Las Tormentas De Septiembre

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Summary

Hay veces en que te quedas atrapado en cierta fecha, no físicamente, pero estás ahí, en esos recuerdos que te dan vuelta el mundo y detiene tu tiempo, tu vida. Asi me siento yo cada vez que llega septiembre, el mes que todo cambio para siempre, que marco mi destino. El mes en que nací, el mes que conocí a Cristian, el mes en que todo se acabo. Septiembre es el mes de las tormentas, de las lluvias torrenciales, de las nubes grises, de los truenos que retumban en el cielo, de los relámpagos que iluminan la noche. Septiembre es el mes de las heridas que no cicatrizan, de las cicatrices que no sanan, de los sueños que se desvanecen, de las iluciones que se rompen, de los amores que no se olvidan, pero se pierden. Septiembre es el mes en que me recuerda que ya no estoy vivo, que ya no soy el mismo, que solo soy un fantasma que vaga sin rumbo ni esperanza, una sombra que deambula sin sentido ni alegría. Nacer, vivir, sufrir, llorar y finalmente todo se termina en septiembre.- Josmine.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Las cortinas revolotean por la habitación al copas del viento, moviéndose en sincronía. Paredes adornadas de vegetación, en su mayoría enredaderas. El estilo vintage decora los muebles con elegancia y da ese toque moderno.

En la cama, dormido, postrado, viviendo a base de un respirador, el suero suministrado a través de la intravenosa y el constate ”pii" del monitor cardiaco que marca un ritmo normal y calmado, dando esperanzas de su despertar, duerme un joven de piel pálida, por la falta de exposición solar y los huesos marcados en toda visibilidad donde la ropa no alcanza a cubrir.

La puerta rechina al abrirse por la madera vieja y da paso a una figura alta que mulle la cama al sentarse, estira una de sus manos y la posa sobre la del contrario, apretando un poco sus huesudos dedos, con miedo, como si en cualquier momento estos fueran a desaparecer de la faz de la tierra.

— Buenos días, hermanito – El tono de su voz ronco, raspando el paladar para que las palabras se queden atascadas entre dientes y no arrebatan con salir. Su rostro no refleja emoción y sus ojos hinchados, opacos, como si se les hubiera robado la alegría, la vida, las ganas de sonreír. Las mejillas ligeramente sonrosadas, con marcados surcos de humedad. Todo lleva a la descarga de emociones, al dolor de verle dormir tan pacíficamente, tan tranquilo, pero sin un atisbo de vida. Mira por un segundo el pequeño anaquel en el tocador, con una fecha encerrada en rojo y rodeada de pequeñas estrellas. Sonríe – Hoy es... Nueve de septiembre del veinticinco. Un año a pasado y yo sigo contando los días.

Silencio.

—¿Piensas quedarte dormido un poco más? ¿No quieres despertar? No quiero apresurarte, pero realmente me estás haciendo falta pequeño – Reclama a modo de broma mezclada con frustración y la voz hecha añicos, se levanta y sostiene con mas fuerza la mano del otro, tentando la frialdad que le regala – Iré... A hacer el desayuno. Tu descansa otro rato. Luego vengo – Le mira con vigila una última vez tomando el pomo de la puerta antes de salir.

Ante la falta de movimiento y una fuente despierta de vitalidad la habitación se queda en completo silencio, otra vez.

Todo está tan calmado como aquel que entre las sábanas reposa. Su piel amarillenta y su rostro hundido le hacen ver más demacrado de lo que en verdad está.

"Piii" ”Piii" ”Piii"

Resuena continuamente por la habitación el irritante sonido. El monitor refleja con claridad el son de los latidos apresurados, jugándole una carrera al tiempo. El dedo anular se mueve débilmente. Los ojos, aún que pesados, observan la habitación de un lado a otro. La cabeza retumba entre sus manos y la voz no sale, la garganta le escuece y una mueca de dolor se muestra en su rostro.

Los pasos que se habían alejado de repente corrían por el pasillo y sin tocar la puerta se adentra en la habitación.

— ¡Joshua! – Grita de alegría, de emoción, de tristeza, con todos los sentimientos entremezclados en una sola palabra. Azota la puerta, corre a los brazos de su hermano y se niega a soltarlo. Por fin... Por fin volvió. Su pequeño había despertado y nunca volvería a dejarlo ir.

El menor le observa asustado, conmocionado, no sabiendo a qué se debe tal emoción, intentando entender el por que de las acciones del contrario. Un dolor le aparta de sus pensamientos, pues la garganta pica y pide con urgencia líquido.

— A-agu-a...

—¿Ah? Mierda, claro. Espérame un poco – Y sin querer dejar solo a Joshua, corre escaleras abajo y regresa con el recipiente a punto de desbordar. Extiende el vaso rebosante del líquido. Mira a su hermano con ternura, con cariño y añoranza. Da suaves palmadas en su espalda al notar como casi se atraganta por beber de manera apresurada – Bebe con cuidado, despacio, no se ira a ningún parte y si quieres voy por mas.

Joshua termina de tomar el agua de forma rápida, refrescando su garganta y sintiéndose aliviado de ya no tener un ardor descontrolado y observa a su hermano, estrecha su rostro e intenta descifrarlo.

— ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras haci, John?

— ¿Eh? ¿De que hablas? ¿No te acuerdas? – Un deje de preocupación aparece en su rostro ¿Cómo podría explicarle tal situación sin alterarlo?

— No, no más te digo por que me encanta gastar saliva – Replica con sarcasmo, girando los ojos – Obvio que no me acuerdo, por algo pregunto.

El mayor lo mira con cansancio y ríe un poco antes de responder a su anterior pregunta.

— Despertaste – Sonríe con solo pensar en pronunciar esa palabra.

El contrario lo mira incrédulo, queriendo buscar el trasfondo.

— Pues por si no te habías dado cuenta también respiro – Relaja su cuello elevando sutilmente el lado derecho de su rostro, a la par de una sonrisa crea una mueca que refleja confusión, el querer saber el ¿Porque?

— Agh, no. No me refiero a eso. Estuviste en coma – Eleva una mano para tapar su expresión y nuevamente el silencio reina el lugar.

— Okey... Ahora, dime la verdad – Responde incrédulo y divertido ante la situación.

— Es la mera neta. Dormiste por todo un año, mañana es tu cumpleaños – Termina descubriendo el hecho mas importante de todos.

—Va, voy a hacer como que te creo – Escribe en su rostro una sonrisa y de manera espontánea un pensamiento llega a su cabeza, pues su rostro cambia a uno pensativo – ¿Qué horas son? Pa’ mi que ya es tarde para ir al Tec.

El semblante de John cambia a uno preocupado y nervioso.

— No mames, no mames, se me hace tarde – Dice levantándose de la cama y corriendo a la puerta, no sin antes mirar a Joshua – Me tengo que ir. Intentare volver temprano, en la cocina hay comida. Me llamas si necesitas algo, tu teléfono está en el tocador.

— Si, si, si. Ya lárgate. Estaré diez de diez para cuando regreses – Dice con molestia por la excesiva preocupación de su hermano. John lo mira incrédulo a lo que Joshua suspira – Juro que si sucede cualquier cosa te llamaré, ¿Okey?

— Mmhn, Vuelvo enseguida, no causes problemas – Termina gritando al correr a las escaleras, unos segundos después el ruido de la puerta siendo azotada resuena en la planta principal.

≫ ──── ≪•◦ ✧ ◦•≫ ──── ≪

John corre a su auto, un hermoso Mustang azul veintiuno. Saca las llaves de uno de sus bolsillos. Apresuradamente se monta en el y sin pensarlo acelera hacia su destino. Enciende la radio, mira a las personas al otro lado y gira a la izquierda quedando justo enfrente del Tecnológico de Monterrey.

Estaciona el auto en el parqueadero y toma su mochila antes de cerrar las puertas.

— ¡Ey, John! – Gritan a sus espaldas, por curiosidad gira a ver quién le llama.

— Ah, ¿Que quieres, Gael? – Pregunta borde, como no hacerlo si la persona más odiosa en sus estándares le estaba hablando como si fuesen amigos de toda la vida.

Gael reduce la velocidad al llegar a un lado del otro y le mira molesto.

— Te llame hace rato. La prueba se adelanto, los nuevos te están esperando – La frialdad e envidia marcados en cada letra es palpable, aún así lo trata con cuidado sabiendo la situación del contrario.

— Estaba ocupado – Dice revisando su celular y efectivamente, tiene una llamada perdida – Josh despertó.

Atras de ellos una persona pierde el equilibrio, tirando a su paso los libros que cargaba. Su mira se posa en John, trata de mantener la calma, trata de no llorar, de no demostrar que esa noticia le alegro la vida.

Gael y John al percatarse del accidente se acercan al otro chico, extendiendo sus manos para levantarlo.

— ¿Es verdad? – Pregunta una vez está en pie – ¿De verdad despertó? – Ruega saber la verdad, reza por qué no sea una broma.

John se asombra no tanto por la pregunta, si no por la voz que busca una respuesta sincera. Frunce el entre cejo y se aleja dos pasos de el.

— ¿Y tú para que quieres saber eso, eh? ¿Que harás si despertó? ¿Vas a ir a dañarlo, otra vez? – Pregunta una y otra vez, con la rabia contenida que en aquel instante no pudo sacar de su pecho, ni siquiera en el momento que golpeó al otro.

Gael mira incrédulo a Christian, no creía que el chico volviera a hacerle daño al hermano del otro.

— Cálmate, John. Deja que hable.

— Tu no te metas, cabron.

— Ah, solo... Quiero disculparme – De un hilo de voz sus palabras cuelgan, haciéndose cada vez más pequeña.

— ¿Disculparte? – Dice más para si mismo, replantea la pregunta durante unos segundos y suspira, Christian tuvo todo un año para reprimirse, quizás y si... – Bien. No quiero que nunca más veas a Josh, pero... No tengo derecho para negarle algo y si el no quiere perdonarte, será mejor que te pierdas y no vuelvas a aparecer frente a el. ¿Entendido?

— Si, si. Gracias – Los ojos le brillan.

— Okey... John, ya llevas quince minutos retrasado. ¿Que dirán los nuevos si ven que el capitán llega tarde? – Que se denote su frustración al pronunciar la novena palabra.

John ríe, pone su mano en el hombro del otro.

— ¿Desde cuándo nos importa lo que piensan los nuevos?

— Desde que alguien me nombró vice capitán.

— Eh, yo me voy – Una voz los saca de su pequeña guerra de miradas y John se da cuenta de lo que hizo Gael.

— Has lo que quieras – Palmea la espalda de Gael y ambos se van directo al campo de fútbol.

Christian aprovecha para recoger los libros que anteriormente dejo caer. Revisa su bolsillo izquierdo, dónde siempre lleva sus llaves, una se distingue del resto, por estar pintada de rojo, la toma entre sus dedos con cuidado, la aprieta. Se dirige a su auto que esta a un lado del de John.

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Sin perder de vista su objetivo, sube en el y maneja con rapidez, presionando el acelerador cada que los semáforos le dan luz verde. En cuestión de segundos ya está estacionándose frente a la casa de los hermanos Sevano.

Duda en tocar la puerta o solo introducir la llave y entrar, no sería la primera vez después de todo. Dió dos golpes a la madera esperando a que la puerta fuese abierta milagrosamente.

- Pasa, la puerta esta abierta -Se escucho gritar a aquella melodiosa voz, era el y sus ojos se aguaron.

Joshua pensó que tal vez a su hermano se le olvido alguna cosa y creía que la puerta estaba cerrada pues el no solía tocar, aún que era extraño que veinte minutos de haberse ido regresará.

Christian se reprime internamente, pues era obvio que Joshua no podría caminar por estar un año encamado, sube las escaleras, las manos le sudan y decide si entrar o no.

Habré con cuidado la puerta y observa al otro con sorpresa.

A Christian la vista se le nublo, durante todo el trayecto estuvo dudando de que fuese verdad, pero ahora que lo tenía de frente no haba manera de que no fuera cierto. Su corazón se aceleró, las manos le temblaban. Sintió alegría, por verlo despierto, por estar a su lado, por poder apreciar sus bellos ojos. Sintió miedo de que no volver a verlo, de que se le escapara de las manos. Sintió arrepentimiento, preocupación, desesperación y todo un mar de sentimientos jugándole una mala pasada, pero también sintió la felicidad mas grande. Por fin entendió que con solo verlo respirar el era capaz de vivir.