Prólogo
Hola, soy Adisson Chapman, tengo 18 años y esta es la historia de cómo me convertí en la gemela malvada. Nací y crecí toda mi vida en Miami con mi familia. Mi gemela Madisson y yo nos queríamos, al igual que nuestros padres, hasta los 6 años cuando esa desgracia sucedió.
Madisson y yo jugábamos en el jardín delantero con una pelota. Ella la pateó y terminó en medio de la carretera. Yo corrí a buscarla sin darme cuenta de que un camión venía a toda velocidad. Cuando me di cuenta, mi padre me había empujado y había sido atropellado por el camión.
Desde ese día, mi madre me empezó a odiar, me culpó de su muerte, me alejó de Madisson e hizo que ella también me odiara. Me humillaba y maltrataba. Úrsula cada día me recordaba cuánto me odiaba, que yo tenía la culpa de que él hubiera muerto, cuando fue esa desgraciada la que pateó la pelota.
Ella sabía muy bien que ella también tenía la culpa, porque fue ella quien pateó la pelota, pero se quedaba callada. Por eso y más la odio.
Ella me hacía bullying en el instituto junto con su grupo de "amigos". Yo no tenía amigos con quienes estar y alegrarme el día, porque ella quería que sufriera sola. Tenía a todos amenazados para que no me hablaran ni me trataran bien.
Así que mientras esa zorra disfrutaba de una buena vida, yo sufría sola, sin nadie que me quisiera, aguantando el bullying. Úrsula siempre me comparaba con Madisson y decía por qué no puedes ser como Madisson, Madisson esto, Madisson lo otro, Madisson aquí, Madisson allá, siempre Madisson, Madisson, Madisson.
Tres días antes de cumplir los 18 años, me cansé y le dije a Úrsula que su querida Madisson también tenía la culpa de la muerte de él. Que ella solo era una persona que solo busca placer, que lo único que sabe hacer bien es acostarse con el primer chico lindo que le pasa por delante, teniendo novio. Esto me ganó una bofetada por haber insultado y llamado a su hija favorita, a pesar de estar diciendo la verdad.
No lo digo solo porque la odio, sino porque he visto más de una vez a chicos de todas las edades entrar y salir de su habitación cuando ella no está en casa o en el país, que es casi siempre, y también en los baños del instituto.
En fin, esa bofetada solo consiguió que mi odio hacia ellas se incrementara, y hoy, luego de dos semanas de planeamientos, finalmente recibiré lo que merezco y tendré mi muy ansiada venganza.








