01. Feria de ciencias
Parte 1
Capítulo 1. Feria de ciencias.
La feria de ciencias es un gran evento que congrega a los estudiantes más inteligentes del estado. Al estar dividido en diferentes categorías, según la escolaridad de los participantes, se lleva a cabo en el centro de convenciones y exposiciones más grande de la ciudad. Además de los stands con los proyectos participantes, también podemos encontrar pabellones dedicados a universidades, laboratorios, empresas tecnológicas, conferencias y talleres de gran interés.
El evento en su gran mayoría está abierto al público en general, por lo que mis padres me llevaron cuando era pequeño para que me interesara en la ciencia. Curiosamente, ese es uno de los escasos recuerdos que tengo de nosotros como familia. Poco tiempo después vino el divorcio. Actualmente, vivo con mi padre, ya que mi mamá se mudó de ciudad debido a su trabajo.
Desde entonces, he querido asistir como participante activo en la feria. Este año por fin estoy aquí presentando un proyecto, con el que pretendo obtener un buen lugar en la categoría de energías alternativas en nivel preparatoria. Mi padre insiste en que este tipo de eventos se verán bien en mi currículo estudiantil y posiblemente, en el laboral también. Por mi parte, es un reto personal que veo cumplido. El llevarlo a cabo, que fuese a la vez educativo y entretenido, es un plus que agradezco.
Estoy tan emocionado que, por primera vez, el hablar en público no me pone nervioso. Me explayo tanto, que, en ocasiones ni siquiera me percato cuando la audiencia es otra. Por fortuna mi mejor amiga, Mónica, está ahí para hacerme saber cuándo me voy por las ramas.
—Diego, despierta, ya hasta hablas solo. Me agrada que seas más abierto, pero tómalo con calma. Será mejor que tomes un descanso o te quedarás afónico para cuando lleguen los jueces.
—Es verdad, no me había dado cuenta que estaba hablando solo, debe ser el lugar, la emoción, o qué sé yo, pero estoy eufórico.
—Ya ves, te lo he dicho muchas veces; si tan solo fueras así de extrovertido en la escuela podrías hacer más amigos.
—Sí tengo amigos, esta Gerardo del club de ajedrez y, déjame pensar. El chico que se sienta conmigo en química ¿cómo se llama? Damián, no, Antonio, tampoco, ah si, Andrés.
—Ok, Gera te lo creo porque si te he visto practicar con él ajedrez, pero hasta ahí. ¡De Andrés ni siquiera recordabas su nombre!
—Vamos Moni, no es para tanto, sabes que me es difícil interactuar con los demás. Nunca sé que decirles o cómo actuar frente de ellos.
—Pues por eso debes seguir intentándolo hasta que el socializar sea algo natural, y quién sabe, en una de esas hasta te podría ir mejor en el amor.
—Jajaja, no. No lo creo, pero gracias.
¿Por qué no creo que me pueda ir mejor? Muy fácil. No solo soy tímido; soy demasiado tímido para intentar convivir con los compañeros, por lo que prefiero estudiar y sacar buenas notas. No es que piense que sean unos tontos, al contrario, soy yo el que no sabe cómo encajar de una forma correcta.
Esto no es nuevo para mí; en alguna ocasión en primaria un chico se me acercó e intentó sacar conversación conmigo, seguramente de un programa de tv o algo por el estilo, el caso es que como no entendí de que me hablaba, solo agaché la mirada sin dirigirle una sola palabra, hasta que porfin se aburrió y se fue.
Con relativa frecuencia me ha pasado lo mismo, siempre con los mismos resultados. Sé que estoy mal y que debería abrirme a las personas, socializar e incluso meterme en problemas de vez en cuando como un chico normal. Solo que no me siento como una persona normal.
Moni es la única persona que considero mi amiga. Recuerdo que empezamos a hablar, o mejor dicho ella me comenzó a hablar desde el inicio de clases. Yo estaba sentado enfrente del escritorio del profesor de la primera clase esperando a que llegara (sí, soy tan nerd), cuando de pronto, se sentó a mi lado y de la nada entabló plática conmigo. Mi reacción fue la misma de siempre, apenas si le respondía con monosílabos, en un intento por que me dejara en paz. El efecto fue el contrario, se empecinó tanto en que le hablara que, al día de hoy somos casi inseparables. Desde entonces se ha obstinado en presentarme a sus amigos y conocidos, quienes me ven como un bicho raro, al final, todos terminan por alejarse. Mientras, yo me quedo sintiéndome mal por ser una lapa, al no dejar que ella socialice más.
—¿Ya has visto los demás proyectos? Hay unos muy buenos, quiero decir, el tuyo es excelente, pero ahora que venía de camino vi uno que me llamó la atención. ¿Qué dices, me acompañas a verlo?
De nueva cuenta me trae a la realidad, en esta ocasión de mis pensamientos sombríos. —Ve tú si quieres, yo debo estar aquí por si alguien pide informes.
—No, acompáñame. ¿Si no, quién me va a explicar lo que no entienda?
—El adular mi inteligencia no te ayudará esta vez. Comprendo si quieres irte, no es muy divertido para ti estar aquí sentada todo el día.
—No es por eso, bueno sí, un poco. Solo intento decirte que necesitas distraerte un rato. Además, tú eres quien siempre está insistiendo en venir a recorrer la feria. Vamos, aunque sea un rato y por aquí cerca, ¿te parece?
La verdad, sí quiero recorrer los stands, pero tampoco me gusta la idea de dejar el mío a solas. Tengo bastante experiencia con bullies como para saber que en cualquier descuido, alguien podría venir y arruinar mi trabajo.
Estoy tratando de explicarle mi punto de vista, cuando la expresión de mi amiga se torna en terror, se disculpa diciendo que regresa más tarde y se va a toda prisa. Su extraño comportamiento tiene una sola explicación: mi padre.
Papá es un hombre de mediana edad, alto, fornido (a pesar de que lleva tiempo sin hacer ejercicio formalmente), con mirada intimidante, voz gruesa, de carácter dominante, pero sobretodo prejuicioso. Motivo por el cual todos prefieren alejarse de él lo más posible. Según me comentó un día, prefería ser temido y respetado a ser estimado. Lamentablemente su actitud, contribuye a mi nula vida social en la escuela, pues, además de ser mi padre, también es el temido y odiado profesor de economía: Maximiliano Sayas.
—Hola hijo, ¿Todavía no pasan los jueces? — Pregunta al acercarse.
—Hola papá, aún no pasan. Según las indicaciones que nos dieron, el recorrido oficial para calificar será a las cuatro de la tarde; en la mañana solo es exposición al público en general.
—Excelente, así me da tiempo ir a dar un par de clases y regresar.
—Sí, no te preocupes, aquí estaré todo el día.
—¿Ya has hecho un reconocimiento de la competencia? Es fundamental que evalúes a tus oponentes más fuertes con el fin de identificar sus puntos débiles y tomar medidas al respecto.
—Entiendo, pero no tengo con quien dejar encargado mi lugar.
—¿Temes que alguien pueda venir a sabotear tu trabajo? ¿Acaso sospechas de alguien? —Ahí está, tan suspicaz como siempre, lo curioso es que ambos tenemos al mismo sospechoso en mente.
—No lo sé papá, talvez sean solo mis nervios. Para ser sincero estoy estresado, preocupado, ansioso, emocionado, uff.
—Entiendo cómo te sientes hijo, la presión en eventos de esta magnitud es grande, sin embargo, debes de confiar más en tus habilidades y capacidades. Yo sé que te irá muy bien el día de hoy.
—Gracias pá.
—Anda ve a dar una vuelta por los stands, yo me quedo aquí mientras regresas. No se te olvide sopesar la competencia; y come algo, no quiero que te desmayes de inanición.
—Si papá, así lo haré. No me tardo nada.
—No te preocupes por mí, aún tengo un par de horas libres. Anda ve y diviértete.
Puede ser que para los demás sea un pesado, pero conmigo es diferente; sí es estricto y rígido, pero también es cariñoso y comprensivo. Lo quiero mucho y él a mí.
Con la mirada busco a Moni, ya que se supone que estaría cerca; sin embargo, sospecho que debió de asustarse con la aparición de mi padre lo suficiente para alejarse más de lo esperado. Me rindo, doy una vuelta por las exhibiciones, esperando toparme con ella en el transcurso. Todo parece ir bien; sin embargo, tengo la sensación de que alguien me sigue. Descarto la idea enseguida, con seguridad solo es mi imaginación. Lo curioso es que esta sensación se vuelve más intensa con forme pasan los minutos.
Tratando de tranquilizarme, me concentro de nuevo en la competencia, a pesar de ser buenos proyectos, puedo decir que el mío es mejor. Hasta que claro, llego al stand de la preparatoria La Fayette, la escuela privada más afamada del estado. El trabajo presentado por el chico es claramente superior. Exhibe no solo la idea de un generador de energía eólica económica, sino que también un método para almacenar y transportar eficientemente la energía obtenida. Mi ánimo se derrumba de golpe al comprender que el primer lugar se me esfuma.
Estoy tan abrumado que sin pensarlo suelto una maldición, por fortuna apenas audible, aunque no para todos. Un tipo alto a mi lado, al darse cuenta de mi exabrupto apenas puede contener una risa que me desconcierta, pues me suena terriblemente familiar. Avergonzado y algo asustado, me retiro del lugar discretamente.
Me alejo deprisa, pero sin correr, volteando la cabeza de vez en cuando, asegurándome de no ser seguido por este sujeto. Mi respiración se recompone al no divisarlo detrás mío. Sin querer he llegado al área de comida, por lo que aprovecho comprar algo para llevar. Es un viejo hábito, pues en la escuela debo esconderme para comer, o de lo contrario “Chico malo” podría venir y robarme el almuerzo. A pesar de ello, pocas veces da resultado. Hoy no estoy en la escuela, por lo cual, es más la costumbre que el temor a ser atrapado.
Debí haberlo previsto, no sería tan fácil.
— ¡Nerdy, nerdy, nerdy! ¡Con que saltándote clases para irte de pinta! ¿Quién lo podría haber dicho?
Estoy tan sorprendido como asustado. El tipo que se rio de mi, resultó ser mi bully. Bajé la guardia al no esperarlo en lugar como este. Además, había venido disfrazado como una personal común, con un blazer, camisa formal y gafas graduadas; en lugar de su habitual chaqueta de cuero y lentes de sol.
—Como sea, ya que estamos aquí podemos continuar. ¡Dame tu comida! —Sin esperar a que se la entregue, arrebata de mis manos el envoltorio. — ¿Una hamburguesa y papas fritas? estas cosas podrían matarte, toma, mejor comete esto.
Me lanza de vuelta una manzana grande. Lo miro en silencio y con recelo, nunca antes me había ofrecido algo a cambio.
— ¿Qué te pasa Blanca nieves, por qué no la comes? No esta envenenada si es lo que piensas, mira, te lo mostraré. —Recupera la fruta y le da un gran mordisco para ofrecérmela nuevamente. —Lo ves, esta deliciosa. Creía que te gustaban las manzanas. ¿O eran las peras y eres alérgico a las manzanas? Mmhh no, según yo, sólo eres alérgico a la coliflor, brócoli, pasas y por supuesto a interactuar con las personas. ¡Jajaja!
El comprobar que tiene tanta información mía, da miedo, ni siquiera a Moni le he dicho que no me gustan esas verduras. Simplemente las evito disimuladamente sin dar mayores explicaciones. En cuanto a él, por lo regular no hay discursos, ni conversaciones u amenazas, solo llega, toma y se va. Está claro que hoy será diferente, puesto que se sienta a mi lado y sigue hablando.
—Nerdy, ¿es en serio? ¿unicel? —O quizá no tanto, pues me da un coscorrón en la cabeza. —¡Deberías de solicitar otros empaques para tu comida, esto contamina! ¿Te imaginas si alguno de los jueces te viera consumiendo este tipo de productos? Si por mí fuera, descalificaría a todo aquel que por sus actos contribuyera a la contaminación. ¿O acaso no es el objetivo de este tipo de eventos? Generar conciencia, actuar de forma responsable y todas esas cosas.
—¿Desde cuándo te importa la ecología? Es más ¿Qué haces aquí? —Le pregunto, no como un acto de valentía, más bien debido a lo confuso de su actuar.
—Me importan, aunque no lo creas. En cuanto a lo segundo, puedes estar seguro que no era para buscarte a ti, eso, fue un plus. Vine porque el maestro de física quiere que lo vea aquí, ya sabes, para estimular mi mente creativa, entusiasmarme por la fama y la gloria científica. ¡Como si eso fuera a convencerme!
—¿Por eso el disfraz? —Por increíble que parezca, vuelvo a hablar, y él, a contestar.
—Podría decirse que sí. A propósito, ¿Cómo puedes ver con estas gafas? — Me dice riendo al tiempo que se las quita.
—¿Esos son míos? —Reconozco entonces los lentes que “perdí” el semestre pasado.
—Sip, pero come anda, o te vas a desmayar en medio de la presentación.
A regañadientes y todavía recelando de alguna intención oculta de su parte, muerdo la manzana, es dulce y sabe deliciosa. La devoro en cuestión de segundos. Más aún al saber que él la había probado antes, dejando un poco de su propia saliva y sabor en ella. Sé que no debería, pero, creo que tengo algo parecido al síndrome de Estocolmo.
—Estaba buena eh.
—Sí, gracias. ¿Por qué haces todo esto? —Este cambio en su actitud no deja de sorprenderme. Él ha sido quién más me a acosado y molestado en la escuela. Si bien nunca me ha golpeado como a otros, sí se la pasa acechandome en los corredores, robado o escondido mis cosas por días e incluso, ha sido su culpa el que todos me llamen con el mote de “Nerdy”.
—¿El qué? —O en verdad es una cabeza hueca, o solo es una más de sus bromas y juegos infantiles.
Decido dejarlo pasar.
—Olvídalo.
—Bueno, lo intenté, pero el estilo nerd no es para mí. —Acto seguido, se cambia el saco de lino, por uno de piel que trae guardado en la mochila. Pone mis lentes viejos en un estuche y los guarda, junto con otras cosas que alcanzo a ver son herramientas.
—Esos son míos. —Le digo señalando las gafas.
—¿En verdad las quieres? Pues tómalas si gustas. —Las toma del estuche y se las guarda dentro de sus pantalones, no en el bolsillo, si no literal, dentro de sus calzoncillos.
—¡Eres un asqueroso! —Con esto, me doy la vuelta para regresar a mi módulo, mientras me alejo, puedo escuchar sus carcajadas burlándose de mí.
En el trayecto de vuelta encuentro por fin a Moni, resulta que estábamos cruzándonos todo el tiempo. Después de eso, el día transcurre con normalidad, sin volver a tener señales de la presencia de Chico malo.
Poco después de las cuatro de la tarde los jueces hacen su aparición. Por si no fuera suficiente, en medio de la presentación, siento un retortijón en el estómago debido a los nervios. Es una suerte que haya comido algo ligero, de lo contrario, seguramente hubiera vuelto la grasosa hamburguesa frente a ellos.
Dos horas después, llega por fin la ceremonia de premiación. Todavía con los nervios de punta y sin poder creérmelo, subo a la tarima para recibir el primer lugar en mi categoría.
Un desperfecto técnico en el proyecto de la preparatoria La Fayettte, que el alumno no pudo explicar ni resolver, le valió una penalización de la que no pudo recuperarse.