Metanoia

Summary

Poco a poco Bill ha comenzado a adaptarse a su nueva vida cómo humano, a pensar y sentir cómo uno, pero si bien ésto puede significar un avance en su relación con la familia Pines, también implica nuevos problemas y preguntas que Bill no es capaz de comprender o resolver por su cuenta. Junto a eso, la vida adulta llega para los gemelos Pines, y con ello nuevos inconvenientes y preocupaciones. Ambas partes deben aprender a convivir con sus nuevas etapas, ya sea de forma individual o con ayuda de quienes están a su lado. Ahora, ignorando los problemas de la vida, Dipper y Bill finalmente comienzan a acercarse un poco más.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

[0] Antes de la visita

      La visita de los señores Pines estaba cada vez más cerca, lo cual ponía a los gemelos y Billy con los nervios a flor de piel al no saber cómo reaccionarían con… bueno, todo.


      Según lo que me contaron sobre ellos, dudo que relacionen tú… situación con el trato que hicimos, ¿cierto? —Billy recordaba algún que otro dato tirado en sus conversaciones con los Pines acerca de sus padres, entre los cuales casi siempre resaltaba algo en particular: No creían en la magia y al descubrir que sus hijos estuvieron en medio de cosas sobrenaturales durante sus vacaciones de verano, simplemente decidieron negarles volver a Gravity Falls durante cinco años.


      Es probable. —dijo Mabel, mientras doblaba su ropa, al mismo tiempo que Billy la ayudaba barriendo la habitación mientras Dipper ayudaba a Stan en la tienda de la cabaña —. Pero considerando que tarde o temprano tendremos que decirles la versión que inventamos acerca de que la magia, no la tuya en específico —aclaró la castaña —, me hizo esto, lo más seguro es que vuelvan a prohibirnos venir.


      Billy simplemente escuchó en silencio mientras barría, sin darse cuenta de que su rostro había adquirido una expresión tensa ante la última frase.


      Ya veo… —se limitó a responder, una vez terminó su tarea, antes de sentarse en la cama de Dipper para doblar su propia ropa.


      Mabel había sido distante con él desde que reveló su identidad, lo cual solo hacía que ambos se sintieran incómodos el uno con el otro, muy diferente a la relación maternal que habían tenido apenas unos días atrás.


      Billy, por su parte, aún buscaba de forma inconsciente, casi por instinto, estar cerca de ella. La ayudaba siempre que podía, e incluso habían pequeños momentos en que trataba de hablarle sobre cualquier cosa que no tuviera que ver con lo que estaban viviendo, como hacían antes… pero simplemente ya no era lo mismo.


      Mabel no evitaba hablar con él, pero tampoco era capaz de “seguirle el ritmo”. Era como si todos sus sentidos de defensa se hubieran activado aunque fuera consciente de que el Bill que tenía en frente no era el mismo de antes. No era que tuviera miedo, simplemente no se sentía segura ahora que sabía la verdad.


      «Billy, no seas idiota»


      Pensaba el rubio cada vez que notaba la nueva distancia entre ellos.


      «Sabías que iba a ser así y lo hiciste de igual forma… Sabes que fue lo mejor, no te quejes ahora»


      Pero por más que lo sabía, no podía evitar sentir un extraño dolor en el pecho cada vez que notaba la indiferencia de Mabel. Para bien o para mal, en el poco tiempo que pasó cómo humano había llegado a verla como su amiga.


      Cuando terminaron de limpiar y ordenar, ambos pasaron lo que restó del día en las puntas contrarias de la habitación a la que estaba el otro: Mabel en su cama, viendo el techo, la pared o cualquier cosa que encontrara interesante en el momento, mientras que Billy tomó prestada la cama de Dipper hasta que volviera para evitar molestar a la castaña con su cercanía, viendo cómo su atención pasaba por absolutamente toda la habitación… Pero nunca por él.


[ . . . ]


      Tres días para la llegada de los señores Pines y Dipper ya era consciente —desde hace cinco minutos —de que el malestar de Mabel era causado por magia. Según la versión de los hechos dada por ella y Billy, cuando la castaña extendió la mano a la estatua de Bill, se desató una maldición que vino acompañada del rubio.


      ¿Están diciendo que Billy es… un doble? —Dipper tenía una mueca extraña en el rostro que parecía decir por sí sola que el pobre no entendía ni mierda.


      Exacto, cómo un hijo perdido. —dijo Mabel, con voz dramática mientras señalaba a Billy —. ¿No ves el parecido? Era obvio, no entiendo porqué tardamos tanto en darnos cuenta.


      Mentiras.


      Tanto Billy como Mabel sabían que no podían decirle la verdad a Dipper, lo mejor para él era simplemente… mentir.


      Dipper miró a Billy, que se veía mucho más tranquilo que su hermana. Él no lo sabía, pero el rubio estaba tan acostumbrado a las mentiras que una más no le afectaba en lo más mínimo.


      ¿Están seguros de eso? —el castaño no sabía si creerles, Mabel simplemente no pudo responder. A diferencia del moreno, ella no estaba acostumbrada a mentir, mucho menos a su hermanito.


      Billy la miró de reojo, antes de bajar la mirada de nuevo.


      Sí, lo estamos. —dijo firme, tan natural que simplemente parecía sincero —. ¿Te molesta? —preguntó, haciéndose a la idea de que se distanciaría de él como lo hizo su hermana.


      Hubo un silencio breve, antes de que Dipper tomara aire y volviera a verlos. Confiaba en ellos, lo que le estaban diciendo debía ser cierto, ¿no? Ellos jamás le mentirían, así que debía creerles porque ellos tuvieron la confianza de decirle la verdad.


      En absoluto… No eres él, sigues siendo el mismo de siempre. —dijo con una pequeña sonrisa, aún con dudas, pero confiando en las dos personas que más quería en el mundo.


      Y de nuevo, Billy sintió un dolor en el pecho, sin entender porqué.


[ . . . ]


      No les voy a caer bien. —dijo Billy sin rodeos, apenas un día antes de que los señores Pines llegaran.


      Hubo un silencio incómodo, pero el rubio no le tomó importancia. Se había acostumbrado a ellos gracias a su nueva “dinámica” con Mabel.


      ¿Te refieres a mis papás? —dijo finalmente Dipper, que había sido tomado por sorpresa mientras anotaba algo en su cuaderno. Billy simplemente asintió.


      No soy del todo humano, dudo que quieran que alguien como yo sea amigo de ustedes.


      Y eso te preocupa porque… —dijo, alargando la última palabra, mientras dejaba su cuaderno a un lado.


      Si eso sucede y no nos dejan seguir en contacto, no me agrada la idea de que eso los perjudique.


      No te ofendas, ¿pero porqué sería malo que ellos te rechacen? —Dipper no entendía el punto y el hecho de que Billy no lo estuviera viendo mientras hablaban no lo ayudaba a hacerlo.


      Puede que mí magia sea lo único que pueda ayudar a Mabel, si ellos deciden que no soy buena influencia para ustedes y les prohíben volver aquí no podré hacer nada para ayudarlos. —la voz del chico sonaba extrañamente distante, aunque realmente estaba tratando de ser sincero, había algo que no estaba diciendo; si Mabel lo había rechazado luego de descubrir quién era, ¿qué le aseguraba que dos extraños no harían lo mismo?


      Dipper frunció ligeramente el ceño, últimamente había notado un cambio de actitud en Billy… Ahora que lo pensaba, quizá estaba relacionado con su distancia con Mabel, resultado —creía él —de descubrir que Billy era una especie de reencarnación de Bill Cipher.


      El moreno se había vuelto más distante, aunque también más atento, una combinación extraña que no disgustaba ni agradaba a nadie en la cabaña.


      Con Mabel, Billy era mucho más cuidadoso, siempre mantenía la distancia aunque se notaba que quería estar cerca.


      Con Stanley, simplemente actuaba con indiferencia ante cualquier cosa que el anciano dijera o hiciera. Sus únicas interacciones eran para ayudar en la tienda de vez en cuando, pero el castaño podía notar cómo su tío sentía cierto aprecio por el moreno.


      Por último, cuando se trataba de él, Billy era… extraño. No eran cercanos, pero tampoco había una brecha tan grande cómo cuando recién se conocieron. Billy confiaba en Dipper para contarle sus problemas, y Dipper siempre estaba dispuesto a escucharlo.


      Podía decirse que Dipper era el único que conocía los problemas de Billy, pero que aún así seguía habiendo una barrera invisible entre ellos. El castaño podía ver al moreno, su parte más vulnerable, pero aún así le era imposible acercarse.


      Dipper sacudió la cabeza, no era momento de pensar en eso.


      ¿Quieres hablar con ellos? —dijo finalmente, luego de lo que pareció un silencio eterno —. Puedo llamarlos, así podrán conocerte un poco antes de verte.


      El simple hecho de que Billy finalmente levantara la vista para verlo fue respuesta suficiente.


[ . . . ]


      Los señores Pines estaban llegando, ya habían llamado para avisar que estaban cerca y todos habían salido a recibirlos.


      El grupo de amigos estaba nervioso, los tres con la misma sensación en el estómago que les recordaba todo lo que podía salir mal si los padres de los gemelos decidían alejarlos de Gravity Falls y, en consecuencia, de Billy.


      Stanley era ajeno al problema, ninguno de los tres jóvenes había estado de acuerdo en contarles la “verdad” al mayor, así que para él todo era una visita normal bajo circunstancias desafortunadas, igual que la mayor parte de su vida.


      Billy estaba casi pegado a los gemelos. No era intencional, su cuerpo simplemente se había movido por si solo hasta que su estómago se calmó un poco.


      Ninguno de los dos hermanos lo notó, ni tuvieron tiempo de hacerlo cuando oyeron el sonido del motor de su auto que anunciaba, finalmente, la llegada de sus padres.


      Dipper fue a recibirlos, junto con Mabel, mientras que Stan los siguió manteniendo un poco la distancia, pues no era tan cercano a los señores Pines como sí lo era con sus sobrinos.


      Los padres abrazaron a sus hijos, los saludos y preguntas familiares comenzaron a formarse poco a poco mientras observaban con nulo disimulo la situación de su hija que, aún con la evidente lástima en sus ojos, seguían viendo con cariño.


      «Es… un mundo completamente distinto al mío»


      Pensó Billy, con cierta incomodidad, que veía la escena desde la distancia mientras esperaba que los señores Pines notaran su presencia.


      Aún siendo humano y con varios meses de experiencia en ello, la simple idea de tener algo parecido a una familia le parecía… Simplemente no le agradaba la idea.


      La idea de amar lo suficiente como para decidir pasar su vida con alguien —así como los padres de los gemelos —le revolvía el estómago. Pensar en formar una familia con ese “alguien” solo hacía que se pusiera incómodo.


      La idea de una familia propia aún le parecía inalcanzable y ajena a lo que quería para él.


      Lo único que le importaba ahora eran los gemelos, arreglar lo que había hecho y desaparecer de sus vidas si era necesario. Pensar más allá de eso no tenía sentido.

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