Over again ; satzu

Summary

∗ Sana y Tzuyu están divorciadas, pero aún así se ven en la obligación de convivir debido a cierto pequeño llamado Jaehyun, su hijo. ¿Se llevan mal? No. ¿Podría ser aquello una tortura? Tal vez. ¿El problema real de todo? Puede que todavía se quieran. ㅤ→ Adaptación permitida › Tzuyu G!p (Sin contenido +18) › Extensión: parte uno + parte dos › Alteración de edades la historia le pertenece a @itsavamochi en wattpad

Genre
Romance/Other
Author
vante
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Parte uno

Se removió entre las cálidas sábanas con pereza, un pequeño quejido inconsciente salió de su boca al escuchar la voz de su mamá llamarlo a lo lejos. Ah, ¿por qué la mañana siempre llegaba tan rápido? No le gustaba levantarse temprano, era molesto. Él amaba a su mamá; la amaba mucho, ¡muchísimo! En serio que lo hacía... Sin embargo, prefería ignorarla. Si no lo escuchaba por un ratito, probablemente se diera por vencida y lo dejara descansar un par de horas más.


Jaehyun creyó haber ganado por esta vez, pues la voz de su progenitora dejó de resonar en su habitación para dar paso a ese silencio que lo ayudaba a dormir.


Hasta que entonces...


—¡Ya, mamá! —la luz entró, junto con ese fastidioso sonido de las cortinas corriéndose a un lado.


Sus ojitos se cerraron con fuerza e intentó cubrirse todo el cuerpo con la sábana.


—Jaehyun, ya levántate —dijo su madre, acariciando su cabeza por sobre la tela. El niño se quejó otra vez, murmurando: "No, ¡Quiero dormir!"—. Vamos, arriba. ¿Sabes qué día es hoy?


Ante aquellas últimas palabras, el pequeño pelinegro asomó un ojo, curioso.


—Um... ¿Es tu cumpleaños? —susurró con dudas. Él no recordaba mucho las fechas especiales, pero sabía cuándo eran los cumpleaños de sus mamis porque en esos días la tía Momo lo mencionaba sin parar. Entonces... Tal vez lo hizo y no escuchó—. ¿Sí? ¿Es tu cumpleaños, mami Sana?


—No, no es mi cumpleaños —negó con una sonrisa—. Hoy se celebra el día de la madre en tu escuela. Tienes que levantarte porque es el festival.


¡Oh, cierto! Estuvo practicando con sus amigos de la escuela. Dio un salto emocionado, abrazando a Sana.


—¡Hoy es mi obra! ¡Y... Y... Y también voy a cantar! ¡Y...! — Jaehyun abrió los ojos desmesuradamente de pronto— ¡¿Qué hora es?! ¡¿Y si es tarde y ya pasó la obra?! ¡Mami, vamos!


—Tranquilo, Jae —rió enternecida ante la preocupación de su hijo. Revolvió sus cabellos, depositando un beso en los mismos.


Jaehyun estiró los brazos hacia ella, dando pequeños saltos en la cama.


—¿Tía Momorin ya viene por nosotros?


—Es muy temprano todavía, hijo —dijo Sana, poniéndose de pie con el niño en brazos— Pero es mejor que comiences tu día ahora. Ya sabes, queremos estar listos a tiempo para la escuela, ¿verdad? Además, no creo que desees perderte tu sorpresa.


—¡Wah! ¡¿Qué sorpresa?!


Sana agradeció en silencio a su hijo, a comparación de su... peculiar despertar con los sonidos insistentes del timbre, el trayecto al baño fue el mejor momento de su mañana. Jaehyun no paraba de preguntar sobre dicha sorpresa, obteniendo muchas quejas al no soportar la risa. Era adorable y el hecho de que fuera tan inteligente para tener siete años hacía su corazón dichoso.


Sana esperó paciente a que se lavase los dientes e hiciera sus necesidades. Su cuerpo tenía ciertas ansias que hacían sus piernas temblar y sus manos sudar, la «sorpresa» la tenía inquieta, sin comprender por qué llegó justo en ese momento; así, sin avisar, sin una llamada o señal de humo que le informara que estaba devuelta en la ciudad. Por otra parte, era un alivio que recordase su papel en la vida de Jaehyun, decidiendo verlo en esa fecha que era importante.


Cuando estuvo listo, Sana guió al niño a la sala de estar sin responder las cuestiones más que un: "No lo sé, Jae, ya lo verás".


—¡Mami, dime! —tiró de su pantalón, viéndole con un puchero y aquellos ojos oscuros mostrándose más brillosos que de costumbre—. ¡Má!


—Oye, pequeño manipulador, no te cuesta nada esperar un poco.


Jaehyun negó.


—Pero quiero saber —respondió quejumbroso— ¿Por favor?


—Sólo si lo pides así... Está bien, Jae-Jae —pero esa voz no era de mamá Sana, porque era más suave y la escuchaba poco. El corazón del chiquillo empezó a latir con fuerza, girándose con desespero a donde estaba la voz.


Allí estaba, con una gran sonrisa, apacible y la conocida bolsa de regalos de color azul que, probablemente, Jaehyun ni siquiera notaría hasta terminar de contar el último relato de su día a día.


El pequeño no aguardó nada en cuanto comprendió que esa era su sorpresa y comenzó a correr a su dirección de inmediato.


—¡Mami Tzu! —exclamó Jaehyun feliz, hundiéndose en sus brazos con anhelo.


Sana sintió su pecho estrujarse, vio al menor aferrarse al cuello de su madre, sonriendo al ser alzado. Observaba esa escena pocas veces al año, más el sentimiento no cambiaba. Era una mezcla de alegría, tristeza e impotencia... Alegría por la carita iluminada de su hijo, por su voz infantil llena de vida. Tristeza por el hecho de que sabía cómo sería cuando Tzuyu se fuera nuevamente, dándole promesas falsas y seguridad engañosa. Tal vez la impotencia se debía a que su decepción sería el doble para Jaehyun, no pudiendo hacer nada, ni teniendo poder para que Tzuyu tomara consciencia.


Suspiró, poniéndose a un lado del sofá –donde terminaron sentados ambos Chou, oyendo las anécdotas que Jaehyun contaba a Tzuyu, mismas que ella escuchó con anterioridad.


No podía evitar compararlos físicamente, era verdad que el infante poseía varios rasgos suyos, más el parecido a Tzuyu era impresionante (las mejillas, los ojos, las cejas, el color de piel). Sin embargo, Sana supo que no eran iguales, lo comprendió en ese instante, cuando Tzuyu le mostró todos los obsequios que compró para él, y Jaehyun, en vez de abrirlos y jugar con ellos hasta olvidarse de su presencia, agradeció con una sonrisa para después continuar hablándole acerca de esa escalada al árbol de su vecino.


—¿Vas a ir a mi obra, mamá? —preguntó Jaehyun, mirando expectante al mencionado.


Tzuyu sonrió, pasando su dedo pulgar por la mejilla del niño.


—No hables con la boca llena, Jae-Jae — la pelinegra reprendió, el cariño se notaba en su tono de voz. Sana no quitaba la vista de ambos.


—Pero si irás, ¿verdad? Ah, si vas te... Ahm... ¡Te presentaré a Minjeong! E-es mi mejor amiga. ¡Y, oh! ¡Yo... Yo...! ¡Podremos ir al cine! ¡Y... A l-las maquinitas! —el niño tenía la manía de exaltarse siempre que estaba emocionado.


El vaso en la mano de Sana terminó vacío de un sólo trago. Debería ser fácil. Se supone que con el pasar de los años tendría que volverse más fácil.


Tal vez una madre nunca está lista para escuchar a su hijo mendigarle un poco de atención a su otra madre, pensó Sana.


La risa de Tzuyu la sacó de su ensoñación, volvió la mirada a ellos.


—Claro que iré a tu obra, campeón. No me lo perdería por nada del mundo.


—¡Genial!


Si alguien le hubiese dicho a Sana que a los veinticinco años estaría frente a su hijo de siete años y su ex-esposa, quizá se habría reído. La sensación en su estómago que era llamada por muchos jóvenes como «mariposas», la ilusión de encontrarse siempre al final de cada práctica, fueron esos sentimientos los que le hicieron creer que sería para siempre. Jamás podría borrar de su memoria el pasado, incluso si hacían años de su divorcio.


Tzuyu fue la bailarina principal del club de baile, mientras que Sana parte del club de pintura, gracias a sus habilidades artísticas hablaron por primera vez en una feria que patrocinaba la universidad. Hubo un error de producción ese día, les dieron el mismo horario para presentarse (Sana mostrando sus retratos y cuadros coloridos, y Tzuyu dando su solo de baile). La castaña dio a relucir su molestia debido a la tonta chica que daba sus razones de por qué debería presentarse ella primero, pensaba que le restaba importancia a su trabajo, pero terminó cayendo al notar que le estaba coqueteando sin pizca de vergüenza.


Las citas no se dieron a esperar, tenía tiempo que no le gustaba alguien de tal forma. Pese al miedo, se entregó de lleno a la menor de cabellos oscuros, permitiéndole cuidar de sus sueños y temores más profundos. ¿Qué decir? Se había enamorado de Chou Tzuyu, verdadera, loca, profundamente... Pasado un año de relación formal, se entregaron en cuerpo y alma por primera vez, inconscientes ante lo que les tenía preparado el destino.


Dejar que ocurriese fue una locura, no dejaba de reprocharse ser un descuidado hormonal cada que analizaba el test de embarazo. Sólo tenía diecinueve años y estaba embarazada, Dios, de pensarlo sus entrañas se apretaban. Abortarlo como cualquier chica era imposible, la única forma era pagando una operación demasiado cara –y ella no tenía dinero en absoluto. Entonces fue donde Tzuyu sin opciones, explicándole lo que pasaba con su cuerpo.


"—Lo tendremos, amor —dijo Tzuyu, su mano apresaba la de Sana sin un atisbo de inseguridad— Saldremos de esta juntos.


—P-pero... Es un bebé, Tzuyu —hablaba entrecortada por las lágrimas y el nudo en su garganta—. No he terminado la universidad y mis padres no me aceptarán, y yo...


—Chst, oye... Escúchame. Cásate conmigo, Sana, hagamos nuestra propia familia sin pensar en el qué dirán o en el futuro. Seremos tú, yo y bebé contra el mundo.


La castaña rió flojito con lo último, abrazando con fuerzas a la contraria.


—¿Prometes que todo estará bien? —Tzuyu asintió cansino, besando cortamente sus labios. Escuchó un pequeño susurro en su oído con las palabras 'Lo prometo...'—. Acepto, Chewy."


Sana sí debió pensar en el futuro, sí tuvo que haber hecho un segundo plan por si fallaba un mínimo detalle, para no estar tan destruida dos años después de casarse, firmando el divorcio con lágrimas en los ojos y un bebé en brazos.


A diferencia de ella, Tzuyu terminó la universidad y consiguió empleo tan rápido como lo hizo por un cazatalentos que estuvo en la presentación final de la institución, reconociendo el talento innato de la bailarina. No podía desperdiciar esa gigante oportunidad, le estaban ofreciendo trabajar como bailarín para una de las compañías más importantes de Corea del Sur y lo entendía, por lo que no se le ocurrió decirle que rechazara la oferta. Una buena paga les dio una casa espaciosa, todo lo necesario para Jaehyun, ropa, comida, viajes... ¿Qué mejor que eso? Sana entendió muy tarde, que la respuesta a esa pregunta no tenía precio.


Su familia.


Un ensayo se convirtió en un show en vivo. Un show en vivo se convirtió un viaje a la ciudad vecina. Un viaje se convirtió en un contrato. Un contrato se convirtió en un tour nacional. Un tour nacional se convirtió en una gira mundial. Y aquello, todo lo que Sana construyó junto con su maravillosa esposa, pasó a ser un hogar roto con una madre ausente.


Los regalos no significaban nada para ella, y Jaehyun estaba muy pequeño para tener conocimiento acerca de qué le gustaba y qué no. La inseguridad combinada con el simple hecho de sentirse sola y deprimida fue un detonante para tomar una complicada decisión, una que no pensó elegir nunca: el divorcio. Se avecinaron meses oscuros, salió adelante con la ayuda de su mejor amiga Momo, culminando a duras penas sus estudios, prometiéndose a sí mismo que no necesitaría de ninguna persona para criar a su hijo. Si Tzuyu prefirió la separación y dejar a su hijo para trabajar, estaba bien. Si Tzuyu creía que con regalos y visitas de un fin de semana cada cinco meses sería suficiente para Jaehyun, estaba bien. Si Tzuyu no quiso cambiar por su único hijo, estaba bien. Sana no lo comprendía a pesar de que muchas veces trató de hacerlo, no le quedaba remedio que aceptar su destino y respetar la decisión de la menor.


Aunque dolía ver a Jaehyun ilusionado.


Aunque su corazón llevaba años presionado con una alambre de púas.


Ella estaba bien.


—¡Mami! —el grito de Jaehyun la exaltó, por poco dejando caer el vaso que seguía vacío en su mano.


— ¿Qué pasa? —preguntó con el ceño fruncido. Tzuyu y Jaehyun la veían con diversión.


—Ya terminé de comer —señaló su plato— ¿Puedo buscar los dibujos que hice en la escuela para mamá?


—Hmm, bien. Hazlo rápido, tenemos que darnos un baño para ir a tu escuela.


—¡Okay-Okay! —sin más, Jaehyun salió corriendo de la habitación, dejando a las mayores solas.


Se quedaron en silencio, dándose miradas fugaces de ocasión en ocasión.


—¿Eres así de pensativa siempre o sólo cuando estoy yo? —inquirió Tzuyu, curiosa.


Sana se encogió de hombros.


—Realmente no estás mucho en casa, Tzuyu —murmuró bajo— No soy pensativa, me conoces. He de admitir que no estoy acostumbrada a verte llegar de sorpresa sin aviso previo.


— Sana...


—Luego, Tzu. Jaehyun está en casa, no es momento —negó suspirando, como si aquella conversación le agotara.


—Hablaremos en la noche —le dijo en un susurro. Los pasos de Jaehyun se resonaban cerca.


La castaña la ignoró, una sonrisa de simpatía se abrió pasó en sus labios ante la llegada del niño, quien traía consigo un folio de One Piece (que le compró Tzuyu, por supuesto) con dibujos. El interés de Jaehyun por los dibujos no lo sorprendía, él creció viendo a su mamá realizar cuadros pero saber que poseía el mismo interés que Sana por el arte le enorgullecía. Su niño era especial.


Dejó que Jaehyun le explicara a Tzuyu la historia de cada dibujo e inhaló hondo cuando enseñó en los que aparecían los tres. La parte más dura era pretender que los deseos del chiquillo no le destrozaba una porción de su alma.


—Aquí estamos en el parque mecánico. Mira, mami está gritando en la montaña rusa.


Tzuyu sonrió un poco, dándole una mirada dulce.


—Oye, a Sana le dan miedo las alturas —le susurró en el oído. La mencionado rodó los ojos.


—Tu hijo es un comediante de primera —Sana sabía que Momo fue el culpable de ese dibujo—. Igual a Momo, pasan mucho tiempo juntos.


—La tía Momorin es divertida —dijo Jaehyun, encogiéndose de hombros.


Siguió mostrando sus dibujos, sonriendo alegre por los comentarios halagadores que su mamá Tzuyu le decía. Le gustaba cuando estaba en casa junto con mami Sana, hacía que un calor se instalara en su pecho, la maestra Jihyo le explicó por qué era eso, pero ya no se acordaba.


Pasaron otra vez a la sala de estar y Tzuyu estuvo al menos diez minutos admirado por el trabajo de su hijo. Sana también se sentó a un lado, atenta a todo.


—Este lo hice con ayuda de la tía Chae — Jaehyun tomó la hoja. Sana perdió el aliento por un segundo, mientras que Tzuyu no pudo formular una palabra— Mamá está aquí, bailando —señaló a quien parecía ser Tzuyu en una pequeña tarima— Y Mami de este lado, está dibujando a Mamá.


La mayor enfocó sus ojos en los de Tzuyu por una fracción de segundo.


—Jaehyun... ¿cuándo hiciste este dibujo? —preguntó y llevó una mano a la cabeza del aludido, peinando sus hebras para calmar el frenesí de su corazón.


—No sé —las mejillas de Jaehyun pasaron a un color rojizo— Fue con la tía Chae, mami.


Tzuyu abrazó al niño, besando sus mejillas hasta hacerlo reír. Jurando estar orgullosa de sus habilidades y de su maravillosa imaginación.


Sana estaba tratando de recordar como llenar de aire sus pulmones.




꒰ 🌷 ꒱




Tan pronto como terminó aquél momento donde Jaehyun de forma inconsciente rompía el corazón de Sana, fue llevado para darse un baño y vestirlo apropiadamente para su obra (luego tendría que cambiarse en la escuela para presentar su canción). Sana llamó a un cliente que tenía programado para esa misma tarde y le informó que cambiarían la cita por asuntos personales, mismos que tenían que ver con Tzuyu, por supuesto, quien dijo llevarlos a comer después de la presentación.


La casa se sentía cálida, las carcajadas de Jaehyun y la voz alegre de Tzuyu se oían a través de las paredes mientras estaba en su cuarto terminando de ponerse una bonita boina oscura que le había regalado su hijo el día de su cumpleaños.


Se aproximaron pasos a la habitación, deteniéndose justo en el umbral.


—Mira eso, Jae-Jae, tienes una madre muy hermosa —halagó Tzuyu, haciéndole señas al niño sus manos.


—¡Mami! —exclamó en tono alto a pesar de estar cerca— ¡Eres hermosa!


Se mordió los labios para ocultar una sonrisa y que la vergüenza se apaciguara. Abrió los brazos para recibir el pequeño cuerpo de Jaehyun, besando su mejilla una y otra vez.


—¿Hermosa yo? Pero mírate, mi hombrecito es el más hermoso de todos —decía al mismo tiempo que dejaba un recorrido de besos sonoros— Seguro dejas a todas las niñas detrás de ti.


—¡Má! Las niñas son asquerosas —las cejas de Jaehyun cayeron, el ligero sombreado en sus mejillas y orejas se hicieron notar con su exclamación.


Sana rió, era imposible no tener ganas de abrazar y besar y tomar a su hijo en brazos para no soltarlo nunca.


—Entonces a los niños, eh —la castaña picoteó su costado. Jaehyun se quejó.


—¡Ugh! Los niños también son asquerosos. No me gustan, no me gustan.


Tzuyu hizo un ruido con la garganta, acortando los pasos hasta ellos. Esbozó una sonrisa.


—Sí... no creo que me agrade demasiado la idea de Jae-Jae teniendo alguna novia — chasqueó la lengua— Estás muy pequeño para eso, nada de relaciones hasta, mínimo, los treinta —dijo satisfecha.


Sana la miró como si perdió la cabeza.


—¡Mamá! No voy a tener novia jamás —protestó nuevamente. Sus madres estaban locas si creían que él podría besar a una niña, ¡Tenían piojos! Excepto Minjeong, ella era genial. Y los niños gritaban mucho, ugh, no le gustaban— Vamos, vamos, se hace tarde.


Las risas no se hicieron esperar, Jaehyun tenía una manera peculiar de evadir los temas. Tzuyu los condujo a donde aparcaba su auto, pues le informó a Momo (bendita sea) que estaría de regreso a casa, daría un paso gigante, uno que probablemente diera un giro a sus vidas. Le contó sólo a ella, rogándole que no fuera a recoger a Jaehyun y Sana ese día para pasar más tiempo juntos.


Ver a la mayor en el puesto del co-piloto y vislumbrar de vez en cuando la sonrisa del infante a través del retrovisor, hacía su corazón fluir caliente. De pronto parecía volver al pasado; Sana le brindaba un beso de buenos días y acariciaba su mentón porque le gustaba cómo se sentía su piel suave. Jaehyun era un bonus perfecto, iluminaba el mundo con esa sonrisa curiosa, era su amuleto de la suerte en cada escenario importante.


Faltaba poco para llegar al destino, no se apresuró a conducir de manera exagerada ya que se dispuso a disfrutar el trayecto de la casa de Sana a la escuela. Era reconfortante estar en casa, se sentía rejuvenecida.


De repente, la música que se oía por los altavoces del auto, proveniente de su celular, se detuvo al recibir una llamada.


«SON SUNG DEUK-NIM»


Hubo un momento de tensión. La única regla que Sana imponía de las visitas era nada de trabajo mientras estuviera con Jaehyun.


¿Qué hacía su jefe llamándolo?


—¿Y bien? —cuestionó Sana en tono tenso.


Tzuyu lamió sus labios, ansiosa. Esperaba que al hombre no se le fuera la lengua.


—Será rápido, veré que quiere —murmuró a la par que presionaba el símbolo verde en la pantalla. Se escuchó la voz ronca del hombre, nombrando a Tzuyu como saludo— Hola.


—Necesito que vengas a la empresa para hablar lo del contrato. Jung-nim está aquí y me pareció buena idea termi-


—Oye, oye —le interrumpió nerviosa— De verdad que ahora mismo estoy muy ocupada, mi hijo participará en un evento de su escuela.


Un suspiró salió de los altavoces.


—Tzuyu... es tu oportunidad, requiero tu presencia ya mismo. Será poco tiempo.


—Lo siento. Lo siento, jefe, no puedo.


Echó un vistazo por el retrovisor, Jaehyun permanecía jugando con sus dedos. Él no quería que su madre fuera a trabajar.


—Te quiero en cinco aquí, te convendrá a ti, no a mí —y con aquellas palabras finales, Deuk-nim colgó la llamada sin aviso previo, logrando que la música se reprodujera a cuenta nueva.


—No irás, ¿cierto? —Sana inquirió, dudosa. No recibió respuesta— ¿Tzuyu?


—Volveré a tiempo para la obra de Jaehyun —se digirió a la aludida luego— ¿Oíste, Jae-Jae? Estaré aquí antes de que salgas.


El niño no mencionó sonido alguno, simplemente asintió a su dirección y bajó la cabeza para no ver la sonrisa de su madre. Toda la felicidad que sintió en la mañana se había esfumado en cuestión de segundos, porque lo sabía. Él lo hacía. Sabía que su mamá Tzuyu se marcharía otra vez.


—¡No puedo creer que hagas esto! —la molestia sobresalía de la castaña. Ese tono le dieron ganas de llorar a Jaehyun— ¡Es una regla, Tzuyu! ¡No le puedes hacer esto!


—Sana, cálmate... no me iré de nuevo, iré rápido a la empresa y vuelvo.


La impotencia corría por las venas de Sana, siéndole imposible creer lo que salía de la boca de su ex. Le gritó un par de cosas más, al menos tenía la cordura suficiente para no maldecir frente al niño, sin embargo, los gritos tampoco fueron los más amables del mundo. Cuando bajó del auto, tomando de la mano a Jaehyun, no se atrevió a observar como se alejaba hacia esa empresa que arruinaba todo.


Le ardía el estómago, sus ojos picaron ante la furia repentina. Dios, debía calmarse o afectaría de más a Jaehyun. Si Tzuyu no estaba a tiempo, entonces haría lo imposible hasta hacerlo olvidar el sentimiento de decepción que provocaba su ausencia.