Giró su cuerpo y miró a sus amigos. — Ya me traumaron... Yoongi, casi le tocas el corazón a Jimin.
— ¡Tae! — Gritaron de nuevo.
— Dejen de gritarme. — Se sentó frente a ellos. — Y tú, Hobi, si seguías así le perforabas un pulmón.
— ¡Kim TaeHyung!
— Que no me griten, trío maravilla.
— Ya, perdón, no te volvemos a gritar. — Jimin se acercó a su amigo al verlo pucherear en tristeza. — ¿Qué pasó? — Le acarició la espalda. — ¿Por qué llegaste tan pronto e ignoraste el código anti trauma para tu inocencia?
Jimin, Hobi y Yoongi, mantenían una relación de tres. Compartían apartamento con TaeHyung ya que se negaban a dejarlo solo, e igualmente el castaño amaba permanecer en compañía de sus amigos.
El trío maravilla, como los llamaba TaeHyung, eran los únicos que entendían a la perfección al castaño. Y este último era muy feliz viendo crecer la relación amorosa de sus amigos. Así que ellos no tenían inconveniente con vivir todos en aquel lugar.
Eran familia, una en la cual aceptaban cada locura, se cuidaban y amaban.
Además que así también estaban para consolarlo cuando le rompían el corazón en el momento en que TaeHyung le comunicaba a su pareja su deseo. Y como siempre, lo abandonaban, huyéndole al compromiso.
— Mimi... — Sus pucheros se pronunciaron aún más.
— ¿A quién tengo que golpear? — Yoongi se acercó y lo abrazó por un costado.
— TaeTae, ¿Qué te hicieron? ¿Tengo que alistar mi zapatilla de baile para repartir golpes? — Hobi se acuclillo frente al castaño y le acarició las manos.
TaeHyung agachó su cabeza y negó repetidas veces.
— E-es que descubrieron que en realidad no me voy a casar, y que solo estaba en aquella Boutique para probarme los trajes. — Jugó con sus dedos.
— Ay mi osito de invierno... — Jimin sonrió con ternura. — ¿Cuántas Boutiques completaste con esta?
— No me acuerdo.
— Veinte. — Respondió Yoongi.
— ¡No es cierto! No son tantas.
— Claro que lo es... — Hobi le acarició la mejilla. — Tú lo sabes, solo que te niegas a aceptarlo.
TaeHyung humedeció sus labios mientras en su mente hacía el conteo de las Boutiques.
— Osito, aterriza... Planeta tierra llamando a Tae... — Jimin movía su mano frente al rostro del castaño.
— ¡Ay carajo! — Expresó al terminar su conteo. — Sí son veinte, ¿En qué momento pasó esto? — Puchereó.
— Y decía que no eran tantas. — Se burló Yoongi.
— No lo molestes gato infernal.
— Dame algo a cambio, y no lo molesto. — Desnudó con la mirada a Hobi.
— Dejaré que me...
— ¡Jimin! Calla a tus hombres. — Se cubrió los oídos.
— No digan esas cosas enfrente de nuestro osito. — Se levantó, y después de poner su mano en la cintura; los miró como si les fuera dar un sartenazo. — Me lo van a traumar.
— Sí amor. — Respondieron al unísono.
— Volviendo al tema... — Se sentó de nuevo al lado de TaeHyung. — ¿Te lastimaron cuando te sacaron de la Boutique?
— Físicamente, no. — Respondió. — Pero mi corazoncito sintió feo porque me volvieron a mirar como si estuviera loco... Y me amenazaron con que avisarían en las otras Boutiques para que no me dejaran poner un pie adentro.
— Vamos a quemar esa tienda. — Sugirió Hobi.
— Voy por la gasolina y el encendedor. — Yoongi se levantó.
— No vamos a quemar nada. — Regañó Jimin.
— Están bromeando, ¿Verdad? — Inquirió TaeHyung dibujando una sonrisa en su rostro, pero con sus ojos tristes.
— Enserio vamos a incendiar la tienda.
— Que no vamos a hacer eso. — Jimin negaba con su cabeza.
— Pero hicieron sentir mal a nuestro osito invernal. — Expresó Yoongi.
— No pasa nada, ya me lo esperaba. — TaeHyung se levantó. — Voy a dormir.
— Tú duerme, Yoongi y yo haremos cenizas la tienda...
— ¡Sol pirómano!
— Te escucho pollito jugoso.
— Si tú y el gato infernal se atreven a sacar una sola chispa, los dejare sin sándwich de carne por un mes.
— Eso no es justo, solo estábamos bromeando. — Se quejaron.
— Por favor no incendien nada.
— Es broma, TaeTae. — Hobi lo abrazó.
— Pero si quieres no es broma. — Yoongi se unió al abrazo.
— ¿Deseas que te consigamos algo para que pases el mal rato? — Jimin se unió al abrazo.
— Quiero un sándwich.
— Te hemos dicho que si lo deseas, te puedes unir a nuestro amor. — Expresó el de sonrisa de corazón.
— Te trataremos con cariño. — Agregó el de sonrisa de gomita.
— ¡No quiero ser parte de su sándwich de carnes! — Forcejeó para salir de aquel abrazo. — Mimi, dale un zape a tus hombres.
— ¡Auchs! Esto te lo vamos a cobrar. — Sentenciaron después de liberar a TaeHyung y sobarse el coscorrón.
— Cóbrenle lo que quieran, pero sin que yo esté presente. — A pasos rápidos se dirigió a su habitación. — Los quiero mucho, nos vemos luego. — Agitó su mano mientras desaparecía de la vista de sus amigos.
— Algún día encontrara al hombre que no le huirá al compromiso. — Expresó Jimin.
— Es lo que más deseo. — Hobi miró con tristeza la puerta de la habitación que había sido cerrada por el castaño.
— Él solo quiere vivir un amor bonito y casarse. — Yoongi apretó sus puños al recordar las exparejas del castaño.
TaeHyung se había cansado de tener parejas. Una decepción tras otra lo había hecho convencerse de que el amor y el matrimonio ya no eran para él. Había llorado tantas veces que ya creía que sus lágrimas se habían secado.
Sus relaciones iniciaban bonito, con detalles y supuestas muestras de amor. Pero todo cambiaba cuando su pareja le pedía que dieran el siguiente paso. Allí TaeHyung le decía que para dar ese paso, solo lo daría estando casado.
¿Por qué?
Llámenlo anticuado, pero él desde muy pequeño había soñado con una linda boda, en un lugar pacifico. Dar un paso importante en su vida con el ser que lo amara con sus defectos y virtudes. El castaño había decidido que solo le entregaría su cuerpo al hombre que en verdad lo amara, y no solo por un momento de efervescencia. Y el día perfecto para dar aquel importante paso; sería en su luna de miel.
Es allí cuando sus exparejas, le mataban las ilusiones cuando le revelaban sus verdaderas intenciones...
Yo solo quiero probar tu cuerpo.
No me interesa casarme, estoy contigo para no sentirme solo.
Ni que estuvieras tan bueno como para amarrarme en un matrimonio.
Solo quiero follar contigo.
Con esas palabras y la revelación del verdadero ser; TaeHyung aguantando sus lágrimas los abofeteaba hasta que le ardía la mano, los mandaba a volar, y se marchaba a llorar a su apartamento en donde su trío de amigos lo consolaban y lo hacían reír diciéndole que irían a buscar a aquellos pedazos de hombres y les arrancarían sus miserables menudencias.
Desde su última ruptura, el castaño se dedicó a pasar parte de sus días libres en las Boutiques. Así no se fuera a casar, quería experimentar lo que era probarse e ilusionarse con un traje perfecto para su día especial.
No dañaba a nadie, solo se probaba los trajes. Pero al parecer ciertas personas lo veían como si hubiese matado al Papa.
Y ahora allí estaba de nuevo, encerrado en su habitación, tirado sobre su cama, mirando hacia el techo, reprochándose el no ser capaz de resignarse en que jamás se casaría y que hasta moriría virgen.
— Esta fue mi última hazaña en una Boutique. — Se dijo. — Ya no volveré a asomar mis narices en esas tiendas que solo me recuerdan que no me casaré con un hombre que en verdad me ame.

Por otro lado un chico de cabellos azabaches; llegaba a su apartamento, cansado y decepcionado.
Abrió la puerta de su hogar y sus oídos fueron atacados por un sonido que no pensó escuchar por parte de su hermanastro.
— Nam~, ¡mngh! Más profundo.
— ¡Ahhh! Noooo, esto noooo. — Cerró la puerta de golpe. — ¡SeokJin! Ponte una almohada en la boca. — Golpeó en la puerta de la habitación.
— ¡Mngh! Jun-JungKook, se supone que llegarías más tarde...
— No gimas, y luego pronuncies mi nombre. — Hizo cara de asco.
— Ya casi acabamos, JK, tápate los oídos.
— ¿Qué me tape los oídos? — Inquirió intentando no hacerse imágenes mentales. — NamJoon, lo estás matando a vergazos... Es imposible que no escuche.
— ¡Mocoso! ¡Mngh!
— ¡Deja de gemir, Hyung!
— ¡No escuches! — Gritó NamJoon. — JungKook, no escuches.
— ¡Ay mis oídos! — Corrió hacia su habitación y se cubrió sus oídos con la almohada; justo después de encender su bocina y reproducir su música favorita. — Esto fue la cereza del pastel para mi día.
Minutos después un muy despeinado y sonrojado SeokJin ingresó a la habitación del azabache. Se había cansado de golpear la puerta y no obtener respuesta.
Bajó el volumen de la música, y se sentó a la orilla de la cama.
— Nam, amor, creo que lo traumamos. — Miró a su pareja que los observaba desde el umbral de la puerta.
— ¿Tú crees? — Sonrió, y aquellos hoyuelos hicieron acto de presencia.
— Ay, esos hoyuelos me seducen...
— ¡Nada de seducciones! — Gritó el azabache, sentándose de golpe, y arrojándole la almohada a su cuñado. — Dúo traumador, piensen en la Biblia.
— ¡Mocoso!
— ¿Qué? — Se encogió de hombros. — Ni lo golpee tan fuerte. — Golpeó con otra almohada a SeokJin. — Me traumaron, Hyung, parecía que te estaba matando con sus estocadas. — Cerró sus ojos y movió la cabeza de lado a lado. — ¿Por qué aún sigo viviendo con ustedes?
— No digas eso mocoso. — Posó su mano en el hombro del azabache. — Y sigues viviendo con nosotros porque no quieres abandonarnos hasta que te hayas casado, deseas salir de este hogar rumbo al tuyo con tu amada pareja.
— ¿Por qué me hacen esto? ¿Por qué hoy?
— ¿Qué pasó? — Inquirió Nam.
— Dejemos de lado el haberlos escuchado en su acto reproductivo.
— ¡JungKook!
— No me grites Hyung, me duele el corazón. — Sus ojitos se cristalizaron.
— Aww, mira mi Luna, sus ojitos de Bambi.
— Sus ojitos de Bambi están tristes. — SeokJin acunó el rostro. — ¿Qué ocurre?
— Hyung... — Tragó saliva amargamente. — Resulta que tenías razón, y encontré a mi exprometida poniéndome los cuernotes de ciervo.
— Yo si decía que su perfume piernas flojas no era por nada.
— Jin... No te expreses así. — Regañó Nam.
— Pero es la verdad, y mira que acaba de lastimar a mi mocoso.
— JK, solo pasa la página, ya llegara la indicada.
— ¿La indicada? — Inquirió con amargura. — No más mi querido cuñado... — Su mirada se posó en el suelo. — Ya no quiero nada, no me volveré a enamorar o comprometer, ni nada de eso.
— No digas eso. — NamJoon se acercó. — No te puedes rendir...
— Ya con esta es la adornada de cabeza número seis. — La pareja torció el gesto. — Ya no quiero que me sigan viendo la cara. Sea hombre o mujer, siempre me ponen el cuerno...
— Mocoso...
— Hyung, estoy cansado. — Liberó sus largos cabellos; los cuales habían estado agarrados con una coleta alta. — ¿Por qué es tan difícil encontrar a una persona que me sea fiel y esté dispuesta a esperar a que nos unamos en cuerpo hasta nuestra luna de miel?
— Hoy en día todo es promiscuidad. — Expresó Nam.
— Pero ustedes aguantaron hasta casarse. — Los miró con ilusión.
— No hables de nuestra luna de miel. — Advirtió SeokJin.
— Ese día casi nos atrapas dándonos amor. — Sonrió NamJoon.
— Tuve suerte ese día, pero hoy... ay no, mis pobres oídos aun los escucha.
— No nos desviemos del tema.
— Verdad, mis cachos y corazón herido. — Se recostó en la cama. — ¿Por qué no puedo encontrar un amor como el de ustedes?
— Cuando menos pienses te caerá del cielo. — NamJoon intentaba dar consuelo.
— Seré tan de malas, que lo que me caerá serán los cachos, y me apuñalará el corazón para que deje de esperar lo improbable.
— No seas tan pesimista, mocoso.
— Hyung, hueles a fragancia orgásmica. — Expresó cuando SeokJin se recostó a su lado.
— Amor, esa es la señal para dejarlo solo.
— Gracias cuñado.
— Si nos necesitas estaremos a unos pasos. — Informaron al unísono.
— No es necesario que me lo digan, de seguro los escucharé gemir de nuevo.
— ¡Mocoso! Te voy a dar un zape.
— Cuidado te chuzas la mano con mis cachos.
— JK...
— No se preocupen, es mi yo en modo humor roto y decepcionado.
— Voy a buscar a esa piernas flojas y le arrancaré los pelos...
— No la vas a encontrar. — Se cubrió los ojos con su antebrazo tatuado. — Me dijo que se iría para darme tiempo y que hablaríamos en unos meses...
— ¿Hablar de qué? — Inquirió la pareja.
— Creo que de la boda... — Soltó una risa nasal. — Es que me dijo que el encuentro que había tenido era su despedida de soltera.
— Dime que...
— Hyung, ni loco me voy a casar con ella.
— ¿Entonces por qué no la mandaste a volar?
— Eso hice, pero ya sabes que tengo imán para locas que adornan cabezas y se niegan a soltarme.
— Apenas aparezca me la dejas a mí.
— No va a aparecer, recuerda que mis anteriores parejas decían lo mismo, y meses después me enteraba que habían iniciado una relación con el que si les había dado su noche de pasión.
— Mejor duerme y no pienses en esas personas. — Sugirió NamJoon.
— Mocoso, estoy seguro que encontraras a tu media naranja especial.
— Como digas Hyung.
La pareja salió de aquella habitación con su corazón apachurrado, les dolía tanto ver a su pequeño ojitos de Bambi en ese estado de decepción amorosa.
JungKook era otra alma en busca de su amor anticuado, pero siempre encontraba el promiscuo y traicionero. Ya empezaba a cansarse de salir lastimado. Cuando él entregaba su corazón, lo entregaba por completo, pero se lo devolvían hecho trizas.
Él solo deseaba amar tan profundamente que su corazón doliera por la intensidad del sentimiento. Entregarse en cuerpo y alma a aquella persona que a pesar de que sus pieles se llamen con intensidad, fuera capaz de resistirse y esperar hasta aquel mágico día en donde se unirán en más de una manera.
— ¿En dónde estarás? — Inquirió mirando por la ventana de su habitación. — ¿Existirás? — Pasó sus manos por su rostro. — Voy a esperar un poco más. Este será mi último intento en encontrar el amor.

El azabache cerraba la gran puerta de cristal para luego proceder a encerrarse en su oficina y ultimar los detalles para la apertura de su nueva Boutique.
Tomó la correspondencia e inició a revisarla. Muchos de los papeles que se encontraban en sus manos; eran publicidad de otras tiendas y uno que otro recibo. Separó la documentación importante de lo que llevaría para reciclaje.
Estaba a punto de levantarse de su silla, cuando su vista se centró en un papel en específico. Soltando una risa nasal; leyó el encabezado varias veces.
— ¿En verdad se tomaron la molestia de hacerle un cartel como si fuera un criminal? — Sus dedos delinearon la fotografía que resaltaba en aquel papel. — Ni que se hubiera robado los trajes de las tiendas. — Expresó sarcástico y guardó aquel papel en uno de los cajones de su escritorio.
El tiempo transcurrió y al fin llegó el día de la apertura de la Boutique.
Pocas personas transitaban por el lugar, aún era muy temprano para que la mayoría de los locales estuviesen abiertos al público.
Esa mañana TaeHyung salió a realizar unas compras para la semana, pero al ver que hacía un hermoso día; decidió dar una pequeña vuelta en el centro comercial. Ya estaba cansado de permanecer encerrado en sus días libres, y se sentía mal por no darle un poco de espacio al trío maravilla.
Así que tomó su celular, abrió el chat grupal y les envió un mensaje de texto avisándoles que se tardaría en llegar. En su bolsillo guardó el dispositivo e inició a caminar lento, sin prisas. Ingresó a algunos locales y recorrió los pasillos; observando la mercancía que exhibían. Caminó hasta que se encontró de frente al gran ventanal. Sus ojos se iluminaron como estrellas en el firmamento.
— Son hermosos. — Susurró con su mirada perdida en aquellas prendas. — Es una pena que aún no sea la hora de apertura. — Comentó. — No Tae, dijiste que ya no lo harías. — Se regañó. — Pero son tan hermosos... Podría hacerlo como símbolo del funeral de mi sueño...
— ¿Funeral?
— ¡Ahhh! — Pegó un pequeño salto y sus compras terminaron en el piso.
— Disculpa... No deseaba asustarte. — Se agachó para ayudar al castaño a recoger sus cosas.
— ¿Por qué asustas a la gente...? — Recibió sus compras. — Uy, qué guapo hombre. — Pensó.
— Lo siento, no pensaba asustarte.
— Ya no importa...
— ¿Ves el matrimonio como un funeral? — Inquirió curioso.
— ¿Qué? ¿Por qué?
— Porque te escuché mencionar un funeral y estabas viendo los trajes.
— No, claro que no lo veo de esa manera.
— No te avergüences de verlo de esa manera. — Sonrió. — Muchos ven el matrimonio como un matricidio, así que sí es un funeral.
— ¡No lo veo de esa manera!
— ¿Por qué gritas?
— No sé, creo que es por el susto que me metiste...
— Me disculpo de nuevo por eso. — Caminó hacia la puerta del local. — ¿Vas a casarte?
— ¿Qué?
— Lo pregunto porque estabas viendo los trajes del matricidio... — El castaño lo miró entrecerrando los ojos. — Perdón, no me veas así. — Abrió el local. — ¿Te vas a casar?
— Algún día me casaré.
— Viéndolo así, ¿Deseas probarte algunos trajes?
— ¿Es enserio?
— Por supuesto, si algún día te vas a casar, deberías ver los trajes desde ya.
— Pero no me casaré pronto.
— Yo digo que deberías ir viendo los trajes para tu día especial. — Lo invitó a pasar alargando su mano e indicándole el camino a los vestidores.
— ¿No tendrás problemas con tu jefe?
— No te preocupes por eso, y tú solo pasa...
— Gracias...
— JungKook... — Lo interrumpió al ver que el castaño no sabía cómo llamarlo. — Soy Jeon JungKook, ¿Y tú?
— Soy TaeHyung, Kim TaeHyung... — Tímido caminó hasta adentrarse por completo en la Boutique. — Es un gusto conocerte.
— Aun no llegan las demás chicas que trabajan aquí, así que yo te mostraré los trajes que desees.
— Solo me probaré dos...
— Como desee el futuro novio.
Antes de que llegaran los trabajadores de la Boutique, TaeHyung ya se había marchado. En efecto se probó dos trajes, y cuando lo atacó el recuerdo de los malos ratos que pasó en las anteriores tiendas; salió corriendo dejando un desconcertado JungKook.
— ¿Dónde he visto a ese lindo castañito? — Se preguntó dejando los trajes en sus respectivos lugares. — Bueno, no importa, ojalá vuelva...
TaeHyung se encontraba en un parque, mirando hacia el cielo, recuperándose de la carrera que había pegado.
— No debo volver a caer en la tentación de probarme los trajes. — Se repitió constantemente. — Aunque JungKook me dijo... — Se levantó de la banca. — No. Ese fue el funeral de mi sueño y no hay más que pensar.

Había transcurrido tres meses, y TaeHyung no volvió a aquella tienda, hasta ese día en donde sus pies lo llevaron directo a la entrada de aquel lugar.
— Me probaré un par de trajes y me iré para siempre. — Mordió su pulgar e ingresó al lugar.
— ¡Sea bienvenido! — Una de las empleadas lo recibió con una gran sonrisa. — ¿En qué lo puedo ayudar?
— Bu-bueno, verás, es que...
— Nayeon, yo le ayudaré.
— Pero je...
— Nayeon, mira... — Le señaló la entrada. — Ayúdalos a ellos, por favor.
— Ho-hola JungKook. — Saludó cuando se quedaron solos.
— Pensé que no volverías. — Lo guío a los vestidores. — ¿Tan malo fue mi servicio?
— ¡No! ¿Cómo crees?
— Sentí horrible cuando mi cliente número uno se fue corriendo.
— Lo siento, es que...
— No te preocupes, estoy dramatizando. — Arrugó su nariz cuando sonrió ampliamente.
— No hagas dramas. — Sonrió.
— ¿Qué traje deseas probarte?
— El que vi en la entrada.
— Un traje de novio para el hermoso cliente. — Expresó sin darse cuenta lo que había dicho.
— Hermoso cliente. — Susurró al ver como se alejaba el azabache. — Nunca seré un novio.
La prueba de trajes se alargó, en realidad TaeHyung se probó seis trajes. Sus ojos se iluminaban con cada prenda que JungKook le alcanzaba.
— Serás un novio muy hermoso. — Alagó el azabache cuando abotonaba el último botón del chaleco.
— Gra-gracias. — Un sonrojo tintó sus mejillas.
— Tu prometido será el hombre más afortunado por casarse con tremenda belleza...
— Me tengo que ir. — Se apartó de JungKook y se encerró en un vestidor.
— ¿Te ofendí con lo que te dije?
— Tengo que irme.
— Pero TaeHyung...
— Adiós JungKook. — Abrió la puerta del vestidor y salió corriendo como alma que lleva el diablo.
— ¿Pero qué dije? — Su mirada estaba fija en el pasillo por el que desapareció el castaño.
Un mes más transcurrió y JungKook permanecía pendiente de la entrada de su Boutique, esperando a que apareciera el castaño. A través de las cámaras de seguridad; hacía vigilancia con la ilusión de ver aquel chico.
— A la próxima me quedo callado. — Se recordó al pensar que quizás el castaño había huido porque sus comentarios lo habían hecho sentir incómodo. — ¿Dónde carajos dejé las llaves del auto? — Renegó cuando dejó de prestar atención al monitor de las cámaras de seguridad y decidió marcharse a su hogar. — ¡Aparezcan condenadas llaves! — Abrió el cajón de su escritorio. — ¡Hola! — Expresó sonriente. — De aquí era donde yo te había visto. — Le habló al papel que sostenía en sus manos.
Esa noche el azabache se quedó unos minutos más observando aquel papel. Sonriendo como bobo y deseando que el delincuente probador de trajes volviera a su tienda.
En otro lugar TaeHyung se repetía una y otra vez que debía volver a la Boutique para disculparse con JungKook por su comportamiento fugitivo.
Unos cuantos días más pasaron, y el deseo de JungKook se cumplió. Desde el monitor en su oficina, divisó al castaño frente a su local. Sonriente y apresurado bajó al encuentro de su chico más buscado.
— Fue mala idea venir. — Giró su cuerpo con intenciones de marcharse.
— ¿A dónde vas? — Con cuidado lo tomó de la muñeca. — Llegaron nuevos trajes. — Le sonrió. — Vamos a que te los pruebes.
— JungKook, yo no...
— Ándale, no hagas tu acto fugitivo y ven a probarte los trajes.
— Esto terminara muy mal. — Pensó. — Solo uno, tengo cosas que hacer.
JungKook asintió sonriente. — Verás que son perfectos para ti.
Ese día el azabache se las ingenió para convencer al castaño de que le aceptara una salida de amigos. TaeHyung no estaba muy convencido de lo que hacía, pero al ver los ojos oscuros y brillantes de aquel hombre; no podía poner mucha resistencia.
Poco a poco formaron un lazo de amistad, JungKook seguía permitiéndole al castaño que se probara los trajes. Era muy feliz al verlo sonreír con cada mirada al espejo.
TaeHyung se dijo que aprovecharía hasta el día en que lo volvieran a echar por solo hacerlos perder el tiempo. Aunque sentía un poco de tristeza al pensar que perdería la amistad con el azabache.
— Este traje es igual al de la colección pasada. — Expresó el castaño abriendo el vestidor.
— ¿Cómo crees? — Sonrió. — Este tiene detalles en los bordes.
Una carcajada se escuchó por parte del castaño. — Entonces... sí es totalmente diferente. — Expresó sarcástico.
— No lo digas en ese tono. — Expresó con dulzura. — En verdad es distinto...
— Muy distinto. — Sonrió con su característica sonrisa geométrica. — Ayúdame con este botón que se niega a cumplir con su trabajo. — JungKook se acercó. — ¿Qu-qué haces...?
— Perdón... — Inhaló el aroma que emanaba el cuello del castaño. — Mis pies no coordinan hoy. — Informó explicando el tropezón que tuvo, y por el cual acorraló a TaeHyung dentro del vestidor.
— ¿Pu-puedes darme mi espacio personal?
— Hueles a fresas dulces. — Dijo antes de separarse del castaño. — Me gusta tu perfume.
— ¿Ahora estamos en un omegaverse? — Inquirió apenado.
— Por un momento si fue un omegaverse. — Bromeó. — Eres un dulce y hermoso omega.
— ¿Ah, sí? — Cruzó sus brazos por sobre su abdomen. — Entonces quiero saber a qué huele este alfa. — Se acercó peligrosamente al azabache. — Hueles a vainilla. — Expresó cuando le olfateó el cuello. — Tú serías un alfa con un aroma muy dulce y atrayente. — Se apartó.
— ¡Omega!
— ¡Alfa!
Se gruñeron sonrientes.
— Ya debemos dejar de leer tanto Manhwa omegaverse. — Expresó JungKook.
— Nos está afectando re juerte. — Agregó TaeHyung.
— Fuera de broma... En verdad me encanta tu perfume.
— Ya deja de jugar, y ayúdame con el condenado botón. — Apartó su vista de los orbes oscuros.
Su amistad estaba creciendo, salían casi todos los días, aun así JungKook no sabía mucho de la vida de TaeHyung. En cambio el castaño ya estaba enterado de la mala suerte en el amor del azabache.
Ese día como todos en los que se habían reunido para probar trajes de la nueva colección. TaeHyung esperaba a JungKook en el vestidor. Sonriente, feliz de poder compartir tiempo con aquel hombre, y aún más feliz de poder seguir probándose aquellos hermosos trajes.
— En la siguiente salida le contaré. — Se dijo decidido. — También le diré lo que estoy empezando a sentir. — Mordió su labio nervioso. — No, mejor me quedo callado. Seguramente se enoje conmigo con mi primera confesión...
— Tengo una cita con Jeon JungKook. — Una voz chillona hizo que el castaño se tensionara.
— No puede ser ella, ¿Verdad? — Asomó su cabeza y deseó que la tierra se lo tragara. — Tengo que salir de aquí. — Buscó la manera de camuflajearse entre los clientes. — Fue bonito mientras duró. — Expresó triste y olvidándose de ocultarse de la fémina.
— ¡¿Qué haces aquí loco?! — Le gritó. — Voy a decirle al dueño de la Boutique que tu solo eres un demente que se prueba trajes sin estar comprometido...
— Yo ya me voy, no hagas escándalo.
— ¡No te irás hasta que te echen a patadas de aquí!
— ¿Qué pasa aquí? — El azabache llegó a intervenir en la gritería de la fémina.
— JungKook, lo siento, no era...
— Señor Jeon, mucho gusto, soy su nueva empleada. — Empujó al castaño que se encontraba a unos cuantos pasos del azabache.
— ¿Qué estás haciendo? — Se acercó a TaeHyung. — ¿Por qué lo empujas? — Con delicadeza sujetó del brazo al castaño.
— JungKook, tengo que irme... Espera... ¿Cómo que señor Jeon?
— Eso, agárrelo fuerte, jefe. — La chica miró con desprecio al castaño. — Es un loco ladrón que solo se la pasa de Boutique en Boutique probándose los trajes y robando accesorios.
— ¡No estoy loco! — Se soltó del agarre del azabache. — Y la que robaba accesorios era otra.
— ¡Maldito loco! — Intentó abofetearlo. — Jefe, me lastima.
— No te atrevas a tocarlo. — Soltó el agarre de la muñeca en la fémina. — Lamento informarte que no seré tu jefe, y para cerciorarnos de que no te llevas nada, serás requisada por mis empleadas a la salida.
— ¿Eres el dueño de la Boutique? — Inquirió TaeHyung.
— ¿De dónde la conoces?
— Es una ex empleada de una tienda de donde fui sacado a patadas por...
— Vamos a hablar en mi oficina.
— ¿Creíste su cuento de que soy un ladrón? — JungKook negó con su cabeza. — Entonces, ¿Por qué me quieres llevar a la oficina? — Lo miró fijamente. — Ignora esa pregunta. Lo que me interesa ahora es que hemos estado saliendo como amigos, y no me dijiste que eras el dueño de la Boutique.
— Es que tú quisiste creer que era un empleado más. — Se rascó el cuello. — Bueno, te hiciste la idea de que era el administrador.
— ¿Por qué me engañaste?
— Te explicaré en la oficina. — Intentó tomarlo del brazo, pero TaeHyung se apartó. — Por favor... Vamos a hablar.
— Vas a llamar a la policía, ¿Verdad?
— No.
— Ya que, vamos a esperarla en la oficina.
— Que no llamaré a nadie.
Caminaron rumbo a buscar privacidad.
Estando dentro de la oficina del azabache, TaeHyung se sentó en una de las sillas del lugar, y en silencio esperó a que JungKook hablara.
— Perdóname por no aclarar que era el dueño.
— ¿Por qué lo ocultaste?
— Por esto. — Sacó el papel con la foto del castaño. — Te buscan por delincuente probador de trajes.
— ¡¿Qué?! — En sus manos agarró el papel, y leyó que lo reportaban como si fuera el asesino más buscado. — Yo no creo que eso sea un delito.
— No lo es.
— Dime, ¿Por qué no me dijiste de esto?
— Tengo una buena razón para ello.
— Por favor déjame ir.
— No puedo.
— ¿Por qué? — Con cuidado de no ser descubierto por JungKook; envió un mensaje al trío maravilla.
S.O.S me van a encerrar por loco delincuente probador de trajes de novio. El que creía que era mi amigo me entregará al manicomio.
Vengan por mí, les envío mi ubicación en tiempo real.
— TaeHyung, no puedo dejarte ir, es que...
— ¡Amor! Volví para continuar con nuestros planes de boda. — Una voz conocida para JungKook lo interrumpió.
— Mierda, no, ella no.
— ¿Es tu ex?
— Sí, ya vuelvo, me desharé de ella. — Abrió la puerta y la chica se abalanzó sobre el azabache. — Suelta, no me toques.
— Amor, dame un beso. — La chica lo abrazó por el cuello. — ¿Aun estás enojado por mi despedida de soltera?
— Eso no fue despedida de soltera. — Se apartó de ella. — ¡Fueron cuernos!
— Era una despedida de soltera, y ahora vengo a casarme.
TaeHyung observaba la escena, sin fijarse en las caras que estaba haciendo; mordía su mejilla interna ante el disgusto de ver aquella chica colgada en JungKook.
— No me casaré contigo. — Sus ojos conectaron miradas con TaeHyung, el cual le apartó la mirada de inmediato. — Ya déjame en paz, me fuiste infiel.
— Solo fue una despedida de soltera.
— ¡Te dijo que no se va a casar contigo!
Algo dentro de TaeHyung estalló, no soportó por más tiempo que aquella intrusa estuviera molestando al azabache.
— ¡Ahhh! ¡Suelta mi hermoso cabello! — La chica forcejeaba por liberarse del agarre del castaño. — Amor, ayúdame...
— ¡Deja de llamarlo amor! — Apretó sus dientes y alejó a la fémina del cuerpo del azabache. — No te acerques a JungKook, él no quiere saber nada de ti, infiel pierna floja y descarada.
— Tae, le vas a arrancar el pelo.
— ¡El corazón! debería de arrancarle el corazón por haberse atrevido a lastimarte.
— Te pareces a Jin, te llevarías muy bien con él.
— JungKook, te quitaré esta vieja resbalosa e infiel de encima y me iré.
— ¿Irte? — Siguió los pasos de TaeHyung que aún no soltaba los cabellos de la chica. — Pero no quiero que te vayas...
El castaño arrastró a la fémina desde la oficina hasta la entrada de la Boutique.
— Jamás en tu resbalosa vida te vuelvas a acercar a JungKook. — Le jaloneó el cabello de lado a lado antes de empujarla fuera del lugar. — Me disculpo por el escándalo. — Habló hacia los clientes del lugar. — Ahora sí, piernitas para que las quiero....
— No te vas de aquí sin que hablemos. — Lo agarró del brazo.
— ¡TaeHyung!
— ¡Mi trío maravilla!
— ¡Suelta a nuestro osito de invierno o te agarramos a palo! — Gritó Jimin mientras sus hombres ondeaban de lado a lado los palos de las escobas que le robaron a la señora del aseo en el centro comercial.
— ¿Su osito de invierno? — JungKook abrazó por la cintura al castaño. — Él no se irá de aquí.
— No lo puedes retener por un rumor de que no está comprometido. — Expresó Hobi.
— Él se casará, así que si hizo tantas pruebas de trajes es porque no le convencían los diseños. — Agregó Yoongi.
— ¡Suelta a nuestro prometido! — Gritaron el trío de enamorados.
— ¿Prometido? — JungKook se aferró al cuerpo de TaeHyung.
— ¡Sí! TaeHyung se casará con nosotros. — Afirmó el rubio. — Así que mi osito está siendo acusado injustamente.
— Tú no te vas a casar con ese trío gritón. — Le susurró en el oído.
— ¿Qué dices?
— Ven conmigo, no te soltaré hasta que hablemos.
— ¿Por qué todos andan como locos? — Forcejeó para liberarse. — Suéltame por favor.
— No te vas a casar con ellos.
— Libera a nuestro prometido... o aquí habrá fuego. — Amenazó Hobi.
— ¡No digan locuras! — Gritó TaeHyung.
— Ya te vamos a liberar amor. — Expresó Yoongi.
— Y nos casaremos de inmediato. — Agregó Jimin.
— JungKook, suelta a ese loco que me arrancó el pelo.
— ¡Cállate, pierna floja! — TaeHyung pataleó. — No le hables, no lo mires.
— A la cuenta de tres liberaras a nuestro prometido. — Advirtió Hobi. — De lo contrario mucho fuego por aquí...
— Yoongi, trae a nuestro futuro esposo. — Ordenó Jimin.
— No me lo van a arrebatar. — El azabache retrocedió aun abrazado al castaño.
— JungKook... — El mencionado lo giró para que se vieran frente a frente. — ¿Por qué no me sueltas?
— Solo contéstame una pregunta. — Juntó sus frentes.
— Responderé dependiendo de la pregunta.
Todos los presentes observaban, la ex de JungKook quería jalarle los cabellos a TaeHyung, el trío maravilla estaba atento a cualquier movimiento para actuar; ya sea en contra de la chica o del azabache.
— ¿Te casarías conmigo? — Le preguntó rozando sus narices.
— ¡Sí! — Respondió de inmediato.
— ¡¿Qué?! — Expresaron todos los presentes.
— ¿Qué acabaron de decir? — Inquirió Jimin mirando confundido a sus amores.
— Yo ya me perdí. — Expresó Yoongi.
— Yo me pido ser padrino. — Dijo Hobi emocionado y arrojando el palo de la escoba al piso.
— ¿Cómo que te casaras con mi prometido? — Caminó hacia TaeHyung.
— Le tocas un pelo a mi precioso delincuente, y no respondo. — La miró tensando la mandíbula.
— Mimi, esa resbalosa me quiere robar a mi prometido. — Puchereó y señaló a la fémina. — Ayúdame a que entienda que no debe acercarse a mi hombre.
— Ven acá. — La señaló con el palo de la escoba. — Creo que necesitas un cambio de cejas...
— Él es mi prometido. — Avanzó hacia el castaño.
— ¡Sosténgala! — Jimin les ordenó a sus amantes. — Vamos a sacarla de aquí...
— ¡No me toquen!
— ¡Sabía que te iba a encontrar aquí! — Se acercó furioso a la chica.
— ¿Hyung? — Se aferró al cuerpo del castaño.
— ¿Ese es Jin?
— Sí, y creo que viene por la adorna cabezas.
— Piernas flojas resbalosa, aléjate de mí mocoso.
— Oye, esa es mía. — Jimin miró a Jin.
— ¿Y si nos encargamos de ella los dos? — Sugirió Jin. — Es mejor trabajar en equipo. — Sonrieron cómplices.
— ¡Luna, no!
— Tu callado Nam.
— Por eso digo que mejor me quedo calladito.
— Gatito y solecito se quedaran a cuidar a Tae. — Jimin agarró de un brazo a la chica.
— Nam, cuida al mocoso. — Tomó el otro brazo. — Vamos querida...
Salieron de la Boutique con la chica gritando que JungKook debía ayudarla.
— Mucho gusto soy Kim NamJoon. — Extendió su mano para presentarse.
— Yo soy Min Yoongi.
— Yo soy Jung Hoseok, me puedes decir Hobi.
— Y nosotros nos vamos a hablar. — Expresó JungKook subiendo en su hombro al castaño.
— ¡No me voy, me llevan! — Expresó sonriente.
— ¿Y ahora qué hacemos? — Preguntó NamJoon.
— Yo tomaré un trago. — Expresó Yoongi destapando una de las botellas de Champán destinadas a los clientes del local.
— Yo iré a ver que nuestro pollito no desplume a esa mujer.
Dentro de la oficina del azabache, los dos chicos observaban sus labios en total silencio. Escaneaban sus rostros buscando el momento indicado para pronunciar cualquier palabra.
— Te juro que yo no me robé nada, lo que dice ese cartel es parte verdad. — Lo abrazó por el cuello. — Mi único delito, si así puede llamarse; es haber estado probándome trajes como si fuera un juego. Pero en mi defensa no tengo la fortuna de estar comprometido, y yo solo deseo que alguien me ame y se case conmigo.
— Sí cometiste un delito. — Lo sentó sobre el escritorio.
— Yo no te robé nada JungKook.
— Claro que lo hiciste. — Acunó el rostro acanelado. — Me robaste el corazón en el momento que volviste a la tienda y recordé que te había visto en el cartel de se busca.
— ¿Qué hice qué?
— Kim TaeHyung, me robaste el corazón.
— ¿No me vas a echar a patadas de tu Boutique?
— Ni demente que estuviera. — Le acarició las mejillas.
— ¿Qué fue eso de allí abajo?
— ¿La propuesta?
— Sí, la propuesta...
— Deseo casarme contigo, me enamoré de ti y no quiero perderte. — Le besó las mejillas. — No te imaginas que estuve punto de enloquecer cuando ese trío dijo que serías su esposo.
TaeHyung juntó sus frentes y jugó con los largos cabellos azabaches. — También me enamoré de ti. Creo que confirmé este sentimiento el día que olfateaste mi cuello; y nos creímos alfa y omega.
— ¿No tienes una relación ensanduchada con esos tres?
— ¿Cómo crees? — Sonrió. — Si antes les huyo porque a veces me quieren quitar la inocencia.
— A mí me queda poca inocencia porque mi cuñado y hermanastro me han traumado.
— ¿Dónde te habías metido?
— Estaba limándome los cachotes de ciervo que adornaban mi cabeza.
— Yo jamás te adornaré la cabeza.
— En ti confío ciegamente. — Acarició los labios del castaño. — Ahora dime, ¿En dónde estabas tú?
— Yo estaba probándome trajes de novio, tratando de compensar el dolor de ser abandonado porque mis parejas solo me querían para su placer carnal, y como no les di lo que querían y se negaban a un compromiso; me dejaban con el corazón roto.
— Te juro que esperaré hasta nuestra noche de bodas para fundirme en tu piel. — Recostó su rostro en el hombro ajeno. — Quiero besarte... ¿Puedo besarte?
— Puedes besarme.
Lentamente movieron sus cabezas hasta quedar frente a frente, los dedos de JungKook acariciaron las mejillas y nariz del castaño; hasta que se posaron en los pomposos labios.
El castaño delineó los delgados labios del azabache, acarició aquel lunar que lo incitaba a posar sus labios una y otra vez en aquel lugar que a los ojos de TaeHyung se veía tan erótico.
Humectaron sus labios con su propia saliva y con lentitud unieron sus bocas para experimentar el electrizante cosquilleo en sus belfos. En cámara lenta, degustaron de sus labios como si fuese el más exquisito manjar. Poco a poco sus movimientos delicados se trasformaron en unos más demandantes. Jalaron, mordieron y acariciaron sus hinchados y resbalosos labios.
— Cásate conmigo. — Pidió con sus labios aun unidos a los del castaño.
— Pero aun no nos conocemos bien. — Cerró sus ojos para disfrutar de aquel calorcito que sentía en sus labios.
— Nos conoceremos a medida que planeamos nuestra boda. — Acarició las manos ajenas. — ¿Quién dice que tenemos que seguir un orden para nuestra relación?
— Nosotros elegiremos como llevar nuestro amor.
— Muy bien dicho. — Besó el lunar de la nariz del de piel canela. — Entonces, ¿Te casarías conmigo?
— ¡Sí! Por supuesto que me casaré contigo.
Quizás el amor no les cayó del cielo, pero sí les llegó con un susto en donde un amable chico le abrió la puerta a la oportunidad de calmar sus deseos a aquel acanelado que deseaba un matricidio. Y aquel castañito, a pesar de querer enterrar su deseo por dejar de probarse trajes, llegó al lugar en donde conoció al guapo azabache que sonreía cada vez que veía a su cliente número uno desfilar ilusionado cada prenda que el mismo había pedido con la esperanza de poder interactuar con su bonito castaño.
Sus corazones anticuados y con sueños enamoradizos, se llamaron el uno al otro. Y ahora allí están, dando un paso para iniciar su recorrido de ilusiones que pensaron jamás cumplirían.
Jin y Jimin solo sacaron del lugar a la expareja de JungKook. Simplemente disfrutaron de su actuación de chicos arranca cejas y cabellos.
Yoongi, Hobi y Nam, se tomaron dos botellas de champán y esperaron a que sus parejas regresaran. Se encargaron de pedir disculpas por el show a los clientes de la Boutique, y cerraron el lugar justo después de que mensajearan a sus respectivos amigos y así salir a cenar los siete.

— Entonces, ¿Ustedes primero se casaron y luego vivieron su noviazgo?
— Prácticamente así lo hicimos, cariño. — TaeHyung terminó de acomodar las coletas de su pequeña hija de seis años.
— Su relación es algo especial.
— Cariño, el amor que tengo con tu padre es un suceso que ante los ojos de nuestros seres queridos; es algo así como un acto mágico.
— Yo quiero un amor como el de ustedes o el de mis tíos.
— Lo tendrás cariño, lo tendrás.
— Papi, si ya están casados, ¿Para qué es el evento de hoy?
— Mi pequeña frambuesita... — Interrumpió el azabache. — El evento de hoy es nuestra renovación de votos matrimoniales.
— Pero se casaron hace cuatro años...
— Es que sentí que la boda en la cascada no fue lo suficientemente linda para tu papi.
— Y el romántico de tu padre planeó esta nueva boda.
— A mí no me engañan. — Entrecerró sus ojos. — Ustedes aman andar vestidos de muñequitos de pastel, y por eso van a estar casándose cada vez que se les antoje.
— ¡Nos descubriste! — Expresaron al unísono.
— Y mis tíos les siguen las locuras. — Negó con su cabeza. — Amo mi familia loquita y llena de amor.
— Nosotros te amamos a ti. — JungKook pellizcó las mejillas de su pequeña. — Ahora ve con el trío maravilla y distráelos mientras ayudo a tu papi con su traje.
— No vayas a despeinar a mi papi. — Lo señaló con su pequeño dedo. — Si le desacomodas un solo cabellito, traeré al tío Jin y su chancla voladora, acompañado de la zapatilla del tío Hobi.
— No le tocaré su cabello. — Levantó sus manos.
— Ve mi niña, tu padre no me va a despeinar.
La pequeña salió dando brinquitos, su vestido verde menta se movía en sincronía con cada salto.
— Voy a vestirte para más tarde desvestirte. — Levantó sus cejas de manera sugerente.
— Esta noche nuestra pequeña frambuesa dormirá con sus tíos. — Empujó el cuerpo del azabache hacia el sofá. — Te amo mi amado esposo.
— Te amo aún más. — Sus manos acariciaron la cintura del castaño y en un ágil movimiento lo subió en su regazo.
— Ayúdame con el traje, no me distraigas con tus caricias.
— Te ayudaré pero lentamente. — Besó los pomposos labios. — Amor, ¿Eres feliz con nuestra loca familia? — Inició a deslizar la tela de la bata que cubría la desnudez del castaño.
— Claro que soy muy feliz. — Le alcanzó la camisa. — No sabes cuánto te agradezco por complacerme en la idea de adoptar a la frambuesita.
— Yo también deseaba ser padre, y esa niña me robó el corazón cuando la vi. — Con parsimonia inició a cubrir el cuerpo de su pareja con la tela de la camisa.
— Nuestra frambuesita te conquistó con sus pucheritos llenos de aquella fruta que habíamos llevado para conquistarla a ella. — Sus piernas fueron cubiertas por el pantalón. — Umm, cuidado con esa mano. — Advirtió cuando el azabache le rosó la entrepierna al deslizar sus manos para apuntar la prenda.
— ¿Recuerdas nuestra boda? — Lo guío al espejo, y apegando su cuerpo a la espalda del castaño, continuó vistiéndolo.
— Imposible olvidarla. — Sonrió enamorado. — El camino de girasoles hasta la cascada donde las lámparas ancladas al suelo iluminaron aquel anochecer en donde juramos amarnos sin restricciones. — Acarició las manos del azabache hasta que se detuvo en el anillo de bodas. — Jamás olvidaré tu hermosa sonrisa cuando deslizaste aquel arito en mi dedo, y me colocaste una corona de girasoles en la cabeza para después gritarle a todos que me amarías hasta diez mil vidas siguientes.
— Yo jamás olvidaré como brillaban tus ojos mientras caminabas hacia el altar. — Le colocó los zapatos. — Esos hermosos ojos color miel, brillaban tanto que opacaban las estrellas que fueron testigos de nuestra unión.
— ¿Y la luna de miel? — Inquirió acomodando la corbata del traje del azabache. — ¿Recuerdas nuestra primera vez?
JungKook terminó de apuntarle el chaleco del traje y procedió a acomodar la corbata.
— ¿Cómo podría olvidarlo? — Le sonrió enamorado y lo besó. — Esa noche me deleité con tus dulces gemidos...
— Me hiciste el amor tan tierno que no quisimos salir de aquella habitación perfumada con fresas y rosas.
Juntaron sus cuerpos, las manos de JungKook acariciaron la espalda del castaño. TaeHyung enredó sus manos en el cuello del azabache. Juntaron sus frentes y delinearon sus labios con sus lenguas.
— Amé besar cada parte de tu cuerpo.
— Adoré entregarme a ti en cuerpo y alma.
— ¡Chicos! — Golpearon en la puerta.
— Ya vamos Nam. — Respondieron al unísono.
— No tarden, mi Luna ya está buscando su chancla.
— Solo me falta besar a mi amado delincuente. — JungKook sonrió coqueto.
— Ok, lo distraeré por diez minutos.
El azabache fijó su mirada en aquel castaño que lo miraba con la misma intensidad que hace años. Aquel traje blanco con corbata marrón; resaltaba la gran belleza de TaeHyung. La sonrisa cuadrada que le regalaba en ese instante, lo hacía ver aún más angelical y perfecto.
— Eres el novio más hermoso del mundo. — Besó con ternura los pomposos labios y le entregó el ramo de margaritas con flores de cerezo.
— Mi amado esposo no se queda atrás. — De su ramo sacó una margarita y una flor de cerezo; las amarró y depositó en el bolsillo del saco del azabache. — Este color te hace lucir aún más guapo y perfecto.
La vestimenta de JungKook consistía en un traje color negro junto al chaleco y la corbata a tono, una camisa blanca, y sus cabellos amarrados a una media coleta con algunos mechones rebeldes sobresaliendo en su frente.
— Hora de casarnos de nuevo. — Entrelazaron sus manos y salieron de la habitación de aquella cabaña en la playa.
El atardecer les daba la bienvenida, desde la entrada de aquella cabaña; observaron el camino que los guiaría hasta el altar. Sus seres queridos les sonreían felices de verlos brillar en notable alegría.
La pareja sonrió en grande cuando su pequeña hija les hizo señas para que iniciaran a caminar.
Bajaron los escalones que los separaban de la arena, e iniciaron a caminar por el pasillo lleno de pétalos de flores de cerezo. A sus costados las lámparas enterradas en la arena los cubría con su luz.
A pasos lentos y con sus manos entrelazadas, sonreían enamorados de la vida, la vista, sus amigos y familia. Se detuvieron a mitad del camino y se miraron a los ojos, comunicándose con la mirada el gran amor que se sentían.
La brisa marina les acarició el rostro, dándoles la señal de que se besaran para que así siguieran caminando.
En ese beso se juraron de nuevo el jamás dejar de demostrarse todo lo que sentían el uno por el otro. Juntaron sus frentes y sonrieron con los ojos cerrados cuando sus invitados les aplaudieron; celebrando aquel acto de amor puro y leal.
Llegaron al altar, abrazaron a su pequeña frambuesa, y le besaron las mejillas.
La ceremonia dio inicio, su pequeña hija estuvo junto a ellos escuchando a detalle las palabras de la sacerdotisa.
— Es hora de que se vuelvan a jurar su bonito amor. — La pequeña colocó por sobre los hombros de sus padres el lazo que estaba decorado con pequeñas margaritas. — Los amo con locura mis lindos papis. — Se apartó de los adultos y procedió a sentarse junto a sus tíos.
— Con este matrimonio espiritual ustedes reafirmaran el amor que puedo ver que escapa por cada poro de su piel. — La sacerdotisa les dio la señal para que recitaran sus votos.
Sobre la alfombra roja cubierta de pétalos de flores, la pareja se sentó mirando hacia el mar. Cada uno de los invitados encendió las velas deseándoles desde el fondo de su corazón una vida llena de amor, felicidad y mucha prosperidad.
— Mi bonito esposo. — Sonrió y acarició la mejilla acanelada.
— Mi amado alfa. — Se carcajearon al recordar todas las veces que han actuado estar en un omegaverse.
— Mi omega dulce como una jugosa fresa. — Miraron hacia el mar y juntaron sus manos para luego llevarlas sobre sus pechos.
— Me encanta sentir como late tu corazón.
— Mi precioso castañito, este corazón solo enloquece por ti.
— Jeon JungKook, con este hermoso atardecer como testigo, y en compañía de nuestros seres queridos... — Sus ojos se cristalizaron ante la emoción. — Te reafirmo el gran amor que siento con cada fibra de mi piel. Prometo amarte fielmente hasta que dejes de oler a mi alfa atrayente.
— Amor... — Entrecerró sus oscuros ojos.
— Solo bromeo. — Le sonrió y se inclinó para darle un besito esquimal. — Te amaré fielmente hasta que tengamos que dejar este mundo terrenal... Aunque aun estando muertos, iré a tu Boutique fantasmal y me encargaré de que nos volvamos a enamorar.
Los invitados aplaudieron sonrientes ante aquellas palabras.
— Kim TaeHyung, mi dulce delincuente...
— Ya te he dicho que no soy delincuente. — Puchereó.
— Y yo te he dicho que sí lo eres... — Besó aquel puchero. — Me robaste el corazón.
— No te lo robé. — Negó con su cabeza. — Solo lo agarré para cuidarlo como es debido.
— Mi amor, y lo has cuidado tan bien que ahora frente a todos nuestros amigos y familiares... — Miró a los invitados. — Y con el mar como testigo, te prometo con cada latido de mi corazón que te amaré de todas las maneras habidas y por haber. — Le besó las mejillas. — Aun después de la muerte me enamoraré de tu hermoso ser. Amaré amarte con cada poro de mi piel y te entregaré mi vida entera.
— Que estas almas que se aman con total lealtad, siempre sean bendecidas por los Dioses. — Expresó la sacerdotisa.
— Te amo. — Expresaron al unísono para luego sellar su amor con un beso.
Se levantaron y les sonrieron a los invitados, los aplausos no se hicieron esperar. La pequeña frambuesa se lanzó a ellos para abrazarlos.
— Deseo que sigan siendo tan felices como lo son ahora. — Les besó las mejillas. — Gracias por ser mis amados papis.
Con esas palabras y las miradas de ternura que les daban el trío maravilla y el dúo traumador; dirigieron sus pasos lejos de aquel lugar, disfrutando de una armoniosa caminata en donde solo se escuchaba el mar y sus acelerados corazones.
Fin.