𝑴𝑨𝑺𝑲𝑬𝑫

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Summary

"Eres mi grandeza, lo que necesito para vivir. Desde aquel el momento en el que pude por primera vez observar tus ojos. Me enamoré de ti" Kellan desde que tiene memoria ha sido un mercenario de mala güero, intimidante a la vista con un aspecto misterioso y una máscara que cubre la mitad de su rostro. Reconocido en los barrios peligrosos, como "Berry" el arma humana, asesino de cualquiera que se interponga en su camino. Un mercenario despiadado que no le importa si hay un poco de sangre en el trayecto y que sabe que a toda costa debe de asesinar a sangre fría a su objetivo. Pero ahora por circunstancias desconocidas debe cuidar y proteger sin importar, la vida del famoso y reconocido Ashen Hemmer, un actor y modelo que acaba de emerger entre la industria, que de la noche a la mañana se a convertido en todo un ícono y en una de las celebridades más cotizadas del momento. Ambos aprenderán lo que significa el amor, y que este lleva consigo sangre, traición y mentiras.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝑴𝒆𝒎𝒐𝒓𝒊𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝒖𝒏𝒂 𝒆𝒔𝒄𝒐𝒓𝒊𝒂 𝒑𝒕.1

Casi no recuerdo mucho de mi infancia, en veces trato de olvidarlo todo, no recordar nada, mis recuerdos son como pequeños peces que una vez cada cierto periodo de tiempo salen, y van en busca de alimento fuera del arrecife. De vez en cuando aparecen, y es jodidamente fastidioso.


Suelo reprimir todos esos tormentos en los que solo me rogaba a mi mismo dejar de ser yo, dejar de existir. Convertirme en espuma para por fin, ser libre y viajar por el enorme y basto océano, donde las posibilidades son infinitas. Pero si hubiera tomado esa desición... ¿Donde te encontrarías tu?


Capítulo 1: Memorias de una escoria.


"Conseguir la grandeza puede ser complicado, e incluso imposible, conlleva riesgos y mucha, pero mucha dedicación. Es considerado un camino sumamente difícil de recorrer.

Pero ya que lo consigues te garantiza el éxito durante toda tu vida, y tal vez el significado de tu felicidad, consiguiendo amigos en el camino, pero también enemigos.


Yo, mi querido hijo, quiero que tú alcances tu propia grandeza, tu dicha de vivir, algo que te haga infinitamente feliz. Y quiero pedirte que nunca, pero nunca, te conviertas en alguien como yo. Me arrepiento de haberme reconocido a mi mismo como padre. Porque cometí errores inremediables, y no solo a ti, hice sufrir a todas las personas que me rodeaban.


Cuando crezcas quiero que hayas podido crear tu propia grandeza, y el significado de tu felicidad. Se que ahora tienes dudas, es imposible no tenerlas, pero no me pidas explicaciones, no necesitas que te haga entender lo que significa todo esto. Ya que espero que cuando crezcas lo hayas entendido todo y hayas podido crear tu propio significado...


Con amor: papá."


Ese fue uno de los pocos momentos que aún siguen vigentes en mis bastos y frívolos recuerdos, algo que me juré por siempre nunca olvidar.


Ese era mi padre, dejándome a mi sus últimas palabras relatadas en una carta antes de huir de este plano terrenal debido al cáncer pulmonar que lo estuvo acompañando durante más de 5 años.


Fuera de eso desearía no recordar nada más, ni como tuve que escapar de casa, y menos el maldito día entregué mi vida y voluntad a la mafia gángster de la que ahora me alimento, vivo, y me arrepentiré siempre.


Se pensará que fue una alegoría a entregar mi alma al diablo, pero fue algo literal, un suceso del que siempre me arrepentiré día con día, recordándome que soy despreciable y no merezco ser llamado ser humano. Debido a la culpa acompañada con asco que cargo consigo, ya que desde hace muchos años, perdí la cuenta de a cuántas personas les arrebate injustamente la vida.


Jamás sentí miedo al saber en lo que me estaba metiendo, al menos de eso me convencí, ¿Como me lo tomaría en serio si solo tenía 15 años?


Sabía cómo funcionaba estar en una mafia. Sabía que en las mafias no se andaban con juegos y que mataban a todos a como diera lugar, rápido, sin rodeos y con mucha sangre.


Vine prevenido sabiendo lo común que iba a ser ver cómo mataban a alguien frente a mis ojos. Tal vez solo era una forma de engañarme a mi mismo, porque en el fondo me aterraba ver cómo alguien se desangraba y rogaba por su vida.


¿Pero era necesario todo esto? En primer lugar, ¿Que me hizo tomar esa desición? ¿Era tan malo el infierno en el que vivía que me tuve que someter a otro para así calmar un poco la tempestad?


Someto a mi mente para no pensar en preguntas tan triviales, siempre trato de mantenerme distraído y jamás mostrarle a nadie mi lado débil, gracias a ese camino pude convertirme en lo que soy. No estoy orgulloso de ello, pero de esta forma puedo sobrevivir.


Recuerdo muy bien ese día, grabado en mi mente como si de un tatuaje se tratase, uno que ni hoy ni nunca podrá desaparecer, que sigue fresco como el primer día.


Eran las once con cincuenta de la noche, extrañamente caluroso para ser época invernal, yo junto con otros tres mocosos de menos de 18 entrando en un almacén de paradero desconocido, un lugar con un aura tan terrorífica como la de una película de terror.


Apenas nos escabullimos para entrar vimos con nuestros propios ojos una escena jamás vista para nosotros, apenas unos adolescentes.


Escondidos detrás de una mesa a lo lejos se vió como un hombre caucásico con una larga cicatriz en la espalda, que extrañamente, le hacía falta su oreja derecha. Nunca habíamos visto a una persona de tal aspecto, alguien con la mirada perdida que en lo único que pensaba era en matar.


Este mismo saco de su bolsillo un cuchillo de carnicero, tan brillante como una estrella pero igual de filosa que los dientes de un tigre hambriento esperando a devorar su presa, en menos un pestañeo con tanta rapidez y precisión degolló la garganta de una mujer que estaba colgaba de ambos pies al techo, destrozándole el cuello por pedazos mientras poco a poco se desprendía un olor a azufre y toda el suelo se manchaba de un rojo vivo.


"Ese hombre... Si nos descubre estamos perdidos, ¡¡Nos va a hacer lo mismo que le hizo a esa mujer!!"


"Shhh!! Pedazo de mierda... Nos va a escuchar! Sigue gritando así si quieres que te corten en pedacitos..."


El mocoso no paraba de llorar, este trató de calmar los latidos de su corazón que cada vez latían con más y más fuerza, tapando su boca con ambas manos para que así ya no se oyeran sus sollozos. Pero de repente al lado mío escuché:


"Kellan..."


Dijo el llorón, lo volteé a ver y su cara lucía como si hubiera acabado de ver a un fantasma


"El... El hombre... Nos escuchó...

¡¡Ahí viene!!"


Tan rápido como oyeron eso los chicos que venían conmigo desaparecieron, intentaron de correr lo más rápido posible dejando atrás todo. Tratando buscar la salida más cercana.


"¡¡AAAHHHHHHH!!" "¡¡AGGHHHH AGHH AHHHH!!"


Eso fue último que escuché de ellos tres. Sus desgarradores gritos de dolor acompañados de súplicas por sus vidas. Pero al final, los gritos desaparecieron.


Los tres murieron, supongo que era obvio que pasaría, sin embargo yo fui el único que se quedó ahí, estaba esperando mi final, el mismo que lamentablemente les ocurrió a esos tres.


Cerré los ojos, pensé que así sentiría menos miedo, pero yo no era mejor que los tipos que acababan de morir, yo también soy un cobarde, uno que trata de lucir intimidante y decidido a enfrentarlo todo a como de lugar a pesar de las adversidades.


El hombre se me acercó con las manos teñidas de un rojo carmesí desprendiendo un olor parecido al azufre.


"Tu... Venías con esos niños??" Este me susurró al oído mientras yo temblaba del miedo que dejaba perplejo todo mi cuerpo.


Ese hombre estaba a punto de matarme, yo lo sabía. Pertenecer a una mafia significa matar a todos a como de lugar, y eso iba a hacer.


Mi cerebro empezó a maquinar, pensando en que podría decir para salvar mi pellejo.


"No voy a morir... No voy a morir..."


Era lo único que sonaba en mi cabeza en ese momento. Debía decir cualquier cosa... Algo que realmente lo sorprendiera, algo que le haga saber que tengo el valor de estar en una mafia.


Estar en una mafia no es lo más correcto, pero es lo único que me asegura que puedo vivir una vida que no sea en las calles nunca más...


Es ese momento solo suspiré, lo miré a los ojos y le dije...


"Yo no vengo con ellos, estoy aquí porque yo vengo a asesinar... Vine aquí porque quiero convertirme en alguien como usted, alguien que no le tiene miedo al filo de un cuchillo, alguien que no tiene el miedo de asesinar porque sabe que acabará con todos sus enemigos..."


"¿Como yo?... ¡¡JAJAJAJAJA!!"


Me sorprendió eso, no sabía que siquiera me haría caso, menos que esté maniaco se empezará a reír a carcajadas, como un maldito lunático.


El hombre se inclinó y se me acercó cada vez más.


"Nunca nadie me había dicho algo como eso. Y al parecer tú vas muy enserio"


Sacó un pequeño cuchillo de su bolsillo y empezó a acariciar suavemente mi rostro con el filo de la navaja, yo me mantuve firme y no me moví. Lo miré a los ojos, tratando de mantenerme lo más frío y estático que pude.


"Quiero saber que eres capaz de hacer, ya que no yo estoy dispuesto a poner a prueba a maricas como tus amigos, afortunadamente ya los maté..."


El hombre, lentamente y sin parar de mirarme fijamente a los ojos, tomó mi mano y en ella coloco el cuchillo con el que previamente acarició mis mejillas.


"Quiero saber que eres capaz de hacer, ya que no yo estoy dispuesto a poner a prueba a maricas como tus amigos, afortunadamente ya los maté..."


El hombre, lentamente y sin parar de mirarme fijamente a los ojos, tomó mi mano y en ella coloco el cuchillo con el que previamente acarició mis mejillas y susurró suavemente en mi oído.


"Mata a esos dos"


Señaló a dos tipos que estaban limpiando la escena que acababa de dejar la mujer degollada, que para ser el simple personal de limpieza, deslumbraban un físico perturbador. Ambos grandes y fuertes como dos rinocerontes.


"Yo..."


"Está bien si no quieres, no es como si te estuviera obligando, verdad? Pero recuerda que pasará si te niegas, ahí frente tuyo están las pruebas..."


Sostuve con fuerza el cuchillo con ambas manos mientras empezaba a temblar. No me iba a dejar asesinar por ese lunático. Y aunque en ese momento dudé de mis capacidades para acabar con ellos, Sabía como, y lo que haría en el preciso momento en el que me acercara a ellos.


No me iba con rodeos y tenía previsto lo que iba a pasar. Al menos eso creí.


Avancé con sigilo, tal como un pequeño tigre buscando a su presa para empezar a devorarla ya que el hambre lo estaba haciendo añicos. Estaba todo oscuro, y eso era aún mejor, podía camuflarme entre la oscuridad teniendo la seguridad de que nadie me vería.


Detrás de una mesa estaba yo, escondido como una maldita cucaracha, esperando a que me vieran para clavarles el tantas veces el cuchillo que tenía agarrado con ambas manos hasta que dejarán de respirar.


Era hora, por fin estaban más distraídos, me avalanzé sobre uno de ellos. No existía, durante ese fugaz instante deje de ser yo, estaba poseído, mi corazón latiendo a mil y mis ojos tan abiertos como dos grandes canicas que no paraban de brillar.


Mientras el trató de lanzarme al piso múltiples veces, no me iba a dejar vencer, perdí la cuenta de cuántas veces apuñalé su yugular,pero recuerdo que lo hice de forma constante y sin parar, hasta que el tipo cayó al suelo, litros de sangre no paraban de chorrear y teñía el suelo al rojo vivo. La adrenalina corría por mis venas, se sentía increíble.


Yacía en en suelo aquel hombre, al que le arrebaté ferozmente la vida. se puso pálido como un muñeco de porcelana y sus iris se volvieron de un color gris.


Solo pude observar las palmas de mis manos tintadas de su sangre, una sangre tan espesa, de un color tan oscuro, parecido al vino. Después de tanta éxtasis y euforia, observé detenidamente al hombre, lo que le había hecho, el como lo hice sufrir.


A lo lejos, un silencio tan escalofriante que fué un interrumpido por las risas desquiciadas del lunático. Quería que se callara, era irritante, demasiado fastidioso, después de la atrocidad de cometí... Únicamente quería desaparecer...


Lancé el cuchillo lo más lejos que pude de la habitación, me levanté y poco a poco me iba acercando a, necesitaba que me dijera que había superado su prueba, que era digno de entrar en su organización.


Avanzanba lentamente, jadeando, extremadamente exhausto. Tenía hematomas y golpes al rededor de todo mi cuerpo, antes de poder llegar a el sentí uno de los dolores más punzantes que el ser humano podría sentir, observé por debajo de mi pecho y ahí estaba.


El otro tipo, el que olvide de matar, del que me arrepiento no haberle clavado ese pequeño cuchillo en lo más profundo de su cráneo.


Tenía clavada en las costillas una varilla de metal de 47 centímetros, rápidamente empezó mi desangrado. Lo volteé a ver a los ojos, se veía tan furioso... ¿Cómo no iba a estarlo si acababa de asesinar a sangre fría a su compañero.


El me gritó de todas las formas posibles el como me iba a arrepentir de lo que había hecho, que yo sufriría el doble que su compañero, el tipo quería torturarme, hacerme sentir más dolor del que sentía en ese momento.


El me tomó de la varilla que tenía incrustada, y empezó a llevarme fuera de ese almacén.


Lo único que pude hacer fue gritar, de pánico, impotencia, del enorme dolor que estaba a punto de quitarme la vida. Pensé en mi madre, la única persona de la que recuerdo haber recibido cariño, tal vez cuando muriera en ese momento, me podría encontrar con ella.


¿Ella estaría orgullosa si me ve morir de está forma?


Recobré mis sentidos. Del brazo de dónde me tenía agarrado de la varilla. Lo mordí con tanta fuerza, le incrusté los dientes, recuerdo haberle arrancado un pedazo de carne de su brazo. Me pude soltar y corrí por el cuchillo, ese que había lanzado lejos de la habitación.


Arrastrándome como un perro moribundo lo pude tomar, y con mis últimas fuerzas restantes, se lo clavé, lo pude hacer, y lo hice en su córnea, tan profundo que pude atravesar su cerebro, no gritó, ni lloró. Solo se tumbó al suelo, se recostó y dejo de respirar.


Finalicé su prueba, me pude hacer de el valor que merezco. Todo se volvió oscuro, y pude sentir una tranquilidad que no había podido sentir en esos 15 años que tenía de vida.


Abrí los ojos, estaba en cuidados intensivos, yo, junto con más de 10 hombres con trajes lujosos, y lentes que cubrían sus ojos. En medio de todos ellos, ahí estaba el lunático.


"Al parecer ya despertaste, es increíble que después de todo eso sigas vivo, ahora tengo el gusto de poder presentarme contigo, mi nombre es Tae-woo, debe ser un gusto para ti presentarme contigo"


El bastardo se llamaba Tae-woo, que durante esa hora de visita en la habitación del hospital lo único que hizo fue hablar de si mismo, de cuan afortunado era de que me haya reclutado. El iba a ser mi maestro, el me convertiría en un arma mortal, que nadie podría conmigo.


Cuando se fue uno de sus guardaespaldas me habló más de la organización en la que me estaban reclutando.


"Puede ser un narcisista, engreído y lo que tú quieras, pero ese hombre no dice mentiras, dijo todo eso porque realmente vió un potencial en ti, así que primeramente, ¿Cuál es tu nombre chico?"


"Kellan Blackwood, señor"


Pensé que había sido considerado al ser el único que tuvo la amabilidad de preguntar por mi nombre, pero quería demasiado al pedir consideración y respeto de parte de los integrantes de la mafia, que no se especializaban en el diálogo, si no en asesinar de formas impensables, algo que una persona normal jamás podría imaginar.


"No necesitaremos tu nombre, ahora te llamaras Berry, y si no te gusta vete a quejar con Tae-woo"


"Qué sobrenombre tan estúpido"- pensé, pero era lo mínimo que me podían dar, eso desencadenó más situcaciones en las que lo único que pude hacer, fue callarme, soportarlo, y aguantar la situación. así fue como después de una charla sobre cómo funcionaban las cosas en la organización, cuál iba a ser mi rol, que mandados me mandarían a hacer mis superiores. Junto por lo último y menos importante, la historia de está mafia, "Las escorias."