TRAZA MIS ANHELOS

All Rights Reserved ©

Summary

¿Cómo llegó Emme a su cama después de la borrachera en casa de Cam? ¿Cómo se conocieron Tom y Charlie? ¿Qué tal fue la primera cita de Seth y Lía? Este libro es un compendio de diferentes relatos acerca de distintos personajes de colorea mi corazón, narrados desde la perspectiva de cada uno de ellos en situaciones divertidas y tensas que sucedieron a lo largo de la historia.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

VERBORREA

MATT

No. Podía. Creer. Lo que estaba sucediendo.

Emmeline se había atrevido a ir a una fiesta de fin de semana en casa de Cam, nuestro mejor amigo. No sólo eso; traía puesto un vestido que la hacía lucir como un ángel encarnado en la tierra. Esa cosa remarcaba la línea de sus preciosos pechos, entallaba perfectamente su cintura y casi podía notar una línea marcando su delicioso trasero a través del corte de su vestido. Lástima que no se marcara tan bien como cuando intentó ponerse aquel vestido entallado.

Mierda, babeaba de sólo pensar en tener algún día esas piernas rodeando mi cintura mientras me adentraba en su calor, o el tener esos suaves pechos rozándose constantemente contra la piel de mi pecho.

Recuerdo perfectamente la cara que puso cuando me vio llegar abrazado de esas dos chicas que había conocido en mi turno en el bar y, que estúpidamente, había invitado a la dichosa fiesta. Se molestó aún más cuando la alejé de nuestro cumpleañero y me lo llevé aparte con las dos chicas, ignorándola por completo. Genial, de haber sabido mucho antes de que vendría a la fiesta con Lía, jamás me habría presentado en el lugar.

¡Por dios!

No estaba para miraditas santurronas y morales; siempre hacia lo mismo, me miraba con reproche, como si fuera mi mamá y, ni siquiera mi madre, se interesaba y una mierda por lo que hiciese de mis relaciones personales, ella estaba muy feliz, a kilómetros de lo que la había lastimado, con su nuevo y acaudalado maridito. No quería comenzar una pelea con la señorita perfecta, mucho menos cuando lo que más deseaba en ese momento era correr hacia la mesa de bebidas, levantar del suelo a Emme y besarla tan profundo e intenso que solo pudiera hablar para pedirme más...

Pero no podía hacer eso, solo podía fingir que la estúpida conversación de estas dos niñas que traje conmigo era interesante, mientras miraba de reojo a Emme, tambaleándose sobre sus sandalias y fingiendo que era la mejor bebedora de todo Texas. Era un fracaso bebiendo. Aún recuerdo cómo es que logró emborracharse con tan solo dos cervezas en la fiesta de navidad del año pasado en casa de Lía.

Si a caer profundamente dormida en el sofá de la sala de Lía se le pudiera llamar emborracharse...

Sonreí, recordando lo adorable que se veía toda feliz y sonrojada. Esa vez tuve que cargarla y llevarla hasta la habitación de Lía, también recuerdo que me quedé postrado en la entrada por si alguien intentaba pasarse de listo. Uno nunca sabe que alimañas invitan los amigos.

La morena que estaba a mi lado creyó que me había reído de algo que dijo y, le dio tanto gusto, que se atrevió a deslizar su mano por mi muslo derecho hasta casi rozarme el pene.

¿Pero qué rayos le pasaba?

Sólo las había invitado a la fiesta para que Cam pudiese ligar con alguna de ellas. Ya iba siendo hora de que mi amigo tuviese una nueva oportunidad en el amor. Después de que su última relación le había partido el corazón, era tiempo de que conociera a más gente. Por desgracia, ni él estaba interesado, ni ellas lucían muy entusiasmadas. Bueno, una de ellas sí, pero con el tipo equivocado.

Es tiempo de hacer una retirada estratégica.

- Oye Cam- llamé la atención de mi amigo en tanto me deshacía de la mano insidiosa en mi muslo- creo que sería bueno ir a ver cómo está Emme, es que la dejamos muy cerca del alcohol...

Cameron comprendió rápidamente que deseaba volver a dónde estaba mi caperuza.

¿Cómo no lo sabría? Él era el único que conocía mis verdaderos sentimientos por ella, y me había hecho la promesa de que nunca diría nada.

- ¡ah sí! Tienes razón, ella es pésima bebiendo... podría hacer una tontería...

Me levanté de mi sitio y Cam me siguió. Desafortunadamente, las chicas creyeron que la invitación se extendía hasta ellas.

Yo y mis buenas intenciones...

La morena manoseadora, de la que ni siquiera recordaba el nombre, se me colgó del brazo rápidamente y no me quedó más remedio que sonreírle incómodo.

Esta chica no entiende las indirectas

Cuando llegamos a la mesa de bebidas, me di cuenta de que mi pequeña caperuza ya no se encontraba ahí.

- ¿Dónde está?- le pregunté a mi amigo

- eh... no lo sé, cuando miré hacia acá la vi platicando con Seth...

Eso no me gustó para nada

- ¿quién carajos es Seth?- traté de contener mi tono de voz

- es un chico al que le doy tutorías... descuida- continuó tranquilizador. Seguramente al notar mi expresión- es inofensivo...- desvió la mirada hacia el interior de la casa y exclamó- ¡oh! Creo que ya los vi, están en el segundo piso- señaló el barandal a través de los ventanales que cubrían la entrada de su patio trasero-eh...será mejor que vayamos a ver...

Fruncí el ceño

- ¿por qué lo dices así? ¿Acaso no dijiste que era inofensivo?

- hasta donde yo sabía lo era...pero creo que se dirigen a mi habitación...

No necesitó decir nada más, me deshice del agarre de la morena y me encaminé lo más rápido que se podía por entre la multitud de chicos que había en la casa de Cameron. Unos tipos se estaban besando en el paso de las escaleras y tuve que empujarlos a un lado, lo que me ganó varios insultos de porquería.

Para lo que me importaba

Subí al segundo piso, con Cam pisándome los talones, y me fuí derecho hacia la habitación de mi amigo. La puerta estaba cerrada y no se filtraba ninguna luz pero pude escuchar voces hablando y unos sollozos.

Dónde ese malnacido se haya atrevido a tocarle un sólo cabello a Emmeline... ¡lo mato!

Abrí la puerta de la habitación y no podía creer lo que estaba viendo. Emme estaba sentada en la cama de Cameron, su vestido estaba desordenado y alcanzaba a ver su ropa interior, lo que me puso furioso fue que había un niño imbécil casi sobre ella. Mi sangre hirvió y vi todo rojo, me lancé sobre el mocoso pervertido, antes de que tratara de hacerle algo a mi Emme.

Arremetí contra el hijo de perra y le solté varios puñetazos a la cara. Él ni siquiera pudo devolver ni uno solo de mis golpes, estaba furioso y mi cuerpo exigía sangre.

- ¡maldito hijo de perra! ¿Cómo te atreves?

Escuché gritar a Emme al tiempo en que Cameron me levantaba de encima de ese pervertido

-tranquilízate amigo, no puedo dejar que lo mates-me susurró Cameron.

Emmeline me miraba asustada; se había acomodado el vestido y, en lugar de quedarse en dónde estaba, corrió a auxiliar al bastardo que la había atacado.

- ¿Te encuentras bien?- le preguntó toda angustiada al imbécil del suelo.

-Si, no te preocupes- alcancé a escuchar que le susurraba algo más mientras lo llevaba a sentarse a la cama.

En ese instante me di cuenta de algo. Ambos habían estado revolcándose como un par de tortolos, en la cama de Cameron.

¿Cómo pudo hacerme esto?No, no puede ser, lo más seguro es que él se había aprovechado de lo idiota que es Emme bebiendo.

Lo más irritante de todo el asunto fue que, mientras yo intentaba defender el honor de Emme, está se giró hacia mí como si yo fuera la persona más mierda de todo el planeta.

- ¿Qué mierdas te sucede?- me reprochó tan de cerca que podía oler perfectamente el alcohol en ella

Me zafé de las manos de Cam y la miré con todo el desprecio que me provocaba saber que había estado haciéndolo con otro.

- ¿A mí?- me señalé con el dedo en el pecho- ¿qué mierdas te sucede a ti?- la empujé hacia atrás con mi dedo clavándose en su hombro izquierdo

Su rostro estaba rojo. No sabía si de furia o de vergüenza. Sonreí cínico.

No lo digas...no lo digas...

- ¿acaso mi padre sabe que su niña consentida se está comportando así, como una zorra?

¡Imbécil!

Sentí una ligera irritación en la mejilla. La muy idiota me había golpeado.

-No tienes derecho a criticarme, lo que yo haga o no, no es asunto tuyo- me gritó frente a los chicos en el cuarto

Me importó una mierda lo que me dijese. Ya la había cagado y no pensaba disculparme por mis palabras. La miré fijamente, aún molesto.

-Chicos- Cam intervino, como siempre lo hacía- será mejor que se calmen, tenemos público aquí afuera.

Emmeline miró hacia afuera, desviando su mirada molesta de la mía sin emoción.

- Me importa un carajo, vámonos a la casa- tomé a Emme de la muñeca y tiré de ella. Estaba intentando zafarse de mi agarre hasta que le susurré- ¿o quieres seguir dándoles función?- en ese momento miró a su alrededor y, después de escuchar como giraban los engranes de su cabeza, se calmó y me siguió fuera del lugar.

Pude notar que en la puerta estaban las dos chicas que traje conmigo y me miraron intrigadas.

A la mierda, podían pensar lo que quisiesen. Como si las fuese a ver de nuevo...

Tiré de Emme fuera de la casa. Estaba aún más ebria que en la fiesta de navidad de Lía, se tambaleaba torpemente y sus ojos estaban dilatados. Me preguntaba, ¿cuánto había bebido como para permitirle a ese imbécil que la tocara?

Eso me hizo enfadar de nuevo.

- ¿A... dónnnde me lleeeevas?- estaba tan ebria que apenas y entendía lo que decía

-Ya te dije caperuza, nos vamos a casa, traigo la camioneta de papá- traté de parecer menos enojado pero al parecer no funcionó

- ¿Por qué essstas tan molestooo?- murmuró entre dientes y parecía que estaba a punto de llorar

-Porque eres una idiota- y porque permitiste que un hombre te tocara como yo no puedo hacerlo- Ese tipo Emme, ¿acaso lo conoces?- me detuve antes de llegar a la camioneta y me giré para verla a la cara

-Eh...- sus ojos vidriosos me miraban fijamente-No, lo conocí en la fiesta- desvió la mirada y paso al lado de mí. Sus pasos eran desiguales y a duras penas llegó a la camioneta.

Cuando llegó a la puerta del conductor se recostó en ella y miró hacia el infinito. Llegué hasta el lugar y me crucé de brazos bastante irritado. No sabía a qué peligros podría haberse enfrentado estando sola y ebria con un chico.

- ¿Y no se te ocurrió pensar que pudo haberse aprovechado de tu estado?- estaba muy molesto y ella sólo me miraba como a estuviese babeando por su platillo favorito

- ¿Qué...estado, qué?- me contestó bastante distraída

Me di cuenta que seguía muy borracha en cuanto desvió su mirada descaradamente por todo mi cuerpo. Me pregunté si el culpable era el alcohol, si la desinhibía lo suficiente como para que me mirase así a mí o a todo tipo que se le pusiese enfrente.

- ¡Ey! Niña- traté de llamar su atención y acerqué mi rostro al suyo- ¿Acaso no sabes que estas ebria?

Se me quedó viendo sin siquiera contestarme y me hizo un puchero de lo más infantil

-No estoy ebria...- su voz seguía barriéndose- sí..., talvez se me subieron un poco las copas, ¡pero no estoy ebria!- levantó su tono de voz chillón

No sabía si reírme o reprenderla. Lucía patetica y adorable; sus mejillas estaban sonrojadas, estaba haciendo pucheros, su cabello era una maraña desastrosa y, al parecer, la pintura de sus ojos se había corrido lo suficiente como parecer un panda.

-En serio que eres tonta- me estaba volviendo loco su actitud inocente- Emme, creí que se estaba aprovechando de ti, entré a la habitación y tú estabas con medio vestido fuera y llorando, con un imbécil sobre ti

¡TONTA!

Se atrevió a torcerme los ojos infantilmente

-No tenía medio vestido abajo- apretó los puños a sus costados y se puso toda tensa-y para que te enteres, fui yo quien lo besó

Creí que..., no. Ni siquiera me había puesto a pensar exactamente en lo que ella le había permitido hacerle...

- ¿¡Lo besaste!?-traté de no levantar la voz y, a cambio, me desquité golpeando la puerta del coche, detrás de Emme

Ella me miraba asustada

-Bueno... si, después el bajó los tirantes de mi vestido pero...

Ese niño estaba muerto...

- ¡¿Qué!?- volví a golpear la camioneta y le escupí el grito en la cara, molesto

-Yo... - al parecer, la caperuza buscaba por dónde escaparse del lobo- no sabía que estaba haciendo- se calló unos instantes, solo para llevarse la mano a la cabeza y terminar de reclinarse en la camioneta- Matt... yo...- susurró- estoy algo mareada

- no te saldrás tan fácil de esto, niña ¿Y? ¿Qué más sucedió?- estaba hirviendo de celos. Acerqué mi cara a la suya, hasta que nuestras narices se rozaba ligeramente- ¿acaso te gustó que ese tipo te tocara?- como yo no podía tocarte- ¿qué te besara?- como deseaba hacer yo en estos momentos

Me atreví a acercarme lo más que pude a su cuerpo, su dulce aroma a frambuesas y rosas me atraía como la miel a las moscas. Ella se quedó completamente inmóvil pero no me alejó de su lado, así que me atreví a recorrer su dulce mejilla con mis labios. Su piel era suave y cálida al tacto con mis labios.

Emme suspiró y colocó sus manos en mi pecho.

-Matt... - susurró en un suspiro

Gruñí por lo bajo

- ¿Qué pasa caperuza, él te puede tocar pero yo no?- le reproché aún molesto pero excitado.

Atrapé su lóbulo con los dientes, lo mordí y lo lamí ligeramente.

Escuché un pequeño gemido proveniente de mi Emme

-Yo...

Deseaba besarla. ¡Dios! ¡Como lo deseaba! Pero no ahora, no cuando ni siquiera está en sus cinco sentidos y puede que, hasta se arrepienta de todo esto cuando llegue la mañana. Decidí salirme por la tangente y fingir que, de nuevo, me burlaba de ella.

Traté de arremedarla y me reí por lo bajo

-Yo... - me alejé de ella, más a fuerzas que de ganas y me reí en su cara mientras la señalaba como si fuese un padre regañón- que te quede claro enana, no sabes beber, y ahora mismo eres un blanco fácil para todo aquel que se quiera aprovechar de ti. Esto- intercalé entre ella y yo- es para que aprendas la lección- su rostro había quedado tan pálido que no me atreví a mirarla ni un minuto más, en cambio, fingí mirar hacia la parte de atrás de su cabeza mientras rascaba mi cabeza- lo mejor será que subas y volvamos a casa

Titubeé en si acercarme a ella y llevarla hasta la puerta del copiloto o, subir al coche esperando que ella hiciese lo mismo. Elegí la segunda opción.

La escuché soltar un enorme suspiro antes de volver a moverse y subir en el lado del copiloto. Se colocó el cinturón de seguridad y se cruzó de brazos bastante molesta.

¿Era debido a que no la besé? O ¿se molestó porque me reí de ella?

- ¿Tus “amiguitas” no te extrañaran si te vas sin ellas?

¿Acaso la joven caperuza estaba celosa?

-Mis “amiguitas”- la provoqué un poco- vienen en su propio coche, además tengo sus números y puedo llamarles luego- ninguna de esas dos respuestas eran ciertas, pero ella no tenía por qué saberlo. Le guiñé un ojo mientras arrancaba el coche- pero muchas gracias por tu preocupación

Me miró molesta y chasqueó la lengua sarcástica

-De. Nada

Estaba por dar la vuelta en el sendero que me llevaría a la carretera cuando de pronto Emme gritó como loca.

- ¡Espera!

Frené por impulso e hice que la camioneta chirriara

- ¿Ahora qué?- gruñí entre dientes

-Lía- me miró asustada

La tonta de Lía...

Suspiré molesto

- ¿Qué con Lía?

-Pues que vine con ella..., señor fastidioso, - no sé si era su plan que escuchase lo último- y dejé mi bolsa en su auto...

¿A caso todas las mujeres se volvían locas sin su bolso?

Detrás de nosotros un auto había comenzado a encender sus luces delanteras, fastidiando para que nos moviéramos. Ojalá y quisiera pelear, tenía bastante ira contenida y podría descargarme contra un imbécil cualquiera.

- ¿Y eso qué?- levanté las cejas interrogante

Recordar que Emme estaba a mi lado me impidió bajarme de la camioneta así que mejor arranqué de nuevo, pero lentamente, sólo para irritar al conductor de atrás.

-Pues que ella no sabe que me fui de la fiesta contigo y no tengo manera de avisarle.

Comencé a sacar mi celular del bolsillo y lo desbloqueé con la huella dactilar.

-Si eso es todo, llámale del mío y asunto arreglado.

-eh... gracias...- seguía mirándome fijamente

-De nada- apreté el volante con ambas manos. Su escrutinio me estaba poniendo nervioso.

Cuando Lía contestó el teléfono desvió su atención de mi persona y se concentró en contestarle a su amiga lo más sobria posible.

-Soy yo Lía

Arrugó su nariz, como siempre que se molestaba. Tenía ese hábito incluso cuando éramos niños.

-Mañana hablaré contigo, llamé para decirte que Matt me lleva a casa y que olvidé mi bolsa en tu auto- estaba gruñendo y hablando entre dientes- ¡espera! ¡Oye...!- alejó el teléfono de su oreja y lo revisó. Al parecer, Lía se había escapado de su dosis de sermón.

Me reí un poco. Emme podía ser lo bastante mandona y aterradora si se lo proponía y, muchas veces, era quien mantenía a raya el carácter alocado de su amiga.

-Toma- me ofreció el teléfono de vuelta

- Déjalo en el porta vasos de en medio- le pedí casi amablemente. No podía distraerme del camino nocturno

-Lía me colgó el teléfono- Emme reafirmó mi pequeña hipótesis

-Eso noté, ¿al menos tu teléfono está a salvo?

-Sí, gracias. - se recostó cómodamente en el respaldo de su asiento

-De nada.

No quería volver a meter la pata, así que preferí concentrarme en el camino y no decirle nada más. Todo quedó en absoluto silencio y, cuando por fin me estacioné frente a la casa, me di cuenta de que Emme ya estaba completamente dormida. Metí la camioneta a la cochera, bajé de ella y la rodeé para sacar a Emme del coche.

-Emme- traté de despertarla zarandeándola ligeramente- vamos enana, despierta- le susurré sin obtener resultado alguno

Se movió entre sueños e hizo unos ruiditos adorables. Decidí que podía cargarla y llevarla hasta su habitación sin que nadie nos viese, eso iba a ser más fácil que intentar despertarla.

La levanté en brazos y entré con ella a la casa. Todo estaba en silencio y no tuve problema alguno en llegar al segundo piso, no pesaba nada y, cuando llegamos hasta arriba, trató de abrir los ojos un poco.

- hey Emme, despierta. Es hora de ir a dormir- volví a zarandearla, esta vez más fuerte, mientras la dejaba en el suelo, para que ella misma caminara hasta su habitación.

- ¿Matt?- murmuró adormilada cuando la encaminé a su cuarto

Algo no anda bien...

Su rostro lucía un poco descompensado y, con mi experiencia bebiendo, me di cuenta que debíamos llegar al baño

- ¿si nena?-pregunté ansioso mientras la empujaba lo más rápido que pude al baño

-no me siento muy bien...

-lo sé cielo, resis...

Ni siquiera me permitió terminar la frase cuando abrí la puerta del baño y nos empujé dentro de éste; a pesar de que traté de ayudarla a llegar al inodoro, inclinó su cabeza afuera de éste, y expulsó sobre mis pantalones y mis zapatos casi todo lo que había bebido ese día, después, por iniciativa propia, inclinó su cabeza en el inodoroy continuó vomitando. No me quedó más remedio que sostenerla y golpear su espalda.

Lo que hago por amor...

Después de terminar de devolver el estómago, y haberme vomitado la ropa, se limpió la boca con el dorso de la mano y cayó sobre su trasero en el suelo del baño. Recostó la espalda en la pared y se durmió de nuevo.

Suspiré cansado. En definitiva, jamás la dejaría tomar alcohol de nuevo. Lo que me impresionó y que tenía que averiguar más profundamente, era la forma en que me había mirado. No estaba seguro de que todo hubiese sido culpa de la bebida.

Después de eso, limpié su cara y su mano con una toalla y tuve que llevarla de nuevo en brazos a su habitación, la recosté bajo las sábanas y fui a limpiar el desastre del baño y mis pantalones. Deje la ropa sucia dentro de la lavadora y tomé una ducha rápida antes de irme a acostar. Entré a mi habitación y me dejé caer sobre el colchón tan sólo en calzoncillos.

Esta noche había estado de locos.