SCARY LOVE.

All Rights Reserved ©

Summary

Siendo mejores amigos desde niños, Adrien y Marinette se conocen el uno al otro mejor que cualquier otra persona. Sin embargo, un pequeño incidente con el ex novio de Marinette, hace descubrir a Adrien que sus sentimientos hacia ella van más allá de una simple amistad, lo cual no solo lo hacen dudar sobre su manera de tratarla ante tal revelación, sino también, generarle un miedo constante a que su amistad sea arruinada debido al inmenso amor que siente hacia su mejor amiga.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

01

Tres horas, tres jodidas horas era lo que había dormido apenas. ¿Porqué? Oh, por el pequeño hecho de que Marinette había pasado casi toda la puta noche llorando en mi regazo, comiéndose MI helado mientras se lamentaba, (De nuevo) por haberse enamorado del imbécil del año... Nathaniel.


Seguía sin entender cómo era que alguien tan asombrosa como ella se había enamorado de un tipo como él. Es decir, repasemos sus pros: Tiene polla. Sus contras: Demasiado imbécil, demasiado arrogante, demasiado altanero y cabello demasiado rojo como para asegurar que desprendía testosterona. En París,en china y en todo el jodido mundo, un hombre con el cabello como el de él solo significaba una cosa: Le gusta meterse cosas por detrás.


Suspiré y aparté la almohada con la cual me había cubierto el rostro fijando así la mirada en el techo. ¿Alguna vez se quedaron despiertos terminando alguna tarea importante que al final de cuentas el profesor ni recordó revisar? Bien, así me sentía en ese puto momento. Cansado, somnoliento y sobre todo, frustrado.


Yo había cumplido con mi deber como mejor amigo de infancia de Marinette. Vamos, ella había sido mi mejor amiga desde que llegué a vivir a la ciudad. Para ser más preciso, ella había sido mi primera amiga y la única con la cual me sentí en completa confianza desde que la conocí. Por tal hecho, el pasar mis noches en vela cuando ella tenía problemas con el afeminado de su novio era "Mi tarea a cumplir" ¿Y mi frustración?... El saber que en cuanto ese imbécil le llamara, ella le respondería, ella lo vería, le daría otra maldita oportunidad.


— Mierda... Mi cabeza... — Susurré,  incorporándome sin saber de dónde carajos había sacado las fuerzas para hacerlo. Me senté en el borde de la cama y al instante, perdí la mirada en un solitario calcetín que yacía en el suelo, hecho bolita en un rincón de mi alcoba.


Así que allí estabas... Cabrón.


Repentinamente, Plagg, el gato más crack, saltó sobre mi regazo, maullando y ronroneando mientras se frotaba contra mi torso en busca de mimos entre varones. Sonreí al verlo y acaricie su cabeza, rascando un poco tras sus orejitas y, al instante, ronroneó complacido.


Solté un suspiro y extendí mi brazo palpando mi mesa de noche hasta localizar mi celular. Eran las 7:08 de la mañana y, si mis matemáticas no fallaban, tenía 45 minutos para alimentar a mi gato, ducharme, arreglarme, conducir hasta la casa de mi mejor amiga, después a la de mi mejor amigo y de allí a la cár...Digo, preparatoria.


Me levanté y me arrastré a mi mismo hacia el clóset, opté por una playera negra, unos jeans desgastados y unos converse negros no muy bien cuidados. Vamos ¿A quién no le gusta ir cómodo al lugar donde te imponen las cosas que la sociedad espera que aceptes, aprendas y hagas?


—Vamos, bola de pelos — Me dirigí a Plagg y lo cargué en brazos,  bajando con él hacia la cocina. De inmediato, el delicioso aroma de hotcakes combinado con café me acarició la nariz. Como cada mañana, mamá preparaba uno de sus deliciosos, calóricos y siempre bienvenidos desayunos.


—Adrien, cariño ¿Vas a desayunar? —Preguntó enmedio de una amplia sonrisa apenas me vio entrar a la cocina. Yo negué y me acerqué a ella, depositando un suave beso en una de sus mejillas. —Aún tienes tiempo. — Insistió, colocando un par de hot cakes sobre un plato y los extendió hacia mi.


—No tengo hambre, mamá.


—¿Y? Tienes que desayunar.


—Pero no quiero.


Fue entonces que el semblante de mi madre se transformó, pasando a uno de evidente molestia.


—No saldrás de ésta casa sin comer algo primero ¿Entendiste?


—Tengo diecinueve mamá, no cinco, por Dios.


—Pero eres ateo.


—No en éstos casos.


Sharon bufó, dio un paso al frente y hundió un dedo sobre mi pecho, mirándome a los ojos con firmeza.


—Escúchame bien, Adrien Agreste... Así estés pensionado, NO sales de MI casa con el estómago vacío ¿Está claro?


Rodé los ojos, tomé el plato y caminé hacia la barra desayunadora para sentarme sobre uno de los banquillos de la isleta. Mi madre se acercó y dejó una taza de café a mi lado, sentándose en el banco frente a mi.


—Por cierto ¿A que hora se fue Mari anoche?


—Temprano — Mentí y llevé un trozo de hot cake a mi boca. Plagg comenzó a maullar sobre mi regazo así que le ofrecí un pequeño trozo a él... Grave error.


— ¡Agh! ¡Ya te he dicho que no alimentes así al gato! ¡Para eso tiene su estúpido plato!


—Pero el quería un poco...


—¡Y yo un marido! —Exclamó, cruzándose de brazos. —Pero no todo se puede en esta vida, así que baja al gato y come tu desayuno de una buena vez.


Inevitablemente rodé los ojos, bajé a Plagg y me levanté para lavarme las manos en el fregadero. "Ese gato" como mi madre lo llamaba, era especial tanto para Mari como para mi. El era el último sobreviviente de una camada de gatitos que juntos adoptamos desde que estábamos en preescolar y bueno, supongo que eso explica lo de "El gato más crack" ¿Cierto?


En fin, después de servir una lata de alimento para gatos en su plato, regresé a donde mi madre. Sin embargo, al ver el reloj en la pared de la cocina, note que estaba un poco retrasado así que devoré lo que quedaba en mi plato y tomé mi café de un solo trago, tosiendo al atragantarme un poco.


—Cuando comes así me recuerdas a tu padre.


Comentó Sharon en medio de un suspiro melancólico y joder, como detestaba que me comparara con el mal nacido que la abandonó apenas supo de su embarazo.


—Ese señor no es mi padre ¿De acuerdo? — Me acerqué para besar su mejilla, restándole importancia a ese estúpido tema.— Esta noche no me esperes, no llegaré a dormir.


Mamá enarcó una ceja, dando un corto trago a su café.


—¿Ahora con qué chica pasarás la noche?


—Si supiera su nombre te lo diría.


Sharon suspiró y la decepción se reflejó en sus facciones. Sin lugar a dudas, no se sentía orgullosa de mi estilo de vida. Aún así, ella hacía lo suficiente con aconsejarme y educarme con respecto a mi sexualidad, optando por mantenerse al margen de lo demás.


Después de todo, mi madre aseguraba que, en caso de cometer alguna estupidez, tendría que aprender a hacerme cargo de las consecuencias de mis acciones por mi cuenta, aunque vamos ¿Qué carajos podría suceder?


—Bien, nos vemos mañana. —Me despedí, ganándome una mirada envenenada de mamá.


—Usa condón, que ya suficiente tuve con lidiar dieciocho años contigo.


—Madre, con todo el respeto que te mereces... Creo que te hace falta un poco de cariño humano.


—¡Y a ti te faltará un diente si sigues haciéndome enojar!


Solté una sonora carcajada, tomé las llaves de mi auto y salí a paso veloz de casa. Las clases comenzaban en 20 minutos y aún tenía que pasar por mis amigos a sus respectivas casas. Por suerte ambas me quedaban de paso.


¿Mi mochila? En el auto por supuesto. Solía dejarla allí y no volver a verla hasta que no tenía más opción. Después de todo, el hacer tareas en casa era cosa de nerds aburridosada como la adrenalina de copiarla minutos antes de que la revisaran, o simplemente pagarle a algún ñoño para que la haga por ti y por suerte yo tenía a Max, mi ñoño de confianza.



Me dolía la cabeza, me ardían los ojos y para colmo, los tenía sumamente hinchados. Aun así, mi madre prácticamente me había arrastrado al baño para que me duchara y arreglara para las clases. Al estar a nada de graduarme, mis notas les preocupaban más que a nadie, creo que incluso más que a mí.


Mentira, claro que me preocupan mis notas.


En fin. Luego de vestirme con unos jeans ajustados, blusa de tirantes, unos tenis bajos y un sweter blanco, peiné mi cabello con mis dedos mientras me maldecía por haber despertado viva esa mañana.


De nuevo era tarde, de nuevo no encontraba mi cepillo de pelo y de nuevo, Adrien estaba atrasado para pasar por mi ¿La diferencia? Que esta vez era mi culpa.


Esperaba que no estuviera molesto conmigo por haber irrumpido en su habitación mientras dormía. Pero joder, él era el único a quien podía acudir en momentos tan dolorosos como ese.


—Estúpido... Nath Estúpido.


Susurré a mi cansado y un poco demacrado reflejo. No lograba aceptar que las cosas simplemente hubiesen terminado así, es decir, Nathaniel podría ser un imbécil que "Necesitaba tiempo" pero había sido mi relación más larga, casi 8 meses...  No podía simplemente terminar así ¡Le había dado mi virginidad!


—Estúpida... Mari estúpida.


Al recordar su hermoso rostro mientras me decía "Creo que debemos de darnos un tiempo, no me siento bien manteniendo ésto cuando mis sentimientos por ti han cambiado" un nudo se formó en mi garganta, sentí como mis ojos picaban ante las lágrimas que amenazaban por volver a salir y todas y cada una de las mariposas que vivían en mi interior, murieron al mismo tiempo.


Después de eso, el simplemente se marchó y, antes de darme cuenta, mis piernas me llevaban hacia la casa de mi mejor amigo. Me hicieron subir por el árbol adyacente hacia su ventana y caminé hacia su cama, lanzándome encima suyo en busca de consuelo mientras me soltaba a llorar.


Cualquier otra persona se habría molestado por algo como eso. Pero Adrien no. Y no porque no fuese una persona (Aunque a veces parecía no serlo) Sino porque yo era su mejor amiga, su niña, su tonta Marinette.


Sonreí sin ganas y talle mis ojos con mis puños al escuchar el sonido del cláxon. Adrien había llegado y sabía mejor que nadie lo impaciente que a veces podía llegar a ser. Así que tomé mi mochila y salí disparada tres pisos abajo, saltando de dos en dos los escalones. Ya era demasiado tarde como para desayunar algo, así que esperaba que mi madre no se molestara por irme a clases sin comer mi avena o sin tomar "su licuado especial"


Al salir a la calle, pude ver el mustang negro de mi amigo estacionado en la acera del frente. Adrien me esperaba impaciente, como siempre. Suspiré y crucé la calle corriendo. Abrí la puerta de pasajero y tomé asiento, cerrando la puerta con un fuerte azotón.


—Luces horrible —Dijo mi amigo al verme, diversión reflejada en su tono.


— Jódete Adrien.


— Lo siento nena, pero la que está muuuuuuy jodida aquí eres tú.


Suspiré y crucé mis brazos mientras me deslizaba hacia abajo por el respaldo del asiento, me sentía terrible, me veía horrible y olía... Esperen, esa si no era yo.


—¿Que es ese olor? — Pregunté mientras arrugaba la nariz, Adrien se encogió de hombros.


— No se, creo que se murió algo aquí dentro.


— O Nino volvió a esconder comida como la otra vez.


Adrien soltó una pequeña risa y comenzó a conducir. Yo bajé la ventanilla y dejé que la fresca brisa de la mañana me acariciarla el rostro y meciera mis cabellos. Cerré los ojos y disfruté de ese momento, era una sensación tan hermosa, tan reconfortante... Que por un instante me olvidé de lo roto que estaba mi corazón.


— Llegaremos tarde a la primer clase ¿Qué te parece si nos la saltamos y mejor vamos a dar la vuelta por allí? — Sugirió Adrien mientras posaba una de sus manos en mi cabeza y despeinaba un poco mi cabello, yo abrí los ojos y lo observé, no me convencía mucho su idea.


—¿Y que hay de Nino? Aún tenemos que...


— Me marcó, dijo que no irá a clases hoy, anda jodido del estómago.


— Qué mal.


—Oye, qué daría yo por andar jodido y no ir... En fin ¿Que tal si vamos a jugar videojuegos al local de...?


Negué antes de que él terminara de hablar. Adrien suspiró con pesadez y, en cuanto apretó sus manos contra el volante supe inmediatamente de que estaba molesto... De nuevo.


—¿Enserio seguirás con esa estúpida actitud? Vamos, un pendejo te mandó a volar ¡No puedes detener tu jodida vida por eso!


—No le digas así...


—Pendejo, idiota, mal nacido... ¡Mierda con patas!


—¡Adrien! —Exclamé, fingiendo estar molesta. —¡Lo que quiero decir, es que no quiero hablar más del tema!


—Ni quiri hiblir mis dil...


—¡Calla! ¡Joder!


Adrien se carcajeo mientras yo apretaba los labios. Odiaba cuando él me sermoneaba con temas relacionados al amor. Vamos, como si él supiera algo sobre estar enamorado o en alguna relación.


Desde que tenía memoria, Adren jamás había tenido novia, jamás se lo había visto enamorado y jamás se había tomado enserio a ninguna de las chicas que se llevaba a la cama.


Y vaya que yo lo conocía. Cuando su madre llegó a la ciudad mis padres fueron totalmente amables con ella y con su pequeño mocoso de 5 años, ofreciéndoles incluso vivir una temporada con nosotros. Desde entonces, él y yo nos volvimos muy buenos amigos. Su madre iba casi todos los días a la panadería una vez que consiguieron su propio hogar y fue esa la razón principal por la cual él y yo eramos prácticamente inseparables desde entonces.


— No quiero jugar videojuegos y no estoy deteniendo mi maldita vida ¿Entendido? Solo no estoy de humor.


— Aún no es 18, no me jodas con que es tu menstruación.


—¡Adrien!


—Oh vamos, me sé hasta tu talla de sostén y podría apostar que hoy traes puesto el de cerezas.


—Cállate ya.


Y sí, llevaba ese sostén puesto. ¿Ahora se entiende la confianza que hay entre ambos y lo mucho que nos conocemos?


—Mi novio me terminó ¿Recuerdas? —Mascullé entre dientes, mirándolo con el ceño fruncido, él rodó los ojos.


— Oh vamos, te hizo un favor, parecías un títere a su lado.


— ¿Ah si?  Pues tu pareces un...


— ¿Modelo? Si, me lo han dicho muchas veces — Se encogió de hombros mientras que una burlona sonrisa se dibujaba en sus labios.


— Modelo de Shampoo, sí.


— De Calvin Klein.


Inevitablemente nos soltamos a reír. Tenía que agradecer a la vida, al destino y a su madre adicta a los crossaints de mi padre por haberme puesto a este rubio egocéntrico pero encantador en mi camino. Estaba casi segura que sin Adrien, en ese momento yo sería un triste bulto, tumbada en mi cama, llorando a mares por no se cuántos días. Sin embargo, después de haberse pasado casi toda la noche escuchandome, consolandome y sobre todo, regañándome, ahora me sentía mejor.


— ¿Entonces que quieres hacer? 


— Ir a clases ¿No?  Alya debe estarme esperando para...


— Alya...  — Musitó mi amigo y percibí como se mordía el labio inferior, yo le di un suave golpe en el brazo cosa que lo hizo soltar una carcajada.


— Deja de follartela mentalmente ¿Quieres?


— ¿Puedes culparme?  — Dijo a la vez que se encogia de hombros — Tiene un culo y unas tetas que...


— ¡Adrien!  ¡Asco!


Me tapé los oídos con ambas manos, no era nuevo para mi que mi mejor amigo se la metiera a lo que se moviera, pero el imaginarlo follando con mi mejor amiga...  Me revolvía el estómago.


— Bien, algún día — Dijo finalmente. Yo rodé los ojos, conecté mi celular a su estéreo y reproduje "Small Doses" de "Bebe rexha" al instante comencé a cantar, meciendome de un lado a otro mientras golpeaba el brazo de mi amigo en cuanto la cercanía me lo permitía. Era increíble como bastaba con tener a Adrien cerca para que mi humor mejorara considerablemente. 


—Esa me la dedicaron, creo— Dijo mientras subía un poco más el volumen, yo enarqué una ceja confundida.


— ¿Ah si?  ¿Puedo saber quién?


Adrien se quedó pensativo por un momento y después de un rato me volteó a ver.


— ¿Recuerdas la chica que estuvo conmigo en la fiesta de Chloe?


— ¿Cual de las 3?


— La castaña, Lulu.


Solté una sonora risa al escucharlo, seguía sin creerme como Adrien Agreste follaba con tipas de las cuales ni sus nombres conocía.


— Era Lila, tarado.


— Yo la follo y tu recuerdas sus nombres, así es como funciona ésto ¿De acuerdo?


Una vez más, rodé los ojos. Adrien siguió conduciendo por aproximadamente quince minutos y, antes de ser consciente, nos encontrábamos a las afueras de la ciudad. Luego de un rato, aparcó junto a la solitaria carretera, bajó del auto y rodeó el mismo para ayudarme a descender.


Confundida accedí y me dejé guiar por él entre el pequeño descampado. Luego de un par de minutos, ambos llegamos a un abandonado mirador. La ciudad podía verse casi a nuestros pies, con toda su belleza expuesta ante nosotros.


— Este lugar...  — Susurré, Adrien sonrió y se paró junto a mi, pasando uno de sus brazos sobre mis hombros.


—Sabía que te gustaría, aunque por la noche, esto es increíble.


—Me imagino... —Susurré y algo parecido a una sonrisa curvó mis labios. —¿Como es que conoces este sitio?


—Bueno, hay noches en las que el insomnio me hace dar vueltas por la ciudad... Y en las cuales prefiero dejarte dormir y salvar mis bolas de paso.


Aquello me hizo soltar una pequeña risa mientras me acurrucaba contra su costado.


—Bendito sea tu insomnio, Agreste.


—Amén.


Suspiré y perdí la mirada en aquella hermosa postal. El sol se alzaba a la lejanía, bañando la ciudad y el cielo con tonalidades rosas y naranjas. Todo era tan hermoso y relajante que, de inmediato, me sentí mucho mejor.


Vamos, no hacía falta hacer cosas tan complicadas para hacerme feliz. Y fue entonces que me percaté de lo simple que yo podía llegar a ser en ocasiones.


Tal vez por eso Nath se cansó de mi...


Suspiré, Adrien soltó mi mano y avanzó un par de pasos, recargándose de espaldas al improvisado barandal para mirarme. Repentinamente, mi estómago gruñó y vi a mi amigo alzar una de sus gruesas cejas. Definitivamente, se acercaba un nuevo sermón.


— Dime que desayunaste algo antes de salir de casa. —Sentenció, firmeza en sus palabras.


— Ehhh...


— Marinette Dupain Cheng ¿Cuántas veces tengo que decirte que no desayunar es malo?


— Agh, sonaste a tu madre.


— Mierda, es verdad.


Solté una risita. Adrien suspiró y sacó una barrita integral de su bolsillo y la extendió hacia mi, no hacia falta preguntar de donde la había sacado, su madre solía esconder esas barras en su ropa, su auto, su mochila y su habitación para asegurarse de que su retoño nunca pasara hambre.


— Sabe a mierda de caballo, pero algo es mejor que nada ¿No?


— Yumi — Exclamé mientras rasgaba la envoltura con mis dientes, Adrien sonrió.


— No voy a compadecerte ¿Entiendes?  Pero no quiero que te malpases, llores o dejes de dormir por ese imbécil, no te merece Mari.


— ¿Y quien si?...  — Pregunté mientras fijaba la mirada en mis manos. De nuevo esa maldita inseguridad en mi misma, de nuevo esa sensación de ser lo que ningún chico quería... 


Había tenido solo 3 novios en toda mi vida y lo triste, era que mis relaciones siempre terminaban por que dejaban de quererme o me eran infieles. Yo jamás me había dado el lujo de mandar a volar a alguien, era muy apasionada y entregada en cada uno de mis noviazgos. Sin embargo, al haber durado más de 6 meses con Nath creí que con él todo sería diferente, creí que él era el indicado y... Me equivoqué, como siempre.


— Deja de pensar en eso ¿Quieres? —Intervino Adrien, mientras apoyaba ambas manos sobre mis hombros y fijaba su intensa mirada esmeralda en mí. —El chico que te merezca llegará cuando menos te lo esperes. Mientras tanto, yo me encargaré de que ningún idiota vuelva a lastimarte pero para eso tu tienes que poner de tu parte ¿Entendido?


Asentí y levanté la mirada hacia Adrien. Sus ojos reflejaban preocupación, angustia y un poco de molestia. Él era como mi hermano y sabía que no le gustaba verme sufrir, además, tenía razón.


Sabía que él me protegería de cualquiera que intentará dañarme, que él siempre estaría para mi, pero yo tenía que ser fuerte y no dejarme derrumbar, pero sobre todo, ser paciente y esperar...  Dejar que el chico indicado para mi llegara a mi vida por su cuenta, dejarme encontrar por ese chico que merezca toda mi entrega, mi pasión y mi amor.