El día donde todo parecía perdido comenzó
17 de mayo de 2012.
Hacer planos ya no era divertido, si lo piensa quizás nunca lo fue. Había estudiado arquitectura por sus padres, pero se sintió morir en los años de formación, y no fue mucho mejor cuando empezó a ejercer.
Seongjin apestaba a dinero, de sus padres y el suyo propio, y una vez lo tienes todo, es difícil ver las cosas con los mismos ojos. Las cosas se ponen difíciles cuando tienes lobos por amigos y familia, personas de dudosa calidad que no te ven como algo más que una herramienta. Está grabado en su mente cada traición, dolían de manera casi física.
La mirada de Seongjin se fija en la casa en frente suyo.
Una casita tradicional coreana, Hanok, donde tiene que entrar sin zapatos y la madera cruje bajo sus pies.
El dinero de los tres meses de arriendo, una suma bondadosa por las molestias de llegar el mismo día, la nostalgia de dejar la casa y, por supuesto, la apuesta cara de Seongjin; fue suficiente para que la amable anciana se ofrezca a cocinarle a diario. Si bien Gangneung había crecido exponencialmente en población, encontrar una ama de casa no era tan fácil.
La señora Han tenía más de ochenta años y muchas historias interesantes para escuchar sobre la provincia de Gangneung. Historias sobre fantasmas, festivales y, sobre todo, chismes.
La adorable abuelita se sentía sola. Seongjin hizo la conexión cuando se enteró que era viuda de dos maridos, y se le había muerto un niño. Decía que en su casa rondaban los fantasmas del pasado, y que los recuerdos de sus seres queridos con los que había compartido su hogar eran demasiado intensos para seguir viviendo ahí.
Y es así como Seongjin llega a Gangneung, la casa de escritores y el paraíso de los artistas.