Baby Sitter

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Summary

Para Kyle Brown la vida no podía ser mejor: lujos, fiestas y diversión, todo lo que un adolescente puede desear. Él está convencido de que su vida es perfecta; hijo de un matrimonio exitoso y muy adinerado, Kyle siempre ha sido muy mimado por sus padres. Él sabe que es afortunado, pues no todos pueden llevar su vida perfecta. Pero eso cambia cuando conoce a Will Adams, un exmilitar contratado por su padre para hacerlo entrar en cintura. Will fue entrenado en el ejército para respetar el orden y la disciplina. Kyle creció en una mansión, de fiesta en fiesta. Los dos son muy diferentes, pero dicen que los polos opuestos se atraen, ¿no? Kyle no sabía que su vida daría un drástico giro al conocerlo, y Will no sabía que cuidar de él será su perdición...

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

—¡Fondo! ¡Fondo! ¡Fondo! —gritábamos todos al unísono mientras Kurt, mi idiota mejor amigo, bebía sin parar del barril de cerveza que tenía enfrente.

Kurt siempre había tenido esa extraña obsesión por los retos, así que cuando le dije que no se atrevería a beber sin parar de aquel contenedor no se lo pensó dos veces antes de comenzar el desafío.

En la casa resonaba la canción de Starships, de Nicki Minaj a todo volumen.

¡We’re higher than a motherfucker! —grité, haciendo coro con todos mis amigos.

Y hasta ahí aguantó el estómago de Kurt. Vomitó todo sobre la alfombra blanca de la sala.

Suerte que no es mi casa…

La mayoría de las personas hizo un gesto de asco y se alejaron, pero yo me reí como loco hasta que me dolió el estómago.

—¿¡Qué tal?! —gritó Kurt mientras se apartaba los húmedos mechones rojos de la cara.

Levanté ambos pulgares para indicarle que había vencido este reto. El pareció aliviado y se acercó para tratar de abrazarme.

—¡No, Kurt! —puse una mano en su pecho para detenerlo— ¡Que asco!

—Vamos, Kai, ¿qué es un poco de vómito? —rió y luego se fue a perseguir a una chica con un vestido entallado. Típico.

Y después me taparon los ojos y me plantaron un beso en los labios.

—¿A qué hora empezó el ambiente si la fiesta acaba de comenzar? —dijo contra mis labios.

—Una buena fiesta tiene el ambiente desde que comienza,babe —le dije y lo tomé de los cabellos para besarlo como se debe.

Él me devolvió el beso, pero siguió con sus manos sobre mis ojos.

—Justin, no puedo ver... —le dije, con una sonrisa.

—Si lo pides por favor, Kai, tal vez pueda liberarte... —dijo mientras me plantaba un beso en la mejilla y luego otro en el cuello.

—¡Si van a coger, háganlo en una habitación allá arriba! —gritó una chica y luego soltó una risotada.

Leah...

—Bueno, tal vez quieras venir a ver... —le dije, mordiéndome un labio— Piénsalo, Leah, un trío no suena nada mal...

Justin me destapó los ojos y tomé su mano. Leah llevaba un vestido negro con esos tacones altos que tanto le gustaban. Tenía el cabello negro recogido en una coleta alta.

—No, yo paso... —dijo ella después de lanzar una carcajada— Es algo arrojado tener una orgía cuando la fiesta acaba de comenzar, ¿no?

Justin sonrió. Yo ensanché mi sonrisa.

—No si en verdad quieres —replicó él—. Kai y yo nos vamos a desaparecer un rato, si nos disculpas...

Él es considerablemente más alto y fornido que yo. Mariscal del equipo de futbol de la escuela, mi músico personal y un romántico a más no poder.

Me agarré a su cuello y el tomó mis muslos y me cargó. Me reí.

Ella nos veía como si fueran a salírsele varias palabrotas, aunque viniendo de mi querida mejor amiga, no me sorprendería. Para ser tan bonita es extrañamente... liberal...

—¡No se burlen de mí porque estoy sola! —gritó entre risas— ¡Verán que al final de la fiesta estaré despeinada y habré perdido mi bra!

Justin me llevaba entre la gente con sumo cuidado, aunque eso no evitó que me llevara varios codazos. Lo tomé de ambas mejillas y lo besé.

Tenía una barba de unos días, que ahora se veía de un color rosáceo debido a las luces, pero yo sé que es de un bonito color bronce.

Sus manos subieron hasta quedar en mi trasero.

—¡Ey! No te quieras pasar de listo conmigo —le dije, entre risas.

—¿Qué no íbamos a coger? —me preguntó, ladeando la cabeza.

—Por mucho que me pese, Leah tiene razón —me acerqué a su oído y comencé a susurrar—. Lo haremos más tarde...

Él sonrió y me besó la mejilla.

—Ahora, vamos a divertirnos, ¿quieres?

Él asintió, animado por la proposición del “más tarde”.

—¿Y qué piensas hacer, exactamente? –preguntó.

La multitud se acomodó en un círculo, pusieron una silla en el centro. Work, de Rihanna comenzó a sonar.

—No veo porqué no divertirnos un poco de esa manera mientras esperamos a que sea más tarde... —le dije y lo tomé de la mano para jalarlo.

Ambos entramos en el círculo de personas y todos aplaudieron e hicieron escándalo. Lo jalé un poco más hasta que estuvo a centímetros de la silla, después le di un pequeño empujón y quedó ahí, sentado.

Él no pareció entender nada hasta que comencé a bailar...

La letra de la canción me incitaba a moverme con más ganas.

En momentos estaba de pie, a otros en cuclillas, pero dejaba que mi cuerpo se relajara, que se moviera al ritmo de la música.

Él se agarró con fuerza a las abrazaderas de la silla, y pareció como si estuviera nervioso, pero conozco lo suficientemente bien a mi novio como para saber que no era eso. Se estaba sosteniendo para aguantar las ganas de bajar sus pantalones y adelantar el “más tarde”.

Work, work, work, work, work, work.

Me subí a la silla, de frente a él. Abrí mis piernas y me senté sobre su entrepierna.

Me agarré a sus hombros y comencé a dar varios sentones rítmicos sobre aquella parte de su cuerpo. Él cantaba la canción con una voz ronca.

Me encanta crear esa sensación: el necesitarme pero no poder tenerme.

Cuando iba por el sentón número quince era evidente que debajo de mi trasero había algo...

Y las palabras para describirlo son: Grande. Duro. Grueso.

Estaba comenzando a pensar que saldría de allí con un hoyo en los jeans, así que me levanté y lo dejé allí, con la respiración entrecortada y comenzando a sudar mientras que yo seguía tan fresco como cuando llegué.

La verdad nunca me había dado vergüenza nada en especial. Desde preescolar había sido un chico hablador y fácil de hacer amigos. Ni siquiera me apené cuando les dije a mis padres que soy gay, lo que sigo pensando que ayudó bastante en ese momento...

Cuando me hube alejado un metro, la canción terminó y la gente aplaudió y volvieron a gritar, pero lo que gritaban ahora sí tenía sentido:

—¡Kyle! ¡Kyle! ¡Kyle! —mi nombre, una y otra vez.

Justin me levantó sobre sus hombros como si no pesara nada, y Leah me pasó una corona de papel que de seguro se encontró por ahí. Me la puse y los gritos aumentaron.

Kurt pasaba entre la multitud, gritando «¡Kyle!» e incitándolos a gritar con más fuerza.

Me uní a los gritos de alabanza.


La noche pasó así, entre gritos, aplausos, ovaciones y bailes.

Y tragos, muchos tragos.

Cuando llegué a mi casa, en la zona residencial más grande de Los Ángeles, Justin y yo estábamos borrachos.

Es sábado por la mañana, las 5:00 de la madrugada y Justin estaba tan caliente que me hizo correr al jardín y hacerlo sobre el pasto, a un lado de la piscina, aprovechándose de que el guardia de seguridad no se veía por ningún lado.

No recuerdo la sarta de vulgaridades que seguramente le dije, pero no importa, porque de seguro que él tampoco lo va a recordar mañana.

Después subimos a mi habitación entre risas ahogadas y de puntillas para no despertar a nadie.

Ni siquiera estábamos vestidos, así que cuando llegamos pude ver su erección y me puse de rodillas.

Le hice una felación.

Después me lanzó sobre la cama y lo volvimos a hacer.

Me quedé dormido bajo el brazo musculoso de Justin, sintiendo el vello de su pecho en mi espalda.