Mi Pequeño Demonio
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No no no no. Mierda mierda mierda
Crowley contempló la prueba en sus manos, como si hacerlo fuera a cambiar mágicamente el resultado. Si sus cuentas no le fallaban, debía tener unos dos meses y medio.
La primera vez que sintió los síntomas, creyó que su corporación estaba resintiendo los años de borrachera sin consecuencias, comiendo muy poco y vivir a base de alcohol y café, pero luego sus ajustados pantalones comenzaron a molestarle y finalmente un día no cerraron, eso era bastante extraño para alguien que casi no comía.
Pensó que era una locura, la última vez que había sentido náuseas, fue durante la peste negra, viendo como los humanos se pudrían vivos en su propio cuerpo, pero nunca fue por un malestar físico como algo en mal estado que comió o alguna cruda tras una de sus habituales borracheras. Era un demonio, por Satán, no podía enfermarse y menos algo tan banal como una enfermedad estomacal.
Luego estaba el cansancio, normalmente dormía por gusto, para incitar el pecado de la pereza, pero hasta para él le parecía exagerado el nivel de sueño que tenía constantemente. Pero lo que derramó el vaso fue lo de su ropa. ¿Qué demonios estaba pasando? Y ahora estaba ahí, en el baño con una prueba de embarazo en la mano.
¿Cómo en nombre de todo lo sagrado y lo profano había pasado?
Bueno, era obvio, pero lo que se preguntaba era cómo era posible. Había tenido relaciones sexuales antes, pero solo con humanos, que él supiera, no había dejado medio demonios rondando por ahí. Aunque, pensándolo bien, una cosa eran los humanos y otra los ángeles.
Por razones obvias, jamás había tenido contacto sexual con ellos y no es que le llamara la atención de todos modos, además solamente deseaba y amaba a uno, por más de 6000 años. Pero si con los humanos jamás había pasado nada, ya fuera en su forma de hombre o de mujer, ¿por qué con los ángeles era diferente? Ahora en su vientre yacía el vástago de aquella relación.
Se preguntaba si esto podría traer problemas con sus antiguos bandos, es decir, no le debía nada al Infierno en sí, pero Hastur. No se había quedado muy contento con la decisión de Beelzebub sobre dejarlo ir y no molestarlo más.
Instintivamente llevó las manos a su vientre.
“No dejaré que esos bastardos te toquen.”
Y estaba el otro problema: ¿Cómo decirle a Aziraphale?
Para empezar era obvio que el engendro era de él, no había sostenido relaciones con nadie más en muchos años y aunque no fuera suyo, sabía que él sería la primera persona (o ser en ese caso) al que le contaría del asunto.
Salió de su departamento para ir rumbo a Soho, no sabía por dónde empezar a contarle a Aziraphale sobre el embarazo, pero estaba claro que no podía pasar más tiempo. Para su desgracia, de camino al Bentley estaba Hastur. Maldita sea, lo que faltaba.
-¡Hastur, viejo amigo! ¿Qué te trae por aquí? Espero sea una visita de placer porque Beelzebub dijo que me dejaran en paz después de mi juicio ¿Lo recuerdas?- Su labia siempre lo había sacado de problemas, esperaba que este fuera el caso.
Hastur lo miró con un odio impasible.
-Si Crawley, lo recuerdo tal como si fuera ayer.- Dijo entre dientes.- Simplemente pasaba por aquí y sentí un cambio en el ambiente, algo extraño, similar a cuando el verdadero anticristo encontró al perro.-
Mierda.
-Pues no se que sea eso extraño que supuestamente sentiste, yo no sentí nada. ¿Y como que pasabas por aquí? ¿De todo Londres pasabas casualmente por el barrio donde vivo? Enserio, ya vieron que soy un imán de problemas para el Infierno, por algo les dijeron que no me molestaran.-
-Hay algo en ti que esta diferente.- Dijo ignorando toda su perorata anterior y se acercó peligrosamente a él.
Tuvo que recurrir a toda la fuerza de voluntad para no llevarse las manos instintivamente al vientre.
-¿Colonia nueva? Quizá el que sea inmune al agua bendita cambio algo en mi.- Presumió como si no fuera la gran cosa. Hastur nunca había sido muy listo, vaya momento para que empezara a ser perceptivo.
Sin previo aviso lo tomó bruscamente de la muñeca e impidió que realizara algún escape.
-Puedo sentir algo diferente en ti, Crawley, estoy seguro que tiene que ver con ese patético ángel tuyo y sea lo que sea, tienes miedo.- Gruño cerca de su cara.
En cierto punto, no podía culparlo, a pesar de que Hastur siempre se metía en sus asuntos a lo largo de la historia, era por simple sabotaje de trabajo, solo para que no le dieran reconocimientos, pero ahora era personal, a pesar de ser en defensa propia, le había arrebatado a Ligur para siempre.
-Hay una energía en ti, sería un desperdició no aprovechar...-
-Disculpa pero claramente nuestros respectivos bandos ordenaron explícitamente que nos dejaran en paz.- Aquella voz lo hizo sentir como encontrar un oasis en medio del desierto.
-Solo resolvemos viejos asuntos, unos que claramente no te conciernen.- Gruño Hastur sin soltar a Crowley o dejar de mirarlo.
-Me conciernen si parece que estás amenazando a mi mejor amigo.- Dijo en un tono sombrío, Crowley daba fe de que nunca había visto a su ángel actuar de esa manera. Daba miedo.- Te pediré amablemente que lo sueltes.- Lo último se escuchó más como una amenaza que una petición.
-Lo soltaré cuando a mi me dé la ga... ¡AAGGG!- No pudo terminar su oración al sentir una quemazón celestial en el brazo con el que retenía a Crowley, obligándolo a soltarlo. Aziraphale no tardó en interponer su cuerpo entre ambos demonios.
-Entiendo que tu bando no es de seguir reglas, mi antiguo lado normalmente enviaría una nota algo grosera, pero como sabes, ya no pertenezco ahí. Crowley es inmune al agua bendita, la pregunta es: ¿Tú lo eres?- Ambos se sostuvieron una mirada de odio, hasta que el espíritu cobarde de Hastur predominó y se marchó presionando su mano, como si fuera un coyote herido.
-Esto no se quedará así.- Dijo antes de desaparecer.
Aziraphale no bajó la guardia para nada hasta que lo perdieron por completo de vista.
-¿Estás bien querido? Sentí algo extraño... yo... no se como explicar solo...-
Ahí estaba su ángel de siempre, tan cálido, tan amable, como si hace un rato no hubiera amenazado a un demonio.
-Yo... solo... bueno, iba para tu librería, Hastur me interceptó de camino al Bentley.- Confesó.
El viaje en el Bentley fue silencioso, Aziraphale notó que el demonio conducía solo un poco más lento de lo habitual, era extraño, ignorando que este sentía unas terribles náuseas y pocas ganas de conducir, solo quería llegar y acostarse en el colchón más cercano.
Al llegar, como siempre, Crowley abrió la puerta de milagro y se sentó en el sillón de la trastienda sin preguntar, Aziraphale fue por una de sus mejores reservas de vino.
-Yo... creo que no debería.- Le dijo mientras sentía un estrujó en su corazón. Moría por una copa, pero no sabía si funcionaría igual que un embarazo humano.
Esto le pareció extraño a Aziraphale, Crowley siempre estaba de humor para tomar cualquier cosa que tuviera alcohol.
-Oh, ya veo... entonces ¿Qué te apetece?- Preguntó intentando ser un buen anfitrión.
-Ángel, creo que pasó algo que ambos hasta entonces considerábamos imposible... tal vez pienses que es una aberración o que Ella no lo querría, aunque ya no trabajas para la diosa seque aún la respetas.- Dijo esto último con algo de rencor en su voz.
-Cariño ¿Quieres dejarte de rodeos y decirme qué está pasando? ¿Tiene que ver con lo que te dijo Hastur?- Preguntó Aziraphale cada vez más ansioso.
El demonio comprendió que no había manera de aligerar el bombazo que estaba a punto de soltar, no había una manera “suave” de decirlo.
-Estoy esperando un bebé... un bebé demonio... y ángel.- Dijo mientras desviaba la mirada.
El silencio se hizo presente, la tensión podía cortarse con un alfiler y el aire pareció hacerse pesado, ni siquiera parecía escucharse el ruido del exterior, todo era un ambiente sepulcral.
-¡Bueno dime algo!- Exclamó Crowley exasperado de tanto silencio. Si así estaba en estos momentos, no quería imaginarse cuando las hormonas hicieran lo suyo.
En eso Aziraphale fue hacia él, tomó su mano y se arrodilló entre las piernas del demonio.
-Crowley, voy a protegerte con mi vida, a ti y a este bebé.- Aseguró Aziraphale.- Quizá... yo tampoco estoy seguro de cómo pasó, pero pasó. Hay un pequeño ángel demonio justo aquí y quiero cuidarlo.- Lo miró con ojos brillosos y Crowley estaba seguro de que lloraría, pero su orgullo demoníaco se lo impidió.
-Preferiría que omitieras eso de “con mi vida ” .- Dijo él avergonzado, no estaba acostumbrado a que lo cuidaran y no le gustaba como sonaba esa posibilidad de que Aziraphale diera su vida, aunque fuera por él y su pequeño.
-Eres incorregible, querido. ¿Puedo?- Preguntó haciendo un ademán al vientre del demonio.
Titubeando, Crowley le dio permiso implícito y sintió las cálidas manos celestiales sobre él. Su vientre aún era plano, apenas se notaba la diferencia teniendo que usar un milagro para agrandar más sus pantalones, pero a simple vista parecía el mismo demonio delgado de siempre.
-Jeje, puedo sentir algo ahí... se mueve...- Dijo emocionado, palpando con cuidado diferentes zonas del vientre, esperando sentir más.
-Creo.... estoy casi seguro de que está contento, contento de que está cerca de su padre.- Al carajo con el orgullo demoníaco.
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-¿Algo más querido?- Preguntó un poco temeroso Aziraphale al ver toda la lista:
Helado de naranja, hamburguesa doble de queso con extra de pepinillos con aros de cebolla, una bolsa de papas sabor crema de cebolla y tres barras de chocolate. Todo eso con la condición de que al día siguiente se alimentara con una ensalada de pollo y jugos de fruta natural.
-Quizá unos dedos de pescado.- Añadió estirándose en el sillón de la trastienda, a lo que su pareja solo suspiro.
-Querido, entiendo que somos entidades sobrenaturales y realmente no podrías morir de un infarto al corazón con la cantidad insana de grasa que me acabas de pedir pero ¿No podrías pedir algo más saludable?- Preguntó con cuidado.
-Dile a tu hijo, no a mi, sabes que si por mi fuera, con una copa de whisky soy feliz. Es más, ni siquiera pediría comida, pero en serio siento que si no como algo de eso voy a morir.- Dijo mientras se derretía dramáticamente en el sillón, ante la seria mirada de Aziraphale.
- Buen ya ya. Solo al menos promete que no te comerás esa monstruosa cantidad de comida de una sola sentada.- Lo miró severamente antes de salir.
-Lo prometo.-
Un poco más satisfecho, le sonrió para salir a comprar todo lo de la lista. Al principio dudaba si hacía lo correcto con mimar a su esposo (aunque técnicamente no estaban casados) con alimentos poco saludables, pero prometió que los comería todo a su tiempo y además mañana seguirían una dieta saludable. Y era lo menos que podía hacer, dado tolo lo que conllevaba un embarazo y que encima, gestar a un bebé sobrenatural, mitad ángel, mitad demonio, requería una cantidad increíble de energía al punto que de Crowley estaba restringido de milagros, cosa que lo irritaba bastante. No estaba seguro de que tan diferente sería de un embarazo humano, pero por ahora Crowley parecía tener todas las señales de pasar por uno similar.
La satisfacción se hizo aún más presente cuando le dio la orden de hamburguesa con los aros de cebolla y vio la mueca de felicidad mientras se atascaba con monstruoso manjar de grasa, al menos ya no se sentiría tan solo cuando comía con Crowley, no es que le molestara que él solo observaba mientras comía, pero le habría gustado compartir algunos platillos, aunque también podía entender la afición de Crowley de verlo comer, se veía tan adorable. Parecía un niño que acababa de recibir su orden de McDonald’s (aunque la hamburguesa traída tuviera otra procedencia, rehusandose a ir a ese lugar de comida insalubre).
Salió de su ensoñación cuando Crowley dio un pequeño grito de sorpresa y se sobaba la mano después de querer agarrar la caja con la orden de dedos de pescado, como si le hubiera dado toques eléctricos.
-¡¿Pero que mier...?!-
-Lenguaje querido. Bueno, supuse que tu antojo podría más que tu promesa, así que bendije los empaques del resto de alimentos. Más tarde los serviré en un platillo libre de bendiciones y los comerás.- Lo regaño como si fuera un niño.
-Áaaangeeeel.... ¿Por queeeeee? ¿Ya no me amas?- Lloriqueó.
Una vez más suspiro, con una sonrisa de rendición en su rostro, serían unos meses muy largos.
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-¡Aziraphale!-
Al escuchar su nombre tan alarmante, Aziraphale luchó contra el lío de cobijas y almohadas, intentando despabilarse, oh Dios, es por esto que el no dormía. ¿Por que se dejó convencer por su demoniaca pareja? Una vez pudo liberarse y pararse de la cama, dedujo que el grito vino del baño.
-¡¿Qué pasa amor?! ¿Te lastimaste? ¿El bebé esta bien?- Preguntó atropellando las palabras mientras derrapaba para llegar al baño.
Crowley estaba de pie frente al inodoro, con los calzoncillos que usaba como pijama abajo alrededor de los talones y los ojos llorosos.
-Yo... yo... mi cuerpo cambio contra mi voluntad.- Con dificultad se volteó y Aziraphale entendió el motivo de alarma: ahí había una vulva en lugar de un pene (como podía confirmar la noche anterior), claramente Crowley no había sido consciente del cambio, si no, no estuviera tan alarmado, así que pudo relajarse.
-Creo que es razonable ¿Por donde piensas que va a salir el bebé cuando llegues al final del embarazo?- Preguntó Aziraphale ya con el alma en el cuerpo.
-Lo... lo se pero... yo no fui...-
-Imagino que tu cuerpo sabe lo que hace. Umm... ¿No cumplías hoy dos meses?- Preguntó haciendo cálculos mentales.
-Es verdad ¿Cómo pude haberlo olvidado?- Se sintió algo tonto por olvidar algo tan básico como el conteo de su gestación.
-Bueno, ya que hemos resuelto este misterio, te daré algo de privacidad.- Dijo mientras le daba un beso en la mejilla y salía para preparar el desayuno. Le había agarrado gusto a la cocina y además, podría cocinar para sus ahora dos personas favoritas en el mundo.
Optó por preparar unos huevos escalfados con pan tostado y algo de fruta troceada, aunque para complacer un poco a su hambriento amor, sacó sólo dos tiras de tocino. No faltó mucho para que el aroma trajera a Crowley a la cocina.
-Quisiera un filete de ternera bien jugoso y una orden de pollo frito...-
-¡Ni hablar! Acordamos que comerías saludable esta semana. Si quieres tu montaña de grasa, tendrás que esperar al fin de semana.- Dijo mientras servía los huevos ya listos y una taza de té libre de cafeína.
-¡Al menos dame helado de fresa!- Lloriqueó.
-Esta bien, puedes tener el helado de fresa.- Dijo con su ya clásica sonrisa de derrota.
-¡Eres el mejor, ángel!- Le dio un sonoro beso en la mejilla.
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-¿No has hecho tus ejercicios?-
Mientras Aziraphale había reparado libros antiguos en una sala aparte para no perturbar a su novio con el olor de los químicos y milagrosamente ventilada, lo había dejado en la sala con unas colchonetas y pelotas de yoga para que hiciera estiramientos luego de leer en un panfleto lo beneficioso que era para las futuras madres, pero parecía que Crowley no se había movido del sitio de donde lo había dejado antes de encerrarse en su estudio, solo se balanceaba de brazos sobre la pelota, luciendo una panza de tres meses.
-Estoy aburrido~. Además no necesitamos ejercitarnos.- Lloriqueó
-Normalmente no, pero con un embarazo similar al humano, preferiría que siguieras las mismas recomendaciones.- Fue hacia él y se hincó para sobar su espalda y hacer un milagro para liberar la tensión.
- Mi panza comienza a notarse ¿Me querrás aun cuando este casi del tamaño de esta pelota y pierda mi esbelta figura?- Preguntó algo desanimado, mientras comparaba el tamaño de la pelota consigo mismo.
-Te querré con todas las formas en las que te presentes, mi amor.- Le dio un tierno beso en los labios.-Quizá salir a pasear ayude un poco a tu estado de ánimo, últimamente no hemos salido.- Meditó Aziraphale, mientras ayudaba a su pareja a levantarse del suelo
-Lo que pasa es que este bebé me agota tanto que podría dormir un siglo entero.- Dijo mientras se estiraba y sobaba su panza.
-Espero que no se te ocurra esa descabellada idea en serio.- Lo regaño.
Fue a cambiarse, se puso ropa holgada para no llamar tanto la atención con su nueva figura, aunque se sentía extraño, lo suyo siempre había sido la ropa ajustada.
-Te vez hermoso, querido.- Le dio otro beso antes de salir.
Esta vez Aziraphale cumplió los caprichos glotones de Crowley, había seguido la dieta al pie de la letra y se había ejercitado correctamente. Lo que más le había pesado había sido dejar el alcohol, así que lo compensó con un helado sabor ron con pasas, después de todo, era solo el sabor y realmente no tenía alcohol.
-Sigo sintiendo extraño el comer a casi todas horas.- Dijo mientras devoraba el helado.
-Eso sigo sintiendo cuando duermo. Aún así, es lindo despertar a tu lado.- Le respondió Aziraphale mientras saboreaba su helado de vainilla.
La caminata por el St. James avivó un poco más el ánimo de Crowley.
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-¡Ángel, mira!- Gritó Crowley entusiasmado.
Había construido una torre de naipes en su panza, y no podía decir que era milagro que se quedara en su lugar, puesto que aún estaba limitado con los milagros demoníacos.
El ángel pensó en lo tierno que se veía su novio con la torre de naipes y él festejando como si fuera un niño pequeño. Hasta que un rebote proveniente de la panza hizo que todas las cartas se vinieran abajo, dejándolos a ambos perplejos.
-Creo que a nuestro pequeño no le hace mucha gracia que lo uses de base para tu torre.- Se rió Aziraphale, haciendo un milagro para que la baraja apareciera acomodada al lado de Crowley.
-Lo hizo a propósito para molestarme, me tomó mucho bastante equilibrar esa torre.- Refunfuño este.
Entonces Aziraphale se paró y se sentó al lado de su amado.
-¿Puedo?- Dijo acercando las manos a su vientre.
-La pregunta ofende ángel. Sabes que puedes sentir a tu hijo cuando quieras.- Se enterneció, olvidando su berrinche de hace un rato por los naipes.
Las manos de Aziraphale se sentían tan cálidas, tan mágicas. Inmediatamente el bebé pateó en su dirección.
-Ouch. Creo que está contento de sentir a su padre.- Dijo Crowley llevándose la mano al sitio, entrelazándola con la de su novio.
-Puedo sentir sus esencias. Bueno, eso explica por qué sueles agotarte mucho, cargas con parte de esencia angelical.- Su voz sonaba culpable y Crowley notó esto.
-Ey ey... no importa si fuera un ángel completo, no me importa nada mientras tengamos a nuestro pequeño en nuestras manos. Si antes de quedar embarazado de alguna manera pudiera saber el futuro, lo habría hecho de nuevo, y ahora que sabemos que es posible, tendría a todos tus hijos, Aziraphale.- Dijo mientras lo miraba fijamente a los ojos, enterneciendo al ángel.
-Suena lindo, pero primero disfrutemos a este pequeño antes de pensar en los demás.- Le dio un beso a la creciente panza de cuatro meses del demonio.
-Por cierto, Tracy y Anathema vendrán mañana para tu chequeó. Me alegra que esas dos amables mujeres decidieran ayudarnos.- Le avisó a Crowley.
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-¿Estás seguro de eso?- Preguntó Aziraphale, contemplando a su pareja encima de él y sin prenda alguna.
-Ohh amor, hoy amanecí bastante caliente y quisiera refrescarme en este bonito día de sol.- Dijo con una voz sensual mientras se movía a horcajadas sobre Aziraphale.
-No quisiera lastimarte a ti y al bebé...-
-Ambos estaremos bien. En serio, busque información y se que las mujeres pueden tener sexo embarazadas ¿Por que yo no podría hacerlo?- Insistió el demonio, con los ojos nadando en lujuria.
Aziraphale no podía creer la energía que tenía su novio a pesar de su enorme panza de cinco meses, sus caderas aún tenían la energía y flexibilidad que tanto lo volvían loco en esos encuentros, aunque notaba que después de un rato comenzó a cansarse, así que lo ayudó poniendo las manos en sus caderas para ayudar al movimiento y profundizar las embestidas.
-¡Oohh Ángel, me vuelves loco!- Gimió en medio del frenesí, buscando su propio placer y llevando consigo a Aziraphale.
Mientras Crowley se vestía alegremente frente al espejo, Aziraphale tumbado en la cama aún asimilaba la cantidad de lujuria que podía emanar de un demonio encinta.
-¿Vas a quedarte en cama todo el día cariño? Esperaba que me acompañaras a compras las cosas del bebé.- Dijo en un tono triunfal, mientras veía por el reflejo a su ángel hacer una mueca, mientras se levantaba como podía.
Luego de eso ambos salieron a las compras, Crowley estaba un poco fastidiado de llevar ropa holgada, pero así no se notaba tanto su vientre. No había problema cuando se camuflaba de mujer o incluso le valía un reverendo pepino y pasaba por un hombre trans, pero la mirada de la gente le provocaba ansiedad. Normalmente los ignoraría o haría algunas travesuras demoníacas a los que hablaran mal a sus espaldas, pero estaba restringido de milagros y las hormonas lo ponían bastante sensible.
Estaban en una tienda, mirando cunas, cuando se les acercó una vendedora.
-Buenas tardes caballeros ¿En qué puedo ayudarles?- Les dijo con una sonrisa.
-Oh, buenas tardes querida niña. Estamos viendo cuál podría ser la mejor elección de cunas... em...- Tartamudeó Aziraphale, indeciso al ver tantas.
-Oh, es su primer bebé.- Dijo la chica. Era evidente que trabajando en el área de infantes, supiera reconocer con qué tipo de clientes trataba.
-Si, nos descubriste.- Dijo Aziraphale avergonzado.
-No hay por qué tener pena, señor. Venga, le mostraré toda la variedad de cunas y corralitos que tenemos ¿Será niño o niña? Pregunto por qué hay un corralito de princesa que es excelente.- Sugirió la chica.
Ambos se congelaron. Claro, no podían ir al ginecólogo a sacar una ecografía. No sabían si las mismas leyes se sujetaban al bebé y no querían darle una extraña sorpresa al doctor. Además, aparte de las vitaminas prenatales y los ejercicios, Crowley no parecía necesitar nada más acerca de cuidados, solo de Anathema que podía leer el aura del niño y aparentemente estaban bien con eso.
-Umm... em... es que...no...- Crowley balbuceó, a punto de inventar una historia sobre una chica que iba a dar su bebé en adopción y aún no sabía su sexo.
-Ya veo, quieren que sea sorpresa. Últimamente los padres prefieren mantener la expectativa hasta el nacimiento ¿Puedo?- Se dirigió a Crowley, dejando a ambos helados.
Parece que hasta con el montón de ropa, una panza de seis meses en un cuerpo delgado era difícil de ocultar.
-C... claro.- La mano de la joven era cálida y amable. El bebé saltó de alegría, sobresaltando a Crowley y dibujando una sonrisa en la mano de la vendedora.
-Muchas felicidades.- Le dijo con una cálida sonrisa. Aziraphale la bendijo en silencio.
Continuaron el recorrido, no solo mostrándoles cunas, sino cochecitos, juguetes, ropa, pañales. A Crowley le gustó un piano de juguete, aunque la vendedora le dijo que eso era para bebés de dos años, al demonio igual le gustó y lo añadió a su compra, alegando que su hijo podría usarlo más adelante.
La chica en cuestión los dejó un momento solos para ir a buscar los pañales orgánicos, que según ella eran ideales por si el bebé tenía piel sensible. Y mientras Aziraphale estaba distraído con unos mamelucos, escuchó a unas señoras susurrar detrás de él. Su instinto demoníaco le decía que estaban hablando de él y creía saber por qué.
-¿Disculpen, tienen algún problema? ¿O van a pretender que no las escucho mientras hablan de mí como si no estuviera enfrente?- Dijo en un tono bastante rudo. Aziraphale al percatarse, dejó los mamelucos para ir al lado de su esposo.
-Solo pensamos que es un poco...raro, que estés disfrazado de hombre mientras esperas un bebé, eres una dama.- Dijo la más joven.
Ah genial, una bola de idiotas y transfobicas en este bello día, lo que faltaba. Lo gracioso era que no estaba disfrazado de hombre, si no de humano. Como le gustaría enseñar su verdadera forma, quizá se mearan en sus faldas si lo hiciera y sería divertido, aunque había muchos humanos alrededor y eso solo reforzaría en sus obtusas mentes que los trans y los gays son del diablo, no necesitaba otra razón más para que esos idiotas siguieran odiando a esa pobre gente.
-Disculpen señoras, pero mi esposo y yo estamos tratando de comprar artículos para nuestro bebé en paz. Les agradeceríamos que continúen sus asuntos sin meterse en los nuestros.- Intervino Aziraphale, con una voz educada, pero autoritaria.
-Si realmente quieren que haya paz, deberían llevar a ese niño a un orfanato donde puedan darle verdaderos padres. Ese niño va a nacer confundido.- Dijo la señora mayor.
-La que está confundida es usted. Y créame cuando le digo que sé de primera mano que los intolerantes son los primeros en arder en el infierno.- Le dijo Crowley de forma mordaz. No mentía.
-No te atrevas a hablarnos de la Biblia cuando claramente están viviendo en el pecado; eres una mujer que se cree hombre y estás en una relación con otro hombre, probablemente sin unión matrimonial y esperan un hijo.- Añadió otra mujer al ver que ninguno portaba alianza.
-Y él les dijo: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un Judío de asociarse con o visitar cualquiera de otra nación, pero Dios me ha mostrado que no debo llamar a cualquier persona común o inmundo”. Hechos 10:28.- Recitó Aziraphale enojado.-" No juzguéis, para que no seáis juzgados.” Mateo 7:1. Créame señoras, si alguien sabe de Dios y la Biblia, somos nosotros. Continúen su camino, por favor, no quisiera que este problema escalara de forma innecesaria, ya que no les estamos haciendo nada.- La voz de Aziraphale se hizo más escalofriante y claramente sabía de qué hablaba. Las mujeres se vieron intimidadas por el cambio de aura en el ser celestial.
-¿Todo en orden?- Intervino la vendedora.
-No señorita. Creímos que esta era una tienda decente que solo vendía mercancía a padres respetables. Deberían reservarse el derecho a admisión.- Dijo la señora mayor.
-Señora, nuestra tienda es un negocio respetable, tal como lo son los caballeros aquí delante, que no han causado disturbios con otros clientes.- Intento no ser muy directa, sin importar quien estuviera bien o mal, no podía pelear con otros clientes.
-¿No deberían venderle sus productos solo a los padres?- Preguntó la más joven, indignada.
-Vendemos nuestros productos y servicios a cualquiera que lo requiera. Ahora por favor ¿Podrían dejar a los clientes en paz? No quiero tener que pedirles que se retiren.-
-Ya nos íbamos, pensábamos que este era un negocio respetable.- Dijo indignada la señora mayor antes de irse.
Una vez se fueron, la vendedora se disculpó con la pareja.
-Lamento mucho esto, pero si aun están dispuestos podría enseñarle los gimnasios musicales que tenemos, uno tiene colgantes de animales, ideal para cuando cumpla los tres meses.- Intentó animar a la pareja al ver lo decaído que estaba Crowley.
-Eres muy amable querida, pero creo que solo llevaremos la cuna, la pañalera y algunos mamelucos.- Le sonrió Aziraphale lo más amable que pudo.
Pagaron los pocos artículos y la cuna la debían esperar en una semana en la librería.
-Tranquilo querido, quizá no pueda hacerles travesuras como tu, pero hice algo más que recitar versículos como fanático; tendrán un efecto que las hará sentir culpables de sus acciones, se lo pensarán dos veces antes de atacar a alguna persona LGBT.- Le murmuró, algo que pareció animar un poco a su pareja.-Lo siento cariño, desearía que este fuera el mundo perfecto para nuestro hijo.- Acarició con suavidad su vientre.
-Pero claro que lo es, si no ¿Por que lo salvamos entonces?- Respondió Crowley, intentando recuperar su humor.
-Así que es verdad.- Dijo una voz a sus espaldas. Aziraphale soltó las compras y se puso entre él y Crowley.
-Lo... Lord Beelzebub.- Tartamudeó Crowley, sin un asomo de su labia que tanto lo sacaba de problemas con su ex jefe.
Y no estaba solo.
-Un niño mitad demonio y mitad ángel puede ser lo que necesitamos para vencer al cielo.- Dijo Hastur tras él, como un clásico lame botas que esperaba ser recompensado.
-Temo que ambos estamos fuera de servicio de manera permanente en nuestros respectivos bandos.- Dijo Aziraphale amenazador, sin quitarse de en medio.
-No venimos a hacerle daño.-
-¡¿No?!- Preguntaron Hastur y Aziraphale al unísono.
-No.- Repitió Beelzebub viendo a Hastur severamente.- Sin duda reportare esto al jefe, quizá sea útil para las filas del infierno en un futuro, pero de momento, quería comprobar que no era otra mentira de Hastur con tal de vengar a su novio muerto.- Dijo sin consideraciones, a lo que Hastur hizo una mueca.
-Sea como sea, no dejaré que te lo lleves a él o a mi hijo. Ni ahora, ni en un futuro.- Espetó Aziraphale.
-El infierno arruinará el embarazo, de igual manera si fueras al cielo. Quizá ese niño sea la clave de todo. Por ahora, se quedará donde está.-
-No confío en ustedes ¿Cómo se que no intentaran secuestrarlo cuando nazca, o peor; matarlo?- Escupió Crowley, sosteniendo su vientre de forma protectora.
-No lo sabes y realmente me importa poco lo que creas que haremos.- Le dijo Beelzebub indiferente.- Te veré en tres meses, demonio Crowley.- Dijo antes de irse.
-Mejor amigo mis pelotas.- Escupió Hastur a Aziraphale antes de irse.
Aziraphale se apresuró a abrazar a Crowley, que en este momento estaba más pálido que un papel.
-No te preocupes cariño, no dejaré que les pongan un solo dedo encima.- Le aseguró Aziraphale, mientras chasqueaba los dedos para dejar las compras en casa y ayudar a Crowley tras la conmoción.
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Tardaron unos días en recuperarse antes de volver a salir, no confiaban en Beelzebub o nada que viniera del Infierno. En sí, nada que viniera de sus antiguos lados, que era una suerte que el Cielo no se metiera, habrían esperado que Beelzebub informará a Gabriel para que se encargará de Aziraphale, pero nada, todo estaba en orden.
-Cariño ¿Quieres ir a dar una vuelta al Museo? Escuché que hoy tienen piezas del Renacimiento. Seguro que nos evoca viejas memorias.- Lo animó, recordando como solían besuquearse detrás del teatro de Shakespeare.
Crowley lo pensó por un momento, pero al final accedió, de nada le serviría estar encerrado los tres meses restantes, además sería bueno para sus piernas caminar un poco.
Hacía frío, y Aziraphale cual mamá gallina, no dejó poner un pie a Crowley fuera de la puerta sin antes asegurarse que iba bien abrigado, con guantes, gorro y todo. El demonio pensaba que se veía ridículo, pero al menos conservaba sus colores habituales. Por lo menos su panza se notaba menos con esa enorme gabardina oscura.
-Insisto en que deberíamos tomar transporte público y no deberías conducir.- Dijo Aziraphale frente al Bentley.
-Ofenderás a mi segundo bebé (Lo siento amigo, ya no eres el primero). Aziraphale, estoy embarazado, no inválido. Además ¿Quieres que tu amado demonio que carga a tu hijo dentro tenga que pasar por el gentío si el camión se llena o que nadie sea tan amable de cederme el asiento y me toque de pie? Si a duras penas a las humanas embarazadas les ceden asiento, imagínate a un “hombre embarazado” que apenas se le nota con esta cosa puesta.-
-Eres imposible cariño, no puedo argumentar nada contra esa lógica ¡Pero conduce con cuidado! Me rehusó a dejarte subir si vas a más de 2000 km/h!- Lo condicionó el ángel.
Afortunadamente el trayecto fue tranquilo, por primera vez en la historia condujo como si fuera una persona normal.
-Te lo dije ángel. Además he visto embarazadas conducir, a menos que sea alto riesgo, no veo por que no puedan. Y si ellas pueden ¿Yo por que no?-
Tal como lo previeron, la exhibición les trajo bastantes recuerdos, les divertía diferenciar qué cosas eran réplicas y cuales originales, la mayoría de las réplicas eran pinturas, otras eran restauraciones. Les hacía gracia que; a menos que fueran historiadores, la mayoría de los humanos no sabrían si lo que tenían enfrente era original o no. A Crowley le gustaba comparar a su ángel con los tiernos querubines dibujados en las cúpulas de las iglesias o las esculturas de ángeles, cuyos autores tomaron inspiración de las bellas esculturas griegas. En sí, el recorrido fue bastante ameno y agradable, hasta Aziraphale se tomó la molestia de explicarles a unos estudiantes el trasfondo de unos instrumentos en exhibición.
Cerca había una cafetería y aunque Crowley moría por un café moka con extra de caramelo, Aziraphale se mantenía firme en que la cafeína y el alcohol seguían fuera de discusión, sus opciones eran té o chocolate. Nunca imaginó pedir de esas cremosas bebidas Azucaradas que su novio angelical tanto amaba.
Aunque la cafetería era cálida, le dijo que saldría un momento, pues la constante mezcla de olores le estaba provocando malestar y quería algo de aire fresco, no tardaría en regresar y solo quería reponerse. Al salir dejó que la fresca brisa de Londres lo refrescara, otra cosa que odiaba del embarazo es que olores ya antes conocidos lo molestaban hasta el punto de casi hacerlo vomitar. Pero sentía que valía la pena, así que tocó su vientre para calmarse y a su hijo, que pronto tendrían que regresar, hacía algo de frío afuera.
-Tienes agallas para salir tú solo.-
Maldita sea, otra vez Hastur.
-¿Qué es lo que quieres, cara de sapo? Si mal no recuerdas el Señor Beelzebub dijo que no me molestaras en lo que quedara de embarazo.- Intentó sonar más confiado de lo que se sentía. Hastur solo se burló haciendo una media sonrisa.
-Solo acatas las reglas cuando te conviene ¿No?-
-Como todos los demonios ¿No?- Contraatacó, haciendo un silencio prolongado.
-No vine a atacarte.- Dijo por fin después de un rato.-Quizá los del infierno estemos a raya, pero no puedo decir lo mismo del Cielo. Pondrás a tu ramera en peligro solo por un tonto capricho que ni debía existir...-
-¡No te permito que hables así de Aziraphale o mi hijo! Ambos lo defenderemos....-
-¿Cómo? Entre más avanzan los meses, más débil eres, puedo sentirlo. Aunque disfrutaría más si es el Infierno el que se lo lleva.- Sonrió con malicia.
-Ese niño es un error, Crawley, lo sabes, tu “ángel” lo sabe. ¿Por qué crees que Lord Beelzebub lo ve como un arma? Porque eso es, un objeto: en las manos equivocadas y todo se irá al carajo.- Espetó Hastur.- Es cuestión de tiempo incluso que venga el mismo Satán a llevárselo, quizá ni se espere a que nazca y venga por ambos, donde tu ángel no pueda protegerte.- Escupió con veneno y rencor.
Hastur chasqueó los dedos antes de irse y un aguacero se hizo presente.
Al quedarse solo, Crowley sintió un ataque de pánico ¡Aziraphale estaba en peligro con su sola presencia! Y su hijo ¿Qué debía hacer? Se alejó de la cafetería y corrió por las calles, importándole poco que estaba completamente empapado, apenas sentía el frío y el agua correr por su cuerpo.
Pensó en dormir otro siglo escondido sobre la faz de la tierra, pero si estaba a solo unos meses de dar a luz ¿Cómo diablos pretendía dormir un siglo? Y aunque lo hiciera y solo despertara para dar a luz ¿Quién cuidaría al bebé? No podía volver a dormir.
Se encontró en un callejón, donde unos vagabundos habían armado casas improvisadas con cartón, periódicos y lonas y se hizo un ovillo en un sitio que apenas cubría de la lluvia. SI algo podía hacer Crowley, era quedarse en su sitio como gárgola si se lo proponía, casi como dormir despierto.
Los vagabundos ignoraron su presencia después de un tiempo, hasta les daba escalofríos que no se movía ni siquiera para pedir limosna o buscar algo de comer en algún basurero.
En el fondo de su mente, se preguntaba si el mal clima se debía a una influencia de Hastur o el Infierno, que a pesar de haber dejado de llover, apenas salía el sol y solía caer agua en pequeños intervalos de tiempo.
No sabía a dónde ir, qué hacer, le dolían las articulaciones y seguramente Aziraphale estaría muy enojado por irse así, era un peligro para él y ahora menos podía ir a verle la cara.
-¿Crowley...?- Escuchó una voz dolorosamente familiar en el otro lado del callejón.
Hundió su cabeza entre sus brazos, quizá no lo reconocería.
-¡¿Querido, qué demonios estás haciendo aquí?!- Escuchó las pisadas retumbar en las paredes y en los charcos, hasta que unas manos cálidas obligaron a levantar su cabeza suavemente.
-Soy un peligro para ambos, Aziraphale...- Su voz estaba ronca por el poco uso que le había dado en esos días.- Mi hijo... él no... no debería... el Infierno te hará daño...-
-Sentí la presencia de Hastur el día que te fuiste, temí que te hubiera secuestrado. Fui al Infierno a recuperarte, pero Beelzebub me aseguró de que no te había puesto la mano encima, y aunque Hastur aseguró lo mismo. Bueno, en un principio no les creí, pero no sentí tu presencia.-
-¿¡Estás loco?! ¿Fuiste solo al Infierno? ¿Y qué pasaba si tocabas fuego del infierno? Adiós al engaño ¡Te habría perdido!- Enloqueció al saber hasta dónde llegaría su angelical novio por él.
-No creo que hubiera importado después de haber huido ¿No pensabas volver a verme después de esta locura?- Fue firme, pero lleno de preocupación, cosa que hizo que Crowley se sintiera culpable.
-Yo... creo que no lo pensé bien. Hastur dijo...-
-Te lo dije amor; estaré para protegerte.- Tomó a su esposo en sus brazos e hizo un milagro.
Aparecieron en el baño de la librería, con una tina caliente llena de sales y aceites con olores florales, velas aromáticas y un cuenco lleno de fresas.
Desvistió con cuidado a Crowley, no quiso usar un milagro para esto, su cuerpo estaba helado y la ropa aún estaba húmeda. Tocó el vientre abultado y se alivió al saber que el bebé estaba bien. Se alegró de sentir una patada, Crowley se sintió culpable una vez más, por supuesto que desde antes de nacer el niño extrañaba a su papá.
Lo metió con cuidado en la tina y procedió a limpiarlo con un trapo de esponja, quitando toda la mugre que osaba manchar esa piel bronceada, con la espalda salpicada de pecas que tanto le gustaba besar cuando hacían el amor. También lavó su cabello, tan bonito y ondulado, de un rojo fuego que parecía un insulto que estuviera opacado por el polvo y la mugre.
-No vuelvas a escapar así, me diste un susto terrible. Podrías haberte enfermado, o el Infierno podría haberse aprovechado que estabas vulnerable.- Los ojos azules de Aziraphale estaban cristalizados por las lágrimas que amenazaban por salir.
-Oh no... nonono ángel, no llores. Por favor, perdóname. No lo pensé bien, solo pensé en alejarme en ese momento... sentí... sentí que mi hijo te pondría en peligro.- Sacó una de las manos del agua para ponerla en la mejilla de su amado.- Perdóname.-
-No hay nada que perdonar, querido, no ahora que estás conmigo otra vez.- Lo beso con mucho cariño y pasión.
No dijeron nada el resto del baño, Crowley se dejó consentir, de vez en cuando, Aziraphale colocaba una de las fresas en su boca, no se dio cuenta cuanta hambre tenía y lo egoísta que había sido. Llevó una mano al vientre y silenciosamente le pidió perdón a su pequeño.
Al salir fue envuelto en una esponjosa bata blanca (sin duda gusto de Aziraphale) pero era tan mullida y cómoda que no dijo nada. Se recostó en la cama y Aziraphale procedió a darle masaje en los pies, sin duda el demonio se sentía como en un resort de lujo.
Cepillo su cabello, le untó crema en la panza, le dio masajes en sus caderas y le preparó de comer pollo al vapor con verduras en vinagreta, acompañado de pan con ajo y té verde bien caliente, algo consistente pero saludable, prometió que mañana irían por una pizza o quizá una hamburguesa con tocino, pero por mientras, algo nutritivo.
Esta vez no puso objeciones y se comió todo gustoso, al final se durmió por el masaje de cuero cabelludo que Aziraphale le estaba dando cuando terminó, sintiéndose dichoso y amado. Lo último que percibió antes de perderse en sus sueños fue la cálida manta con la que estaba siendo arropado con mucho amor.
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En el último mes Crowley salía muy poco, primero; debido a su delgadez era sumamente notorio que era un “hombre embarazado”. Comentarios como el de las insoportables señoras en la tienda de bebés le alborotaban las hormonas y se sentía impotente de no poder hacerles travesuras demoníacas. Además ya se cansaba mucho para moverse en largas distancias, prefería estar en casa y caminar levemente cuando sentía las piernas entumecidas o se aburría y podía descansar cuando quisiera cuando se cansara. Por no hablar del insoportable dolor de espalda y de pies. En ese momento había optado por vestir una cómoda falda y andar descalzo.
En ese momento Aziraphale no estaba con él, había ido a traerle unas malteadas específicamente de una cafetería a pocos kilómetros de la librería y les seguía gustando a la manera humana en lugar de pedirlas por milagro. Se sentía aliviado de que en los últimos meses no lo habían atacado tanto los antojos, aún así debía seguir alimentándose por su bebé y un gusto de vez en cuando no dañaba a nadie.
Había dado como tres vueltas a los pasillos de la librería para estirar los músculos después de pasar medio día tumbado en la cama, hasta que sintió un líquido caliente recorrer sus piernas y mojando su falda. Genial, se había orinado, una de las cosas más molestas del embarazo era la incontinencia. Que vergonzoso y encima no estaba Aziraphale para hacer un milagro.
Se asomó por encima de su enorme vientre y notó un olor extraño. No olía a orina y su coloración tampoco era amarillenta.
Ay no.
Como si eso no fuera suficiente, sintió un dolor punzante en el vientre. Maldición, justo cuando estaba en el segundo piso lejos de su teléfono, que estaba en el sillón de la trastienda.
“Bien Crowley, puedes hacer esto.” Se dio ánimos aprovechando que las contracciones no eran tan constantes todavía.
“Tu puedes hacerlo, el primer piso no está tan le...”
-¡Ouch!- Esta contracción ahora sí logró doblarlo en el suelo.-Tranquilo demonio, también estoy ansioso por conocerte, pero necesito que esperes un poco más, quizá hasta que llegue tu padre... ¡Ay!- Se sostuvo el vientre como si pudiera detenerlo. -Tal vez no. Igual que tu madre.-
Caminó como pudo escaleras abajo, no iba ni a la mitad cuando tuvo que sentarse y bajar de escalón en escalón arrastrando su trasero.
-¡Ángel ~!- Lloró miserablemente.
Aziraphale acababa de salir de la cafetería, era todo un lío después de ceder su turno a una asistente de oficina a la que pareciera que todo el corporativo le pidió algo del menú. La envío con una silenciosa bendición antes de realizar su pedido. Apenas iba saliendo de la cafetería, cuando una especie de alerta se hizo presente en todo su cuerpo.
Crowley.
No dudó ni un momento de su instinto y dejando caer las malteadas al suelo, hizo un milagro para regresar a la librería.
-¿Crowley?- Lo llamó preocupado al no verlo rondando entre los libros o descansando en el sillón.
-¡Ángel~ !- Escuchó el lamento proveniente de las escaleras y no tardó en ir para allá.
Lo encontró a media escalera, deslizando su trasero de escalón en escalón y sosteniendo su panza, la falda de su vestido estaba mojado.
-Creo que hice un desastre en tu piso de arriba.- Lloriqueó. Aziraphale por su parte se enterneció y se alarmó al mismo tiempo. Fue hasta él para recogerlo en sus brazos con cuidado.
-Como si esto fuera lo que más me preocupara.- Le dijo con ternura mientras lo llevaba a la cama.
Llamó a Tracy como habían acordado, aunque como el trabajo de parto ya llevaba algunos momentos, lo hizo más bien para avisar de que haría un milagro para transportarla a ella y Anathema hasta la librería, ya que sentía que sería grosero chasquear los dedos sin más.
-Por supuesto querido, faltaba más.- Le dijo ella.
Las dos mujeres aparecieron en la habitación, brevemente desorientadas por la transportación milagrosa. Aunque tuvieron que recuperarse rápidamente, por suerte, tomaron sus cosas necesarias en un maletín antes de que Aziraphale las trasportara. Anathema palpó su vientre, siempre le había fascinado la energía que emanaba ese ser desde antes de llegar al mundo, aparentemente todo estaba bien. Tracy por su parte, revisó que tan dilatado estaba Crowley, siento una experiencia bastante incómoda para él.
Ya para entonces el sudor hacía que el cabello se le pegara a la cara, no tenía idea que dar a luz fuera tan doloroso, bueno tal vez una leve, había hecho de comadrona en algún momento de la historia con varias mujeres, las había visto sufrir, maldecir y hasta ver cómo dolían las complicaciones durante el trabajo de parto (nada que un milagro no arreglara, pero al ayudar a la gente, debía tener cuidado en ese aspecto con el Infierno). Nunca se imaginó estar en el lugar de aquellas mujeres y desde luego, tampoco pensó en el experimentar en carne propia el dolor.
Le aliviaba sentir como Aziraphale frotaba un paño de agua helada en su rostro y sostenía su mano. Nunca en su vida de demonio esperaba sentirse protegido.
-Duele...-
-Lo se querido.- Le dijo Tracy.
-Ya casi estás listo.- Le dijo Anathema mientras revisaba una vez más.
-¿Puedo empezar con un “casi listo”? Paciencia no es lo que me sobra exactamente en estos momentos.- Se quejó de dolor.
Inhalaba y exhalaba lo más que podía, nunca había necesitado de esas habilidades y ahora parecía que moriría sin ellas.
-Listo, puedes empezar a pujar.- Le indicó Tracy, que miraba entre sus piernas.
Inhalo lo más que pudo y su exhalación salió en forma de grito. Sentía como se desgarraba todo del vientre para abajo ¿Seguro que no se saldrían sus tripas también? Llevaba sufriendo toda la labor de parto, y encima tenía que pujar como si la vida le llevará en ello... bueno, quizá la suya no, pero sí la de su hijo.
-¡Vamos pequeño demonio! ¡Sal de ahí de una maldita vez!- Sollozó Crowley.
-Lo estas haciendo bien querido, un poco más.- Lo apoyó Aziraphale.
Nadie supo a ciencia cierta cuánto tiempo pasó, pudieron ser minutos, pudieron ser horas. Lo que sí sabían es que después de mucho tiempo alentando y ayudando al demonio a dar a luz, los gritos fueron silenciados, sofocados por el llanto de un bebé.
-¿Ángel...?-
-¡Lo hiciste querido, lo hiciste!- Lo felicitó Aziraphale, apretando más el puño de su novio y dándole múltiples besos en su cabeza, empapada de sudor. Crowley podía jurar que Aziraphale estaba llorando.
Anathema fue al baño a limpiar al pequeño recién nacido mientras que Tracy limpiaba a Crowley y parte del desastre que había quedado en la cama.
-Es un niño.- Le dijo Anathema a la pareja, quien estaba ansiosa por tener a su pequeño en brazos.- Aunque creo que podría ser una niña si tiene las mismas habilidades que ustedes.-
Le entregó al bebé, ya envuelto en mantas, a Aziraphale, para que se lo acercara a Crowley.
-Hola pequeño demonio.- Saludó Crowley, luciendo agotado, pero feliz.
Las dos mujeres contemplaron con ternura a la familia viendo por primera vez a su hijo; tenía las mejillas regordetas y una mota de pelo rubio en su cabeza, apenas visible.
-Por lo regular se necesita amamantar a los recién nacidos de dos a cuatro horas.- Indicó Tracy.
-Espero que eso ayude con la molestia en mi pecho, nunca pensé que tener las tetas grandes fuera molesto.- Se quejó Crowley mirando su pecho.
-Eso es porque nunca habías tenido hijos antes.- Le recalcó Tracy.
-¿No te molesta hacer un Babyshower? La verdad es que Adam y sus amigos sintieron curiosidad de... em... bueno ya sabes, un ángel y un demonio.- Comenzó Anathema algo incómoda.
-Bueno, es extraño para nosotros, no habíamos forjado relaciones tan cercanas con los humanos en... bueno pues en varios siglos, por obvias razones.- Respondió Aziraphale.-Cariño, compartimos un cuerpo una vez, está claro que tenemos una relación cercana.- Le dijo Tracy amablemente.- Solo serán pocas personas, nada extravagante.- Le aseguró.
-Si es así, nos encantaría presentar a nuestro hijo.- Respondió Aziraphale, esta vez más alegre.
-¿Cómo lo llamarán?- Preguntó con curiosidad Anathema.
Crowley miró por un largo rato al bebé, como si estuviera haciendo una especie de conexión con él.
-Anton Raphael.- Dijo por fin.
-Es perfecto cariño.- Le respondió Aziraphale.
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-Ex Anticristo, no esperaba una invocación de su parte.- Dijo Beelzebub, con Hastur detrás de él.
-Parece que sigo teniendo algunos poderes, aunque Satán ya no sea mi padre.- Dijo Adam.- Si no quieren una paliza por mi parte, les sugiero que dejen en paz a mis amigos.-
-Ya no eres el hijo de nuestro señor Satán, no eres quien para darme órdenes.- Espetó Beelzebub.
-Pero si soy quien para patearles el trasero a los dos. Pude con Satán en el fin del mundo, imagínense lo que puedo hacer con ustedes. Además, ¿les tengo que recordar que el Perro Infernal aún es mío?-
Ante la amenaza del Perro Infernal, ambos demonios lo pensaron mejor, ese engendró canino podría devorarlos hasta vomitar sus huesos, solo para volverlos a devorar.
Sin embargo, por los siguientes días, Hastur acechaba a la pareja en Soth Downs, donde de vez en cuando colocaban una manta de picnic al aire libre para que el bebé jugará, si es que a eso se le llamaba jugar, puesto que solo rodaba sobre sí mismo y apenas tenía fuerza para levantar manos y pies, pero sin poder levantarse a sí mismo, en opinión del demonio. No tenía idea que tenía de divertido ver a esa bola de baba y mocos reír tirado en la manta mientras los otros dos locos le hacían caras extrañas.
-El niño ciertamente es inmune al agua bendita y al fuego de infierno, es leal a sus padres por naturaleza, así que lo mejor es alejarnos si no quieres causar algo peor que el Apocalipsis.- Advirtió Beelzebub a Hastur un día que los sorprendió espiando a la familia. Ciertamente vigilar a Hastur le había servido para vigilar el comportamiento del niño. Beelzebub si podía ver más allá de lo que era esa “bola de mocos y baba”.
-Pero Señor...-
-¿Acaso me estás contradiciendo?- Inquirió este, molesto.
-No...-
-Bien, que sea la última vez que te sorprenda acechando al demonio Crowley. Tampoco estoy contento de que tenga su final feliz, pero aunque no lo creas, hay demonios que pensamos en las consecuencias si estas no nos benefician.- Le amenazó Beelzebub.
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Un año había pasado, amaban sacar de paseo a su pequeño y ahora que Crowley había vuelto a la normalidad, podía hacerle maldades a las pocas personas que los miraban mal por ser dos “homosexuales” cuidando de un bebé. Aziraphale hacía la vista gorda, pero en el fondo, sabía que esos milagros estaba justificados, nadie debía odiar a dos humanos cuidando de un niño, sin importar si fueran del mismo sexo, sin duda la Diosa no estaría de acuerdo con ese odio, como muchos solían pregonar.
Anton poseía una rebelde melena rubia, un poco más oscura que la de Aziraphale, mientras que sus ojos eran de un precioso dorado, parecían oro fundido. Crowley en silencio agradecía que no hubiera heredado su pupila de serpiente. Como marca de nacimiento, tenía un lunar en forma de alas en el brazo derecho y otro con forma de serpiente en el izquierdo, eran apenas un tono más oscuro que el resto de su piel.
El niño podía caminar con la ayuda de alguno de sus padres si sostenían sus manitas, Aziraphale pensaba que un poco más y podría caminar por su cuenta, aunque secretamente deseaban que aún no lo hiciera solo para poder seguir cargándolo un rato más. También aprendió a decir “papá“, “guau guau” (perro), cmida (comida) entre otros balbuceos.
Le gustaba salir al parque, al zoológico y el helado, en especial el de crema de vainilla. Amaba que su padre le leyera antes de dormir y que su madre le cantara durante las tardes.
Sentían una paz y una estabilidad que no habían sentido antes, ni siquiera cuando pudieron vivir juntos luego de ser expulsados por sus bandos.
Más tarde se enteraron que Anathema estaba esperando su propio bebé, considerando que podría ser un buen compañero de juegos para Anton.Eran una familia inefable.