El día de los No muertos

Summary

31de Octubre. Es un día especial para todo el mundo mágico. Un día especialmente triste para Harry Potter y el día en que, según algunas creencias muggles, la puerta entre el mundo de los vivos y los muertos se abre. Hace 5 meses que Draco murió. ¿Alguien cree que Harry permitirá que descanse en paz? Disclaimer : Harry Potter y todos los personajes y escenarios pertenecen a J. K. Rowling. AVISO DE NECROFILIA, aunque lo haré lo más leve y menos gore posible, si eres sensible mejor no leas.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

El día de los no muertos (I)

La primera vez que Harry Potter tomó conciencia de la belleza de Draco Malfoy fue un poco demasiado tarde.


Harry, deleitado y asombrado, admiraba la perfección del rostro juvenil, el brillo etereo de la cabellera plateada, la profundidad de los ojos grises, la sugerente suavidad de los labios rosados y el triste contraste entre las tersas mejillas arreboladas por el viento y el lugar donde la fotografía mágica se encontraba.


Sobre el féretro del heredero Malfoy.


Un féretro ricamente ornamentado, labrado y repujado en oro y plata. Un féretro digno del príncipe que había sido. Pero un féretro al fin.


Un féretro cerrado, ya que el adolescente había perecido a causa de la maldición punzante lanzada por un mortífago, cuando éste se había negado a luchar contra, precisamente, uno de los Weasley. Nadie lo vería desfigurado. Ni en su último momento luciría menos que perfecto.


Su madre, la mujer que había arriesgado su vida por mentir sobre Harry y que irónicamente no había podido salvar a su amado hijo, reposaba junto a él, víctima de la maldición mortal. Su bella figura parecía dormir en su ataud de cristal.


En medio de ambos Lucius Malfoy, estoico, impertérrito, tan elegante y atractivo como siempre, con el cabello recogido y túnica negra de duelo, miraba sin ver, ausente, ajeno. Sin un gesto o un sollozo, mientras lágrimas discurrían por su rostro.


-Era tan hermoso.


Ni siquiera era consciente de haber hablado en voz alta hasta sentir una mano, calida y pesada, en su hombro.


A su lado, su querido amigo y profesor, el último merodeador, Remus Lupin, lloraba en silencio a la madre del bebé adormilado que sostenía en brazos.


Muchos más habían muerto y el campo estaba lleno de dolientes familiares y amigos despidiéndose, cada uno a su manera, de sus seres queridos.


Sólo quería volver a casa, a dormir y olvidar, pero no sin antes ceder al impulso de mirar, al que fue su némesis, por última vez.


La sensación de anhelo, de añoranza, fue casi dolorosa y se obligó a apartar la vista.


Miró al único Malfoy, que asentía ausente a las palabras de pésame de otras personas. En un momento dado los ojos grises parecieron recuperar la consciència, cuando Remus Lupin le estrechó la mano y con lágrimas en los ojos murmuró "era un gran chico, fuerte e inteligente, lo lamento mucho. Y lamento también la pérdida de tu esposa"


No estaba preparado para ver a Lucius Malfoy acariciando la mejilla del pequeño Teddy mientras miraba intensamente a su antiguo compañero. "también yo lamento tu pérdida. Cuida bien a éste pequeño, es el último resto de sangre Black".


Como si no hubiera nadie alrededor, Remus tomó la pálida y temblorosa mano que acariciaba a su hijo. Lejos de apartarla, la acercó a sus labios, besando los dedos con reverencia antes de marcharse.


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Una corriente helada le recordó a Harry Potter el momento y lugar en que se encontraba. Hogwarts, finales de Octubre.


El verano había sido casi una tortura para el héroe del mundo mágico. Entre juicios, celebraciones y encuentros, a veces encontronazos, con la prensa, apenas habían tenido tiempo para si mismo.


En los días tranquilos se refugiaba en el viejo salón de los Black, frente al árbol genealógico, mirando, acariciando e incluso hablando a la imagen mágicamente bordada de Draco Malfoy.


Cuando recibió la oferta para volver a Hogwarts no lo dudó.


Adquirió un pensadero pequeño y con paciencia y minuciosidad fue extrayendo de su memoria y revisando una y otra vez, cada recuerdo en que el rubio Slytherin aparecía. Desde el primer día que se conocieron hasta la batalla final.


Fue consciente de su obsesión cuando, dejando de lado cualquier disimulo, pidió entrar en la sala común de las serpientes.


Un par de Slytherin de su curso le hablaron de Draco e incluso una jovencita, varios años menor, le vendió el recuerdo de una celebración en los vestuarios, tras vencer a Ravenclaw. En ella Malfoy reía y se pavoneaba, snitch en mano, con sólo el pantalón del ceñido uniforme de Quidditch y el cabello humedo y desordenado.


Éste recuerdo ajeno, junto al propio del cuerpo cálido y tembloroso del rubio ceñido a su espalda mientras volaban fuera de la sala de menesteres huyendo del fuego maldito, eran los que más habitualmente visualizaba.


Todas y cada una de las veces acababa masturbándose y sintiéndose tan sucio como liberado.


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Se miró al espejo de cuerpo entero. Su túnica oscura, elegante pero sencilla le hacía parecer más adulto de lo que se sentía.


Hermione, quien le había acompañado a comprarla, le había dicho que estaba "arrasador", lo que fuera que ello significara.


Eran apenas las 4 de la tarde y la celebración comenzaría a las 6.


A diferencia de Albus Dumbledore, la actual directora, Minerva McGonagall, era poco dada a las excentricidades y la fiesta de la noche de brujas no sería una excepción.


Se haría una ceremonia intimista, con una sobria decoración y una cena especialmente frugal, sólo frutos de la tierra, verduras en diversas preparaciones, panes y frutas, acompañados de agua y zumos.


La directora había comprobado el costo de las celebraciones anteriores y la diferencia, en oro, sería donada a horfanatos y hospitales.


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Eran casi las 12 de la noche cuando Harry salió del baño dispuesto a dormir. Había sido una noche tranquila pero agradable. Había hablado con sus amigos de lo afortunados que eran por seguir vivos y juntos. Había conversado con Remus y jugado largo rato con su pequeño ahijado y también había soportado estoicamente a Denis Creeve llorando sobre su hombro mientras le repetía cuanto lo había admirado su difunto hermano.


Incluso había saludado educadamente a Severus Snape, no es necesario enfatizar que se lo había encontrado de frente y sin posibilidad de huída.


Ya estaba sentado en su cama y a punto de cerrar las cortinas cuando escuchó su nombre.


- Harry- sonaba lejano, pero cerca a la vez -Harry, por favor.


Se levantó y lo que vió en el espejo lo dejó helado. Narcisa Malfoy, tan bella como siempre, lo miraba con un deje de desesperación.


-Harry, escúchame, sólo tengo hasta la media noche.- el chico se acercó al espejo y como si fuera lo más normal del mundo se sentó frente a él.


-La escucho- murmuró en voz baja.


-Necesito cobrar la deuda de vida, Harry- la rubia aristòcrata le hablaba con voz aterciopelada a pesar del tono, acostumbrado a ordenar. - quiero que le devuelvas la vida a mi hijo.


Harry estaba clavado al suelo, totalmente petrificado y con el rostro evidenciando su sorpresa.


-Tienes que exhumarlo, Harry -siguió hablando la difunta mujer mientras mostraba una llave de hierro de intrincados diseños. -Pide a Lupin que te lleve a la mansión, habla con Lucius, él lo permitirá.- Cada vez hablaba más rápido, como si le quedara poco tiempo. El chico asentía en silencio. -Trae su cuerpo aquí y ámalo. Antes de la medianoche de mañana deberás hacerle el amor y él estará de vuelta. De lo contrario tu morirás.


Ante estas palabras el cerebro de Harry no pudo más y simplemente colapsó, dejando al Gryffindor desmayado en la alfombra, justo frente al espejo.


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No fueron los primeros rayos de sol, sino una sensación húmeda y desagradable bajo su mejilla, sumado a multiples y olvidados dolores por todo el cuerpo, lo que lo despertó.


Se hubiera reído de la absurda pesadilla de la noche anterior, si amanecer contorsionado sobre la alfombra, frente al espejo y con una llave antigua junto a él, no hubiera sido indicativo, sin lugar a dudas, de que NO HABÍA SIDO UNA PESADILLA.


Convocó un tempus, comprobando que apenas eran la 6 de la mañana, no obstante era tardísimo para la tarea que debía realizar.


Corrió hasta el despacho del profesor de D. C. A. O. esperando encontrarlo despierlo. No se decepcionó, el licántropo dormía poco y despertaba temprano.


Recibió a Harry con un abrazo y una càlida sonrisa, pero la tornó en una expresión preocupada al fijarse en lo atribulado que su cachorro parecía.


-Remus, necesito tu ayuda- el hijo de uno de sus mejores amigos lo miraba suplicante pero aterrado a la vez. -necesito que me ayudes o que me digas que esto es sólo una pesadilla.


Si algo era Remus Lupin era paciente, tranquilo y reflexivo, pero el terror del chico al que quería como un hijo era algo nuevo y con lo que no sabía lidiar.


-Cuéntame despacio, cachorro. Haré todo lo posible por ayudarte.


-Tengo que hacer el amor con Malfoy- soltó sin medias tintas, tiempo era lo que menos le sobraba.


Terminar de hablar y encontrarse contra la pared, a dos palmos del suelo y sujeto de las solapas de su túnica por un licántropo de ojos dorados fue todo uno.


-No te acerques a Lucius- gruñó roncamente el lobo -él es sólo mío.


El asustado adolescente no perdió los nervios, soltó una risilla nerviosa, aquello parecía un cuento muggle de terror. Ya tenía el mago, el hombre lobo, el fantasma y pronto el zombie. Sí, era suuuper gracioso.


-No ese Malfoy, Remus. Tengo que hacer el amor con Draco Malfoy.


Moonie retrocedió, Remus recuperó el control y soltó el agarre sobre el joven pidiéndole disculpas.


Se sentó y lo atrajo a su lado, la confusión reflejada en su agradable rostro.


-Harry, explicame que sucede, por favor.- Las palabras eran como un bálsamo, suave y cálido. -Sé que ahora crees que es una pérdida de tiempo- mientras hablaba acariciaba los cabellos oscuros, más desordenados que nunca porque ni siquiera se había peinado. -pero necesito entenderte para ayudarte.


El muchacho se dejó llevar por la calidez del mayor y comenzó a narrar los inverosímiles hechos de la noche pasada. Al concluir su espeluznante relato exhibió la llave ante los incrédulos ojos del licano.


Éste parpadeó lentamente mientras obsevaba el objeto. Era de hierro forjado, una gran M cursiva, decorada profusamente, daba forma a la parte superior. La inferior, a su vez, constaba de una serie de diseños geométricos.


Remus pasó su varita murmurando un hechizo, posiblemente una forma más avanzada del "revelio". La llave emitió un suave resplandor dorado. Evidentemente, era más de lo que parecía.


-Harry- Comenzó el profesor con su habitual tono sereno. -esta llave es un traslador, lo más probable es que nos lleve a la mansión Malfoy.


Tomó las manos del muchacho y lo miró a los ojos.


-Tengo que explicarte algo, antes de ir allí. No deseo que te hagas una idea equivocada.- El tono era suave, pero firme. Daba una explicación, pero en modo alguno se mostraba culpable o arrepentido -Te quiero como un hijo Harry- el joven apretó la mandíbula para reprimir la emoción -Amo a Teddy y nunca olvidaré a Dora, puesto que su amor nos dio un maravilloso hijo. Pero tienes que saber que estoy enamorado de Lucius Malfoy.


-Remus, creo que Moonie ya ha dejado eso claro. -Sonrió comprensivo -Es un hombre realmente atractivo y en los funerales me di cuenta que no es tan estirado como aparenta y que, ya entonces, no le eras indiferente.


-Hemos pasado por tanto, cachorro. Cuando entré a esta escuela él ya estaba en cuarto curso, era prefecto de Slytherin y un bastardo arrogante. Pero era imposiblemente bello y me enamoré como el niño que era.


Tres años después, poco antes de su graduación, me arrinconó y me robó un beso, mi primer beso. No me hizo promesa alguna ni yo me hice ilusiones, a pesar de las circunstancias.


Cuando tus padres murieron lo busqué para culparlo, pero acabé llorando en sus brazos. Me hubiera entregado completamente a él, sin embargo, el respeto y el cariño que sentía por su esposa y su pequeño hijo, evitó que cometiera un gran error.


Años después volvimos a encontrarnos, fue cuando supo lo que yo era, aún así quiso convertirme en su amante. No pude rebajarme. Cuando descubrió que era el profesor de su hijo, cegado por el despecho, hizo todo lo posible para que perdiera el empleo.


Tampoco yo luché demasiado, Draco me recordaba tanto a él, que era un tormento tenerlo en clase cada día.


Durante la guerra volvimos a entablar contacto. Su hijo habia tomado la marca junto a otros jóvenes Slytherin, los padres ni siquiera habían sido informados. Luchó de nuestro lado, junto a Severus Snape. Las dos figuras más cercanas al lord eran espías.


Viste lo que sucedió en los funerales. El está tan solo y yo... Harry lo amo tanto, siempre lo he amado.


El joven abrazó con fuerza al hombre frente a él, ambos reprimiendo las lágrimas.


-No te juzgo y nunca lo haré. Te agradezco que me hayas contado ésto- soltando las manos del adulto se puso en pie y habló como si lo estuviera invitando a tomar unas cervezas de mantequilla. -Ahora necesito que me acompañes a secuestrar a tu difunto hijastro, para poder acostarme con su cadáver y evitar mi propia muerte.