Volver a sentir

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Summary

Rin se encuentra con alguien que le cambiara la vida. Pero eso la pone en mucho riesgo.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


Rin despertó con un fuerte dolor de cabeza, el día anterior estuvo tratando de mantenerse lucida en la fiesta realizada por la universidad, todo en honor a uno de sus estudiantes de tercer año, de la facultad de fotografía, que logro ganar un concurso de mucho prestigio a nivel internacional por algunas de sus elaboradas composiciones artísticas, juntando sus capturas de cámara. Ella no estaba al tanto de todos los detalles, pero al parecer el concurso pedía un tema en específico.

Entonces, luego de que esta persona ganara, el centro educativo extendió una invitación a todos los alumnos de humanidades sin importar el grado de estudio en que se encuentren. Y así se vio envuelta por una multitud de gente bulliciosa, que sin tratar de contenerse se divertían a lo grande. La chica habría querido recular y no asistir, pero para su infortunio era algo a lo que no se podía negar. Tan solo estar allí, te daba créditos para tu carrera universitaria y te subía la nota más baja que tenías de tu ultimo parcial, claro que esto solo se reducía a un curso, pero era mejor que nada, al menos en su caso ya que estaba a punto de desaprobar y debía ganar puntos para graduarse en su último año.

Alargo la mano al reloj de su mesa de noche, preguntándose por qué no había escuchado la alarma que siempre la estuvo levantando de la cama desde que comenzó a vivir junto a su hermana pequeña. Al final sus dedos se cernieron en el marco de una fotografía depositada en el centro. Rin enfoco su mirada con confusión, desconociendo el objeto que se reflejaba en sus ojos castaños. Soltó una exclamación de sorpresa antes de sentarse precipitadamente en la colcha, su mano había liberado el retrato como si le quemara la piel. Miro aterrada todo el panorama que le mostraba la habitación, creyendo lo peor y quedándose parcialmente congelada al confirmar sus sospechas. El lugar, en donde se hallaba se veía muy diferente a la recamara de su casa.

Para empezar, esta habitación era mucho más pequeña que la suya, y las paredes apenas estaban provistas de alguna decoración. ¿Acaso la habían drogado para llevarla a un lugar tan triste como ese y así poder hacerle cualquier tipo de cosas con mayor facilidad? Pensar en esa posibilidad era la única opción, pues no podía recordar nada realmente importante que le conecte a un resultado tan insólito como el que estaba viviendo ahora. Los nervios la abordaron a más no poder, imaginándose las situaciones más espantosas a manos de sus secuestradores. ¿Cuántos hombres se habrán divertido con ella?

— ¡No, no, no!… ¡eso no puede ser posible, no puede haber sucedido! —grito, paranoica, mientras usaba las sabanas para enrollarla sobre su cuerpo.

En un instante se abrazó a si misma a la par que cerraba los parpados con fuerza. Se hizo un ovillo en la cama y lanzó un quejido cuando la resaca de haber bebido mucho en la maldita fiesta se incrementó como si le estuvieran martillando el cráneo. Por su locura momentánea no escucho el minuto en que unos pasos ingresaron al cuarto de paredes desgastadas y mucho menos del instante en que se aproximaron a su persona para tratar de calmarla. Rin ya estaba llorando cuando el intruso sostuvo uno de sus brazos para enderezarla, pero su instinto de no volver a sufrir ningún daño provoco que su cuerpo en tensión actuara por su cuenta y empujara a su opresor, incluso si sus brazos le temblaban con violencia.

Un peso cayó al suelo con un alarido y sorpresa. La joven en el lecho abrió los ojos con miedo, preparándose para conocer la cara del desgraciado que la alejo del centro universitario en su inconsciencia. Su iris interceptó la figura de un hombre delgado que ella ya había visto antes, era alguien que conocía porque compartían clases en la facultad de Arte. Rin no podía creerlo, parpadeo varias veces, esperando que se tratase de un simple sueño, pero el cabello rubio y los ojos de tono esmeralda seguían allí, estos últimos observándola con cautela y rastros de desconcierto. Él comenzó a levantarse con cuidado de no alterarla. De pronto Rin noto los tres cortes en su mejilla, no fue consciente de eso, pero era muy probable que ella se lo haya provocado con las uñas en el impulso de antes.

—Rin—pronuncio de forma paulatina su compañero de la universidad—. Desconozco la causa de tu inesperado accionar, pero por favor, tranquilízate.

Ese chico siempre había sido tan especialmente educado con todos sus colegas de estudio, que era casi como un personaje en las historias de caballería. Definitivamente cuando uno lo trataba más, la persona podía caer en la conclusión de que realmente parecía un caballero del tipo que se encargaría de proteger y salvar a las damiselas en apuro. Era ridículo si alguien lo pensaba realmente, no obstante, a la chica siempre le había atraído en particular las cosas y personas extrañas. En ese aspecto, este muchacho solo alimentaba la curiosidad de Rin por comportarse peculiar en pleno siglo veintiuno. Tal vez solo era un fanático de los libros de la edad media e imitaba a los caballeros por puro capricho, aun así, era un rasgo atrayente para ella y lo admiraba por ser de esa forma.

Sin embargo, ahora creía que todo fue una ilusión de su parte, un engaño de él para ocultar sus verdaderas intenciones. Y en realidad su auténtico rostro es el de un depravado que encarcela a sus compañeras de clase o incluso a chicas de grados menores para disfrutar de ellas. La de cabello oscuro había visto muchas series y películas relacionadas a ese tipo de temas, de estudiantes de universidad que estaban metidos en una organización de trata de personas y con engaños llevaban a las chicas a un sitio de prostitución. O también de chicos que solo querían acostarse con alguien por puro placer y no les importaba si en primer lugar tenían o no el consentimiento de la mujer. Ella imaginaba que su situación era el segundo caso. Literalmente se la llevo de la fiesta sin su consentimiento. Ese sujeto en definitiva era un buen actor, y sus facciones finas y hermosas que poseía no ayudaban en que alguien pudiese adivinar su naturaleza oscura.

—Ar…Arturo… ¡No, ya no te conozco, a partir de ahora solo te distingo como el bastardo que se atrevió a lastimarme de la peor forma posible, pensaba que eras un buen chico, demasiado perfecto para que seas una persona real, pero es evidente que solo fingías ser una fantasía! —su voz le tembló en todo el proceso de su queja, esperando lo peor del chico ahora que lo había enfrentado en un lapso de ira por la humillación que creía haber padecido.

El referido se sintió aún más confundido por las palabras de la muchacha; seguía desconcertado de ver su rostro y ojos enrojecidos, con unas lágrimas abundantes corriendo por sus mejillas. Avanzo hacia Rin, solo un paso, pero eso fue suficiente para atestiguar como ésta se echaba hacia atrás hasta chocar contra la cabecera de la cama. Su rostro se puso pálido y sus ojos expresaron horror puro, era como si ella estuviera frente a un asesino serial que tiene como objetivo matarla.

— ¡Por favor, no! ¡Aléjate, no te acerques, no me toques otra vez! —chilla desesperada, y luego comenzó a sollozar descontroladamente mientras se tapaba la cara con ambas manos para no mirarlo a los ojos.

El joven llamado Arturo se quedó inmóvil y con una expresión atónita. Por la reacción tan intensa y de rechazo por parte de su compañera, solo pudo deducir la situación más deplorable que posiblemente le sucedió en la fiesta de la universidad. Alguien debió hacerle algo malo, antes de que Coleman y él la encontraran durmiendo cerca del baño de mujeres. Quizás ella lo estaba confundiendo con el responsable que le ocasiono tal miedo. No podía dejar las cosas así, era su deber aclarar el asunto. Volvió a caminar hacia el borde de la cama y se sentó al filo del colchón. Rin lo sintió y trato de pegarse más a la cabecera, incluso podría estar considerando huir de la habitación, pero el británico ignoro todo eso. Solo se enfocó en mirar a otro punto de su dormitorio, al mismo tiempo que comenzaba a hablar.

—No sé por lo que has vivido, pero supongo que te creaste una idea equivocada de mí—El joven hablo con suavidad, intentando no asustarla más—. Te doy mi palabra de que no te lastimare, jamás le haría daño a una persona que se encuentra en tu estado emocional, solo quiero que calmes tu temor y analices el entorno que te rodea.

— ¡No mientas, ni siquiera aceptaras todo lo que me hiciste! ¡Eres un desgraciado que de seguro está muy acostumbrado a engañar, te importa muy poco cómo me has dejado! —ella volvió a gritar en un impulso— ¡Enserio no tienes ni la decencia para reconocer tus acciones!

—Espera un minuto, ¿Qué piensas que te hice? —el muchacho se volvió a Rin con más extrañeza— ¿Qué es lo que te hicieron en esa fiesta?

— ¡Tú lo hiciste, no te hagas el desentendido! —ella grito furiosa por creer que Arturo intentaba engañarla a pesar de lo ocurrido, ya no tenía la faz cubierta por sus palmas y su llanto había mermado.

— ¡No hice nada, simplemente te encontré inconsciente a aun lado del baño de mujeres y te traje hasta aquí porque no despertabas! —El chico se molestó porque ella no fue clara, pero ya tenía suficiente con las personas que se andaban con rodeos. — Estas siendo irracional con tus afirmaciones hacia mí. Por favor, retira tus palabras.

— ¡Tú… te estas burlando!

—Lo siento, pero no puedo entenderte si solo planeas atacarme—replico el aludido con el ceño fruncido. — ¿Habrías preferido que te dejara sola?

— ¡No estaba sola, mis amigas estaban conmigo! ¡Además, los profesores…!

—No vi a ninguna persona junto a ti, la gente solo te ignoraba cuando caminaban por tu lado. Y la mayoría de los profesores que habían asistido, se habían marchado horas atrás de la fiesta; los pocos que quedaron eran los que estuvieron luchando contra su propia ebriedad, en ese estado definitivamente no podrían tomar en cuenta la condición preocupante de sus alumnos. —objeto su contrario con un tono firme en la voz.

Ella se quedó helada ante esa declaración. No podía creer algo así, era impensable que sus amigas la hayan abandonado a su suerte cuando eran conscientes de su estado enfermo cada vez que ingería licor en exceso. Ellas no serían capaces de…

Rin bajo la mirada alicaída y observo su cuerpo al tiempo que dejaba caer la frazada, descubriendo en consecuencia que todavía llevaba su vestido y chaqueta. Desvió la mirada hacia la pared del lado derecho, en donde estaba puesto un espejo de cuerpo entero. Sus brazos desnudos no tenían ninguna marca de agresión, lo comprobó cuando se sacó la prenda de cuero para verificar heridas en su piel; su rostro y cuello también se pintaban intactos. De pronto se sintió idiota por no verificar eso desde el comienzo, era absurdo. Un hecho que había creído verdad como consecuencia de una idea errónea en su cabeza, ahora fue fácilmente resquebrajado por la realidad de un malentendido. Esto le pesaba más, porque de manera inesperada sintió una gran vergüenza de alzar la vista hacia su compañero de estudios y pedirle que la perdonara por sus acusaciones sin fundamentos. Ofendió a alguien inmerso genuinamente en la etiqueta.

— ¿Enserio no hiciste nada? —al final la de ojos marrones continúo insistiendo con lo mismo sin poder evitarlo.

—Lo único que hice fue quitarte los zapatos, no deseaba que ensuciaras mi cama, es algo molesto ver a alguien dormir con calzado.

— ¿Estuviste mirándome toda la noche mientras dormía? — pregunto la chica sorprendida, recordando la película de ese ser sobrenatural, que se quedaba vigilando los sueños de la protagonista en la oscuridad.

Ella siempre había creído en criaturas fantásticas desde que era niña, y aún pensaba que existían. Pero como nunca vivió nada tan fuera de lo normal, su anhelo se sosegó hasta casi apagarse. Aun así, todavía quería experimentar algo extraordinario incluso si era acechada por un chico que la mayor parte del tiempo actuaba como un caballero de antaño.

—Por supuesto que no. Te dejé descansando, y luego me fui a la sala para dormirme en el sofá. ¿Por qué dejaría mi sueño por verte dormir? No estás en peligro.

Rin por algún motivo se vio decepcionada de que él no la haya cuidado mientras dormía. No entendía por qué percibía esa extraña necesidad, ahora solo esperaba que ocurriera en algún momento.

—Ahora que ya aclaramos las cosas, por favor, usa el baño, imagino que no querrás que las personas del exterior te vean con ese aspecto desalineado. —Arturo se puso de pie y señalo otra puerta en una esquina de la angosta recamara—. Esperare en la sala, tomate tú tiempo.

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.

.

La muchacha llego al punto destinado y encontró al de hebras doradas frente a una pequeña mesa, encima estaba depositado un bento japonés de color negro. Hace tiempo que ella no veía uno de esos, por lo menos desde que fue una niña pequeña de tan solo seis años, antes de que sus padres decidieran dejar Japón y mudarse a Inglaterra. Se acercó por un sentimiento de nostalgia, deteniéndose junto a su compañero cuando éste volvió la cabeza para mirarla. Fue entonces que la de cabello oscuro visualizo una nota adherida a la caja de comida. Decía: ‹‹Debes esperar hasta el almuerzo para poder comértelo››

— ¿Una chica te lo ha enviado, ¿verdad?—pregunto Rin curiosa. —Disculpa si te parezco entrometida, pero necesito indagar, ¿podría ser que tengas una admiradora o novia japonesa? Nuestra universidad tiene muchos estudiantes internacionales, de hecho, yo también soy una alumna proveniente de Japón.

—Esto me lo trajo un amigo que en efecto es japonés, siempre hace esto los domingos. Él estudia otra carrera universitaria, así que su facultad se encuentra distanciada de la nuestra.

—Ah, ya veo—hablo la joven incomoda por ser muy precipitada en sus pensamientos. Era su problema desde que tuvo uso de razón, debía cambiar eso—. Por cierto, Arturo, lamento haber despotricado contra ti, no quise desconfiar de ti, pero yo…

—Olvídalo, si entendiste la situación entonces no tengo ningún problema contigo. —declaro resuelto. —Ahora te llevare a tu casa, no pude hacerlo anoche porque no sé dónde vives.

—No quiero seguir siendo una molestia para ti—comento ella, alejándose del chico unos pasos—. Puedo irme por mi cuenta.

—Está bien, no insistiré. —él ignoro la acción cautelosa de la chica, y puso el bento dentro de una bolsa de viaje.

Rin vio como abrió la puerta que daba al pasillo exterior de su residencia. Se detuvo en el marco y se volvió al mismo tiempo que se ponía la carga en el hombro.

— No vas a venir, Debo dirigirme a otro lugar así que cerrare la puerta con llave. —informo moviéndose a un lado para que ella cruzara la entrada.

La fémina, como saliendo de un trance, dirigió sus pasos hacia la salida de ese humilde departamento. Era inusual que el muchacho viviera en un sitio tan poco resaltante, teniendo en cuenta sus antecedentes familiares. Ella no juzgaría su modestia, el linaje no tenía nada que ver con los gustos de la gente, por lo que esta revelación de su vida solo era una característica más para admirarlo.

Llegaron a la recepción del primer piso, después de diez minutos porque no había ascensor. Ella no recordaba que fuera tan cansado bajar las escaleras, de hecho, era más costoso subir por ellas; Sin embargo, tal vez era por el cansancio de la fiesta de ayer. Como consecuencia de eso, por poco estuvo a punto de tropezar en el último peldaño, si no fuera por el rubio que la sujeto a tiempo. Aún se sentía mal de la cabeza, y ahora parecía que tenía un poco de nauseas. En ese instante juro que nunca más volvería a beber, el alcohol nunca fue compatible con su organismo desde el inicio, y ahora que pensaba en ello, no recordaba la causa que la llevo a emborracharse tanto. También reparo en el hecho de que Arturo se veía normal a pesar de haber estado bebiendo en la misma fiesta; sí, ella lo había visto tomando varias copas acompañado de un desconocido.

Después de que el de iris esmeralda se despidiera de la dueña del establecimiento, quien irónicamente resulto ser la propia encargada de guardar las llaves de todos los huéspedes, avanzo hacia la entrada que daba a la calle, con Rin apoyándose en su brazo. La chica parecía que estaba alucinando, pues sintió vibraciones negativas por parte de la mujer cuando sus miradas se encontraron.

Una vez que salieron al exterior, vislumbraron un auto estacionado a un lado del pavimento, un hombre estaba apoyado en una de las puertas, sosteniendo una bolsa de comida rápida. Y entre sus labios tenía una pajilla para refrescos, Rin lo reconoció como el tipo que estuvo con Arturo la noche anterior. Era alto, de buena complexión física y rostro llamativo, su cabello reflejaba tonos azules y sus ojos eran de un color rojizo suave. Vestía una camiseta blanca, pantalones azules ajustados y zapatillas negras de deporte. Le sonrió cuando su vista se posó en ella.

—Buenos días señorita, me alegro de que hayas despertado de tu largo sueño. —saludó mientras se apresuraba a acercarse para tomar su mano y besar sus nudillos.

La chica le echo un vistazo sorprendida, ese tipo tenía unos ojos enigmáticos, pero al mismo tiempo se podía notar las emociones que reflejaba. No hizo ningún movimiento por lo que su mano aún permanecía capturada por la de él, incluso después de varios segundos en las que ambos seguían intercambiando miradas en silencio. Pero de pronto Arturo hablo rompiendo el ambiente.

— Coleman, buen día. Te agradezco de nuevo que me hayas ayudado a traerla aquí. — pronuncio, mientras alejaba la mano de Rin del alcance de su amigo.

Pronto el rubio se posiciono entre ellos, agitando levemente su bolsa delante del joven peli azul. La muchacha asiática vio como la expresión de su compañero de clases se volvía complicada, a pesar de que le daba la espalda todavía podía ver su perfil. Tuvo la sensación de que no estaba a gusto con algo, pero ella no podía identificar su conflicto. Se movió lo suficiente para poder presencia como Coleman acercaba su mano con un brillo particular en sus ojos. Cuando sus dedos se enroscaron en la correa de la mochila, trato de jalarlo hacia su cuerpo, pero se percató de que su contrario no soltaba el otro extremo de la misma. Insistió un par de veces, pero el de mirada esmeralda seguía necio en dejar ir su pertenencia.

— ¿No la soltaras? ¿Piensas romper nuestro acuerdo? —el hombre atlético sonrió forzosamente. — Este comportamiento no es propio de ti..., Arturo.

Rin parpadeo varias veces, intentando cerciorarse de que lo que vio solo se trataba de un espejismo. Pues por unos segundos creyó notar los ojos color sangre sobre ella, que la observaron con cautela antes de completar la oración.

De repente Coleman sintió que el agarre de su compañero cedía por fin. El de hebras doradas ladeo la cabeza y cerró los ojos al tiempo que suspiraba.

—Es verdad, pido disculpas. Además, te lo prometí y yo siempre intento cumplir mi palabra.

—Sí bueno, ya me conoces y sabes que no hago favores sin recibir nada a cambio —declaro el chico alto sin titubeo—. Pero no debes preocuparte porque también soy alguien considerado, no sería capaz de dejarte sin tu almuerzo.

Los ojos esmeraldas del muchacho de cabello dorado, de repente centellaron con esperanza. Abrió la boca para decir algo, pero entonces vio como Coleman le tendía la bolsa de comida rápida. Arturo sintió que su oportunidad de obtener una porción del contenido de aquel bento se deshacía sin piedad.

—Esto no es una comida saludable—se quejó en un impulso, al recibir el regalo y luego echar un vistazo al interior.

—Eso no importa, además, tú siempre has dicho que el hambre es el enemigo. —rebatió Coleman, sarcástico—. Sé que esas hamburguesas llenaran tu estomago el tiempo suficiente hasta que llegues a la cafetería. Ordene cuatro enteras del tipo extra grande para asegurarme.

Rin se percibió olvidada y excluida de la conversación que parecía extenderse cada vez más y daba la impresión de que no acabaría pronto. Pero al menos pudo conocer un poco de la vida de su compañero rubio. Por otra parte, ya era hora de que volviera a casa, su hermana la estaba esperando por lo que no podía perder más tiempo. Afortunadamente su migraña estaba desapareciendo, así que de una vez decidió despedirse de los dos jóvenes inmersos en su discusión. Cuando interrumpió y les agradeció por haberla ayudado, ambos se volvieron en una.

— ¿Enserio te sientes segura de poder moverte por tu cuenta? —pregunto Arturo preocupado.

—Estaré bien, ahora tengo la mente más despejada y me será fácil tomar un autobús que me lleve a casa—comunico ella sonriendo, pero su contrario no estaba convencido.

Al final, Rin acepto que Coleman la llevara en su automóvil cuando este se ofreció con mucho gusto a ayudarla luego de percatarse de que no traía ni un centavo dentro de su bolso. Tuvo suerte de que él y Arturo la acompañaran hasta el paradero de autobús, si no habría tenido que ir a pie hasta su vecindario. El rubio tenía una motocicleta negra que usaría para ir a la cafetería mencionada anteriormente, así que no paso mucho tiempo antes de que los tres se separaran en la sexta avenida.

La chica de cabello oscuro debía admitir que aun cuando su compañero de clases es una muy buena persona, caballeroso y de alguna manera se sentía atraída ante su rareza, por algún motivo le era más entretenido pasar el rato con Coleman. Este último era más extrovertido, divertido y sabía que palabras decir para que una chica se sintiera a gusto. Conversaron de muchas cosas, al principio ella pensó que su acompañante trataba de insinuársele porque deseaba quedar en una cita con su persona, pero descubrió que Coleman no era soltero, estaba en una relación amorosa de tres años con una mujer llamada Bazett. También se enteró de que en realidad era irlandés y su nombre principal era Setanta, pero prefería que lo llamaran por su segundo nombre, Coleman.

—Antes te escuche decirle a Arturo que no hacías favores sin recibir nada a cambio. ¿Me pedirás algo también?

—Por supuesto que no, eres una mujer hermosa, no podría. —confeso sonriendo, mientras cerraba los parpados por unos segundos. —Es solo que disfruto burlándome de Arturo. Además, fui yo quien te ofreció llevarte a casa.

Coleman la dejo cerca de su casa por petición de ella misma y luego se despidieron en el pavimento frente a una florería. Rin camino presurosa por el sendero adornado de árboles y arbustos. Había llamado por segunda vez al teléfono fijo de su hogar ni bien subió al vehículo de Coleman, pero nadie contesto; lo intento de nuevo en el instante en que se separaron del rubio, dando el mismo resultado. La primera vez que marcó su celular, se encontraba dentro del cuarto de baño de Arturo. Y por lo menos en ese intervalo su hermana sí contesto su llamada.

—No te preocupes, hace horas que desayune—la niña había pronunciado esas palabras en un tono fuerte—. Puedo cuidarme sola, no me subestimes. Además, te prometo que el almuerzo estará listo antes de que llegues.

Luego de decir lo último, corto la comunicación sin esperar alguna reacción de la chica de cabello oscuro.

La asiática estaba impresionada por la seguridad en el modo de hablar de Mary. Realmente la niña siempre fue muy madura para su edad en algunos aspectos, pero en su gran mayoría se comportaba de una forma problemática e infantil. Es por eso que cuando su hermana le hablaba con mucha seriedad, solo podía significar una cosa: Habría caos asegurado una vez que pisara el umbral de su residencia.

Al llegar a la cerca de su patio delantero pudo ver la esperada dificultad de dejar sola a Mary. Este tipo de casos se habría podido evitar si ella hubiese llegado más temprano a casa, o a la hora que debió llegar en la madrugada. Su hermana se encontraba en el techo de su pequeña vivienda del árbol, parecía que trataba de alcanzar algo que la chica de rasgos orientales no podía detectar desde su posición. Un grito que provenía de una voz masculina hizo presencia en el lugar, lo que alarmo más a Rin. Inmediatamente empujo la puerta de la cerca y corrió a donde estaba Mary. ¿Había una persona extraña en su casa? Otras voces le siguieron a la primera y todas parecían estar furiosas.

- ¡Maldita mocosa, baja de allí y devuélvenos nuestra pelota de Baseball! -ladro un chico que se posiciono cerca del tronco en donde se hallaba Mary, intentaba trepar presuroso, pero evidentemente fallaba sin siquiera llegar a la primera rama.

Rin no solo lo vio a él, sino que también encontró a un grupo que tenía acorralado a un muchacho con el rostro ensangrentado. Ellos tenían uniforme escolar, por lo que podían estar cursando la secundaria. La chica no tuvo tiempo de meditar más en eso, debía moverse y frenar a esos abusadores.

- ¡¿Quiénes son ustedes?! ¡Cómo se atreven a entrar a esta casa y armar un escándalo! Pude escuchar sus voces desde la entrada principal.

—¡¿Quién te crees que eres?! — grito uno de ellos indignado—. Escucha muchacha, si sabes lo que te conviene, es mejor que te vayas.

—¡Soy la dueña de este lugar, niño estúpido! —la chica se enfureció al darse cuenta de la altanería de su interlocutor—. ¡¿Acaso son unos delincuentes?!

—¡Maldita…! — el tipo también se irrito más y comenzó a acercarse a Rin con un palo de madera; él era uno de los que habían estado sosteniendo al muchacho horriblemente herido, por lo que Rin pudo darse cuenta de que una parte de su arma estaba manchada de sangre.

—¡Idiotas, si se atreven a lastimar a mi hermana, pinchare esta ridícula pelota y se las lanzare a la cara! —amenazo la niña rubia con furia desde su posición.

—¡Mocosa, hazlo y veras como de mal terminara ella! —rebatió el otro sin detenerse en sus movimientos.

Mary apretó los dientes y su puño libre con frustración, ella tenía el instinto de golpearlos, pero con su cuerpo pequeño y la distancia que los separaba, no podría hacer mucho, de hecho, solo estorbaría. De repente se escuchó el sonido de unas sirenas, la niña ladeo la cabeza y vio un par de camionetas policiales acercarse a su casa. No tuvo que gritar para pedir ayuda y alarmar al demente que estaba por agredir físicamente a Rin, porque él y sus compañeros ya habían empezado a alejarse de la casa y de sus objetivos para poder huir de los uniformados. Desgraciadamente para ellos, los oficiales los intervinieron en la entrada del recinto.

Rin pudo respirar de alivio cuando vio a los agentes cruzar la puerta principal y capturar a ese grupo de violentos. Por un momento creyó que en verdad sería golpeada, por consiguiente, su corazón comenzó a latir con frenesí por el miedo. Trato de calmarse, quien quiera que fuese la persona que llamo a la policía, era un héroe.

—¿Te encuentras bien? —una voz cerca de ella le hizo dar un respingo. Se volvió y se encontró con la mirada del chico que había sido agredido horriblemente por aquella pandilla de locos.